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Eubalaena australis.
Demoulins, 1822.
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El técnico Alejandro
Dondas junto a los restos de Eubalaena del Pleistoceno bonaerense. |
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Reconstrucción en vivo
de Eubalaena australis del Pleistoceno y Holoceno. |
Mamífero Cetáceo. Representante fósil
de la actual Ballena franca, presentaba un cráneo ancho y deprimido
posteriormente. Poseía una larga columna, constituida por 58 o 59
vértebras, de las cuales 7 eran cervicales, 15 dorsales, 10 lumbares y 27
caudales, además de 15 pares de costillas, un humero macizo, con la misma
longitud del cubito y radio, y cinco dedos cortos, con acepción del media,
el cual es notablemente mas largo. Al igual que sus representantes
vivientes, se alimentaría de pequeños crustáceos y microorganismos que
filtraría por medio de las barbas que se hallaban en su mandíbula
superior.
En una zona terrestre de la localidad de Mar del Sud, a unos 17 kilómetros
al sur de la ciudad de Miramar (Provincia de Buenos Aires) se hallaron
restos fósiles de una ballena del genero Eubalaena, que datarían de
cientos de miles de años. Se encontraron básicamente huesos de la
parte posterior del cráneo, partes cercanas al oído y la
articulación de la mandíbula, lo permiten un buen diagnóstico y dejan entrever una
particularidad: prácticamente no existen los fósiles de ballena
del Cuaternario. En este sentido, en
algunas regiones del país se observan algunos restos de dicho
genero, sobre todo en las proximidades de La Plata. Escasean esta
clase de descubrimientos debido a las características del clima y
los condiciones maritimas provocan el ineludible deterioro,
imposibilitando el hallazgo. Sumado a esta particularidad, ya que es muy raro que aparezca un fósil de origen
marino en una zona terrestre. La
explicación, proviene de los diferentes estados naturales que
se han suscitado en el transcurso de los milenios. La orilla del mar es "fluctuante", es decir, en la época
de los glaciares el borde costero de la región pampeana se
encontraba a 200 kilómetros mar adentro, porque el agua se depositaba en
aquellos fenómenos naturales (glaciares), lo cual impedía una entrada de
mayor altitud. De la misma manera, un interglaciar (el momento opuesto)
hay más agua y hubo momentos en que el mar subió hasta seis metros sobre
el nivel actual, de modo que lo que hoy es tierra en otro tiempo se
hallaba por debajo del nivel de mar.
Este animal por el motivo que fuere, muere
en la última etapa del período antes descrito (el cual se llama
"ingresión) y ha quedado allí, dándose las condiciones como
para que se fosilice. Cabe
destacar que en la historia hubo dos ingresiones (o entradas de mar)
registradas. La primera data de 120.000 años y la segunda es la que
dio origen a la laguna de Mar Chiquita hace 6.000 años (Formación
Querandi). Al parecer, por la coloración del fósil
y una serie de características se presume que dichos restos
pertenecerían a la ingresión más antigua llamada
"Belgranense - Continental".
Por
la escasez de este tipo de hallazgos y el modo en que han sido encontrados
los restos fósiles, se trataría de uno de los descubrimientos de mayor
extrañeza que se han concretado en los últimos tiempos correspondientes a
criaturas marinas del Cenozoico tardío. Otras especies:
Plesiocetus garopii, Notiocetus romerianus,
Megaptera
longipinna y Eubalaena australis.
Cabrera,
A. 1926. Cetáceos fósiles del Museo de la Plata. Revista del Museo de la
Plata 29: 363-411
Cione A.L.,
E.P. Tonni y J.O. San Cristóbal.
A middle
Pleistocene marine transgression in central-eastern Argentina.
Current Research in the Pleistocene 19: 16-18; 2002.
Fidalgo,
F. & Tonni, E. P. 1983. Geología y Paleontología de los sedimentos
encauzados del Pleistoceno tardío y Holoceno de Punta Hermengo y Arroyo
la Brusquitas (Ptido. De Gral. Alvarado y Gral. Pueyrredón, Pcia, de
Buenos Aires). Ameghiniana. Nros. 3-4 : 281-296.
Moreno,
F. P. Noticias sobre algunos cetáceos fósiles y actuales. Revista del
Museo de la Plata. 3: 383-400. San
Gil, L. D. 1997. Ballenas y Delfines, Vida y Secretos. Ediciones
Durandeu, Buenos Aires, Argentina.
Ricardo
Pasquali. “El origen de los cetáceos”. Educación en Ciencias, volumen 2,
Nº 5, mayo-agosto de 1998, páginas 21-25.
Tonni,
E.P. Cione, A.L. Landoni N.y Figini A.J. 2000. A small Holocene
fossiliferous deposit of marine-brackish origin on the soutneastern
coast of the pampean region of Argentina. Current Research in the
Pleistocene 17: 147-149;
Physeter
macrocephalus.
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Aspecto que presentaría
Physeter macrocephalus |
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Diente completo de
Physeter macrocephalus. |
Enorme
Cetáceo Marino de la familia Fiseteridos, cuyos machos median de 18 a 25
metros de longitud, mientras que las hembras solo llegaban a la mitad. Su
cráneo es cilíndrico y achatado por la parte anterior. Es muy probable que
su aleta caudal tendría entre 4 y 5 metros de ancho en su base. A
diferencia de los Odontocetos, solo poseen dientes en la mandíbula
inferior, en número de 36 a 56. Las aletas pectorales llegarían a superar
los 2 metros de largo. A fines de 1988 el equipo de Investigaciones logró
extraer partes fosilizadas de un mamífero acuático del genero Physeter,
representante prehistórico del gigantesco cetáceo viviente el cual
vulgarmente llamamos Cachalote, que vive en ambos hemisferios. Los restos
fósiles recuperados en gran parte corresponde al cráneo, fragmentos de
mandíbulas y dientes, fueron hallados en una pequeña ría de la Bahía
Samborombón, a 10 kilómetros de San Clemente del Tuyú, una pequeña
localidad balnearia en el S.E de la Provincia de Buenos Aires, Argentina,
constituyen el primer registro fósil de esta especie en América del Sur,
según lo consigna un informe de la Comisión de Investigaciones Científicas
de la Provincia de Buenos Aires. Restos que, ante las primeras
observaciones se determino una antigüedad aproximada de este único
ejemplar rondaría en los 10.000 años o un poco mas, a finales del
Pleistoceno y de la ultima Era glaciar, por lo cual el nivel del mar se
elevo por encima del actual (unos siete metros) lo que atrajo terribles
consecuencias, como la inundación de bastas zonas continentales, en donde
los restos óseos de los animales que morían se incorporaban al sedimento.
En vida se alimentaba de Cefalopodos entre otros.
Cabrera,
A. 1926. Cetáceos fósiles del Museo de la Plata. Revista del Museo de la
Plata 29: 363-411
Fidalgo,
F. & Tonni, E. P. 1983. Geología y Paleontología de los sedimentos
encauzados del Pleistoceno tardío y Holoceno de Punta Hermengo y Arroyo
la Brusquitas (Ptido. De Gral. Alvarado y Gral. Pueyrredón, Pcia, de
Buenos Aires). Ameghiniana. Nros. 3-4 : 281-296.
Cione A.L.,
E.P. Tonni y J.O. San Cristóbal.
A middle
Pleistocene marine transgression in central-eastern Argentina.
Current Research in the Pleistocene 19: 16-18; 2002.
Moreno,
F. P. Noticias sobre algunos cetáceos fósiles y actuales. Revista del
Museo de la Plata. 3: 383-400. San
Gil, L. D. 1997. Ballenas y Delfines, Vida y Secretos. Ediciones
Durandeu, Buenos Aires, Argentina.
Ricardo
Pasquali. “El origen de los cetáceos”. Educación en Ciencias, volumen 2,
Nº 5, mayo-agosto de 1998, páginas 21-25.
Tonni,
E.P. Cione, A.L. Landoni N.y Figini A.J. 2000. A small Holocene
fossiliferous deposit of marine-brackish origin on the soutneastern
coast of the pampean region of Argentina. Current Research in the
Pleistocene 17: 147-149;
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