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El Megaterio fue una verdadera bestia gigante de la región pampeana.

Por Daniel Boh. Paleoartista. Titular del Museo Municipal “Punta Hermengo” de Miramar. museomiramar@gmail.com

En las pampas prehistóricas existieron animales gigantescos, muchos de ellos de más de una tonelada de peso; superando el promedio  de animales con esa masa que  vivieron y aún existen en África, el único continente con fauna de gran tamaño actualmente. Entre todas estas moles que deambulaban en nuestra región, el Megaterio (Megatherium americanum), era sin duda, el mas grande de todos. Llegaba a medir 7 metros de largo, 2 metros a la altura de las ancas y pesaba de 4 a 5 toneladas. Ya en el nombre, que le fue impuesto por el sabio francés Georges Cuvier, se evidencia esta cualidad. La palabra Megaterio significa: Mega (grande) y Terios (bestia o animal), o sea su nombre científico completo significa “gran animal de América”. 

Era de la familia de los Edentados (animales sin o con pocos dientes), a la cual también pertenecen los gliptodontes, scelidoterios, osos hormigueros, perezosos, peludos y mulitas.  El Megaterio era un perezoso como sus actuales parientes de la selva amazónica  pero, en vez de trepar a los árboles se dedicaba a voltearlos. 

Según se cree, las púas que poseen muchas especies de árboles, tales como el palo borracho y otros se debería a una adaptación para evitar ser derribados por estos colosos. Además sus características generales se parecen a los árboles que conviven con animales muy grandes.

En nuestra región también existían bosques de talas, quebrachos y algarrobos, cuyos frutos eran muy importantes para la alimentación de muchos seres gigantescos.  Por otra parte se nota en el Megaterio una adaptación de su mandíbula para comer de la copa de los árboles tal como hoy lo hacen las jirafas. También se ha aventurado que es posible que estos enormes animales se alimentaran además con carroña y más aún, que serían también cazadores. Si bien no poseen dientes para desgarrar carne, sus garras serían armas formidables. Esta teoría, en general, no es muy aceptada por ahora.

El primer hallazgo de un Megaterio (y el primer fósil en tierra americana) fue realizado en el año 1787, por el fraile dominico Manuel de Torres, en las barrancas del río Luján. El esqueleto fue remitido al año siguiente para España y actualmente se conserva  en el Museo de Historia Natural de Madrid.

De este esqueleto se realizaron dibujos de los cuales Cuvier dedujo que era una nueva especie y se apresuro a publicar un trabajo y ponerle nombre aunque nunca vio el original en directo. Este gran ejemplar de 5 metros de largo ( y eso que no fue encontrada la cola) causó un gran interés en la corte española, tanto que el mismo Rey Carlos III, creyendo que estos animales aun vivían en el virreinato, pidió que le trajeran uno vivo, o aunque sea disecado, para ver su aspecto completo. Por supuesto que nunca se le pudo dar el gusto al monarca, quedando esta como una anécdota sobre lo poco que se sabía en Europa sobre estas tierras.

Si bien son parientes de los actuales perezosos arborícolas, se cree que no tenían movimientos tan lentos. Por otra parte los perezosos son también llamados Xenarthros, lo que significa “articulación extraña”, refiriéndose a sus vértebras lumbares, que poseen mas articulaciones que las normales.  Esto les pudo permitir actividades como cavar o andar en dos patas. Esto último  era posible debido a que sus caderas eran anchas para dar una gran superficie de apoyo a los glúteos, en forma similar a como están ubicados en los seres humanos, permitiendo esto el andar bípedo. Además sus colas eran muy gruesas y musculosas, las que podrían actuar como contrapeso y soporte.

 

Asimismo el peso estaba distribuido de tal forma que la mayoría iba al tren trasero. Pero la confirmación de esta teoría llegó cuando fueron descubiertas las pisadas de estos animales. Las mismas se encuentran en la localidad de Pehuen Co, al sur de la provincia, en lo que fue el borde de una gran laguna de hace unos 12.000 años. En la misma han quedado conservadas las pisadas de gran cantidad de especies ya extinguidas y algunas que aun sobreviven. 

En este lugar particular era posible apreciar un rastro de varios metros realizado por un megaterio caminando en dos patas. Las mismas tenían un largo de 1,30 metros!  Lo que es quizás el pie más grande de un mamífero extinguido o vivo.

Lamentablemente esas huellas fueron destruidas por desaprensivos que no comprenden la importancia de esas evidencias pero, gracias al trabajo de los científicos de la zona fue posible realizar copias de las mismas, que se conservan en el Museo de Punta Alta. A pesar de esta prueba es posible que su andar normal fuera en cuatro patas y que fácilmente se pudiera erguir cuando las circunstancias lo exigieran.

En el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar hay algunos restos de Megaterio. Los más interesantes corresponden a partes de un cráneo de un ejemplar muy juvenil, o sea un cachorro muy pequeño, hallado en cercanías de la entrada al Vivero Municipal Florentino Ameghino y otros restos fragmentarios mas al sur del sitio denominado Rocas Negras. El Megaterio y otros gigantes son sólo parte de la sorprendente fauna que vivió en nuestro territorio hasta hace pocos miles de años. El estudio de sus restos es muy importante ya que pueden darnos claves para saber cual puede ser nuestro futuro.

Bibliografía recomendada:

Buenos Aires, un millón de años atrás.  Fernando Novas, editorial Siglo XXI, colección Ciencia que ladra… 2006.

Los mamíferos fósiles de Buenos Aires. Ricardo Pasquiali, Eduardo Tonni, Universitas, 2004.


Gigantes con Plumas.

Un fascinante relato de un mundo poblado por aves gigantescas.

 

 Daniel Boh, Museólogo y Dibujante del Museo Municipal "Punta Hermengo" de General Alvarado.

 

En el continente sudamericano, especialmente en la zona pampeana argentina, vivieron hace millones de años, unas aves de gran tamaño que, con su dieta carnívoras constituyeron las principales depredadoras de esa época. Antes de empezar a detallar un cráneo muy particular del Plioceno, repasaremos la historia de estos fabulosas especies y los diversos hallazgos de las "Gigantes con Plumas" en distintas partes del Planeta.

Nueva Zelanda y Madagascar.

El ave de mayor altura que tengamos noticias, fue Dinornis (Dinornis maximus) que vivió en Nueva Zelanda hasta hace pocos siglos. Se cree que los primeros nativos Maories contribuyeron a la extinción de este animal al que llamaban "Moa".

El esqueleto montado en el Museo de Historia Natural de Nueva York, alcanza una longitud de casi 3,5 metros, sus huevos pesarían unos 4 kilogramos, y su masa corporal esta estimada en 250 kilogramos. Con todas las características mencionadas no era un ave de temer (salvo que nos pisara un pie), ya que su dieta estaba constituida principalmente de vegetales, matizada con pequeñas rocas para facilitar la digestión y objetos varios (como el ñandu).

Otro descomunal ejemplar sin dudas fue Epiornis (Epyornis maximus) denominada "ave elefante", que según algunas buenas fuentes vivió hasta el principio de la era cristiana en Madagascar. Su altura llegaba a los 2,5 metros de altura y podía pesar hasta media tonelada. Sus huesos y restos de huevo que podrían tener el mismo volumen al de un avestruz y pesar 8 kilogramos, seguramente fueron conocidos por los viajeros árabes de la edad media, originando la famosa leyenda que narra en "Las mil y una Noches", en que un ave gigantesca podía llevar volando un elefante en cada pata y un tercero en el pico.

Estos seres estaban emparentados con los actuales Kiwis de Nueva Zelanda, los Caasuarios de Australia, los Avestruces de África y los Ñandues de América del sur, compartiendo con estos la incapacidad de volar, debido a la atrofia de los músculos pectorales y las fuertes patas las convierten en poderosas corredoras. Puesto que es imposible subir a una balanza a estas gigantescas aves extinguidas, no se puede conocer el peso exacto de las mismas.

El método usado en estos y otros casos, es el de medir, pesar y estudiar la estructura ósea con otros restos de aves vivientes que tienen afinidad con estas. De este modo y a partir de pocos restos podemos tener una mejor idea del aspecto en vida que tendrían los especimenes y su relación con el medio que las rodeaban.

Terror de los aires.

El Teratornis era el ave voladora mas grande conocida. Su aspecto era similar al actual cóndor, y su envergadura alar era de 5 metros. Sus restos proceden principalmente de depósitos sedimentarios del Pleistoceno (principios de la Era Cuaternaria), es decir, alrededor de 2 millones de años de antigüedad, de América del norte, siendo registrados los últimos fósiles hasta el principio del Periodo Holoceno, hace unos 10 mil años, época en que los seres humanos ya habían ingresado al continente por medio del estrecho de "Bering".

En la década de 1980, Paleontólogos de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad de La Plata, dieron a conocer el hallazgo de un verdadero gigante emplumado, al que denominaron Argentavis magnificens, considerando que su tamaño estaba cercano al máximo impuesto por las leyes físicas de la proporción entre volumen, su superficie alar y velocidad. ¿ Que caracterizo a estos nuevos representantes ?

En primer lugar es el Teratornis mas antiguo que se conoce, pues sus restos provienen de depósitos sedimentarios del Mioceno, con una antigüedad estimada entre 8 y 6 millones de años, que corresponden a las Salinas de Hidalgo, Provincia de La Pampa, Argentina. En segundo lugar, es el ave voladora mas grande de todos los tiempos, ya que su envergadura fue entre 8 y 10 metros. Como ocurre con muchos hallazgos de aves prehistóricas, sus restos son muy fragmentarios, pero permiten deducir algunas medidas. El largo del animal desde el pico hasta la cola fue de unos 3,5 metros de longitud, en posición de descanso habrá superado los 2 metros de alto. Su peso esta calculado entre 80 y 100 kilos. También podemos afirmar que las plumas de las alas de esta ave tenían un metro de largo por 20 centímetros de ancho. Sus principales características, hacen pensar a los Paleontólogos de que se trata de un ave planeadora, limitando el aleteo al correteo y despegue, aprovechando posteriormente las corrientes térmicas para su majestuoso vuelo.

El alimento de estas aves pudieron ser principalmente las mamíferos Notoungulatos, los cuales habían alcanzado un grado de diversificación muy importante para este periodo. Otros autores coinciden de que se trataba de un animal carroñero, que detectaba cadáveres desde grandes alturas, o que aprovecharía para espantar con su temible tamaño a los carnívoros Marsupiales como el Thylacosmilus, y robarles sus presas. Esta ultima hipótesis parece mas certera y próxima a la realidad.

Argentavis desaparece rápidamente del rastro de los Paleontólogos, debido a que se conocen varios huesos de un mismo ejemplar. Aun no esta claro la desaparición de este tipo de golosos. Como siempre pasa, el principal sospechoso es el clima, el cual estaba en pleno cambio y las cordilleras de Los Andes alcanzaron su punto máximo, interrumpiendo los fuertes vientos del Pacifico, ideales para el planear de estas aves.

Corredoras peligrosas

Otro grupo bien representado en Sudamérica fueron los Fororracos, con alturas que varían los 50 centímetros hasta los 2 metros, según la especie, y que compartían varias características, como ser carnívoras o carroñeras, buenas corredoras, alcanzando varios kilómetros por hora y la incapacidad de volar. Los fósiles de estos animales eran bien conocidos en Uruguay y Argentina desde principios de Siglo, cuando el  sabio Florentino Ameghino describió algunos restos procedentes del Mioceno de Chubut, creyendo en un primer momento que, esos enormes huesos colectados pertenecían a un Perezoso sin dientes extinguido. Pero mucho tiempo después fueron hallados en Brasil y otros lugares, como la Antartida. Pero es en nuestro territorio donde alcanzan su mayor diversidad, la cual, ocurrió hace unos 23 millones de años en la Patagonia, cuando los Fororracos eran los carnívoros dominantes.

El mayor volumen corporal alcanzado por estas aves, se los atribuyen a Onactornis depressus, cuyo nombre significa "El jefe de todas las aves" y no estuvo muy lejos de esa realidad. Sus restos proceden del Mioceno inferior de la Provincia de Buenos Aires, con una antigüedad aproximada de 6 millones de años. Algunos Paleontólogos creen que el desarrollo de pastizales en extensos territorios contribuyo a la evolución de este enorme animal. Su altura pudo ser cercana a los 2,5 metros.

Por su peso y lentitud se cree que era un ave carroñera, ya que le era difícil perseguir y atrapar a una presa.

Un poco de historia.

Porque las aves en Sudamérica alcanzaron estas enormes proporciones? La teoría mas aceptada es la que afirma que luego  que comenzara la división de la gran masa continental que existía hace 65 millones de años, Sudamérica se convirtió en una gran isla (como Australia). En ella poco antes habían desaparecido los Dinosaurios y otros vertebrados secundarios. Los únicos depredadores existentes eran unos pequeños mamíferos con aspecto similar a la actual zarigüeya, y no tan bien adaptados como otros carnívoros placentarios, los cuales se estaban desarbolando en otros continentes.

Para mantener el equilibrio ecológico, la naturaleza convirtió a las aves  en gigantescas predadoras, cumpliendo un papel muy parecido a los ya extintos Terópodos de la Era Mesozoica, las que tuvieron el rol de ser las principales consumidoras secundarias de la cadena alimenticia. Coincidentemente con la desaparición de estas aves, ingresan al continente luego de reestablecerse el istmo de Panamá, otros tipos de vertebrados superiores, ocurrida hace 3 millones de años.

Una pieza llamativa

El cráneo hallado en las proximidades de la ciudad de Miramar pertenece a uno de los últimos representantes de la Subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío , considerado como Edad Chapadmalalense de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. El cráneo, cuya longitud actual es de unos 23 centímetros, fue hallado por el actual Director del Museo, el señor Daniel Boh. En su preparación se emplearon técnicas estandarizadas a cargo de su descubridor, consistió en extraer el fósil dentro de un tocón, limpiarlo cuidadosamente con una auja de inseccion y productos químicos. Esta preciada pieza se exhibe en el Museo Municipal “Punta Hermengo” de la ciudad de Miramar. Si bien, no se trata de un cráneo muy completo, y fue sepultado en malas condiciones ambientales, posee algo que lo hace único, como la preservación de la esclerotida ocular, esos pequeños y delicados huesesillos ubicados en la orbita ocular. Asimismo se pueden observar las marcas de un par de caninos en su parte superior.

El tamaño de esta ave pudo ser de 1,5 metros y se extinguió hace 3 millones de años. Algunos representantes actuales y ciertamente emparentados con esta familia, viven en la Republica Argentina. Los dos y únicos representantes de la Familia Cariamidae: la chuña de patas rojas (Cariama cristata) de unos 95 centímetros de altura y la chuña de patas negras (Chunga burmeisteri) de unos 78 centímetros de altura.

Cráneo sin pico de Psilopterinae preservado en el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Bibliografía sugerida:

Patterson, B. y Kraglievich, L., 1960. Sistemática y nomenclatura de las aves fororracoideas del Plioceno argentino. Publicación del Museo Municipal de Ciencias Naturales y Tradicional de Mar del Plata, 1 (1): 1-52. 

Rusconi, C., 1958. Ave fosil del Plioceno de Buenos Aires. Revista Museo Historia Natural, 21: 1-3.

Tambussi, C. P., 1989. Las aves del Plioceno tardío – Pleistoceno temprano de la Provincia de Buenos Aires. Tesis doctoral de la Universidad Nacional de La Plata, inédita, 378 pp

Tambussi, C. P., 1995. Aves. En: Alberdi, M. T., G. Leone y E. P. Tonni (eds.), Evolución biológica y climática de la Región Pampeana durante los últimos 5 millones de años. Monografía del Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC, España, cap. 7: 145-161.

Tonni. E. P., 1980. The present state of knowledge of the Cenozoic birds of Argentina. In: Papers in avian paleontology honoring Hildegard Howard, K. Cambell, ed., Contributions in Science. Natural History Museum of Los Angeles Country, 330: 105-114.

Ameghino, F., 1905. Enumeración de los impennes fósiles de la Patagonia e Isla Seymour. Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, 6: 97-167.

Magnussen Saffer, M, 2002. Miramar Prehistórica. Un testimonio del pasado bonaerense. Serie de publicaciones independientes. Multimedios Sol. Miramar,


Impacto de un enorme asteroide entre

 Mar del Plata y Miramar.

Por Mariano Magnussen Saffer, Integrante del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Un grupo de investigadores reveló recientemente que un gran Asteroide impacto contra la tierra, hace unos 3,3 millones de años, provocando un desequilibrio ambiental de proporciones catastróficas, logrando la extinción de numerosas plantas y animales que vivieron en el continente Sudamericano durante la Era Cenozoica, como las gigantescas aves corredoras o los marsupiales Dientes de Sable.

La presencia de rastros geológicos abonan esta teoría, de rocas altamente modificadas por altas temperatura “escorias” y la presencia de “vidrios” producidos por calentamiento y enfriamiento rápido de silicatos, parecen ser un indicio serio. En el año 1993, Peter Schultz de la Universidad Brown en Providence, fue el primero en atribuir este origen al material hallado en las costas del sur de la Provincia de Buenos Aires, en un radio comprendido de al menos 50 Km., que pocos meses después Theodore Brunch especialista en meteoritos y cráteres de la NASA, sostuvo que la hipótesis planteada de un impacto de un meteorito en Argentina es por lo mas correcta, teniendo en cuenta la evidencia obtenida.

Según el estudio publicado en la prestigiosa revista científica Science presentada el día 11 de diciembre de 1998, sostiene las nuevas evidencias geológicas y paleobiologicas, que en un punto no precisado correctamente en la Republica Argentina, habría chocado un meteorito de tamaño considerable, situando el área de impacto entre las localidades de Mar del Plata y Miramar, ubicadas sobre la costa atlántica al sudeste de la Provincia de Buenos Aires de este país.

Al comentar el posible choque de una roca espacial y sus posibles consecuencias, no podemos dejar de recordar aquel hecho similar ocurrido a fines del periodo Cretácico, que tuvo como epicentro la península de Yucatán, en la costa de México y que provoco la extinción de los grandes Saurios, por entonces las formas de vida más exitosas y fabulosas de la evolución biológica.

De aquí salió una tesis similar que contestaría décadas de preguntas incesantes sobre ciertas características estratigráficas en Argentina en particular, y su asociación con la desaparición de algunos grandes vertebrados representativos de la Era Terciaria Sudamericana.

Si bien el meteorito que se estrello en Argentina fue de proporciones menores al que extinguió a los Dinosaurios, fue lo suficientemente fuerte para provocar una cicatriz a la superficie terrestre y a la historia natural del hemisferio sur.

La tesis que sostuvo la presente investigación, partió en la observación de distintos fenómenos geológicos que aparecían en la estratigrafía de los afloramientos sedimentarios pertenecientes al litoral marítimo de estas localidades bonaerenses. Estos materiales colectados en la región, denominados “escorias y tierras cocidas” son frecuentes de observar, llamando la atención de la comunidad científica desde principios del siglo XX. Fue así, que el sabio Florentino Ameghino interpreto estos restos como vestigios de antiguas culturas humanas, proponiendo el “Origen Terciario del Hombre Americano”, hoy en día totalmente descartada. Pero el antecedente más antiguo de estudio corresponde a 1865, la cual sostenía una confusa teoría utilizada hasta hace poco tiempo, que atribuía el aspecto cristalino y contraído de las escorias a un posible origen volcánico, probablemente  Patagonico.

Según lo que revelo la investigación realizada por los científicos Schultz, Hames y King de Estados Unidos de América y Zarate y Camilion de la Republica Argentina la naturaleza de estas rarezas se habrían originado a partir de un fenómeno poco frecuente para los habitantes de este planeta, y que suceden cada miles de años.

Fue, posiblemente, la tremenda energía liberada en el impacto de un asteroide o de un cometa la que fundió los materiales del suelo y provocó la aparición de las escorias, unas formaciones vesiculares, que varían de 5 centímetros a 2 metros, compuestas por una amalgama de metales de apariencia cristalizada que solo se forman por choques de gran velocidad, llamados Baddleyitas, con un color variante, desde una grisáceo oscuro a un verde muy vivo, con huecos y burbujas, formadas por altas temperaturas. También se obtuvo pequeñas esferas de vidrios con alto contenido de Níquel y Cromo.

Se calcula que al instante de estrellarse el asteroide contra la superficie terrestre en este punto de Argentina, la temperatura paso de 0° a una variaron instantáneo de 1720° a 1900°, provocando además de extensas nubes de polvo y escombro en la atmósfera circundante, con gravísimos incendios a cientos de kilómetros a la redonda, lo que se evidencia con la presencia de tierra cocida de color ladrillo, lo que demuestra a simple vista el desastre ecológico ocurrido.

Los análisis radiométricos y magnetoestratigráficos realizados en Geochron Laboratories, Cambridge, Massachussets, sugieren que se formaron hace 3,3 millones de años, en el período denominado Plioceno Medio – Superior de la Era Terciaria, que para entonces los Dinosaurios ya habían desaparecido, pero el continente Sudamericano estaba ocupado por aves de gran tamaño como el Argentavis magnificens, con una envergadura de 8 metros, o las feroces aves corredoras y carnívoras como Onactornis depressus que superaban los 2 metros de altura y 200 kilogramos de peso. Otros representantes faunisticos eran los mamíferos marsupiales como Thylacosmilus atrox o los notoungulados con aspecto hipopótamos primitivos, llamado Chasicotherium rothii.

Por ahora no existe referencia exacta que aclare en dónde puede estar situado el cráter principal del impacto del asteroide, debido a que toda la región Pampeana Argentina es una zona de aluvión, que durante millones de años ha ido depositando los materiales volcánicos de la cordillera de Los Andes. Aparte hay que decir que estas dos localidades balnearias de la costa bonaerense, hasta hace unos 200 mil años atrás se hallaban en el centro del continente, y las orillas marítimas se encontraban donde hoy en día se halla el comienzo de la plataforma submarina, es decir, a unos 200 kilómetros adentro de su ubicación actual, pero por los cálculos obtenidos en el estudio, el posible área de impacto seria en la línea costera, originada a partir de una roca espacial menor a 1 kilómetro de diámetro, produciendo un cráter de unos 20 kilómetros de circunferencia.

El área concreta en donde aparecen las escorias y las tierras cocidas, corresponden a una estratigrafía denominada Formación Chapadmalal (Edad Chapadmalalense), una capa sedimentaria que varia en un espesor de 5 centímetros a 1 metro según la zona, muy rica en material fosilífero, la cual aloja en su interior las evidencias de una gran fuente de calor que, de improviso, hubiera fundido los materiales del suelo a temperaturas increíbles de experimentar, integrado por lo que se denomina "Loess", depósitos piroclásticos.

El impacto produjo un cambio climático que alteró la circulación oceánica, según revelan también algunos estudios realizados en los depósitos de oxígeno marino de la costa atlántica y pacífica, en los que se han estudiado los isótopos del oxígeno contenido en el agua, confirmando la instantáneo baja de la temperatura en unos 2° centígrados. El cambio de circulación de mareas, es lo que provoco los graves deterioros climáticos que afecto al hemisferio sur durante el final del Plioceno y principios del Pleistoceno.

En el Terciario más reciente, antes de las glaciaciones, esta región de Argentina estaba habitada por una flora y fauna autóctonas que, probablemente fueron dañadas por el impacto del asteroide.

En el caso de Argentina, aunque el área de impacto y el tamaño del asteroíde fueran más reducidos que la ocurrida en la peninsula de Yucatán y que provocara un desastre universal, la potencia de la explosión debió enviar al aire cientos de miles de toneladas de escombros, polvo y fuego que, según creen los expertos en paleoastronomía, pudo ocultar el cielo durante varios años en una región de cientos de kilómetros a la redonda.

Esto acabó con gran parte de la vida vegetal y, por extensión con la animal, que hasta entonces se los podía considerar como formas biológicas exitosas, ya que evolucionaron aisladas del mundo durante unos 40 millones de años, ya que, para el periodo Paleoceno, América del Sur se convirtió en un continente isla, como es Oceanía en la actualidad, obteniendo de esta forma el desarrollo gradual de formas vivientes únicas y que no se repitieron en otros continentes, como por ejemplo, los fabulosos y populares Gliptodontes, armadillos del tamaño de un automóvil.

Tal vez el impacto situado entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar ocurrido hace mas de 3 millones de años, no creo una crisis global como en otros casos previos, pero no hay duda que sí hicieron sentir sus efectos en el ámbito regional, exponiéndose rápidamente al resto del continente Sudamericano.

Es importante aclarar, que gran parte de la paleofauna de América del sur correspondiente al Cenozoico superior, es decir, de los últimos 4 millones de años, proceden de los afloramientos geológicos ubicados en el sudeste bonaerense, y que estos son los depósitos fosilíferos más completos y claros en todo el mundo para esta época. Es por ello que justo en esta parte del continente los investigadores pudieron obtener resultados precisos de este apocalíptico hecho natural, que no se apoya solamente de evidencia geología, sino también de elementos paleobiológicos, teniendo en cuenta que se extinguen por lo menos unos 36 géneros de grandes vertebrados, mas las especies representativas de cada uno de estos, lo que da una idea general de lo que paso por entonces en la región Pampeana de la Republica Argentina.

 

Mas allá de todo, sabemos que esta investigación recién comienza, y que por lo menos necesitaremos una década para lograr interpretar en forma absoluta sobre el choque del asteroide y sus posibles consecuencias en el ambiente prehistórico de esta parte del planeta, ya que se tendrán que revisar y recolectar nuevas pruebas paleontológicas para corroborar de mejor manera la influencia del impacto con la extinción de numerosos organismos y los cambios de corrientes oceánicas y ambientales.

No obstante, el hecho ocurrido entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar hace 3,3 millones de años, no fue el único, ya que a partir de este estudio sabemos que existieron en Argentina la caída de cuerpos celestes, diando a luz otros tres impactos de meteoritos menos espectaculares, como el que ocurrió en Chasico (Tomquist) durante el Mioceno, hace 10 millones de años, al sur del paraje de Centinela del Mar (Partido de General Alvarado) durante el Pleistoceno, hace 600 mil años y uno mas reciente en el Holoceno de Rió Cuarto, Provincia de Córdoba hace apenas 4 mil años, ante la presencia de antiguos grupos humanos que transitaban la región.

La referencia más conocida y estudiada en vivo del impacto de un asteróide sobre la superficie terrestre se produjo a mediados de siglo XX en la antigua Unión Soviética, en el territorio de Siberia. La explosión de un pequeño cuerpo estelar de pocos centímetros de diámetro destruyó cientos de kilómetros cuadrados de bosques nevados, que quedaron convertidos en un seco desierto en donde murieron millones de seres vivos, hecho documentados con imágenes de alta calidad.  

Bibliografía Sugerida:

P. H. Schultz, M. Zarate, W. Hames, C. Camilion y J. King. A 3.3 – Ma Impact in Argentina and Posible Consequences. 11 dicember 1998, Volumen 282. pp. 2061 – 2063.

J.C Heusser and G. Claraz, Neue Denk. (Nov. Mems) der Allgemeine Schweiz. Gessell. XXI 27. Zurich (1865).

M. A. Zarate and J. L. Fasano, Palaeogeogr. Palaeoclimatol. Palaeoecol. 72, 27 (1989).

M, Magnussen Saffer. Un Impacto de Meteorito entre Mar del Plata y Miramar. Boletín de divulgación Científica Técnica. Publicación 2: pp 3 - 8 Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.

M. Magnussen Saffer. 2005. Naturaleza Pampeana, pasado y presente. Libro Digitalizado. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.


Transgresiones y Regresiones Marinas en la Región Pampeana. Geomorfología Regional.

Fragmento del articulo: Magnussen Saffer, Mariano (2005). Transgresiones y regresiones marinas en la Región Pampeana. Artículo divulgativo publicado en PaleoWeb – Boletín Paleontológico. Año 3, 11: 32-35. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Es muy raro que aparezca un fósil de origen marino en una zona terrestre. La explicación, proviene de los diferentes estados naturales que se han suscitado en el transcurso de los milenios.

Localmente, se denominan transgresiones marinas o ingresiones marinas a los avances de la línea de costa sobre un espacio continental, y regresiones marinas al fenómeno inverso.

La orilla del mar es "fluctuante", es decir, en la época de los glaciares el borde costero de la región pampeana se encontraba a 200 kilómetros mar adentro, sobre el borde de la actual plataforma marítima,  ya que el agua se depositaba en aquellos fenómenos naturales, llamados glaciares, lo cual impedía una entrada de mayor altitud.

De la misma manera, un interglaciar (el momento opuesto) hubo más agua, y hubo momentos en que el mar subió hasta seis metros sobre el nivel actual, de modo que lo que hoy es tierra firme, en otro tiempo se hallaba por debajo del nivel de mar.

Durante el Mioceno una gran parte de la Argentina estuvo cubierta por un mar conocido ampliamente en la literatura geológica como "mar entrerriense o paranense", del que se conocen facies marinas en el este y facies marginales y lacustres en el oeste y nororeste del país. Los espesores más potentes corresponden a los depósitos del subsuelo del ámbito Chaco-paranense,

La característica más notoria de todos estos depósitos lo constituye la abundante y diversa fauna de moluscos restringida a las facies marinas de las formaciones Paraná y Puerto Madryn y a las del subsuelo de la provincia de Buenos Aires.

Las primeras menciones sobre la existencia este mar son de índole paleontológica y datan desde mediados del siglo diecinueve. Fueron efectuadas por d’Orbigny (1842), quien halló moluscos marinos en los alrededores de la ciudad de Paraná y en la desembocadura del río Negro. Unos años más tarde, Darwin (1846) encontró la misma fauna en la península Valdés, quedando así establecida la presencia de estos depósitos en la Patagonia septentrional y en la provincia de Entre Ríos, los que constituyeron, por otra parte, las primeras citas del Terciario marino en la Argentina.

En la región mesopotámica, los depósitos miocenos corresponden a la Formación Paraná Yrigoyen (1969) y se restringen al borde oriental de la misma, aflorando a lo largo del río Paraná entre Diamante y La Paz. A diferencia de la Formación Puerto Madryn, esta unidad aflora en forma discontinua y se caracteriza por una marcada variación facial. De acuerdo con Aceñolaza (1976), la sección aflorante de la Formación Paraná no supera los 30 metros de espesor y está constituida por arcillas, arcillitas limolíticas verdosas, arenas, areniscas limolíticas amarillentas y coquinas con matriz arenosa o calcárea.

Con respecto a los ambientes de depositación de las Formaciones Puerto Madryn y Paraná en sus áreas tipo, los análisis paleontológicos y paleoambientales realizados señalan la presencia de facies marinas someras para los términos de la transgresión, que se extienden desde la Patagonia hasta la provincia de Entre Ríos, a lo largo de una franja de rumbo norte-sur, de aproximadamente 1100 kilómetros de longitud.

La Formación Paraná habría sido depositada en un ambiente marino somero con influencias deltaicas (Iriondo, 1973). Por otra parte, Aceñolaza y Aceñolaza (2000) determinaron que esta unidad correspondería a una secuencia transgresiva depositada desde ambientes aéreos o subaéreos a submareales, representados estos últimos por barreras arrecifales.

Con respecto a la Formación Puerto Madryn aflorante en los alrededores de la ciudad de Puerto Madryn y la península Valdés, se determino que se trata en términos generales de una secuencia regresiva con facies depositadas en la plataforma por debajo de la base del tren de olas en ambientes de baja energía, y de facies más someras depositadas en un ambiente con dominio alternativo de mareas y tormentas (facies de lenguas arenosas submareales, de canales de mareas, coquinas tempestíticas y planicies de mareas) y paleosuelos.

A conclusiones similares arribaron Zucol y Brea (2000), quienes determinaron condiciones tropicales a subtropicales húmedas para el palmar desarrollado en el ambiente marino costero donde se habrían depositado las sedimentitas de la Formación Paraná. La transgresión marina llamada Mar Paranense habría comenzado hace unos 15 y 14 Millones de años, y habría concluido hace 7 y  6 Millones de años abarcando desde el mioceno medio al tardío (algunos autores sostienen hasta comienzos del plioceno).

La ingresión de este mar se dio por el río de la Plata y la cuenca del río Salado (Provincia de Buenos Aires).

Era un mar somero, de aguas con temperaturas levemente superiores a las actuales y de una gran extensión areal, abarcando la casi totalidad de la llanura chaco - pampeana y extendiéndose hasta el sur de Brasil, Bolivia y Paraguay. El flanco oeste tenía sus costas en las cercanías de las sierras Pampeanas, mientras que la costa oeste llegaba hasta el actual río Uruguay. El flanco norte llegaba hasta la región del Pantanal, en la parte superior del río Paraguay.

La concentración salina habría ido en descenso hacia el interior del continente, sobre todo por los aportes de agua dulce de los numerosos ríos que desembocaban en el citado mar.

Los movimientos de levantamiento andino en el mioceno medio habrían sido causales del hundimiento de la llanura chaco pampeana, permitiendo así la ingresión de aguas del Océano Atlántico al continente, mientras que los movimientos de elevación de las Sierras Pampeanas (que ya existían desde tiempos inmemoriales, pero por acción del levantamiento andino sufrieron nuevos elevamientos y fracturación de sus bloques formantes) a finales del mioceno habrían contribuido a la regresión de este mar.

Durante el Cuaternario también hubo algunas transgresiones marinas (pero no tan importantes como la anterior) asociadas sobre todo a los periodos interglaciares, donde el agua de deshielo de los casquetes polares aumentaba los niveles de los océanos. Una de las más recientes fue la denominada Mar Querandí, que ocurrió hace 7500 a 4000 años atrás, inundando el estuario de la Plata (que fue por donde ingresó) y llegando por el río Paraná hasta la altura de la ciudad de Diamante, Entre Ríos.

Durante el Cuaternario también hubo algunas transgresiones marinas (pero no tan importantes como la anterior) asociadas sobre todo a los periodos interglaciares, donde el agua de deshielo de los casquetes polares aumentaba los niveles de los océanos. Una de las más recientes fue la denominada Mar Querandí, que ocurrió hace 7500 a 4000 años atrás, inundando el estuario de la Plata (que fue por donde ingresó) y llegando por el río Paraná hasta la altura de la ciudad de Diamante, Entre Ríos.

Cabe destacar que en la historia hubo varias ingresiones (o entradas de mar) registradas. Una de ellas data de 120.000 años y la segunda es la que dio origen a la laguna de Mar Chiquita y los sedimentos de Punta Hermengo hace 6.000 años (Formación Querandi).

En la zona costera de Buenos Aires se reconocen varios niveles correspondientes a otras tantas probables oscilaciones del nivel marítimo. A lo largo de la costa atlántica del NE Argentino, el nivel mas antiguo se encuentra en el interior de la Formación Ensenada, al cual Ameghino (1889) llamo Intersenadense. Esta transgresion, que se desarrolla a lo largo de la desembocadura del Rió de La Plata. Otras tres pulsaciones marinas sucesivas han sido descriptas en esta zona costera: Belgranense, Querandinense y Platense marino.

En la zona de Miramar, se conocen depósitos referibles a la ingresion holocenita, en particular, en la serie expuesta en la desembocadura del Arroyo Las Brusquitas, y en facies salobres en Punta Hermengo. Ambos poseen una antigüedad de 6000 años.

La serie de Las Brusquitas, situada sobre la costa atlántica Argentina, en la desembocadura del arroyo homónimo, pertenece a un ambiente marino – salobre en el cual se suceden indicios de oscilaciones del nivel del mar, bajo forma de depósitos con fósiles de ambientes claramente marino costero, intercalado con depósitos fluviales y salobres.

Se pueden encontrar en estos sedimentos, restos óseos de distintos vertebrados, pero escasos. Se caracteriza por la gran variedad de moluscos, como Biomphalaria, Littoridina parchappei y Littoridina australis entre otras, abundantes en el perfil y representativas de todo los ambientes, dulceacuicola, salobre y mas ampliamente marino.

Hace aproximadamente 8000 años y tras una importante desglaciación, el mar (formación Querandi) llegó hasta lo que ahora es la Ruta Nacional Nº 2 y desde el río Salado hasta San Pedro (Provincia de Buenos Aires). Cuando las aguas se retiraron (hace unos 4000 años), el terreno adquirió una fisonomía heterogénea. Los sedimentos salinos formaron mantos geológicos capaces de alterar el sabor y las características de las aguas en las zonas deprimidas o bañados, esto justifica la aparición reiterada de la palabra "salado" en nombre de ríos, arroyos y lagunas.

Bibliografía Sugerida.

Aceñolaza, F.G. 1976. Consideraciones bioestratigráficas sobre el Terciario marino de Paraná y alrededores. Acta Geológica Lilloana 13 (2): 91-107. Tucumán.

Aceñolaza, F.G. 2000. La Formación Paraná (Mioceno medio): estratigrafía, distribución regional y unidades equivalentes. En: Aceñolaza F. G. y Herbst, R. (eds.), El Neógeno de Argentina. Correlación Geológica 14: 9-27.

Aguirre, M. L. 1990. Asociaciones de moluscos bentónicos marinos del cuaternario tardío en el noroeste bonaerense. Ameghiniana 27: 161-177.

Alberd M. T. i, Leona G. y Tonni E. P. (editores). Evolución biológica y climática de la región pampeana durante los últimos cinco millones de años. Un ensayo de correlación con el Mediterráneo occidental. Madrid, Museo Nacional de Ciencias de Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1995, Monografías 12.

Bravard, A. 1858. Monografía de los terrenos marinos terciarios de las cercanías del Paraná. Imprenta del Registro Oficial. 107 pp. Paraná. (Reimpresión Imprenta del Congreso de la Nación, 1995).

Cozzuol, M.A. 1993. Mamíferos acuáticos del Mioceno medio y tardío de Argentina. Sistemática, evolución y biogeografía. Tesis Doctoral, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP. 178 pp. Inédita.

Francesco C.G. y Zarate, M.A.1999. Análisis tafonomico de Littoridina Souleyet, 1852 (Gastropoda: Hydrobiidae) en perfiles holocenos del rio Quequen grande (Prov. Buenos Aires): significativo paleobiologico y paleoambental. Ameghiniana 36 (3): 297-310 Bs.As.

Fidalgo, F.; Tonni, E.P. 1983. Geología y Paleontología de los sedimentos encauzados del Pleistoceno tardío y Holoceno en Punta Hermengo y Arroyo Las Brusquitas (Partido de General Alvarado y General Pueyrredón, Provincia de Buenos Aires). Ameghiniana, Vol. 20, Nos. 3-4, p. 281-296.

Firinati, E.A. y Aliotta, S.A. 1995. Análisis tafonomico de conchillas en cordones holocenos, Bahía Blanca, Argentina. 4  Jorn. Geológicas y geofísicas bonaerenses (Junin) Actas 1: 89 – 97.

Herbst, R. y Zabert, L.L. 1987. Microfauna de la Formación Paraná (Mioceno superior) de la cuenca Chaco-Paranense (Argentina). Facena 7: 165-206. Corrientes.

Tonni E.P. y Cione, A.L. Los mamíferos y el clima en el Pleistoceno y Holoceno en la provincia de Buenos Aires.- Jornadas de Arqueología e Interdisciplinas, PREP, CONICET, pp. 127-142; Climas en el Cuaternario de la Región Pampeana y cambio global. II Seminario sobre las Geociencias y el cambio global, Asoc. Geol. Arg., Serie D, Publ. esp. N° 2:33-35; 1995.


La Región y su Fauna Prehistórica.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista Espigon. Numero 02. jdanielboh@yahoo.com.ar

Si bien en nuestra región no es posible hallar restos de dinosaurios, su importancia radica en que estuvo entre las primeras de nuestro país en ser investigadas por los científicos desde el siglo 19.

En el partido de General Alvarado se pueden hallar estratos cuya antigüedad se remonta a casi 3 millones y medio de años, pasando por todas las fases intermedias hasta hace unos 3000 años. Esto indica el valor que tiene para el estudio de la evolución de aquella fauna y los grandes cambios climáticos producidos que siguen teniendo influencia en el presente.
Para comprender esto debemos remontarnos a 65 millones de años, momento en el cual América del Sur termina de separarse de los restos de Gondwana, el antiguo supercontinente del hemisferio sur, convirtiéndose en una gran isla, permitiendo el desarrollo de una fauna muy especial, destacándose los grandes herbívoros Edentados como los Glitodontes y Perezosos gigantes entre otros que eran similares a hipopótamos o grandes camellos. Aquellos no tenían casi enemigos puesto que los depredadores eran de escaso tamaño como Marsupiales y Aves carnívoras corredoras, cuya existencia duró unos pocos millones de años.

Ese estado de cosas cambió hace 2 millones y medio de años cuando finalmente se levanta lo que hoy conocemos como Centroamérica conectando a los dos subcontinentes americanos. Esta unión permitió que la fauna norteamericana invada y compita con los animales locales. Debido a esto, en esta región es posible hallar la fauna autóctona mezclada con la invasora, representada por los Mastodontes, Tigres Diente de Sable, Osos, Pumas, Ciervos, Caballos, Guanacos y otros

En ese tiempo comenzaron los grandes cambios climáticos, puesto que el frío comenzó a hacerse más notable provocando las conocidas Edades del Hielo. Hay que destacar que tales periodos Glaciales duraron más que los cálidos provocando un deterioro constante del suelo y la vegetación. Esa época es conocida como Pleistosceno y su final marca también la extinción masiva en casi todo el mundo de esos gigantescos seres. También es posible que esto haya sido acelerado debido a la expansión de los seres humanos como cazadores más eficientes pero por ahora es sólo una teoría.

Hace unos 10.000 años comenzó lo que se conoce como Holoceno, posiblemente un período Interglacial cuya duración no se puede predecir. Tal como hemos dicho al principio, el estudio de esta región nos permitirá saber o prevenir cómo será nuestro futuro.


Los Notoungulados de la Prehistoria Pampeana.

Por Daniel Boh. Museo Municipal de Miramar. Publicado originalmente en la Revista Espigon. Numero . jdanielboh@yahoo.com.ar

Para los que no lo sepan, los Ungulados son todos los animales con pezuñas, tales como las vacas, caballos, rinocerontes, ciervos, etc. En el continente sudamericano existieron también ungulados muy particulares que se desarrollaron independientemente del resto el mundo durante casi 50 millones de años. Para diferenciarlos se los denomina Notoungulados, siendo “Noto” la palabra usada para definir a animales que viven o vivieron en el sur de un continente.

COMO HIPOPOTAMOS

Tal como ocurre con muchas especies, la adaptación al medio hace que ciertos animales se parezcan aunque no tengan parentesco entre sí. Esto pasaba con el Toxodonte (Toxodon platensis) , un gran herbívoro parecido al rinoceronte pero con hábitos acuáticos. Su nombre significa “Diente en forma de arco, del Plata” y era un gigantesco habitante de las lagunas y bañados prehistóricos de la llanura pampeana. Tenía casi 5 metros de largo y más de 2 toneladas de peso, soportadas por cortas patas en forma de columna.

El primer hallazgo de Toxodon fue realizado en 1833 por el naturalista inglés Charles Darwin en Colonia del Sacramento, Uruguay. Se lo compró a unos vecinos que lo habían hallado y que lo usaban para tiro al blanco. De este cráneo y de una mandíbula hallada en Bahía Blanca, se basó su compatriota, el sabio Richard Owen, para ponerle nombre.
Sobre estos grandes animales aún se discute si eran de hábitos acuáticos, ya que tienen características como exclusivamente terrestres y también acuáticas.

El tema principal es la posición de la cabeza, la cual, al armar el esqueleto, aparece por debajo de la altura del lomo pero, sus ojos, narices y fosas nasales están en una posición bastante alta.

Algunos investigadores proponen, luego de estudios de biomecánica, que la cabeza debería estar más alta, lo que terminaría por afirmar sus hábitos acuáticos. Por nuestra parte debemos decir que la mayoría de los restos de Toxodon del Museo Municipal Punta Hermengo de nuestra ciudad, han sido hallados en sitios con fuertes evidencias de presencia de agua.

Otra particularidad era la existencia de grandes espinas en sus vértebras a la altura de las paletas, cuya función probablemente era la de sostener una joroba, tal como los actuales camellos, y así acumular grasa para ser usada en los períodos de escasez. Esta es una característica observada en varias especies extinguidas de nuestra zona.

También fueron encontrados restos de estos gigantes con indicios de haber sido cazados por los primeros habitantes de la región, además que su extinción fue bastante “reciente”, o sea unos 8 mil años. En el museo también es posible observar un gran cráneo de este animal, hallado unos kilómetros al sur de Mar del Sud en los años 90.

Otro Notoungulado hallable en nuestra zona es el Mesoterio, un animal del tamaño de una oveja, con dientes similares a roedores y del que el museo sólo posee algunos fragmentos de cráneo.

LOS LIPTOPTERNOS

Estos eran parientes lejanos de los anteriores cuyo nombre significa “tobillos simples” . En la última parte de su evolución existían dos representantes: el Proteroterio, un pequeño animalito similar al caballo, cuyos restos aún no han sido hallados en la provincia de Buenos Aires; y la Macrauquenia (Macrauchenia patachonica), cuyo nombre significa “cuello grande de la Patagonia”. Este último era un animal muy extraño, parte elefante, parte jirafa, parte llama; de gran tamaño y poseedor, según se cree, de una trompa. El primer resto también fue encontrado por Darwin en Puerto San Julián, Santa Cruz, en 1840. El nombre se debe también al mismo científico, Owen, cuyo repertorio de nombres era notable, ya que fue el que creó el término “dinosaurio”, entre otros.

Tal como es de suponer, las partes blandas de un ser vivo se desintegran al morir éste, siendo el esqueleto el único medio para reconstruir su forma en vida, a menos que se encuentre algún indicio, como marcas o impresiones; algo muy raro de preservarse. Los animales actuales que poseen trompa, tienen las fosas nasales muy altas ( a la altura de los ojos ) y aparecen rugosidades en los huesos, que indican la presencia de fuertes músculos.

En la Macrauchenia es posible observar esto bastante claramente, aunque es posible también que poseyera una especie de “joroba” en su cabeza para mejorar su capacidad olfativa u otra cualidad necesaria en esos tiempos. Ésta característica es también posible observar en animales tan diversos como los antiguos caballos americanos o cierta especie de Gliptodonte, cuya función podría ser la de protegerse del ambiente polvoriento en los períodos secos. De todas maneras la trompa aparece como la más probable. Es posible que estos grandes cuadrúpedos se alimentaran con las hojas y frutos de los antiguos algarrobales de nuestra región, en forma similar a las jirafas actuales.

En el Museo hay algunos restos interesantes de este animal, hallados al sur de Mar del Sud y al norte de Miramar. Tal como podrán apreciar, nuestra región posee una gran riqueza natural, la cual puede ser apreciada en parte, en las salas de nuestro museo. Cuya colección es también consultada por científicos de nuestro país y del extranjero.

Bibliografía recomendada

Buenos Aires, un millón de años atrás.
Fernando Novas, editorial Siglo XXI, colección Ciencia que ladra… 2006.

Los mamíferos fósiles de Buenos Aires.
Ricardo Pasquiali, Eduardo Tonni,
Universitas, 2004.

Archivo Museo Municipal Punta Hermengo,
www.museodemiramar.com.ar; museomiramar@gmail.com

 

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