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Los representantes del
genero Homo mas modernos.
Hace unos dos millones de años aparecieron los primeros hombres,
unos homínidos que poseían un cerebro considerablemente mayor
que el de sus ancestros, los australopitecinos. Los próximos en
aparecer en el registro fósil fueron los homínidos del género
Homo, comenzando por el Homo rudolfensis y el
Homo habilis, que coexistieron en el este de África.
La especie Homo rudolfensis fue propuesta
originalmente en 1986 a partir del estudio de un cráneo de 2
millones de años de antigüedad, que previamente había sido
adjudicado a la especie Homo habilis.
Homo neanderthalensis.
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Entre 200.000 y 28.000 años atrás vivió en Europa y el oeste de
Asia un pariente cercano de los humanos actuales conocido como
el hombre de Neandertal u Homo neanderthalensis.
Su nombre hace referencia al valle del río Neander, ubicado en
Alemania, donde se descubrieron varios esqueletos en 1856. El
hombre de Neandertal era bajo y fuerte, con manos y
articulaciones grandes, una cabeza bastante ancha y sin mentón
en la mandíbula, una nariz plana y cejas prominentes. La
capacidad cerebral, a menudo por encima de los 1400 centímetros
cúbicos, era superior a la media de los seres humanos actuales,
que es de 1350 centímetros cúbicos. Estos hombres tenían una
tecnología de utensilios muy desarrollada y también representan
el comienzo de una cultura religiosa, ya que enterraban a sus
muertos y posiblemente reverenciaban al oso de las cavernas. En
el pasado, los científicos pensaban que existían grandes
diferencias entre el hombre de Neandertal y del hombre moderno.
Esta suposición se basaba en una reconstrucción defectuosa de un
esqueleto de Neandertal que presentaba las rodillas dobladas y
una forma de andar con la cabeza baja y los brazos caídos. Esta
reconstrucción dio la impresión general, aunque errónea, de que
el hombre de Neandertal era un individuo rudo de escasa
inteligencia que vivía de forma tosca. Por el contrario, el
Neandertal, como las especies que le precedieron, caminaba
totalmente erguido y no tenía la mirada baja ni las rodillas
dobladas. Además, su capacidad craneana era bastante grande
(aproximadamente de 1.500 cm3), ligeramente superior a la del
hombre moderno (la diferencia se debe probablemente a su mayor
masa muscular frente a la del hombre moderno, que normalmente va
aparejada a un volumen cerebral mayor). Comparado con los
primeros homínidos, él tenía un alto grado de sofisticación
cultural. Parece que realizaba rituales simbólicos como, por
ejemplo, el enterramiento de los muertos. Los fósiles de esta
especie —incluida una serie de esqueletos bastante completos—
son bastante numerosos si se comparan con los de formas más
primitivas de Homo, en parte debido a sus costumbres funerarias.
También fabricaba sofisticados utensilios de piedra del tipo
conocido como musteriense. Junto a muchas similitudes físicas,
el Neandertal difería, sin embargo, del hombre moderno en varios
aspectos: poseía un cráneo achatado y alargado, senos nasales
anchos (lo que sugería una nariz grande), mejillas prominentes,
marcados arcos superciliares, mentón retraído y un espacio
detrás del tercer molar. El esqueleto del Neandertal también era
de complexión más fuerte con huesos más gruesos que los del
hombre moderno. Otras características esqueléticas eran la
curvatura de los huesos de los miembros inferiores en algunos
individuos, escápulas anchas, articulaciones de la cadera
giradas hacia fuera, pubis largo y delgado y huesos cortos en
las partes inferiores de piernas y brazos en comparación con los
huesos superiores. En conjunto, estos rasgos componían un cuerpo
potente y compacto de baja estatura —el hombre medía un promedio
de 1,7 m de altura y pesaba 84 kg, mientras que la mujer medía
un promedio de 1,5 m de altura y pesaba 80 kg. La complexión
baja y fuerte del Neandertal le permitía conservar el calor y le
ayudaba a soportar condiciones extremadamente frías como las que
comenzaron a imponerse en las regiones templadas hace unos
70.000 años. Los últimos fósiles conocidos de esta especie
procedían del oeste de Europa y tienen más de 36.000 años de
antigüedad. Al mismo tiempo que las poblaciones de Neandertal
crecían en número en Europa y en partes de Asia, surgieron otras
poblaciones de homínidos casi modernos en África y Asia. Los
científicos se refieren habitualmente a estos fósiles, que son
distintos pero parecidos a los del Neandertal, como primitivos.
Los fósiles de los yacimientos chinos de Dali, Maba y Xujiayao
muestran el cráneo chato y alargado y el rostro ancho típicos de
los primeros homínidos, aunque también presentan algunas
características similares a las de los humanos modernos de la
región. En la cueva del yacimiento de Jebel Irhoud, Marruecos,
los científicos han encontrado fósiles con el cráneo alargado
típico de los homínidos primitivos pero también con rasgos
modernos como una frente algo más alta y rostro más plano. Los
fósiles humanos procedentes de yacimientos de África oriental de
hace más de 100.000 años —tales como Ngaloba en Tanzania y Eliye
Springs en Kenia— también parecen mostrar una mezcla de rasgos
primitivos y modernos.
Homo antecessor.
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antesessor |
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Eudald
Carbonell, especialista en Geología del cuaternario, dio a
conocer algunos de los descubrimientos arrojados a lo largo de
30 años de investigación en la Sierra de Atapuerca, España,
donde halló evidencias de evolución humana de más de un millón
de años. Carbonell encontró los restos del primer europeo que
llegó hace cerca de un millón de años, el denominado Homo
antecessor, una especie humana anterior a la del
Homo Sapiens y el Hombre de Neanderthal. En la charla Un
Millón de Años de Evolución Humana en Europa, en el Museo
Nacional de Antropología, el investigador precisó que los
estudios en Atapuerca, provincia de Burgos, arrojaron evidencia
claras de la evolución biológica, técnica y modos de
subsistencia de los seres humanos más remota que se tiene a la
fecha. Este homínido era originario de África pero emigro a
zonas europeas y zonas de Asia. El Homo antecessor
de Europa evolucionaría más tarde al homo Neandertal y el
Homo antecessor que se quedó en África evolucionaría al
Homo Sapiens. Según Carbonell, el Homo
antecessor era alto, fuerte y de cerebro pequeño, pero
con una cara muy similar a la del humano actual, es decir, con
un aspecto más “moderno” que otros grupos humanos más recientes
o próximos en el tiempo. El Homo antecessor es una
especie que por el momento sólo se ha encontrado en el
yacimiento de Gran Dolina de Atapuerca, y los análisis de estos
fósiles han evidenciado la práctica del canibalismo hace unos
800 mil años. Otro de los descubrimientos ha sido el de restos
de oído medio, junto con una estructura compuesta por
frecuencias de audición parecidas a las nuestras, “lo cual
quiere decir que podía comunicarse al igual que nosotros”,
abundó. El arqueólogo español agregó que en Cueva del Elefante
se encontraron huesos fracturados con marcas de corte lo cual
demuestra que los utilizaban como herramienta para curtir
pieles. “Al analizar los fragmentos craneales y postcraneales,
el equipo de investigación encontró en el 60 por ciento de los
cráneos fracturas hechas con piedra, acciones que para ellos
significan eran actos de carnicería o de canibalismo”, señaló.
Según sus deducciones, indicó que “no se trata de un canibalismo
alimenticio sino de canibalismo de competencia, es decir sólo se
comían a las crías, para evitar controlar a los grupos y evitar
la competencia, lo que no se sabe es quién se comió al
Homo antecessor”. Durante el hallazgo fueron descubiertos
los restos de individuos que tenían entre tres y 20 años de edad
e indicó que aún no se han encontrado neonatos. Tras su visita a
México, Carbonell viajará a otros países como Cuba, Chile y
Guatemala, y se espera que en los primeros meses de 2007 visite
Colombia, Argentina y Perú, en busca de fomentar la Red
Científica Hispanoamericana, con objetivos similares a la que ya
existe en Asia. Su esperanza de vida no superaba los 40 años,
vivían en grupos de 8 a 12 especimenes. Era menos inteligente,
pues poseía una capacidad craneal de mil cm3, menor a la del
humano actual (1400). El equipo de trabajo del español presume
que la tasa de mortalidad era mayor en el número de mujeres de
entre 15 y 17 años de edad, esto debido a “la crisis por la que
pasaban las mujeres en su primer parto y dejaban a las crías en
manos de sus otros parientes”. Eudald Carbonell nació en Ribes
de Freser (Barcelona) en 1953. Cursó estudios superiores en
Girona, Barcelona y París. Es doctor en Geología del Cuaternario
y en Historia. En 1997 le fue concedido el Premio Príncipe de
Asturias de Investigación Científica y Técnica por el proyecto
de Atapuerca, que codirige. Es catedrático de Prehistoria de la
Universidad Rovira i Virgili de Tarragona e investigador
principal del Grupo de Autoecología Humana del Cuaternario. Es
coautor de Atapuerca: un millón de años de historia y de Aún no
somos humanos, entre otros libros. Hace poco mas de un millón de
años, distintos lugares del sur de Europa, comienzan a
proporcionar claras evidencias que un ser, se pasea por ríos y
cuevas. Era el primer poblador de ese continente, el Homo
antecessor. Apareció en la Sierra de Atapuerca, un lugar
de praderas abiertas y bosques mediterráneos. Vivió en el
pleistoceno inferior hace 780 mil años, tenía una mandíbula poco
especializada, un aparato dental muy primitivo y una complexión
grácil, medía entre 1.70 y 1.80. Era robusto, musculoso y
corpulento, tenía la frente echada hacia atrás, sus cejas eran
anchas y las aberturas nasales amplias, no tenían barbilla. Se
dedicaban a la recolección de vegetales y a la caza menor. Para
trabajar usaban lanzas sencillas y piedras cortantes. Este
homínido aun no conocía el fuego por lo que comían la carne
cruda. No vivían en cuevas pero las utilizaban para estar
guarecidos y para fabricar sus utensilios.
Homo sapiens sapiens.
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homo sapiens homo sapiens
sapiens |
homo
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homo sapiens homo sapiens
homo sapiens sapiens |
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Hace unos 35.000 años apareció el hombre moderno, cuyo primer
representante se lo conoce como el hombre de Cro-Magnon. Estos
humanos convivieron durante unos 7.000 años con el hombre de
Neandertal. El primer hallazgo de un hombre de Cro-Magnon se
realizó en Gales del Sur en 1823. Sin embargo, el nombre común
de este Homo sapiens se debe al descubrimiento en
1868 de cinco esqueletos completos en el pequeño refugio rocoso
de Cro-Magnon, en la villa de Les Eyzies, Francia. Los
artefactos y las pinturas rupestres hallados en la región
central de Francia, que datan de unos 30 mil años atrás, dan fe
de la complejidad de su cultura. Estas evidencias indican que el
hombre de Cro-Magnon tenía un sistema tribal poderoso, que
fabricaba utensilios, reunía material vegetal, cazaba, pescaba y
es posible que incluso reuniera el ganado en rebaños,
construyera refugios y manufacturara vestimentas que le
permitieron sobrevivir durante la última glaciación, que alcanzó
su máxima intensidad hace 18.000 años. Ciertos autores
consideran que los hombres de Neandertal y de Cro-Magnon son
subespecies del Homo sapiens. De acuerdo con estos
investigadores, los nombres científicos de estos seres son
Homo sapiens neanderthalensis y Homo sapiens
sapiens. Este último nombre también corresponde al
hombre actual. Sin embargo, en marzo del 2000, un grupo de
investigadores de Escocia, Rusia, Suecia y los Estados Unidos
publicó en la revista científica inglesa Nature los análisis
realizados en muestras de ADN extraídas de huesos de
neandertales. Los restos, datados en 29.000 años, provenían de
una cueva del norte del Cáucaso y correspondían a uno de los
últimos hombres de Neandertal. Las diferencias halladas entre
este ADN y el del hombre moderno sugieren que ambas formas
humanas evolucionaron de manera independiente a partir de un
ancestro común, posiblemente el Homo heidelbergensis
o el Homo antecessor. Estos resultados
apoyarían la postura de considerar al hombre de Neandertal y al
hombre moderno, incluido el de Cro-Magnon, como especies
distintas. Los fósiles más antiguos encontrados con
características esqueléticas típicas del hombre moderno datan de
hace unos 130.000 a 90.000 años. Varias características clave
diferencian los cráneos del hombre moderno de los de las
especies primitivas: arcos superciliares poco marcados, cráneo
redondo y rostro aplanado o sólo ligeramente prominente de
tamaño reducido situado bajo la parte frontal del cráneo. De
todos los mamíferos, sólo el hombre tiene la cara posicionada
directamente bajo el lóbulo frontal (el área más adelantada del
cráneo). Como resultado, el hombre moderno tiende a tener una
frente más alta que la que tenían el Neandertal y otros
homínidos primitivos. La capacidad craneana del hombre moderno
oscila entre aproximadamente 1.000 y 2.000 cm3, siendo la media
de aproximadamente 1.350 cm3. En los yacimientos de Singha en
Sudán, Omo en Etiopía, Klasies River Mouth en Suráfrica y Skhûl
en Israel los científicos han encontrado restos de cráneos de
los primeros Homo sapiens sapiens. Basándose en estos fósiles,
muchos científicos concluyen que el hombre moderno ya había
evolucionado en África hace unos 130.000 años y que en algún
momento hace 90.000 años comenzó a dispersarse hacia diferentes
partes del mundo por una ruta a través del Oriente Próximo.
Gigantopithecus blackii.
Hace años
que muchos científicos ven detrás de estos gigantescos primates
unos fósiles en concreto, los del Gigantopithecus blackii.
Ahora, un científico canadiense ha datado algunos de los restos,
para llegar a la conclusión de que estos enormes simios, de más
de tres metros de altura, convivieron con el hombre hace unos
100.000 años. El primate más grande jamás encontrado habitó en
el Asia suroriental hace un millón de años, y hasta ahora se
creía que nunca había llegado a convivir con los humanos. Pero
las investigaciones realizadas por el doctor Jack Rink, de la
Universidad de McMaster, en Ontario, sitúan a este orangután
hace tan sólo 100.000 años. Una época en la que los Homo
Sapiens comenzaban a sustituir a los Homo Erectus
en esta zona. Y quizá fueran estos seres primitivos los que
comenzaron a trasmitir la leyenda de esos orangutanes de un
tamaño enorme que aún hoy pasa de padres a hijos en muchas
localidades de Asia. El primero en encontrar restos de este
enorme primate fue el paleontólogo holandés G. H. Von
Koenigswald, que en 1935 encontró en una farmacia-herbolario de
Hong Kong una muela amarillenta entre los "huesos de dragón" que
tenían a la venta. En la cultura tradicional china, los
denominados ‘huesos de dragón’ -restos de fósiles, básicamente
dientes- tienen un enorme poder curativo, por lo que su
obtención y comercialización es muy frecuente. Fue entonces
cuando, tras investigar la procedencia de este raro diente, los
arqueólogos dieron con varios yacimientos en China donde
encontraron restos de lo que catalogaron como
Gigantopithecus blackii, un simio de unos tres metros de
altura, 450 kilos de peso y dieta estrictamente vegetariana.
Durante unos 80 años, científicos de todo el mundo han estudiado
los fósiles -poco más que unos colmillos y mandíbulas- para
tratar de averiguar si esta enorme especie de primate estaba
relacionada con los primitivos seres humanos. Ahora el
geocronologista Rink ha utilizado una tecnología de absoluta
precisión para datar esos dientes, y llegar a la conclusión de
que pertenecen a animales que pudieron convivir con hombres.
"Era la pieza que faltaba en el puzzle, determinar que estos
primates realmente coexistieron con humanos en una época en la
que éstos estaban viviendo cambios gigantescos", señaló el
científico. Según el paleobiólogo español José María Bermúdez de
Castro, hace "unos 100.000 años los Homo Erectus
que ya habitaban esas regiones asiáticas comenzaban a ser
sustitudos por los Homo Sapiens". "La talla de
estos molares, de una pulgada de ancho, nos permite determinar
que se trataba de unos primates de gran tamaño", aseguró el
doctor Rink. Ahora, su equipo de científicos trata de averiguar
si unos fósiles encontrados en Tailandia son también de
Gigantopithecus blackii, lo que podría atestiguar que
estos primates se extendieron por otras zonas de Asia. Para
datar los fósiles, Rink ha utilizado técnicas de alta precisión
como la resonancia de ‘electro espin’ (ESR), la misma que se
utiliza en yacimientos como el de Atapuerca, precisamente "por
su gran fiabilidad y precisión para poner fecha a fósiles muy
antiguos", según confirmó Bermúdez de Castro. El análisis de los
colmillos ha permitido además a Rink confirmar que estos
orangutanes se alimentaban de vegetales, especialmente bambú.
Homo floresiensis.
Un grupo de
científicos australianos ha descubierto en una isla indonesia
restos de un miembro hasta ahora desconocido de la raza humana,
una especie de «hobbit» de menos de un metro de altura que
habría vivido en la Tierra hace 18.000 años. Este sorprendente
descubrimiento, divulgado en la revista científica británica
Nature, plantea la posibilidad de que el ser humano no esté sólo
en el planeta, ya que los descendientes de este ejemplar podrían
seguir vivos en esas islas remotas. El grupo de investigadores
de la Universidad de Nueva Inglaterra encontraron los restos en
la isla indonesia de Flores, situada entre las de Timor y
Sumbawa, donde existen desde hace muchos años leyendas sobre la
existencia de pequeños seres. En este caso, el ejemplar de
Homo floresiensis hallado es una hembra, que se suma
a otros ejemplares descubiertos antes en esa misma zona. El
director de la revista Nature, Henry Gee, destacó la importancia
del descubrimiento. Hasta que encontraron estos restos -dijo-los
expertos habrían rechazado las historias que se cuentan como
patrañas de «hobbits» y otras criaturas fantásticas, «pero ya
no».El nuevo ser humano les obliga a reconsiderar esas leyendas,
que hace un siglo ya escucharon los exploradores holandeses que
llegaron a Flores. Entonces, los nativos hablaban del «ebu gogo»,
una extraña criatura con forma humana que, como el homínido
hallado, medía menos de un metro. La leyenda dice que estos
seres hablaban en susurros y repetían las palabras del
interlocutor como loros. Según los expertos, el ejemplar
desenterrado de la cueva Liang Bua es el descendiente «enano» de
otra especie primitiva que dejó África hace dos millones de
años. Los restos consisten en un cráneo del tamaño de un pomelo
y parte de su esqueleto. Junto a los huesos, se descubrieron
herramientas de piedra. La criatura habría vivido al mismo
tiempo que el Homo sapiens, antepasado de los
humanos. Hasta ahora se sabía que los humanos modernos habían
coexistido con los neandertales, en Europa, hace 30.000 años. El
Homo floresiensis sería, pues, la segunda especie
humana que se conoce que habría vivido junto a nuestros
antepasados, pero más recientemente, hace unos 18.000 años. El
descubrimiento de los científicos australianos, liderados por
Peter Brown, se considera de los más importantes sobre el origen
de la especie en los últimos cien años. El hallazgo plantea
muchas preguntas. Se cree que el homínido podría ser un
descendiente del Homo erectus, que ya conocía el
fuego y utilizaba herramientas, y que habría tenido que cruzar
el mar para llegar a la isla. El problema es que no hay
constancia de que supiera construir embarcaciones. Otra
incógnita es el tamaño del cerebro del Homo floresiensis,
que, con 380 milímetros, es más pequeño que el de un chimpancé.
Los expertos pensaban que el cerebro humano debía tener un
tamaño mínimo, pero la criatura hallada, pese a tener ese
cerebro encogido, parece haber sido un ser inteligente. Los
científicos intentarán ahora extraer muestras de ADN para
averiguar más detalles sobre esos habitantes de Flores, una isla
donde también se han encontrado restos de animales prehistóricos
únicos.
Sin embargo, Meike Köhler y Salvador Moyà, del Institut Català
de Paleontologia, afirman que las particularidades del esqueleto
aparecido en Indonesia (Homo floresiensis) no son
fruto de adaptaciones a la insularidad. Los restos del polémico
'Hombre de Flores' (Homo floresiensis) aparecidos
en la isla de Flores, en Indonesia, el año 2004, pertenecen a un
individuo con malformaciones, y en ningún caso son de un
individuo enano de una nueva especie como se ha venido
afirmando. Los investigadores del Instituto Catalan de
Paleontología (ICP), Meike Köhler y Salvador Moyà, afirman en un
artículo aparecido en la revista científica Trends in Ecology
and Evolution, que las características del esqueleto aparecido
en Flores no siguen el patrón propio de las especies de
mamíferos adaptadas a vivir en islas. Homo floresiensis
es el nombre que reciben los restos fósiles de un grupo
de individuos aparecidos en la isla de Flores con un cuerpo y un
cráneo extraordinariamente diminutos (un metro de alto y 25
quilos de peso en los adultos) que habría sido contemporáneo de
los humanos modernos (Homo sapiens) hace 18.000
años. Según sus descubridores, sus dimensiones reducidas se
explicarían como una adaptación a la vida insular. Köhler y Moyà
niegan ésta posibilidad y argumentan que entre las adaptaciones
que presentan los mamíferos a la vida insular y a su escasez de
recursos, se observan tres características básicas: Una
reducción de los órganos sensoriales y motores y de sus áreas
relacionadas. Por ejemplo, los ojos y órbitas son más pequeños
de lo que correspondería a un animal de dimensiones normales.
Éste no es el caso del hombre de Flores, que mantiene el rango
de dimensiones propio de Homo sapiens. Es decir,
tiene los ojos pequeños de acuerdo con sus dimensiones
reducidas. Los huesos del hombre de Flores muestran
características que dificultaban su movilidad, como por ejemplo
poco desarrollo muscular, un húmero y una tibia con
malformaciones, y asimetrías entre las partes izquierda y
derecha del cráneo, entre otras. Éstas características no son
adaptaciones a la vida insular, sino malformaciones que, además,
no le permitían ser un buen cazador - recolector, como sugerían
sus descubridores basándose en los restos arqueológicos hallados
en el yacimiento. Para asegurar que el hombre de Flores es un
enano, se ha utilizado el argumento que un elefante enano del
género Stegodon apareció también en ésta isla de
Indonesia, pero según Köhler, Stegodon se conoce
de yacimientos más antiguos y se extinguió hace 800.000 años.
Hasta ahora no se ha publicado ninguna prueba que demuestre que
existía un Stegodon enano hace 18.000 años. Por
otro lado, hace 18.000 años tuvo lugar la última gran glaciación
que ocasionó una disminución del nivel de los océanos y por
tanto, el hombre de Flores con casi total seguridad no estaba
completamente aislado. Así, el argumento que su extraña
morfología sea fruto de una adaptación a la vida insular no
tiene fundamento.
Bibliografía Sugerida:
Barnett, S. A. y otros. Un siglo después de
Darwin. 2 vols. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra
divulgativa sobre la evolución y el origen del hombre.
Benton, Michael J. Paleontología y evolución. Lleida: Editorial
Perfils, 1995. Obra divulgativa sobre la evolución de los
vertebrados.
Bernal, J. D. El origen de la vida. Barcelona: Ediciones
Destino, 1977. Obra divulgativa; incluye bibliografía y
glosario.
Darwin, Charles. Origen de las especies. Madrid: Ediciones Akal,
2ª ed., 1994. Libro donde el autor fundamenta su teoría de la
evolución.
Dobzhansky, Theodosius. Evolución. Barcelona: Ediciones Omega,
1988. Revisión de la teoría de la evolución.
Ghiselin, Michael T. El triunfo de Darwin. Madrid: Ediciones
Cátedra, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría evolutiva de
Darwin.
Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Barcelona: Ediciones
Omega, 1976. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la
evolución.
Gould, Stephen Jay. Dientes de gallina y dedos de caballo.
Barcelona: Editorial Crítica, 1995. Obra divulgativa de
paleontología y evolución.
Gould, Stephen Jay. La sonrisa del flamenco. Barcelona:
Editorial Crítica, 1987. Obra divulgativa sobre diferentes
aspectos de la evolución.
Museo de Ciencias Naturales. Historia de la vida. Madrid: CSIC,
1991. Obra sobre la evolución de los organismos, muy bien
ilustrado.
Oparin, A. I. Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid:
Editorial Tecnos, 1979. Obra divulgativa clásica sobre los
orígenes de la vida.
Reichholf, Josef H. La aparición del hombre. Barcelona:
Editorial Crítica, 1994. Origen y evolución del hombre desde las
últimas investigaciones en genética.
Ridley, Mark. La evolución y sus problemas. Madrid: Ediciones
Pirámide, 1987. Obra sobre las controversias originadas por la
teoría evolutiva.
Ruse, Michael. La revolución darwinista. Madrid: Alianza
Editorial, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría de la
evolución de Darwin.
Weiner, J. S. El hombre: orígenes y evolución. Barcelona:
Ediciones Destino, 1980. Obra divulgativa; incluye glosario y
bibliografía.
Origen y diversidad del
Hombre moderno.
Los paleoantropólogos siguen debatiendo sobre
dónde evolucionó el hombre moderno y cómo se dispersó por el
mundo. La cuestión es si la evolución tuvo lugar en una pequeña
región de África o en una amplia área de África y Eurasia. Y aún
más, si las poblaciones humanas modernas procedentes de África
desplazaron a todas las poblaciones humanas allí existentes,
llegando a producir en último término su extinción.
Aquellos que piensan que el hombre moderno tuvo su origen sólo
en África para más tarde dispersarse por el mundo apoyan la
denominada hipótesis de la emigración de África. Aquellos que
piensan que el hombre moderno evolucionó por toda una gran
región de Eurasia y África apoyan la denominada hipótesis
multirregional.
Los investigadores han realizado numerosos estudios genéticos y
han valorado cuidadosamente los fósiles para determinar cuál de
estas hipótesis coincide más con la evidencia científica. Los
resultados de esta investigación no confirman ni rechazan
totalmente ninguna de ellas. Por lo tanto, algunos científicos
piensan que la mejor explicación es un compromiso entre ambas
hipótesis. El debate entre estas teorías tiene implicaciones en
cuanto a qué entienden los científicos como raza humana. La
cuestión que se plantea es si en el hombre moderno las
diferencias físicas evolucionaron profundamente en el pasado
lejano o lo hicieron en un pasado relativamente reciente.
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