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Los representantes del genero Homo mas modernos.

Hace unos dos millones de años aparecieron los primeros hombres, unos homínidos que poseían un cerebro considerablemente mayor que el de sus ancestros, los australopitecinos. Los próximos en aparecer en el registro fósil fueron los homínidos del género Homo, comenzando por el Homo rudolfensis y el Homo habilis, que coexistieron en el este de África. La especie Homo rudolfensis fue propuesta originalmente en 1986 a partir del estudio de un cráneo de 2 millones de años de antigüedad, que previamente había sido adjudicado a la especie Homo habilis.

Homo neanderthalensis.
     

 

Entre 200.000 y 28.000 años atrás vivió en Europa y el oeste de Asia un pariente cercano de los humanos actuales conocido como el hombre de Neandertal u Homo neanderthalensis. Su nombre hace referencia al valle del río Neander, ubicado en Alemania, donde se descubrieron varios esqueletos en 1856. El hombre de Neandertal era bajo y fuerte, con manos y articulaciones grandes, una cabeza bastante ancha y sin mentón en la mandíbula, una nariz plana y cejas prominentes. La capacidad cerebral, a menudo por encima de los 1400 centímetros cúbicos, era superior a la media de los seres humanos actuales, que es de 1350 centímetros cúbicos. Estos hombres tenían una tecnología de utensilios muy desarrollada y también representan el comienzo de una cultura religiosa, ya que enterraban a sus muertos y posiblemente reverenciaban al oso de las cavernas. En el pasado, los científicos pensaban que existían grandes diferencias entre el hombre de Neandertal y del hombre moderno. Esta suposición se basaba en una reconstrucción defectuosa de un esqueleto de Neandertal que presentaba las rodillas dobladas y una forma de andar con la cabeza baja y los brazos caídos. Esta reconstrucción dio la impresión general, aunque errónea, de que el hombre de Neandertal era un individuo rudo de escasa inteligencia que vivía de forma tosca. Por el contrario, el Neandertal, como las especies que le precedieron, caminaba totalmente erguido y no tenía la mirada baja ni las rodillas dobladas. Además, su capacidad craneana era bastante grande (aproximadamente de 1.500 cm3), ligeramente superior a la del hombre moderno (la diferencia se debe probablemente a su mayor masa muscular frente a la del hombre moderno, que normalmente va aparejada a un volumen cerebral mayor). Comparado con los primeros homínidos, él tenía un alto grado de sofisticación cultural. Parece que realizaba rituales simbólicos como, por ejemplo, el enterramiento de los muertos. Los fósiles de esta especie —incluida una serie de esqueletos bastante completos— son bastante numerosos si se comparan con los de formas más primitivas de Homo, en parte debido a sus costumbres funerarias. También fabricaba sofisticados utensilios de piedra del tipo conocido como musteriense. Junto a muchas similitudes físicas, el Neandertal difería, sin embargo, del hombre moderno en varios aspectos: poseía un cráneo achatado y alargado, senos nasales anchos (lo que sugería una nariz grande), mejillas prominentes, marcados arcos superciliares, mentón retraído y un espacio detrás del tercer molar. El esqueleto del Neandertal también era de complexión más fuerte con huesos más gruesos que los del hombre moderno. Otras características esqueléticas eran la curvatura de los huesos de los miembros inferiores en algunos individuos, escápulas anchas, articulaciones de la cadera giradas hacia fuera, pubis largo y delgado y huesos cortos en las partes inferiores de piernas y brazos en comparación con los huesos superiores. En conjunto, estos rasgos componían un cuerpo potente y compacto de baja estatura —el hombre medía un promedio de 1,7 m de altura y pesaba 84 kg, mientras que la mujer medía un promedio de 1,5 m de altura y pesaba 80 kg. La complexión baja y fuerte del Neandertal le permitía conservar el calor y le ayudaba a soportar condiciones extremadamente frías como las que comenzaron a imponerse en las regiones templadas hace unos 70.000 años. Los últimos fósiles conocidos de esta especie procedían del oeste de Europa y tienen más de 36.000 años de antigüedad. Al mismo tiempo que las poblaciones de Neandertal crecían en número en Europa y en partes de Asia, surgieron otras poblaciones de homínidos casi modernos en África y Asia. Los científicos se refieren habitualmente a estos fósiles, que son distintos pero parecidos a los del Neandertal, como primitivos. Los fósiles de los yacimientos chinos de Dali, Maba y Xujiayao muestran el cráneo chato y alargado y el rostro ancho típicos de los primeros homínidos, aunque también presentan algunas características similares a las de los humanos modernos de la región. En la cueva del yacimiento de Jebel Irhoud, Marruecos, los científicos han encontrado fósiles con el cráneo alargado típico de los homínidos primitivos pero también con rasgos modernos como una frente algo más alta y rostro más plano. Los fósiles humanos procedentes de yacimientos de África oriental de hace más de 100.000 años —tales como Ngaloba en Tanzania y Eliye Springs en Kenia— también parecen mostrar una mezcla de rasgos primitivos y modernos.


Homo antecessor.
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Eudald Carbonell, especialista en Geología del cuaternario, dio a conocer algunos de los descubrimientos arrojados a lo largo de 30 años de investigación en la Sierra de Atapuerca, España, donde halló evidencias de evolución humana de más de un millón de años. Carbonell encontró los restos del primer europeo que llegó hace cerca de un millón de años, el denominado Homo antecessor, una especie humana anterior a la del Homo Sapiens y el Hombre de Neanderthal. En la charla Un Millón de Años de Evolución Humana en Europa, en el Museo Nacional de Antropología, el investigador precisó que los estudios en Atapuerca, provincia de Burgos, arrojaron evidencia claras de la evolución biológica, técnica y modos de subsistencia de los seres humanos más remota que se tiene a la fecha. Este homínido era originario de África pero emigro a zonas europeas y zonas de Asia. El Homo antecessor de Europa evolucionaría más tarde al homo Neandertal y el Homo antecessor que se quedó en África evolucionaría al Homo Sapiens. Según Carbonell, el Homo antecessor era alto, fuerte y de cerebro pequeño, pero con una cara muy similar a la del humano actual, es decir, con un aspecto más “moderno” que otros grupos humanos más recientes o próximos en el tiempo. El Homo antecessor es una especie que por el momento sólo se ha encontrado en el yacimiento de Gran Dolina de Atapuerca, y los análisis de estos fósiles han evidenciado la práctica del canibalismo hace unos 800 mil años. Otro de los descubrimientos ha sido el de restos de oído medio, junto con una estructura compuesta por frecuencias de audición parecidas a las nuestras, “lo cual quiere decir que podía comunicarse al igual que nosotros”, abundó. El arqueólogo español agregó que en Cueva del Elefante se encontraron huesos fracturados con marcas de corte lo cual demuestra que los utilizaban como herramienta para curtir pieles. “Al analizar los fragmentos craneales y postcraneales, el equipo de investigación encontró en el 60 por ciento de los cráneos fracturas hechas con piedra, acciones que para ellos significan eran actos de carnicería o de canibalismo”, señaló. Según sus deducciones, indicó que “no se trata de un canibalismo alimenticio sino de canibalismo de competencia, es decir sólo se comían a las crías, para evitar controlar a los grupos y evitar la competencia, lo que no se sabe es quién se comió al Homo antecessor”. Durante el hallazgo fueron descubiertos los restos de individuos que tenían entre tres y 20 años de edad e indicó que aún no se han encontrado neonatos. Tras su visita a México, Carbonell viajará a otros países como Cuba, Chile y Guatemala, y se espera que en los primeros meses de 2007 visite Colombia, Argentina y Perú, en busca de fomentar la Red Científica Hispanoamericana, con objetivos similares a la que ya existe en Asia. Su esperanza de vida no superaba los 40 años, vivían en grupos de 8 a 12 especimenes. Era menos inteligente, pues poseía una capacidad craneal de mil cm3, menor a la del humano actual (1400). El equipo de trabajo del español presume que la tasa de mortalidad era mayor en el número de mujeres de entre 15 y 17 años de edad, esto debido a “la crisis por la que pasaban las mujeres en su primer parto y dejaban a las crías en manos de sus otros parientes”. Eudald Carbonell nació en Ribes de Freser (Barcelona) en 1953. Cursó estudios superiores en Girona, Barcelona y París. Es doctor en Geología del Cuaternario y en Historia. En 1997 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por el proyecto de Atapuerca, que codirige. Es catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona e investigador principal del Grupo de Autoecología Humana del Cuaternario. Es coautor de Atapuerca: un millón de años de historia y de Aún no somos humanos, entre otros libros. Hace poco mas de un millón de años, distintos lugares del sur de Europa, comienzan a proporcionar claras evidencias que un ser, se pasea por ríos y cuevas. Era el primer poblador de ese continente, el Homo antecessor. Apareció en la Sierra de Atapuerca, un lugar de praderas abiertas y bosques mediterráneos. Vivió en el pleistoceno inferior hace 780 mil años, tenía una mandíbula poco especializada, un aparato dental muy primitivo y una complexión grácil, medía entre 1.70 y 1.80. Era robusto, musculoso y corpulento, tenía la frente echada hacia atrás, sus cejas eran anchas y las aberturas nasales amplias, no tenían barbilla. Se dedicaban a la recolección de vegetales y a la caza menor. Para trabajar usaban lanzas sencillas y piedras cortantes. Este homínido aun no conocía el fuego por lo que comían la carne cruda. No vivían en cuevas pero las utilizaban para estar guarecidos y para fabricar sus utensilios.

Homo sapiens sapiens.
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Hace unos 35.000 años apareció el hombre moderno, cuyo primer representante se lo conoce como el hombre de Cro-Magnon. Estos humanos convivieron durante unos 7.000 años con el hombre de Neandertal. El primer hallazgo de un hombre de Cro-Magnon se realizó en Gales del Sur en 1823. Sin embargo, el nombre común de este Homo sapiens se debe al descubrimiento en 1868 de cinco esqueletos completos en el pequeño refugio rocoso de Cro-Magnon, en la villa de Les Eyzies, Francia. Los artefactos y las pinturas rupestres hallados en la región central de Francia, que datan de unos 30 mil años atrás, dan fe de la complejidad de su cultura. Estas evidencias indican que el hombre de Cro-Magnon tenía un sistema tribal poderoso, que fabricaba utensilios, reunía material vegetal, cazaba, pescaba y es posible que incluso reuniera el ganado en rebaños, construyera refugios y manufacturara vestimentas que le permitieron sobrevivir durante la última glaciación, que alcanzó su máxima intensidad hace 18.000 años. Ciertos autores consideran que los hombres de Neandertal y de Cro-Magnon son subespecies del Homo sapiens. De acuerdo con estos investigadores, los nombres científicos de estos seres son Homo sapiens neanderthalensis y Homo sapiens sapiens. Este último nombre también corresponde al hombre actual. Sin embargo, en marzo del 2000, un grupo de investigadores de Escocia, Rusia, Suecia y los Estados Unidos publicó en la revista científica inglesa Nature los análisis realizados en muestras de ADN extraídas de huesos de neandertales. Los restos, datados en 29.000 años, provenían de una cueva del norte del Cáucaso y correspondían a uno de los últimos hombres de Neandertal. Las diferencias halladas entre este ADN y el del hombre moderno sugieren que ambas formas humanas evolucionaron de manera independiente a partir de un ancestro común, posiblemente el Homo heidelbergensis o el Homo antecessor. Estos resultados apoyarían la postura de considerar al hombre de Neandertal y al hombre moderno, incluido el de Cro-Magnon, como especies distintas. Los fósiles más antiguos encontrados con características esqueléticas típicas del hombre moderno datan de hace unos 130.000 a 90.000 años. Varias características clave diferencian los cráneos del hombre moderno de los de las especies primitivas: arcos superciliares poco marcados, cráneo redondo y rostro aplanado o sólo ligeramente prominente de tamaño reducido situado bajo la parte frontal del cráneo. De todos los mamíferos, sólo el hombre tiene la cara posicionada directamente bajo el lóbulo frontal (el área más adelantada del cráneo). Como resultado, el hombre moderno tiende a tener una frente más alta que la que tenían el Neandertal y otros homínidos primitivos. La capacidad craneana del hombre moderno oscila entre aproximadamente 1.000 y 2.000 cm3, siendo la media de aproximadamente 1.350 cm3. En los yacimientos de Singha en Sudán, Omo en Etiopía, Klasies River Mouth en Suráfrica y Skhûl en Israel los científicos han encontrado restos de cráneos de los primeros Homo sapiens sapiens. Basándose en estos fósiles, muchos científicos concluyen que el hombre moderno ya había evolucionado en África hace unos 130.000 años y que en algún momento hace 90.000 años comenzó a dispersarse hacia diferentes partes del mundo por una ruta a través del Oriente Próximo.

Gigantopithecus blackii.

Hace años que muchos científicos ven detrás de estos gigantescos primates unos fósiles en concreto, los del Gigantopithecus blackii. Ahora, un científico canadiense ha datado algunos de los restos, para llegar a la conclusión de que estos enormes simios, de más de tres metros de altura, convivieron con el hombre hace unos 100.000 años. El primate más grande jamás encontrado habitó en el Asia suroriental hace un millón de años, y hasta ahora se creía que nunca había llegado a convivir con los humanos. Pero las investigaciones realizadas por el doctor Jack Rink, de la Universidad de McMaster, en Ontario, sitúan a este orangután hace tan sólo 100.000 años. Una época en la que los Homo Sapiens comenzaban a sustituir a los Homo Erectus en esta zona. Y quizá fueran estos seres primitivos los que comenzaron a trasmitir la leyenda de esos orangutanes de un tamaño enorme que aún hoy pasa de padres a hijos en muchas localidades de Asia. El primero en encontrar restos de este enorme primate fue el paleontólogo holandés G. H. Von Koenigswald, que en 1935 encontró en una farmacia-herbolario de Hong Kong una muela amarillenta entre los "huesos de dragón" que tenían a la venta. En la cultura tradicional china, los denominados ‘huesos de dragón’ -restos de fósiles, básicamente dientes- tienen un enorme poder curativo, por lo que su obtención y comercialización es muy frecuente. Fue entonces cuando, tras investigar la procedencia de este raro diente, los arqueólogos dieron con varios yacimientos en China donde encontraron restos de lo que catalogaron como Gigantopithecus blackii, un simio de unos tres metros de altura, 450 kilos de peso y dieta estrictamente vegetariana. Durante unos 80 años, científicos de todo el mundo han estudiado los fósiles -poco más que unos colmillos y mandíbulas- para tratar de averiguar si esta enorme especie de primate estaba relacionada con los primitivos seres humanos. Ahora el geocronologista Rink ha utilizado una tecnología de absoluta precisión para datar esos dientes, y llegar a la conclusión de que pertenecen a animales que pudieron convivir con hombres. "Era la pieza que faltaba en el puzzle, determinar que estos primates realmente coexistieron con humanos en una época en la que éstos estaban viviendo cambios gigantescos", señaló el científico. Según el paleobiólogo español José María Bermúdez de Castro, hace "unos 100.000 años los Homo Erectus que ya habitaban esas regiones asiáticas comenzaban a ser sustitudos por los Homo Sapiens". "La talla de estos molares, de una pulgada de ancho, nos permite determinar que se trataba de unos primates de gran tamaño", aseguró el doctor Rink. Ahora, su equipo de científicos trata de averiguar si unos fósiles encontrados en Tailandia son también de Gigantopithecus blackii, lo que podría atestiguar que estos primates se extendieron por otras zonas de Asia. Para datar los fósiles, Rink ha utilizado técnicas de alta precisión como la resonancia de ‘electro espin’ (ESR), la misma que se utiliza en yacimientos como el de Atapuerca, precisamente "por su gran fiabilidad y precisión para poner fecha a fósiles muy antiguos", según confirmó Bermúdez de Castro. El análisis de los colmillos ha permitido además a Rink confirmar que estos orangutanes se alimentaban de vegetales, especialmente bambú.

Homo floresiensis.

Un grupo de científicos australianos ha descubierto en una isla indonesia restos de un miembro hasta ahora desconocido de la raza humana, una especie de «hobbit» de menos de un metro de altura que habría vivido en la Tierra hace 18.000 años. Este sorprendente descubrimiento, divulgado en la revista científica británica Nature, plantea la posibilidad de que el ser humano no esté sólo en el planeta, ya que los descendientes de este ejemplar podrían seguir vivos en esas islas remotas. El grupo de investigadores de la Universidad de Nueva Inglaterra encontraron los restos en la isla indonesia de Flores, situada entre las de Timor y Sumbawa, donde existen desde hace muchos años leyendas sobre la existencia de pequeños seres. En este caso, el ejemplar de Homo floresiensis hallado es una hembra, que se suma a otros ejemplares descubiertos antes en esa misma zona. El director de la revista Nature, Henry Gee, destacó la importancia del descubrimiento. Hasta que encontraron estos restos -dijo-los expertos habrían rechazado las historias que se cuentan como patrañas de «hobbits» y otras criaturas fantásticas, «pero ya no».El nuevo ser humano les obliga a reconsiderar esas leyendas, que hace un siglo ya escucharon los exploradores holandeses que llegaron a Flores. Entonces, los nativos hablaban del «ebu gogo», una extraña criatura con forma humana que, como el homínido hallado, medía menos de un metro. La leyenda dice que estos seres hablaban en susurros y repetían las palabras del interlocutor como loros. Según los expertos, el ejemplar desenterrado de la cueva Liang Bua es el descendiente «enano» de otra especie primitiva que dejó África hace dos millones de años. Los restos consisten en un cráneo del tamaño de un pomelo y parte de su esqueleto. Junto a los huesos, se descubrieron herramientas de piedra. La criatura habría vivido al mismo tiempo que el Homo sapiens, antepasado de los humanos. Hasta ahora se sabía que los humanos modernos habían coexistido con los neandertales, en Europa, hace 30.000 años. El Homo floresiensis sería, pues, la segunda especie humana que se conoce que habría vivido junto a nuestros antepasados, pero más recientemente, hace unos 18.000 años. El descubrimiento de los científicos australianos, liderados por Peter Brown, se considera de los más importantes sobre el origen de la especie en los últimos cien años. El hallazgo plantea muchas preguntas. Se cree que el homínido podría ser un descendiente del Homo erectus, que ya conocía el fuego y utilizaba herramientas, y que habría tenido que cruzar el mar para llegar a la isla. El problema es que no hay constancia de que supiera construir embarcaciones. Otra incógnita es el tamaño del cerebro del Homo floresiensis, que, con 380 milímetros, es más pequeño que el de un chimpancé. Los expertos pensaban que el cerebro humano debía tener un tamaño mínimo, pero la criatura hallada, pese a tener ese cerebro encogido, parece haber sido un ser inteligente. Los científicos intentarán ahora extraer muestras de ADN para averiguar más detalles sobre esos habitantes de Flores, una isla donde también se han encontrado restos de animales prehistóricos únicos. Sin embargo, Meike Köhler y Salvador Moyà, del Institut Català de Paleontologia, afirman que las particularidades del esqueleto aparecido en Indonesia (Homo floresiensis) no son fruto de adaptaciones a la insularidad. Los restos del polémico 'Hombre de Flores' (Homo floresiensis) aparecidos en la isla de Flores, en Indonesia, el año 2004, pertenecen a un individuo con malformaciones, y en ningún caso son de un individuo enano de una nueva especie como se ha venido afirmando. Los investigadores del Instituto Catalan de Paleontología (ICP), Meike Köhler y Salvador Moyà, afirman en un artículo aparecido en la revista científica Trends in Ecology and Evolution, que las características del esqueleto aparecido en Flores no siguen el patrón propio de las especies de mamíferos adaptadas a vivir en islas. Homo floresiensis es el nombre que reciben los restos fósiles de un grupo de individuos aparecidos en la isla de Flores con un cuerpo y un cráneo extraordinariamente diminutos (un metro de alto y 25 quilos de peso en los adultos) que habría sido contemporáneo de los humanos modernos (Homo sapiens) hace 18.000 años. Según sus descubridores, sus dimensiones reducidas se explicarían como una adaptación a la vida insular. Köhler y Moyà niegan ésta posibilidad y argumentan que entre las adaptaciones que presentan los mamíferos a la vida insular y a su escasez de recursos, se observan tres características básicas: Una reducción de los órganos sensoriales y motores y de sus áreas relacionadas. Por ejemplo, los ojos y órbitas son más pequeños de lo que correspondería a un animal de dimensiones normales. Éste no es el caso del hombre de Flores, que mantiene el rango de dimensiones propio de Homo sapiens. Es decir, tiene los ojos pequeños de acuerdo con sus dimensiones reducidas. Los huesos del hombre de Flores muestran características que dificultaban su movilidad, como por ejemplo poco desarrollo muscular, un húmero y una tibia con malformaciones, y asimetrías entre las partes izquierda y derecha del cráneo, entre otras. Éstas características no son adaptaciones a la vida insular, sino malformaciones que, además, no le permitían ser un buen cazador - recolector, como sugerían sus descubridores basándose en los restos arqueológicos hallados en el yacimiento. Para asegurar que el hombre de Flores es un enano, se ha utilizado  el argumento que un elefante enano del género Stegodon apareció también en ésta isla de Indonesia, pero según Köhler, Stegodon se conoce de yacimientos más antiguos y se extinguió hace 800.000 años. Hasta ahora no se ha publicado ninguna prueba que demuestre que existía un Stegodon enano hace 18.000 años. Por otro lado, hace 18.000 años tuvo lugar la última gran glaciación que ocasionó una disminución del nivel de los océanos y por tanto, el hombre de Flores con casi total seguridad no estaba completamente aislado. Así, el argumento que su extraña morfología sea fruto de una adaptación a la vida insular no tiene fundamento.

Bibliografía Sugerida:

Barnett, S. A. y otros. Un siglo después de Darwin. 2 vols. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra divulgativa sobre la evolución y el origen del hombre.
Benton, Michael J. Paleontología y evolución. Lleida: Editorial Perfils, 1995. Obra divulgativa sobre la evolución de los vertebrados.
Bernal, J. D. El origen de la vida. Barcelona: Ediciones Destino, 1977. Obra divulgativa; incluye bibliografía y glosario.
Darwin, Charles. Origen de las especies. Madrid: Ediciones Akal, 2ª ed., 1994. Libro donde el autor fundamenta su teoría de la evolución.
Dobzhansky, Theodosius. Evolución. Barcelona: Ediciones Omega, 1988. Revisión de la teoría de la evolución.
Ghiselin, Michael T. El triunfo de Darwin. Madrid: Ediciones Cátedra, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría evolutiva de Darwin.
Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Barcelona: Ediciones Omega, 1976. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Gould, Stephen Jay. Dientes de gallina y dedos de caballo. Barcelona: Editorial Crítica, 1995. Obra divulgativa de paleontología y evolución.
Gould, Stephen Jay. La sonrisa del flamenco. Barcelona: Editorial Crítica, 1987. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Museo de Ciencias Naturales. Historia de la vida. Madrid: CSIC, 1991. Obra sobre la evolución de los organismos, muy bien ilustrado.
Oparin, A. I. Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid: Editorial Tecnos, 1979. Obra divulgativa clásica sobre los orígenes de la vida.
Reichholf, Josef H. La aparición del hombre. Barcelona: Editorial Crítica, 1994. Origen y evolución del hombre desde las últimas investigaciones en genética.
Ridley, Mark. La evolución y sus problemas. Madrid: Ediciones Pirámide, 1987. Obra sobre las controversias originadas por la teoría evolutiva.
Ruse, Michael. La revolución darwinista. Madrid: Alianza Editorial, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría de la evolución de Darwin.
Weiner, J. S. El hombre: orígenes y evolución. Barcelona: Ediciones Destino, 1980. Obra divulgativa; incluye glosario y bibliografía.

 


Origen y diversidad del Hombre moderno.

Los paleoantropólogos siguen debatiendo sobre dónde evolucionó el hombre moderno y cómo se dispersó por el mundo. La cuestión es si la evolución tuvo lugar en una pequeña región de África o en una amplia área de África y Eurasia. Y aún más, si las poblaciones humanas modernas procedentes de África desplazaron a todas las poblaciones humanas allí existentes, llegando a producir en último término su extinción.

Aquellos que piensan que el hombre moderno tuvo su origen sólo en África para más tarde dispersarse por el mundo apoyan la denominada hipótesis de la emigración de África. Aquellos que piensan que el hombre moderno evolucionó por toda una gran región de Eurasia y África apoyan la denominada hipótesis multirregional.

Los investigadores han realizado numerosos estudios genéticos y han valorado cuidadosamente los fósiles para determinar cuál de estas hipótesis coincide más con la evidencia científica. Los resultados de esta investigación no confirman ni rechazan totalmente ninguna de ellas. Por lo tanto, algunos científicos piensan que la mejor explicación es un compromiso entre ambas hipótesis. El debate entre estas teorías tiene implicaciones en cuanto a qué entienden los científicos como raza humana. La cuestión que se plantea es si en el hombre moderno las diferencias físicas evolucionaron profundamente en el pasado lejano o lo hicieron en un pasado relativamente reciente.
 

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