hominidos.Com: Género Homo. El origen del hombre moderno.
 
 
   

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El origen del género Homo.

El ser humano pertenece al género Homo, género que comenzó a evolucionar como mínimo hace unos 2,3 a 2,5 millones de años. Los primeros miembros de este género diferían de los australopitecinos en al menos un aspecto importante: tenían un cerebro más grande que sus predecesores.

La evolución del género humano moderno puede dividirse a grandes rasgos en tres periodos: Homo antiguo, Homo medio y Homo moderno. Las especies del Homo antiguo se parecían en muchos aspectos a los australopitecinos gráciles. Algunas vivieron hasta hace aproximadamente 1,6 millones de años. El periodo del Homo medio comenzó hace entre unos 2 y 1,8 millones de años, solapándose en parte con el final de la era del Homo antiguo. Las especies del Homo medio desarrollaron una anatomía mucho más parecida a la del hombre moderno aunque con cerebros comparativamente más pequeños. La transición del Homo medio al Homo moderno se produjo en algún momento hace unos 200.000 años. Las especies del Homo moderno desarrollaron cerebros grandes y complejos y eventualmente el lenguaje. La cultura también se convirtió en una parte cada vez más importante de la vida humana durante los periodos más recientes de su evolución.

El origen del género Homo ha intrigado durante mucho tiempo a los paleoantropólogos y ha suscitado gran número de debates. Alguna de las diferentes especies de australopitecinos conocidas, o incluso alguna no descubierta todavía, pudo haber dado lugar a la primera especie de Homo.
   

Los científicos tampoco saben con exactitud qué factores favorecieron la evolución hacia un cerebro más grande y más complejo —el rasgo físico definidor del hombre moderno. Louis Leakey argumentó en un principio que el origen del Homo estaba directamente relacionado con el avance en la fabricación de utensilios —y en especial, de utensilios de piedra, ya que la fabricación de herramientas requiere ciertas habilidades mentales y una manipulación manual precisa que sólo puede existir en miembros de nuestro propio género. En realidad, el nombre Homo habilis se refiere directamente a la habilidad para fabricar y utilizar utensilios. Sin embargo, al mismo tiempo que el Homo antiguo vivieron varias especies de australopitecinos, lo que deja poco claro qué especie fabricó los primeros utensilios de piedra. Recientes estudios de huesos de manos de australopitecinos sugieren que al menos una de las especies robustas, el Australopithecus robustus, pudo haberlos realizado.

Además, en las décadas de 1960 y 1970 los investigadores observaron por primera vez que algunos primates no humanos, tales como los chimpancés, fabrican y utilizan herramientas, lo que sugiere que los australopitecinos y los simios que les precedieron probablemente también pudieron fabricar algún tipo de utensilio.

Sin embargo, según algunos científicos probablemente fue el Homo antiguo el que fabricó los primeros utensilios de piedra, ya que a estos homínidos de dientes más pequeños la habilidad para cortar y triturar alimentos les habría sido de la máxima utilidad, mientras que los australopitecinos robustos podían masticar incluso alimentos muy duros. Además, durante un largo periodo de tiempo, los humanos primitivos siguieron fabricando utensilios de piedra similares a los tipos más antiguos conocidos, incluso mucho después de la extinción de los australopitecinos gráciles.
 

Algunos científicos piensan que fue un periodo de enfriamiento climático y de sequía en África el que estableció el escenario para la evolución del Homo. Según esta hipótesis, hace entre unos 2,8 y 2,4 millones de años aparecieron muchos tipos de animales adaptados a los retos de un entorno más seco, incluidas las primeras especies de Homo.

Un homínido capaz de fabricar utensilios tendría ventajas al poder obtener alimentos alternativos a medida que la vegetación se iba haciendo más escasa en entornos cada vez más áridos. Entre los nuevos alimentos podrían incluirse raíces y tubérculos, así como carne obtenida de animales muertos o cazados. Sin embargo, algunos científicos no están de acuerdo con esta hipótesis y argumentan que durante el periodo de evolución del Homo el clima fluctuó entre periodos más secos y periodos más húmedos.

En este caso, la fabricación y el uso de utensilios de piedra y la ampliación de la dieta en el Homo antiguo —así como el aumento del tamaño de su cerebro— pudieron haber sido adaptaciones a entornos imprevisibles y fluctuantes. En cualquier caso, se requeriría una documentación científica más amplia para apoyar o rechazar decididamente la hipótesis de que el Homo antiguo surgió como parte de una amplia tendencia de extinción de unas especies y evolución de otras durante un periodo de cambio ambiental.

 

 


La migración humana desde África.


El ser humano evolucionó en África y vivió allí únicamente durante unos 3 millones de años, por lo que los científicos se preguntan qué fue lo que impulsó a aquellos hombres a emigrar de África (movimiento que coincidió con la dispersión de las primeras poblaciones humanas por el continente africano). La respuesta a esta cuestión depende, en parte, de la determinación exacta en el tiempo de esta primera migración. Según algunos estudios, los yacimientos en Asia y Europa contienen utensilios de piedra tosca y fragmentos fosilizados de dientes similares a los humanos datados en más de 1,8 millones de años de antigüedad. Aunque estas tesis permanecen sin confirmar, parece que hace más de 1,6 millones de años pudieran haber entrado en Asia pequeñas poblaciones, seguidas de una dispersión más importante hace entre unos 1,6 y 1 millones de años. Por otro lado, la primera presencia humana importante en el centro y el oeste de Europa no parece haber tenido lugar hasta hace un 1 millón ó 500.000 años.
   

Los científicos pensaban antes que los avances en la fabricación de utensilios de piedra podían haber permitido a hombres primitivos tales como el Homo erectus desplazarse a Asia y Europa, tal vez ayudándoles a buscar nuevos tipos de alimentos como la carne de mamíferos grandes. Si las poblaciones humanas africanas hubieran desarrollado utensilios que les hubieran permitido capturar de forma eficaz caza mayor, hubieran tenido una fuente segura de alimentación en cualquier lugar. Según esta hipótesis, el hombre primero emigró a Eurasia gracias a una adaptación cultural única. Hace unos 1,6 millones de años, los homínidos habían comenzado a fabricar nuevos tipos de utensilios del tipo que los científicos denominan achelense. Entre los utensilios achelenses comunes se encuentran grandes hachas de mano y hendedores.

Aunque estas nuevas herramientas pudieron haber ayudado en la caza, los primeros utensilios achelenses conocidos en África son posteriores a la primera presencia humana conocida en Asia. Asimismo, la mayoría de los yacimientos del este de Asia de más de 200.000 años de antigüedad sólo contienen guijarros y lascas de factura sencilla. Por el contrario, los utensilios achelenses eran de factura más elaborada, de mayor tamaño y más simétricos. Por tanto, los primeros colonos de Eurasia no tenían una tecnología verdaderamente achelense y únicamente el avance en la fabricación de utensilios no puede explicar la dispersión fuera de África.

Otra posibilidad es que la primera dispersión de hombres hacia Eurasia no fue la única, sino que más bien formó parte de una migración más amplia de animales carnívoros, tales como leones y hienas.
   
La migración humana fuera de África tuvo lugar durante la primera parte del pleistoceno, aproximadamente hace entre 1,6 millones y 780.000 años. Muchos carnívoros africanos emigraron a Eurasia durante el comienzo del pleistoceno y puede que el hombre también emigrara con ellos. Según esta hipótesis, el Homo erectus fue una de las muchas especies de carnívoros que se dispersaron por Eurasia procedentes de África, y no una especie adaptada de forma singular. El hecho de depender de la carne como fuente de alimentación fundamental puede haber permitido a muchas especies carnívoras, incluido el hombre, desplazarse a través de entornos diferentes sin necesidad de tener que aprender rápidamente a distinguir entre plantas desconocidas las posiblemente venenosas.

Sin embargo, la migración humana hacia el este de Asia pudo haber tenido lugar de forma gradual y a través de latitudes inferiores y entornos similares a los de África. Suponiendo que las poblaciones del este africano de Homo erectus se desplazasen a una velocidad de sólo 1,6 km cada 20 años, podían haber alcanzado el Sureste asiático en 150.000 años. A lo largo de todo este tiempo el hombre pudo haber aprendido a reconocer las plantas comestibles. Así, el hecho de comer carne puede no haber desempeñado un papel crucial en las primeras migraciones humanas hacia nuevos continentes. La comparación entre fósiles de animales, utensilios de piedra y primeros fósiles humanos procedentes de África, Asia y Europa ayudará a los científicos a establecer con mayor exactitud los factores que impulsaron y permitieron al ser humano aventurarse fuera de África por primera vez.

 


Homo antiguo.
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Por lo general, los paleoantropólogos reconocen dos especies de Homo antiguo: el Homo habilis y el Homo rudolfensis (aunque también pudieron haber existido otras). El registro es confuso porque la mayoría de los fósiles más antiguos identificados por los científicos como especies de Homo —en lugar de australopitecinos robustos que vivieron en la misma época—aparecen como fragmentos aislados. En muchos lugares, únicamente la evidencia de dientes, mandíbulas y piezas de cráneo —sin ningún otro resto de esqueleto— indica que hace ya 2,5 millones de años habían evolucionado nuevas especies de homínidos con dientes más pequeños. Los científicos no siempre pueden decidir si estos fósiles pertenecen a australopitecinos gráciles que sobrevivieron por más tiempo o a los primeros representantes del Homo. Los dos grupos son parecidos entre sí porque es probable que el Homo descienda directamente de una especie de australopitecino grácil.
 

Homo habilis.
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A principios de la década de 1960, en la garganta de Olduvai (Tanzania), Louis Leakey, el primatólogo británico John Napier y el paleoantropólogo surafricano Philip Tobias descubrieron un grupo de fósiles de homínido con una capacidad craneana de entre 590 y 690 cm3. Basándose en este tamaño de cerebro, claramente superior al de los australopitecinos, los científicos propusieron establecer un nuevo género, Homo, y una nueva especie, Homo habilis. Otros científicos se cuestionaron si este aumento de la capacidad craneana era suficiente como para definir un nuevo género, e incluso si el H. habilis era diferente del Australopithecus africanus, ya que los dientes de las dos especies son similares. Sin embargo, actualmente entre los científicos están ampliamente aceptados los nombres de género y de especie propuestos por el equipo de Olduvai. El H. habilis vivió en el este y posiblemente en el sur de África hace entre unos 2 y 1,5 millones de años e incluso tal vez hace ya 2,4 millones de años. Aunque los fósiles de esta especie se parecen bastante a los de los australopitecinos, el H. habilis tenía molares, premolares y mandíbulas más pequeñas y estrechas que sus predecesores y que los australopitecinos robustos contemporáneos. En un esqueleto femenino de Olduvai se observa que su altura era solamente de 1 m y que la relación entre la longitud de sus miembros superiores e inferiores era superior a la de la australopitecina Lucy. Por lo tanto, al menos en el caso de este individuo, el H. habilis presentaba unas proporciones corporales muy parecidas a las de los simios. Sin embargo, tenía unos pies y unas manos de aspecto más moderno capaces de fabricar utensilios. Junto con fósiles de H. habilis se han encontrado algunos de los primeros utensilios de piedra de Olduvai, lo que sugiere que esta especie fabricaba y utilizaba las herramientas en este lugar. Los científicos comenzaron a observar un alto grado de variabilidad en el tamaño corporal según fueron descubriendo más fósiles de Homo antiguo. Esto podría indicar que el H. habilis presentaba un alto grado de dimorfismo sexual. Así, por ejemplo, el esqueleto femenino de Olduvai era pequeño en comparación con otros fósiles encontrados como, por ejemplo, un cráneo bastante grande de Homo antiguo procedente del lago Turkana en el norte de Kenia. Sin embargo, las diferencias de tamaño realmente excedían las esperadas entre sexos de una misma especie. Este descubrimiento ayudó más tarde a convencer a los científicos de que en África oriental había vivido también otra especie de Homo antiguo.
 

Homo rudolfensis.
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Esta segunda especie de Homo antiguo recibió el nombre de Homo rudolfensis, en honor al lago Rudolf (actualmente lago Turkana). Los fósiles más conocidos de H. rudolfensis proceden de la zona que rodea a este lago y datan de hace unos 1,9 millones de años. Los paleoantropólogos no han determinado aún el espacio total de tiempo en el que pudo haber existido. Esta especie tenía el rostro y el cuerpo mayores que el H. habilis. La capacidad craneana media del H. rudolfensis era de aproximadamente 750 cm3. Los científicos necesitan mayores evidencias para establecer si el cerebro del H. rudolfensis en relación con su tamaño corporal era mayor que en el caso del H. habilis. Una relación cerebro-tamaño corporal mayor puede indicar mayor capacidad mental. El H. rudolfensis también tenía unos dientes bastante grandes, de tamaño parecido al de los australopitecinos robustos. El descubrimiento de incluso parte de un esqueleto fósil revelaría si esta forma más grande del Homo antiguo tenía proporciones corporales parecidas a las de los simios o más modernas. Los científicos han encontrado varios huesos de fémur de aspecto moderno datados en hace unos 2 o 1,8 millones de años que pueden proceder del H. rudolfensis. Estos huesos sugieren un tamaño corporal y un peso de 1,5 m y 52 kg, respectivamente
 

Homo medio.
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El periodo del Homo medio comenzó en África hace unos 1,9 millones de años. Hasta hace poco, los paleoantropólogos reconocían sólo una especie en este periodo, el Homo erectus. Actualmente se reconocen tres especies de Homo medio: Homo ergaster, Homo erectus y Homo heidelbergensis. Sin embargo, algunos todavía piensan que el H. ergaster es una forma primitiva africana del H. erectus, o que el H. heidelbergensis es una forma tardía del H. erectus. Los cráneos y dientes de las poblaciones africanas primitivas de Homo medio diferían ligeramente de los de las poblaciones posteriores de H. erectus de China y la isla de Java en Indonesia. El H. ergaster es un candidato más adecuado como antepasado de la línea humana moderna porque el H. erectus asiático presenta ciertas características que no se observan en algunos homínidos posteriores, incluida nuestra propia especie. El H. heidelbergensis presenta similitudes tanto con el H. erectus como con la especie posterior H. neanderthalensis, aunque puede haber sido una especie de tránsito entre el Homo medio y la línea a la que pertenece el hombre moderno.
 

Homo ergaster.
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Probablemente el Homo ergaster comenzó a evolucionar en África hace unos 2 millones de años. Esta especie tenía el cráneo redondeado, el volumen del cerebro entre 800 y 850 cm3, frente prominente, dientes pequeños y muchas otras características que compartía con el posterior H. erectus. Muchos paleoantropólogos consideran al H. ergaster un candidato adecuado para antepasado del hombre moderno al tener varias características craneales modernas como, por ejemplo, unos huesos relativamente finos. La mayoría de los fósiles de H. ergaster proceden de una época comprendida entre hace 1,8 y 1,6 millones de años. El fósil más importante de esta especie encontrado hasta el momento es un esqueleto casi completo de un joven de Turkana, Kenia, datado en hace unos 1,55 millones de años. Los científicos determinaron el sexo del esqueleto en base a la forma de su pelvis. A partir de patrones de crecimiento de los dientes y de los huesos establecieron que el joven había muerto cuanto tenía una edad comprendida entre 9 y 12 años.
El chico de Turkana, como se conoce a este esqueleto, presentaba en los miembros inferiores huesos alargados así como proporciones de brazos, piernas y tronco que coinciden básicamente con las del hombre moderno, en fuerte contraste con las proporciones simiescas del H. habilis y del Australopithecus afarensis. El chico de Turkana parece que era bastante alto y esbelto. Los científicos estiman que, si hubiera llegado a adulto, habría alcanzado una altura de 1,8 m y un peso de 68 kg. Su anatomía indica que el H. ergaster estaba especialmente bien adaptado a andar y tal vez a correr largas distancias en un entorno cálido (un cuerpo alto y esbelto disipa bien el calor) pero no así a trepar a los árboles. El Homo ergaster, el Homo rudolfensis y el Homo habilis, además de posiblemente dos australopitecinos robustos, parece que pudieron haber coexistido en África hace unos 1,9 millones de años. Este descubrimiento contradice la hipótesis paleoantropológica tradicional que afirma que la evolución humana era una sola línea que había ido evolucionando progresivamente a lo largo del tiempo: una especie de australopitecino seguida de un Homo antiguo, a continuación el Homo medio y finalmente el Homo sapiens. Parece que durante la evolución humana fueron habituales periodos de diversidad y extinción de especies y que el H. sapiens moderno disfruta de la rara distinción de ser la única especie humana viva en la actualidad. Aunque el Homo ergaster parece haber coexistido con otras especies de homínidos, sin embargo probablemente éstas no llegaron a cruzarse entre sí. El apareamiento rara vez tiene éxito entre dos especies con diferencias esqueléticas importantes, como sucedía con el H. ergaster y el H. habilis. Muchos paleoantropólogos piensan actualmente que el H. ergaster descendía de una población anterior de Homo —tal vez una de las dos especies conocidas de Homo antiguo— y que la línea humana moderna desciende del H. ergaster.
 

Homo erectus.
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Actualmente los paleoantropólogos saben que el hombre evolucionó primero en África y que sólo vivió en este continente durante un par de millones de años. La primera especie humana que se sabe se dispersó en gran número fuera del continente africano fue descubierta por primera vez en el Sureste asiático. En 1891 el médico holandés Eugène Dubois encontró el cráneo de un homínido en la isla indonesa de Java, al que llamó Pithecantropus erectus u ‘hombre mono erguido’. Actualmente los paleoantropólogos se refieren a esta especie como Homo erectus. El H. erectus parece haber evolucionado en África a partir de poblaciones anteriores de H. ergaster, para a continuación dispersarse por Asia hace unos 1,8 millones de años. Los últimos fósiles conocidos de esta especie, procedentes del río Solo en Java, están datados en hace unos 130.000 años (datación que puede ser discutible). De esta forma el H. erectus fue una especie de gran éxito: se dispersó ampliamente (vivió en África y en gran parte de Asia) y gozó de larga vida (posiblemente sobrevivió durante más de 1,5 millones de años). El H. erectus tenía un cráneo bajo y redondeado, frente prominente y una capacidad craneana adulta de entre 800 y 1.250 cm3, una media dos veces superior a la de los australopitecinos. Sus huesos, incluido el cráneo, eran más gruesos que los de las especies anteriores. Unas prominentes marcas musculares y gruesas áreas reforzadas en los huesos indican que el cuerpo del H. erectus podía soportar fuertes movimientos y tensiones. Aunque tenía unos dientes mucho más pequeños que los australopitecinos, su mandíbula era grande y fuerte. En las décadas de 1920 y 1930, el anatomista y antropólogo físico alemán Franz Weidenreich descubrió las colecciones más famosas de fósiles de H. erectus en el yacimiento de Zhoukoudian, China, cerca de Pekín. Estos fósiles humanos recibieron el nombre de Sinanthropus pekinensis u Hombre de Pekín, aunque más tarde fue clasificado como H. erectus. En la cueva de Zhoukoudian se encontraron restos de más de 30 individuos que habían vivido entre hace 500.000 y 250.000 años. Estos fósiles se perdieron al comienzo de la II Guerra Mundial, pero Weidenreich había hecho unas réplicas excelentes de sus descubrimientos. En excavaciones posteriores en este yacimiento se encontraron más restos de H. erectus. En China se encuentran otros yacimientos importantes de fósiles de esta especie como, por ejemplo, Lantian, Yuanmou, Yunxian y Hexian. Los investigadores también han encontrado gran número de utensilios fabricados por el H. erectus en yacimientos como Nihewan y Bose, en China, y en otros lugares de antigüedad similar (al menos entre 1 millón y 250.000 años de antigüedad). Desde el descubrimiento del H. erectus, los científicos se preguntan si esta especie era un antepasado directo del hombre moderno, incluido el H. sapiens. Las últimas poblaciones de H. erectus —tales como las del río Solo en Java— pueden haber vivido hace solamente 50.000 años, simultáneamente con poblaciones de H. sapiens. El hombre moderno puede no haber evolucionado a partir de estas últimas poblaciones de H. erectus, un tipo de homínido mucho más primitivo. Sin embargo, poblaciones anteriores de asiáticos orientales pueden haber dado lugar al H. sapiens.


Homo heidelbergensis.
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Muchos paleoantropólogos creen que los homínidos emigraron a Europa hace unos 800.000 años y que estas poblaciones no eran de Homo erectus. Cada vez un número mayor de científicos se refieren a estos primeros inmigrantes que llegaron a Europa —que precedieron al hombre de Neandertal y al Homo sapiens en la región— como Homo heidelbergensis. El nombre de la especie procede de una mandíbula de 500.000 años de antigüedad encontrada cerca de Heidelberg, Alemania. Los científicos han encontrado en África pocos fósiles humanos pertenecientes al periodo comprendido entre hace 1,2 millones y 600.000 años, durante el cual el H. heidelbergensis o sus antepasados emigraron por primera vez a Europa. Las poblaciones de H. ergaster (o posiblemente de H. erectus) parecen haber vivido en África hasta hace al menos unos 800.000 años y posiblemente en el norte de África hasta hace unos 500.000 años. Cuando estas poblaciones desaparecieron, parece que otros homínidos de constitución ósea más fuerte y cerebros más grandes —posiblemente el H. heidelbergensis— las sustituyeron. Los científicos han encontrado fósiles de estos hombres más bajos en los yacimientos de Bodo en Etiopía, Saldanha en Suráfrica, Ndutu en Tanzania y Kabwe en Zambia. Los científicos han propuesto al menos tres interpretaciones diferentes para estos fósiles africanos. Algunos los sitúan en la especie H. heidelbergensis y piensan que esta especie dio lugar tanto al hombre de Neandertal (en Europa) como al H. sapiens (en África). Otros piensan que los fósiles europeos y africanos pertenecen a dos especies diferentes y que las poblaciones africanas —que, según esta hipótesis, no eran de H. heidelbergensis sino de una especie diferente— dieron lugar al H. sapiens. Sin embargo, otros científicos defienden la antigua hipótesis de que el H. erectus y el H. sapiens pertenecen a un único linaje evolutivo y que los fósiles africanos pertenecen a la categoría del H. sapiens arcaico (‘arcaico’ hace referencia a que su anatomía no era totalmente moderna). La evidencia de los fósiles no favorece claramente a ninguna de estas hipótesis sobre las demás. Cada vez un número mayor de fósiles procedentes de Asia, África y Europa presentan características intermedias entre el primer Homo ergaster y el Homo sapiens, lo que dificulta la identificación de las diferentes especies y la determinación de qué grupo de fósiles representa el antepasado más probable de los hombres posteriores.


Homo moderno.
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El origen de nuestra propia especie, el Homo sapiens, es uno de los temas más debatidos de la paleoantropología. Este debate se centra en si el hombre está directamente relacionado con el Homo erectus o con el de Neandertal, grupo más moderno y conocido de homínidos que evolucionaron en los últimos 250.000 años. Los paleoantropólogos utilizan por lo general el término de Homo sapiens sapiens para distinguir entre el hombre actual y estos antepasados similares. Tradicionalmente los paleoantropólogos clasificaban como Homo sapiens cualquier fósil humano de menos de 500.000 años que tuviese un cráneo mayor que el del Homo erectus. Así, muchos científicos que piensan que el hombre moderno desciende de una única línea que se retrotrae al H. erectus utilizan el nombre de Homo sapiens para referirse a una amplia gama de fósiles más antiguos que los del Homo sapiens sapiens. El término primitivo indica un conjunto de características físicas típicas del hombre de Neandertal y de otras especies de Homo moderno anteriores al Homo sapiens. Entre estas características se encuentran la combinación de un esqueleto robusto, un cráneo grande pero achatado y una mandíbula inferior sin mentón prominente. En este sentido, el Neandertal es clasificado a veces como subespecie del H. sapiens primitivo —Homo sapiens neanderthalensis. Otros científicos opinan que los diferentes fósiles primitivos se agrupan realmente por conjuntos claramente identificables de características y que cualquier tipo de fósil que presente un conjunto único de rasgos debería recibir un nuevo nombre de especie. Según esta hipótesis, el hombre de Neandertal forma su propia especie, Homo neanderthalensis.
 

Bibliografía Sugerida:

Barnett, S. A. y otros. Un siglo después de Darwin. 2 vols. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra divulgativa sobre la evolución y el origen del hombre.
Benton, Michael J. Paleontología y evolución. Lleida: Editorial Perfils, 1995. Obra divulgativa sobre la evolución de los vertebrados.
Bernal, J. D. El origen de la vida. Barcelona: Ediciones Destino, 1977. Obra divulgativa; incluye bibliografía y glosario.
Darwin, Charles. Origen de las especies. Madrid: Ediciones Akal, 2ª ed., 1994. Libro donde el autor fundamenta su teoría de la evolución.
Dobzhansky, Theodosius. Evolución. Barcelona: Ediciones Omega, 1988. Revisión de la teoría de la evolución.
Ghiselin, Michael T. El triunfo de Darwin. Madrid: Ediciones Cátedra, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría evolutiva de Darwin.
Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Barcelona: Ediciones Omega, 1976. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Gould, Stephen Jay. Dientes de gallina y dedos de caballo. Barcelona: Editorial Crítica, 1995. Obra divulgativa de paleontología y evolución.
Gould, Stephen Jay. La sonrisa del flamenco. Barcelona: Editorial Crítica, 1987. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la evolución.
Museo de Ciencias Naturales. Historia de la vida. Madrid: CSIC, 1991. Obra sobre la evolución de los organismos, muy bien ilustrado.
Oparin, A. I. Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid: Editorial Tecnos, 1979. Obra divulgativa clásica sobre los orígenes de la vida.
Reichholf, Josef H. La aparición del hombre. Barcelona: Editorial Crítica, 1994. Origen y evolución del hombre desde las últimas investigaciones en genética.
Ridley, Mark. La evolución y sus problemas. Madrid: Ediciones Pirámide, 1987. Obra sobre las controversias originadas por la teoría evolutiva.
Ruse, Michael. La revolución darwinista. Madrid: Alianza Editorial, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría de la evolución de Darwin.
Weiner, J. S. El hombre: orígenes y evolución. Barcelona: Ediciones Destino, 1980. Obra divulgativa; incluye glosario y bibliografía.

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