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El origen del género Homo.
El ser humano pertenece al género Homo, género que comenzó a
evolucionar como mínimo hace unos 2,3 a 2,5 millones de años.
Los primeros miembros de este género diferían de los australopitecinos en al menos un aspecto importante: tenían un
cerebro más grande que sus predecesores.
La evolución del género humano moderno puede dividirse a grandes
rasgos en tres periodos: Homo antiguo, Homo medio y
Homo
moderno. Las especies del Homo antiguo se parecían en muchos
aspectos a los australopitecinos gráciles. Algunas vivieron
hasta hace aproximadamente 1,6 millones de años. El periodo del
Homo medio comenzó hace entre unos 2 y 1,8 millones de años,
solapándose en parte con el final de la era del Homo antiguo.
Las especies del Homo medio desarrollaron una anatomía mucho más
parecida a la del hombre moderno aunque con cerebros
comparativamente más pequeños. La transición del Homo medio al
Homo moderno se produjo en algún momento hace unos 200.000 años.
Las especies del Homo moderno desarrollaron cerebros grandes y
complejos y eventualmente el lenguaje. La cultura también se
convirtió en una parte cada vez más importante de la vida humana
durante los periodos más recientes de su evolución.
El origen del género Homo ha intrigado durante mucho tiempo a
los paleoantropólogos y ha suscitado gran número de debates.
Alguna de las diferentes especies de australopitecinos
conocidas, o incluso alguna no descubierta todavía, pudo haber
dado lugar a la primera especie de Homo.
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Los
científicos tampoco saben con exactitud qué factores
favorecieron la evolución hacia un cerebro más grande y
más complejo —el rasgo físico definidor del hombre
moderno.
Louis Leakey argumentó en un principio que el origen del Homo
estaba directamente relacionado con el avance en la fabricación
de utensilios —y en especial, de utensilios de piedra, ya que la
fabricación de herramientas requiere ciertas habilidades
mentales y una manipulación manual precisa que sólo puede
existir en miembros de nuestro propio género. En realidad, el
nombre Homo habilis se refiere directamente a la habilidad para
fabricar y utilizar utensilios.
Sin embargo, al mismo tiempo que el Homo antiguo vivieron varias
especies de australopitecinos, lo que deja poco claro qué
especie fabricó los primeros utensilios de piedra. Recientes
estudios de huesos de manos de australopitecinos sugieren que al
menos una de las especies robustas, el Australopithecus robustus,
pudo haberlos realizado. |
Además, en las décadas de 1960 y 1970
los investigadores observaron por primera vez que algunos
primates no humanos, tales como los chimpancés, fabrican y
utilizan herramientas, lo que sugiere que los australopitecinos
y los simios que les precedieron probablemente también pudieron
fabricar algún tipo de utensilio.
Sin embargo, según algunos científicos probablemente fue el
Homo
antiguo el que fabricó los primeros utensilios de piedra, ya que
a estos homínidos de dientes más pequeños la habilidad para
cortar y triturar alimentos les habría sido de la máxima
utilidad, mientras que los australopitecinos robustos podían
masticar incluso alimentos muy duros. Además, durante un largo
periodo de tiempo, los humanos primitivos siguieron fabricando
utensilios de piedra similares a los tipos más antiguos
conocidos, incluso mucho después de la extinción de los
australopitecinos gráciles.
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Algunos
científicos piensan que fue un periodo de enfriamiento
climático y de sequía en África el que estableció el
escenario para la evolución del Homo.
Según esta hipótesis, hace entre unos 2,8 y 2,4 millones
de años aparecieron muchos tipos de animales adaptados a
los retos de un entorno más seco, incluidas las primeras
especies de Homo.
Un homínido
capaz de fabricar utensilios tendría ventajas al poder
obtener alimentos alternativos a medida que la
vegetación se iba haciendo más escasa en entornos cada
vez más áridos. Entre los nuevos alimentos podrían
incluirse raíces y tubérculos, así como carne obtenida
de animales muertos o cazados. Sin embargo, algunos
científicos no están de acuerdo con esta hipótesis y
argumentan que durante el periodo de evolución del
Homo el clima fluctuó entre periodos más
secos y periodos más húmedos. |
En este caso,
la fabricación y el uso de utensilios de piedra y la ampliación
de la dieta en el Homo antiguo —así como el aumento del tamaño
de su cerebro— pudieron haber sido adaptaciones a entornos
imprevisibles y fluctuantes. En cualquier caso, se requeriría
una documentación científica más amplia para apoyar o rechazar
decididamente la hipótesis de que el Homo antiguo surgió como
parte de una amplia tendencia de extinción de unas especies y
evolución de otras durante un periodo de cambio ambiental.
La migración humana
desde África.
El ser humano evolucionó en África y vivió allí únicamente
durante unos 3 millones de años, por lo que los científicos se
preguntan qué fue lo que impulsó a aquellos hombres a emigrar de
África (movimiento que coincidió con la dispersión de las
primeras poblaciones humanas por el continente africano). La
respuesta a esta cuestión depende, en parte, de la determinación
exacta en el tiempo de esta primera migración. Según algunos
estudios, los yacimientos en Asia y Europa contienen utensilios
de piedra tosca y fragmentos fosilizados de dientes similares a
los humanos datados en más de 1,8 millones de años de
antigüedad. Aunque estas tesis permanecen sin confirmar, parece
que hace más de 1,6 millones de años pudieran haber entrado en
Asia pequeñas poblaciones, seguidas de una dispersión más
importante hace entre unos 1,6 y 1 millones de años. Por otro
lado, la primera presencia humana importante en el centro y el
oeste de Europa no parece haber tenido lugar hasta hace un 1
millón ó 500.000 años.
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Los científicos pensaban antes que los avances en la fabricación
de utensilios de piedra podían haber permitido a hombres
primitivos tales como el Homo erectus desplazarse a Asia y
Europa, tal vez ayudándoles a buscar nuevos tipos de alimentos
como la carne de mamíferos grandes. Si las poblaciones humanas
africanas hubieran desarrollado utensilios que les hubieran
permitido capturar de forma eficaz caza mayor, hubieran tenido
una fuente segura de alimentación en cualquier lugar. Según esta
hipótesis, el hombre primero emigró a Eurasia gracias a una
adaptación cultural única.
Hace unos 1,6 millones de años, los homínidos habían comenzado a
fabricar nuevos tipos de utensilios del tipo que los científicos
denominan achelense. Entre los utensilios achelenses comunes se
encuentran grandes hachas de mano y hendedores. |
Aunque estas
nuevas herramientas pudieron haber ayudado en la caza, los
primeros utensilios achelenses conocidos en África son
posteriores a la primera presencia humana conocida en Asia.
Asimismo, la mayoría de los yacimientos del este de Asia de más
de 200.000 años de antigüedad sólo contienen guijarros y lascas
de factura sencilla. Por el contrario, los utensilios achelenses
eran de factura más elaborada, de mayor tamaño y más simétricos.
Por tanto, los primeros colonos de Eurasia no tenían una
tecnología verdaderamente achelense y únicamente el avance en la
fabricación de utensilios no puede explicar la dispersión fuera
de África.
Otra posibilidad es que la primera dispersión de hombres hacia
Eurasia no fue la única, sino que más bien formó parte de una
migración más amplia de animales carnívoros, tales como leones y
hienas.
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La
migración humana fuera de África tuvo lugar durante la
primera parte del pleistoceno, aproximadamente hace
entre 1,6 millones y 780.000 años. Muchos carnívoros
africanos emigraron a Eurasia durante el comienzo del pleistoceno y puede que el
hombre también emigrara con ellos. Según esta hipótesis, el
Homo erectus fue una de las muchas especies de carnívoros que se
dispersaron por Eurasia procedentes de África, y no una especie
adaptada de forma singular. El hecho de depender de la carne
como fuente de alimentación fundamental puede haber permitido a
muchas especies carnívoras, incluido el hombre, desplazarse a
través de entornos diferentes sin necesidad de tener que
aprender rápidamente a distinguir entre plantas desconocidas las
posiblemente venenosas. |
Sin embargo, la migración humana hacia el este de Asia pudo
haber tenido lugar de forma gradual y a través de latitudes
inferiores y entornos similares a los de África. Suponiendo que
las poblaciones del este africano de Homo erectus se desplazasen
a una velocidad de sólo 1,6 km cada 20 años, podían haber
alcanzado el Sureste asiático en 150.000 años. A lo largo de
todo este tiempo el hombre pudo haber aprendido a reconocer las
plantas comestibles. Así, el hecho de comer carne puede no haber
desempeñado un papel crucial en las primeras migraciones humanas
hacia nuevos continentes. La comparación entre fósiles de
animales, utensilios de piedra y primeros fósiles humanos
procedentes de África, Asia y Europa ayudará a los científicos a
establecer con mayor exactitud los factores que impulsaron y
permitieron al ser humano aventurarse fuera de África por
primera vez.
Homo antiguo.
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homo
antiguo homo antiguo homo antig |
homo antiguo homo antiguo
homo antiguo ho |
homo antiguo homo antiguo
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Por lo general, los paleoantropólogos reconocen
dos especies de Homo antiguo: el Homo habilis y el
Homo rudolfensis (aunque también pudieron haber existido otras). El
registro es confuso porque la mayoría de los fósiles más
antiguos identificados por los científicos como especies de Homo
—en lugar de australopitecinos robustos que vivieron en la misma
época—aparecen como fragmentos aislados. En muchos lugares,
únicamente la evidencia de dientes, mandíbulas y piezas de
cráneo —sin ningún otro resto de esqueleto— indica que hace ya
2,5 millones de años habían evolucionado nuevas especies de
homínidos con dientes más pequeños. Los científicos no siempre
pueden decidir si estos fósiles pertenecen a australopitecinos
gráciles que sobrevivieron por más tiempo o a los primeros
representantes del Homo. Los dos grupos son parecidos entre sí
porque es probable que el Homo descienda directamente de una
especie de australopitecino grácil.
Homo habilis.
| homo habilis homo
habilis habilis |
homo habilis homo
habilis habilis |
homo
habilis homo habilis habilishomo habilis homo |
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A principios de la década de 1960, en la
garganta de Olduvai (Tanzania), Louis Leakey, el primatólogo
británico John Napier y el paleoantropólogo surafricano Philip
Tobias descubrieron un grupo de fósiles de homínido con una
capacidad craneana de entre 590 y 690 cm3. Basándose en este
tamaño de cerebro, claramente superior al de los
australopitecinos, los científicos propusieron establecer un
nuevo género, Homo, y una nueva especie, Homo habilis. Otros
científicos se cuestionaron si este aumento de la capacidad
craneana era suficiente como para definir un nuevo género, e
incluso si el H. habilis era diferente del
Australopithecus africanus, ya que los dientes de las
dos especies son similares. Sin embargo, actualmente entre los
científicos están ampliamente aceptados los nombres de género y
de especie propuestos por el equipo de Olduvai. El H.
habilis vivió en el este y posiblemente en el sur de
África hace entre unos 2 y 1,5 millones de años e incluso tal
vez hace ya 2,4 millones de años. Aunque los fósiles de esta
especie se parecen bastante a los de los australopitecinos, el
H. habilis tenía molares, premolares y mandíbulas
más pequeñas y estrechas que sus predecesores y que los
australopitecinos robustos contemporáneos. En un esqueleto
femenino de Olduvai se observa que su altura era solamente de 1
m y que la relación entre la longitud de sus miembros superiores
e inferiores era superior a la de la australopitecina Lucy. Por
lo tanto, al menos en el caso de este individuo, el H. habilis
presentaba unas proporciones corporales muy parecidas a las de
los simios. Sin embargo, tenía unos pies y unas manos de aspecto
más moderno capaces de fabricar utensilios. Junto con fósiles de
H. habilis se han encontrado algunos de los primeros utensilios
de piedra de Olduvai, lo que sugiere que esta especie fabricaba
y utilizaba las herramientas en este lugar. Los científicos
comenzaron a observar un alto grado de variabilidad en el tamaño
corporal según fueron descubriendo más fósiles de Homo
antiguo. Esto podría indicar que el H. habilis
presentaba un alto grado de dimorfismo sexual. Así, por ejemplo,
el esqueleto femenino de Olduvai era pequeño en comparación con
otros fósiles encontrados como, por ejemplo, un cráneo bastante
grande de Homo antiguo procedente del lago Turkana en el norte
de Kenia. Sin embargo, las diferencias de tamaño realmente
excedían las esperadas entre sexos de una misma especie. Este
descubrimiento ayudó más tarde a convencer a los científicos de
que en África oriental había vivido también otra especie de
Homo antiguo.
Homo rudolfensis.
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Homo
rudolfensis Homo
rudolfensis |
Homo
rudolfensis Homo
rudolfensis |
Homo
rudolfensis Homo
rudolfensis |
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Esta segunda especie de
Homo antiguo recibió el nombre de Homo
rudolfensis, en honor al lago Rudolf (actualmente lago
Turkana). Los fósiles más conocidos de H. rudolfensis
proceden de la zona que rodea a este lago y datan de hace
unos 1,9 millones de años. Los paleoantropólogos no han
determinado aún el espacio total de tiempo en el que pudo haber
existido. Esta especie tenía el rostro y el cuerpo mayores que
el H. habilis. La capacidad craneana media del
H. rudolfensis era de aproximadamente 750 cm3. Los
científicos necesitan mayores evidencias para establecer si el
cerebro del H. rudolfensis en relación con su
tamaño corporal era mayor que en el caso del H. habilis.
Una relación cerebro-tamaño corporal mayor puede indicar mayor
capacidad mental. El H. rudolfensis también tenía
unos dientes bastante grandes, de tamaño parecido al de los
australopitecinos robustos. El descubrimiento de incluso parte
de un esqueleto fósil revelaría si esta forma más grande del
Homo antiguo tenía proporciones corporales parecidas
a las de los simios o más modernas. Los científicos han
encontrado varios huesos de fémur de aspecto moderno datados en
hace unos 2 o 1,8 millones de años que pueden proceder del
H. rudolfensis. Estos huesos sugieren un tamaño
corporal y un peso de 1,5 m y 52 kg, respectivamente
Homo medio.
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homo medio homo medio
homo medio |
homo
medio homo medio |
homo medio homo medio
homo medio |
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El periodo del Homo medio comenzó en África hace
unos 1,9 millones de años. Hasta hace poco, los
paleoantropólogos reconocían sólo una especie en este periodo,
el Homo erectus. Actualmente se reconocen tres
especies de Homo medio: Homo ergaster, Homo
erectus y Homo heidelbergensis. Sin
embargo, algunos todavía piensan que el H. ergaster
es una forma primitiva africana del H. erectus, o que el
H. heidelbergensis es una forma tardía del H.
erectus. Los cráneos y dientes de las poblaciones
africanas primitivas de Homo medio diferían ligeramente de los
de las poblaciones posteriores de H. erectus de
China y la isla de Java en Indonesia. El H. ergaster
es un candidato más adecuado como antepasado de la línea
humana moderna porque el H. erectus asiático
presenta ciertas características que no se observan en algunos
homínidos posteriores, incluida nuestra propia especie. El
H. heidelbergensis presenta similitudes tanto con el
H. erectus como con la especie posterior H.
neanderthalensis, aunque puede haber sido una especie de
tránsito entre el Homo medio y la línea a la que pertenece el
hombre moderno.
Homo ergaster.
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Homo
ergaster Homo ergaster ergaster |
Homo
ergaster Homo ergaster ergaster |
Homo
ergaster Homo ergaster ergaster |
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Probablemente el Homo ergaster comenzó a
evolucionar en África hace unos 2 millones de años. Esta especie
tenía el cráneo redondeado, el volumen del cerebro entre 800 y
850 cm3, frente prominente, dientes pequeños y muchas otras
características que compartía con el posterior H. erectus.
Muchos paleoantropólogos consideran al H. ergaster
un candidato adecuado para antepasado del hombre moderno al
tener varias características craneales modernas como, por
ejemplo, unos huesos relativamente finos. La mayoría de los
fósiles de H. ergaster proceden de una época
comprendida entre hace 1,8 y 1,6 millones de años. El fósil más
importante de esta especie encontrado hasta el momento es un
esqueleto casi completo de un joven de Turkana, Kenia, datado en
hace unos 1,55 millones de años. Los científicos determinaron el
sexo del esqueleto en base a la forma de su pelvis. A partir de
patrones de crecimiento de los dientes y de los huesos
establecieron que el joven había muerto cuanto tenía una edad
comprendida entre 9 y 12 años.
El chico de Turkana, como se conoce a este esqueleto, presentaba
en los miembros inferiores huesos alargados así como
proporciones de brazos, piernas y tronco que coinciden
básicamente con las del hombre moderno, en fuerte contraste con
las proporciones simiescas del H. habilis y del
Australopithecus afarensis. El chico de Turkana
parece que era bastante alto y esbelto. Los científicos estiman
que, si hubiera llegado a adulto, habría alcanzado una altura de
1,8 m y un peso de 68 kg. Su anatomía indica que el H.
ergaster estaba especialmente bien adaptado a andar y
tal vez a correr largas distancias en un entorno cálido (un
cuerpo alto y esbelto disipa bien el calor) pero no así a trepar
a los árboles. El Homo ergaster, el Homo
rudolfensis y el Homo habilis, además de
posiblemente dos australopitecinos robustos, parece que pudieron
haber coexistido en África hace unos 1,9 millones de años. Este
descubrimiento contradice la hipótesis paleoantropológica
tradicional que afirma que la evolución humana era una sola
línea que había ido evolucionando progresivamente a lo largo del
tiempo: una especie de australopitecino seguida de un Homo
antiguo, a continuación el Homo medio y finalmente el Homo
sapiens. Parece que durante la evolución humana fueron
habituales periodos de diversidad y extinción de especies y que
el H. sapiens moderno disfruta de la rara
distinción de ser la única especie humana viva en la actualidad.
Aunque el Homo ergaster parece haber coexistido
con otras especies de homínidos, sin embargo probablemente éstas
no llegaron a cruzarse entre sí. El apareamiento rara vez tiene
éxito entre dos especies con diferencias esqueléticas
importantes, como sucedía con el H. ergaster y el
H. habilis. Muchos paleoantropólogos piensan actualmente que el
H. ergaster descendía de una población anterior de
Homo —tal vez una de las dos especies conocidas de Homo antiguo—
y que la línea humana moderna desciende del H. ergaster.
Homo erectus.
Actualmente los paleoantropólogos saben que el
hombre evolucionó primero en África y que sólo vivió en este
continente durante un par de millones de años. La primera
especie humana que se sabe se dispersó en gran número fuera del
continente africano fue descubierta por primera vez en el
Sureste asiático. En 1891 el médico holandés Eugène Dubois
encontró el cráneo de un homínido en la isla indonesa de Java,
al que llamó Pithecantropus erectus u ‘hombre mono
erguido’. Actualmente los paleoantropólogos se refieren a esta
especie como Homo erectus. El H. erectus
parece haber evolucionado en África a partir de poblaciones
anteriores de H. ergaster, para a continuación dispersarse por
Asia hace unos 1,8 millones de años. Los últimos fósiles
conocidos de esta especie, procedentes del río Solo en Java,
están datados en hace unos 130.000 años (datación que puede ser
discutible). De esta forma el H. erectus fue una
especie de gran éxito: se dispersó ampliamente (vivió en África
y en gran parte de Asia) y gozó de larga vida (posiblemente
sobrevivió durante más de 1,5 millones de años). El H.
erectus tenía un cráneo bajo y redondeado, frente
prominente y una capacidad craneana adulta de entre 800 y 1.250
cm3, una media dos veces superior a la de los australopitecinos.
Sus huesos, incluido el cráneo, eran más gruesos que los de las
especies anteriores. Unas prominentes marcas musculares y
gruesas áreas reforzadas en los huesos indican que el cuerpo del
H. erectus podía soportar fuertes movimientos y
tensiones. Aunque tenía unos dientes mucho más pequeños que los
australopitecinos, su mandíbula era grande y fuerte. En las
décadas de 1920 y 1930, el anatomista y antropólogo físico
alemán Franz Weidenreich descubrió las colecciones más famosas
de fósiles de H. erectus en el yacimiento de
Zhoukoudian, China, cerca de Pekín. Estos fósiles humanos
recibieron el nombre de Sinanthropus pekinensis u
Hombre de Pekín, aunque más tarde fue clasificado como H.
erectus. En la cueva de Zhoukoudian se encontraron
restos de más de 30 individuos que habían vivido entre hace
500.000 y 250.000 años. Estos fósiles se perdieron al comienzo
de la II Guerra Mundial, pero Weidenreich había hecho unas
réplicas excelentes de sus descubrimientos. En excavaciones
posteriores en este yacimiento se encontraron más restos de
H. erectus. En China se encuentran otros yacimientos
importantes de fósiles de esta especie como, por ejemplo,
Lantian, Yuanmou, Yunxian y Hexian. Los investigadores también
han encontrado gran número de utensilios fabricados por el
H. erectus en yacimientos como Nihewan y Bose, en
China, y en otros lugares de antigüedad similar (al menos entre
1 millón y 250.000 años de antigüedad). Desde el descubrimiento
del H. erectus, los científicos se preguntan si
esta especie era un antepasado directo del hombre moderno,
incluido el H. sapiens. Las últimas poblaciones de
H. erectus —tales como las del río Solo en Java—
pueden haber vivido hace solamente 50.000 años, simultáneamente
con poblaciones de H. sapiens. El hombre moderno
puede no haber evolucionado a partir de estas últimas
poblaciones de H. erectus, un tipo de homínido
mucho más primitivo. Sin embargo, poblaciones anteriores de
asiáticos orientales pueden haber dado lugar al H. sapiens.
Homo heidelbergensis.
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Homo heidelbergensis heidelbergensis
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Homo heidelbergensis heidelbergensis
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Homo heidelbergensis heidelbergensis
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Muchos paleoantropólogos creen que los homínidos
emigraron a Europa hace unos 800.000 años y que estas
poblaciones no eran de Homo erectus. Cada vez un
número mayor de científicos se refieren a estos primeros
inmigrantes que llegaron a Europa —que precedieron al hombre de
Neandertal y al Homo sapiens en la región— como
Homo heidelbergensis. El nombre de la especie procede
de una mandíbula de 500.000 años de antigüedad encontrada cerca
de Heidelberg, Alemania. Los científicos han encontrado en
África pocos fósiles humanos pertenecientes al periodo
comprendido entre hace 1,2 millones y 600.000 años, durante el
cual el H. heidelbergensis o sus antepasados
emigraron por primera vez a Europa. Las poblaciones de H.
ergaster (o posiblemente de H. erectus)
parecen haber vivido en África hasta hace al menos unos 800.000
años y posiblemente en el norte de África hasta hace unos
500.000 años. Cuando estas poblaciones desaparecieron, parece
que otros homínidos de constitución ósea más fuerte y cerebros
más grandes —posiblemente el H. heidelbergensis—
las sustituyeron. Los científicos han encontrado fósiles de
estos hombres más bajos en los yacimientos de Bodo en Etiopía,
Saldanha en Suráfrica, Ndutu en Tanzania y Kabwe en Zambia. Los
científicos han propuesto al menos tres interpretaciones
diferentes para estos fósiles africanos. Algunos los sitúan en
la especie H. heidelbergensis y piensan que esta
especie dio lugar tanto al hombre de Neandertal (en Europa) como
al H. sapiens (en África). Otros piensan que los
fósiles europeos y africanos pertenecen a dos especies
diferentes y que las poblaciones africanas —que, según esta
hipótesis, no eran de H. heidelbergensis sino de
una especie diferente— dieron lugar al H. sapiens.
Sin embargo, otros científicos defienden la antigua hipótesis de
que el H. erectus y el H. sapiens
pertenecen a un único linaje evolutivo y que los fósiles
africanos pertenecen a la categoría del H. sapiens
arcaico (‘arcaico’ hace referencia a que su anatomía no era
totalmente moderna). La evidencia de los fósiles no favorece
claramente a ninguna de estas hipótesis sobre las demás. Cada
vez un número mayor de fósiles procedentes de Asia, África y
Europa presentan características intermedias entre el primer
Homo ergaster y el Homo sapiens, lo que
dificulta la identificación de las diferentes especies y la
determinación de qué grupo de fósiles representa el antepasado
más probable de los hombres posteriores.
Homo
moderno.
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homo moderno
homo moderno |
homo moderno
homo moderno |
homo moderno
homo moderno |
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El origen de nuestra propia especie, el Homo sapiens,
es uno de los temas más debatidos de la paleoantropología. Este
debate se centra en si el hombre está directamente relacionado
con el Homo erectus o con el de Neandertal,
grupo más moderno y conocido de homínidos que evolucionaron en
los últimos 250.000 años. Los paleoantropólogos utilizan por lo
general el término de Homo sapiens sapiens para
distinguir entre el hombre actual y estos antepasados similares.
Tradicionalmente los paleoantropólogos clasificaban como
Homo sapiens cualquier fósil humano de menos de 500.000
años que tuviese un cráneo mayor que el del Homo erectus.
Así, muchos científicos que piensan que el hombre moderno
desciende de una única línea que se retrotrae al H.
erectus utilizan el nombre de Homo sapiens
para referirse a una amplia gama de fósiles más antiguos que los
del Homo sapiens sapiens. El término primitivo
indica un conjunto de características físicas típicas del hombre
de Neandertal y de otras especies de Homo moderno anteriores al
Homo sapiens. Entre estas características se
encuentran la combinación de un esqueleto robusto, un cráneo
grande pero achatado y una mandíbula inferior sin mentón
prominente. En este sentido, el Neandertal es clasificado a
veces como subespecie del H. sapiens primitivo —Homo
sapiens neanderthalensis. Otros científicos opinan que
los diferentes fósiles primitivos se agrupan realmente por
conjuntos claramente identificables de características y que
cualquier tipo de fósil que presente un conjunto único de rasgos
debería recibir un nuevo nombre de especie. Según esta
hipótesis, el hombre de Neandertal forma su propia
especie, Homo neanderthalensis.
Bibliografía Sugerida:
Barnett, S. A. y otros. Un siglo después de
Darwin. 2 vols. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Obra
divulgativa sobre la evolución y el origen del hombre.
Benton, Michael J. Paleontología y evolución. Lleida: Editorial
Perfils, 1995. Obra divulgativa sobre la evolución de los
vertebrados.
Bernal, J. D. El origen de la vida. Barcelona: Ediciones
Destino, 1977. Obra divulgativa; incluye bibliografía y
glosario.
Darwin, Charles. Origen de las especies. Madrid: Ediciones Akal,
2ª ed., 1994. Libro donde el autor fundamenta su teoría de la
evolución.
Dobzhansky, Theodosius. Evolución. Barcelona: Ediciones Omega,
1988. Revisión de la teoría de la evolución.
Ghiselin, Michael T. El triunfo de Darwin. Madrid: Ediciones
Cátedra, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría evolutiva de
Darwin.
Gould, Stephen Jay. El pulgar del panda. Barcelona: Ediciones
Omega, 1976. Obra divulgativa sobre diferentes aspectos de la
evolución.
Gould, Stephen Jay. Dientes de gallina y dedos de caballo.
Barcelona: Editorial Crítica, 1995. Obra divulgativa de
paleontología y evolución.
Gould, Stephen Jay. La sonrisa del flamenco. Barcelona:
Editorial Crítica, 1987. Obra divulgativa sobre diferentes
aspectos de la evolución.
Museo de Ciencias Naturales. Historia de la vida. Madrid: CSIC,
1991. Obra sobre la evolución de los organismos, muy bien
ilustrado.
Oparin, A. I. Origen de la vida sobre la Tierra. Madrid:
Editorial Tecnos, 1979. Obra divulgativa clásica sobre los
orígenes de la vida.
Reichholf, Josef H. La aparición del hombre. Barcelona:
Editorial Crítica, 1994. Origen y evolución del hombre desde las
últimas investigaciones en genética.
Ridley, Mark. La evolución y sus problemas. Madrid: Ediciones
Pirámide, 1987. Obra sobre las controversias originadas por la
teoría evolutiva.
Ruse, Michael. La revolución darwinista. Madrid: Alianza
Editorial, 1983. Obra divulgativa sobre la teoría de la
evolución de Darwin.
Weiner, J. S. El hombre: orígenes y evolución. Barcelona:
Ediciones Destino, 1980. Obra divulgativa; incluye glosario y
bibliografía. |