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El patrimonio histórico
y natural de la región esta
protegido desde 1988 por una Ordenanza Municipal.
En 1988 el Honorable
Consejo Deliberante de General Alvarado dispuso, mediante la Ordenanza 248/88, que la Municipalidad sea la responsable y
protectora de los bienes
históricos, culturales y de las reservas naturales, públicas o
privadas, existentes en el partido.La ordenanza determina las siguientes categorías:
a) Monumentos
históricos, museos, sitios y conjuntos arquitectónicos o de otra
especie, lugares históricos, yacimientos arqueológicos,
antropológicos y
paleontológicos.
b) Reservas naturales, paisajes, flora y fauna autóctona,
reservas minerales.
c)
Bienes culturales debido al genio individual y colectivo,
referidos a las bellas artes,
literatura, música, ciencia, tecnología, arquitectura y cualquier
otra expresión cultural
representativa del presente o pasado de esta comunidad.
La política de
conservación y difusión del patrimonio que se engloba en alguna de
las citadas categorías está a cargo del Museo Municipal y de su
Asociación Amigos, contando con el apoyo y asesoramiento de la
Secretaría de Obras Públicas y de la Dirección de Asuntos Legales, y
con el control efectivo de la Policía local.
Que debo hacer
cuando encuentro un fósil?
GUÍA RÁPIDA DE LA LEY
NACIONAL 25.743 PARA
PROFESIONALES Y PUBLICO EN GENERAL.
En el año 2003, se
promulgo la nueva ley del Patrimonio Paleontológico y Arqueológico de la
Republica Argentina, que limita e impide la extracción, la colección, la
venta o destrucción de sitios y objetos de interés patrimonial.
1-
Es objeto de la presente ley
25.743,
la preservación, protección y tutela del Patrimonio
Arqueológico y Paleontológico. La
presente ley será de aplicación en todo el
territorio de la Nación Argentina.
2- Debe tener en cuenta que cualquier resto
fósil que encuentre, halle u obtenga por regalo o
donación, es
parte integrante del Patrimonio Cultural de la
Nación y el aprovechamiento científico y cultural
del mismo. Por lo cual, un resto fósil, no es un
objeto personal ni privado, es de cada ciudadano de
nuestro país.
3-
Las personas que por cualquier motivo descubran
materiales paleontológicos en forma casual en la
superficie o seno de la tierra o en superficies
acuosas, deberán denunciarlos y entregarlos de
inmediato al organismo competente, al museo,
facultad, o institución competente de su región.
4-
La omisión del deber de denuncia y ocultamiento hará
pasibles a sus autores de un apercibimiento y, si
mediare reincidencia, de una multa. En todos los
casos procederá el decomiso de los materiales
reunidos por parte del organismo oficial.
5-
Las personas que realicen por sí, u ordenaren
realizar a terceros, tareas de prospección, remoción
o excavación en yacimientos paleontológicos sin
solicitar la correspondiente autorización ante la
autoridad competente, serán pasibles de multa,
aunque aleguen adquisición de buena fe.
6-
Las personas que, con posterioridad a la
promulgación de la presente ley, se apropien y/o
comercialicen objetos paleontológicos y aquellos que
los recibieren, aunque aleguen buena fe, serán
pasibles de una multa y el decomiso de los bienes.
7- Es necesario, en lo posible, que la persona
particular u aficionado a la paleontología, que
encuentre un resto fósil, denuncie inmediatamente su
ubicación y naturaleza, a un organismo local, como
un museo, facultad u otra institución similar que se
encuentre en su localidad o en la región.
8- En todos los casos, siempre es bueno que el
material sea retirado in-situ por el personal a
cargo de una institución oficial en donde usted
realizo la denuncia del material. Aconsejamos, que
usted no retire el material del sedimento, su falta
de conocimiento durante la extracción pudiera
destruir evidencias.
9- También es real, que en la mayoría de los
casos, los restos fósiles que se encuentran
en la superficie, subsuelo o sumergidos en aguas
jurisdiccionales, se hallan en alto peligro de
destrucción ambiental o depredadora. Si usted
encuentra un fósil suelto en la superficie, o semi-expuestos
en el subsuelo (bordes de barrancos a punto de
perderse, sobre calles de tierra en el yacimientos,
o material que ha sido extraído y abandonados por
terceros), debe ser, en lo posible, registrado
fotográficamente, y trasladado a la institución
competente mas cercana a su domicilio. También
denuncie a terceros que extraigan fósiles en forma
depredadora.
10- Aconsejamos en todos los casos, el
seguimiento del material encontrado y denunciado.
Verificar si el organismo local y nacional se
preocuparon en el rescate del resto fósil en
cuestión, de ser así, usted tiene el derecho de
saber si mismo sufrió daños irreparables para su
estudio, su estado de conservación durante el
procesamiento de laboratorio, siglas y numero de
inventario, y todo aquello que garantice su
preservación perpetua. En el caso, en que los
organismos oficiales no hallan cumplido o al menos
intervenido luego de que usted los allá advertido,
debe denunciarlo en todas las instancias que crea
necesario, como organismos estatales, provinciales,
municipales y en los medios de prensa, en caso de
ser necesario, incluyendo en la Web. Usted
también es responsable de nuestro patrimonio!!!
Huellas del tiempo: años
atrás hubo descubrimientos
en la ciudad de Miramar de
un investigador de la
Universidad Nacional de La
Plata que permiten inferir
cómo eran las condiciones
climáticas bonaerenses hace
cientos de miles de años.
En los alrededores de Punta
Hermengo, cerca del muelle
de pesca de Miramar, el
doctor Eduardo Tonni
(profesor de paleontología)
de vertebrados en la
Facultad de Ciencias
Naturales y Museo de la
Universidad Nacional de La
Plata) realizó un inusual
descubrimiento que permitió
conocer las condiciones
climáticas que existieron en
el lugar hace varios
centenares de miles de años.
Lo que halló Tonni fueron
los restos de la comida de
una lechuza ancestral, que
consistían en varias
agrupaciones de pequeños
huesos de roedores,
comadrejas y aves contenidos
dentro del sedimento que
rellenaba una antigua cueva.
Las lechuzas, búhos
y otras aves rapaces
muchas veces devoran
sus presas enteras.
Los pelos, plumas,
huesos, dientes,
cutículas de
insectos y piel que
no son digeridas se
apelmazan, formando
masas compactas
esféricas u
ovoidales conocidas
como bolos de
regurgitación,
regurgitados o
egagrópilas. Estos
bolos son expelidos
al exterior por vía
oral en el nido o
cerca de algún
posadero.
El estudio de los
restos óseos
contenidos en los
regurgitados de
lechuzas y búhos
permite hacer un
relevamiento de la
fauna de la cual se
alimentan. Fue
justamente lo que
quedó de varios
bolos de
regurgitación de una
milenaria ave de
rapiña, de tamaño
similar a la lechuza
de los campanarios o
al lechuzón
campestre, lo que
descubrió Tonni en
Miramar.
Los sedimentos en los que
Tonni hizo tan singular
hallazgo constituían el
relleno de una cueva que
tenía un diámetro máximo de
1,20 metros y que fue
habitada hace algunos
centenares de milenios por
un armadillo de gran tamaño,
similar a los actuales tatú
carreta. En esta paleocueva,
el investigador encontró
cinco bolos fósiles que
contenían 59 restos
craneanos en total y gran
cantidad de otros restos de
esqueletos. Más de la mitad
de estos cráneos
correspondían a tucu-tucos,
un género de pequeños
roedores que en la
actualidad comprende más de
sesenta especies. Un tercio
de los restos craneanos
encontrados pertenecen a la
familia de los roedores
cricétidos, que incluye
lauchas y ratones que hoy
constituyen una plaga
agropecuaria, además de ser
portadores de la fiebre
hemorrágica argentina o mal
de los rastrojos. El
investigador también
identificó restos de un cuis
chico y de un ave
emparentada con los
chingolos y jilgueros,
además de seis restos de
cráneo de una comadrejita
patagónica.
Las investigaciones
que realizó Tonni
junto con sus
colaboradores, Diego
Verzi, Susana Bargo
y Ulyses Pardiñas,
permiten inferir
cuáles eran las
condiciones
climáticas en la
zona de Miramar en
la época en que
vivían estos
animales, de los
cuales se
alimentaban las
lechuzas y los
búhos. En efecto, la
presencia de la
comadrejita
patagónica, de una
pequeña laucha de
campo y de un cuis
chico, así como la
abundancia de tucu-tucos,
sugieren ambientes
más áridos que los
presentes.
Actualmente, la comadrejita
patagónica (Lestodelphis
halli) vive en Santa
Cruz, mientras que la laucha
baya, un pariente cercano de
la laucha de campo del
género Eligmodóntia
que formaba parte de
la alimentación de la
lechuza de Punta Hermengo,
hoy es habitante común del
Parque Nacional Nahuel
Huapi. El cuis chico (Microcavia
australis), un
roedor estrechamente
emparentado con el descripto
por Tonni, Verzi, Bargo y
Pardiñas, está distribuido
en nuestros días en las
zonas áridas del país. En
cuanto a los tucu-tucos,
poseen una amplia
distribución en América del
Sur, pero en general
prefieren los suelos
arenosos y secos, ya que el
agua constituye uno de sus
peores enemigos.
La distribución actual de la
fauna de la cual se
alimentaba la lechuza
ancestral fue la clava que
posibilitó a los
paleontólogos del Museo de
La Plata inferir que, en la
zona de Miramar, hace
centenares de miles de años
había condiciones climáticas
áridas y frías, posiblemente
similares a las que hay en
la Patagonia actual. Esta
conclusión también es
confirmada por las
características geológicas
de los sedimentos en los que
se encontraron los bolos de
regurgitación.
Fuente: La Nación.
El Extraordinario Tigre
Dientes de Sable.
Por el
Museólogo Daniel Boh. Museo
Municipal Punta Hermengo de
Miramar. Publicado en la
revista "Espigon" numero 55,
2011.
Uno de los
animales prehistóricos que
más entusiasma a la
imaginación de grandes y
chicos es, sin duda el Tigre
Dientes de Sable. Estos
grandes felinos habitaron en
varios continentes y se
originaron en África en el
Mioceno, o sea unos 20
millones de años. Los
primeros que llegaron a
nuestras pampas lo hicieron
hace unos 2 millones de
años, provenientes de
America del Norte, luego que
se unieran los dos
continentes.
El nombre
científico es Smilodon
populator, en donde
“smile” significa cuchillo y
“odontos” es diente;
haciendo obvia alusión a su
característica mas
sobresaliente, sus largos y
afilados colmillos. Además
“populator” significa algo
así como “el que asola los
campos”. Los primeros restos
de este animal fueron
descubiertos por el
científico danés Peter Lund
en una cueva de Brasil, en
1842 y fue quien le asigno
el nombre científico. Dos
años después y desconociendo
este dato, Francisco Javier
Muñiz (prácticamente el
primer paleontólogo
argentino) descubre otro de
estos tigres cerca de la
localidad de Lujan y le
asigna un nombre que no es
aceptado luego por existir
la denominación anterior.
Estos
felinos pesaban algo
mas que un tigre
actual, unos 350
kilos, pero las
proporciones eran
diferentes, ya que
la estructura
esquelética y
seguramente los
músculos eran más
grandes y fuertes en
su parte anterior;
un cuello más largo,
patas más fuertes y
cola reducida.
Esto
nos indica que
estaría
especializado en
cazar a los grandes
y lentos perezosos
gigantes que
abundaban en
aquellos tiempos en
nuestro suelo.
Su método de
caza posiblemente difería de
los actuales tigres y
leones, puesto que estos
persiguen a su presa y
saltan sobre ella, buscando
asfixiar y romper el cuello
de la victima con sus
potentes mandíbulas. En
cambio se supone que el
Smilodon esperaba y
emboscaba a los gigantes. En
este caso se cree que
cortaba arterias para
desangrar a su presa y ahí
estaba la utilidad de sus
largos colmillos. Estos
tenían una sección ovalada y
ligeramente aserrados para
cortar más fácilmente la
carne.
Los famosos
colmillos, que ya no se ven
en ningún animal predador
actual, eran una
especialización que tuvo
mucho éxito mientras
existieron grandes animales
para ser cazados. Su
mandíbula podía abrirse en
un ángulo de más de 120
grados, algo único entre los
mamíferos, ya que un león
sólo puede abrirla unos 65
grados. Prácticamente
clavaba estos puñales usando
los poderosos músculos del
cuello que permitían un
rápido movimiento hacia
abajo.
También la forma de
sus garras indica
esta especialización
ya que son
diferentes y
tendrían mas fuerza
que las de los
leones actuales.
Sobre sus costumbres
se ha inferido que,
puesto que se han
encontrado restos
con indicios de
golpes y
quebraduras, los
mismos vivían en
grupos y que de
alguna manera
alimentaban al
herido por un tiempo
hasta que se
recuperaba. Por otra
parte serian muy
violentos los
combates por la
posesión del
territorio y de las
hembras ya que se
han hallado sus
huesos con marcas
provocadas por
propios congéneres.
Otro estudio
ha comprobado que el
Smilodon rugía como
un león, lo que también
indica actividad de
señalización, reconocibles
para otros miembros de la
especie. Si bien se los
llama tigres, tenían un
lejano parentesco con los
leones, jaguares o tigres
actuales, los cuales además
tienen dientes cónicos. La
desaparición de estos
grandes felinos está
vinculada estrechamente a la
extinción de sus gigantescas
presas.
Hace
unos 10.000 años los
últimos de estos
extraños y lentos
animales pisaron la
tierra, por lo que
los tigres diente de
sable siguieron ese
mismo camino, al no
poder adaptarse a
los rápidos y
pequeños
supervivientes que
no podían ser
cazados por un
animal que no podía
alcanzarlos. En
nuestro museo
tenemos una media
mandíbula hallada
frente al vivero
hace pocos años y
seguimos buscando ya
que sabemos que
nuestra región es un
lugar adecuado para
que puedan ser
encontrados otros
restos de estos casi
legendarios
predadores.
Bibliografía
recomendada.
Los
mamíferos fósiles de Buenos
Aires, R.C. Pasquali, E. P.
Tonni. Editorial Universitas
2004
Buenos Aires,
un millón de años atrás.
Fernando Novas, Editorial
Siglo XXI, Colección ciencia
que ladra... 2006
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