El Paleoceno, es la primera y más
corta de las cinco divisiones del periodo terciario dentro del cenozoico en la
escala de tiempos geológicos; abarca el intervalo transcurrido entre 65 y 56,5
millones de años atrás, y es definida, como las épocas posteriores, según la
proporción de especies modernas de moluscos encontradas en los registros
fósiles.
El paleoceno marca el paso final en la desmembración del supercontinente
ancestral Pangea que empezó a separarse en los comienzos del mesozoico temprano.
Los movimientos de la tectónica de placas separaron finalmente la Antártida de
Australia; en el hemisferio norte, el fondo marino en expansión del Atlántico
norte ensanchado alejó Norteamérica de Groenlandia. Al haber desaparecido los
dinosaurios al final del cretácico, el periodo precedente, la vida mamífera
empezó a dominar en la Tierra. Los principales mamíferos que aparecieron fueron
los marsupiales, los insectívoros, los lemures, los creodontos (ancestro
carnívoro común de todos los félidos y los cánidos) y animales ungulados
primitivos a partir de los cuales fueron evolucionando diversos grupos (como los
caballos, los rinocerontes, los cerdos y los camellos).
América del Norte y Europa. En los primeros años
de la era de los mamíferos, después de que todos los
dinosaurios habían desaparecido, surgieron algunos animales
muy extraños. Durante un tiempo, entre hace 65 y 40 millones
de años, los carnívoros más grandes de parte de Europa y
América del Norte fueron aves que no volaban. La
Diatryma alcanzaba más o menos el tamaño de un
hombre y tenía una gran cabeza con enormes mandíbulas.
Atrapaba todo tipo de animales pequeños y medianos;
fácilmente podía haber capturado alguno de los primeros
caballos, como el Hyracotherium, que vivió en
la misma época.
Colorado, Wyoming (USA) y Francia. Los
principales mamíferos carnívoros que vivieron al principio
de la era de los mamíferos fueron creodontes como la
Oxyaena. Estos animales probablemente se veían más
bien como los gatos y perros salvajes modernos, pero no
están directamente emparentados con sus formas modernas. Los
creodontes eran más primitivos en varias características.
Sus piernas, por ejemplo, eran más cortas, lo que significa
que no podían correr tan rápido como los carnívoros
modernos, y las muñecas y garras eran menos avanzadas. Las
garras de los creodontes eran curiosas estructuras con forma
de gancho hendido que en el animal vivo probablemente estuvo
cubierto por una vaina córnea, como las garras de los
carnívoros modernos. También tenía cinco dedos en cada pata,
una característica primitiva comparada con los cuatro dedos
de los gatos y perros modernos. Además, los creodontes
probablemente tenían un pobre sentido del oído. La
Oxyaena tenía un cráneo parecido al del gato con el
hocico corto y largos colmillos para desgarrar carne, así
como molares con una forma triangular puntiaguda
especialmente modificados para cortar carne y romper huesos.
El cuerpo era largo y flexible y la cola larga. Las piernas
cortas y las patas planas estaban mejor adaptadas para
moverse rápidamente en el bosque, ocultándose entre los
árboles, que para correr en pastizales abiertos. La
Oxyaena y sus parientes cercanos sólo se conocen en
el Paleoceno y el Eoceno de América del Norte y Europa,
donde cazaban herbívoros más pequeños como el
Hyracotherium. Las presas más grandes correspondían
a los mesoníquidos, enormes carnívoros de cráneo grande.
Aunque la Oxyaena no era mayor que el glotón
norteamericano, tenía parientes tan grandes como un oso.
Montana, USA. Los humanos pertenecen a la orden
de mamíferos Primates (que significa "primero"). Este grupo
incluye a los monos con y sin cola y a formas primitivas
como los lémures, los loris y los tarseros. Los primates en
realidad fueron uno de los primeros grupos de mamíferos
modernos que sobresalieron. Un solo diente del Cretácico
tardío de Montana, Estados Unidos, ha sido identificado como
Purgatorius, si ello es correcto, mostraría
que los primeros animales parecidos a los lémures, nuestros
antepasados más distantes, ya existían en la época de los
dinosaurios. Por supuesto no se puede pensar en cavernícolas
en los días de los dinosaurios, ¡pero al menos los primates
más antiguos pudieron ver un dinosaurio!. El
Purgatorius no era rival para ningún dinosaurio. Era
un animal pequeño que probablemente se parecía a una
ardilla, como sugieren los restos de sus parientes cercanos
del Paleoceno y el Eoceno. De ellos hay cráneos completos
que muestran características clave de los primates, como los
ojos grandes (que necesitaban para ver de noche) y el gran
cerebro. Los pequeños dientes muestran que el
Purgatorius se alimentaba con una dieta mixta de
pequeños animales, hojas y frutas. Debe haber vivido sobre
todo de insectos, a los que capturaba moviéndose
silenciosamente entre las ramas de los árboles.
Probablemente ahí se hallaba a salvo de los carnívoros, y
dependía de su pequeño tamaño y de sus hábitos huraños para
protegerse.
América del Norte (Nuevo México). Tenia 12.5 cm
de longitud Un cráneo en buen estado de conservación
demuestra que Palaeoryctes debió de tener un
aspecto parecido al de la musaraña actual, con un cuerpo
reducido y elegante, y un hocico puntiagudo, provisto de
dientes pequeños, útiles para aplastar insectos. Si bien se
alimentaba sobre todo de insectos, probablemente escarabajos
y orugas, es posible que consumiera una gran variedad de
alimentos, incluidos los vertebrados pequeños. Un ser con
una dieta tan generalizada debe de haberse encontrado en
condiciones de evolucionar hacia otros tipos más
especializados y, por más sorprendente que pueda parecer, es
posible que Palaeoryctes o algún familiar
cercano se hayan convertido en los grandes mamíferos
carnívoros del principio del Terciario, los creodontos.
América del Norte y Europa. Los primates se
caracterizan por sus manos y pies preparados para
aprehender, el cerebro grande y los ojos con campos de
visión superpuestos. El grupo incluye formas primitivas,
como los lémures, y otras avanzadas, como los simios y los
humanos. A comienzos del paleoceno aparecieron mamíferos
similares a los primates, como el Purgatorius,
de América del Norte, pero aún se discute si estos animales
eran primates o no. Algunos primates verdaderos del
paleoceno y del eoceno se parecían a los lémures, mientras
que otros eran más similares a las musarañas arborícolas.
Los lémures, los lémures enanos y los lórises son los únicos
sobrevivientes de los grupos de primates más primitivos.
Otro importante grupo de primates primitivos fue el de los
adápidos, que vivió en el eoceno, el oligoceno y el mioceno
en África, Europa, Asia y América del Norte. Los
plesiadápidos fueron un grupo de primates primitivos
conocidos por el Plesiadapis del paleoceno y
el eoceno en América del Norte y Europa. El
Plesiadapis tenía dedos de manos y de pies
preparados para asir y una larga cola. Probablemente se
viera como una cruza entre un lémur y una ardilla. Como
tantos otros primates primitivos, los plesiadápidos tenían
incisivos prominentes parecidos a los de los roedores. Quizá
masticaban la madera para extraer larvas o para llegar a la
savia.
Mississippi, Estados Unidos. Esta criatura
extinta pesaba alrededor de 28 gramos, medía 7,5 centímetros y comía
insectos y bayas. Un científico estadounidense ha desenterrado los
restos del primate conocido más antiguo que vivió en Norteamérica.
Al hacerlo, ha podido determinar el camino que siguieron estos
pequeños representantes del grupo de mamíferos que incluye a lemures,
monos, simios y personas para acceder hasta el 'nuevo continente'. Basándose en
un conjunto de dientes de un primate, desenterrado en Mississippi y
que procede de hace 55,8 millones de años, el paleontólogo
Christopher Beard, del Museo Carnegie de Historia Natural en
Pittsburgh, asegura que la especie llegó a través de un puente de
tierra ahora desaparecido que conectaba Siberia y Alaska. El
minúsculo emigrante ha sido llamado 'Teilhardina magnoliana',
según el artículo que ha publicado su descubridor en 'Proceedings of
the National Academy of Sciences' (PNAS). "Para su tiempo, debía ser
el animal más listo que había en su entorno. Pero eso no significa
que tuviera profundos pensamientos, ironiza Beard. Los primates
poseen uñas en sus dígitos en vez de garras. Los primates tienen
ojos que miran hacia adelante y proporcionan visión estereoscópica,
en lugar de ojos a cada lado de la cabeza como los perros o los
caballos. Los primates casi siempre poseen cerebros relativamente
más grandes que otros animales. La criatura, que vivía en los
árboles, debía tener pensamientos bastante prácticos e inmediatos, y
probablemente sus únicas preocupaciones eran su próxima comida
(bichos, frutas y bayas), alejarse de los lagartos y otro instinto
básico: '¿Dónde están las chicas?'. El animal no es antepasado de
los monos del Nuevo Mundo, pero podría compartir linaje con un
primate primitivo denominado Tarsiers que aún vive en
el sudeste asiático, según comenta Beard. El Estrecho de Bering, por
donde se cree que pasó el animal desde Asia hasta América, también
permitió hacer este recorrido a los primeros humanos que vivieron en
América, según creen muchos científicos. Eso explicaría por qué, al
igual que este pequeño primate y los monos asiáticos, también los
indígenas de Siberia y las tribus americanas comparten vínculos
genéticos.
Canadá y Francia. Los campsosaurios a primera
vista parecen cocodrilos. Vivieron en los ríos y lagos del
medio oeste de América del Norte y parte de Europa durante
los últimos millones de años de la era de los dinosaurios y
el principio de la era de los mamíferos. Champsosaurus,
sin embargo, no era un cocodrilo. El cráneo y el esqueleto,
al examinarlos en detalle, resultan mucho más primitivos y
parecen compartir características con los antepasados del
Pérmico de dinosaurios, cocodrilos y lagartijas. Era un buen
nadador, puesto que tenía una cola larga y aplanada, que le
permitía impulsar el cuerpo bajo el agua al moverla de un
lado al otro. Las patas eran amplias y en forma de remo, y
debió usarlas para nadar y como timón. El hocico largo y
estrecho, con hileras de dientes afilados, es igual al de
los cocodrilos que comen peces. Fueron obviamente muy
exitosos durante algún tiempo, ya que son los animales más
comunes que se encuentran en ciertos depósitos de
dinosaurios.
Titanoboa cerrejonensis. Jason Head
et al. (2009).
Cerrejón, Colombia.Hace sesenta
millones de años, en las selvas tropicales, se
escurría un monstruo entre la penumbra como jamás lo ha
concebido el hombre. Habían transcurrido cinco millones de años
desde la extinción de los dinosaurios y la Tierra experimentaba
una nueva era, en la que el calor y la humedad se hacían casi
insoportables en las zonas tropicales. En la selva se
registraban temperaturas medias anuales que oscilaban entre los
treinta y los treinta y cuatro grados centígrados. Este monstruo
era una serpiente que era tan ancha como un tronco humano.
Pesaba más de una tonelada -en concreto, unos 1.250 kilos- y
alcanzaba una longitud de trece metros, similar a la de un
autobús escolar. Se trataba de una boa tan poderosa, que entre
sus presas se contaban los cocodrilos de la época, unos
depredadores también terribles, y las tortugas gigantes, cuyos
sólidos caparazones se quebraban ante un abrazo terriblemente
poderoso y mortal.Los restos fósiles
de este reptil se han encontrado en Cerrejón, una mina a cielo
abierto en Colombia, que no es otra cosa que una ventana al pasado,
cuando la selva más antigua de Sudamérica se formó hace entre 58 y
60 millones de años. Titanoboa cerrejonensis, el
nombre científico del monstruo, dejó aquí sus restos fósiles en
forma de enormes vértebras, a partir de las cuales se ha deducido su
longitud y peso. Jason Head, el autor principal que describe
el hallazgo en la revista Nature, es un
paleontólogo de la Universidad de Toronto en Mississauga. Ha trabajado con
expertos del Instituto Tropical del Smithsonian en Panamá como
Carlos Jaramillo, y colegas como Johnattan Bloch, conservador del
Museo de Historia Natural de Florida, para explicar la existencia de
esta gigantesca serpiente, tan larga como un tiranosaurio; la más
grande conocida hasta la fecha, y el vertebrado más grande de la
Tierra en esa época después de la desaparición de los dinosaurios?
si exceptuamos las fabulosas criaturas marinas que surcaban los
mares de hace sesenta millones de años. Titanoboaera un
reptil enorme, pero al fin y al cabo un reptil de sangre fría. Su
tamaño gigantesco es una señal clara de que aquel trópico estaba más
caliente que el actual, creen los expertos. De otra manera, es
improbable que hubiera alcanzado ese tamaño. Si tienes la sangre
fría ?al contrario que muchos dinosaurios, que probablemente podían
regular la temperatura de sus enormes cuerpos? ser tan grande es una
desventaja, puesto que pierdes más calor proporcionalmente a lo
grande que seas. Si examinas la
distribución de los animales de sangre fría en la actualidad,
los más grandes se encuentran en los trópicos. Es aquí donde hace
más calor. Se hacen más pequeños conforme se alejan de la línea
del ecuador.
No cabe duda que Titanoboa fue un depredador terrible
en un mundo posterior a los dinosaurios, un digno sucesor del
temible tiranosaurio; un gigante de tiempos remotos.
Cerrejón, Colombia.Un remoto antecesor de los
cocodrilos que vivió hace sesenta millones de años en el
norte de Colombia. Los paleontólogos de la Universidad de
Florida, que describen su hallazgo en el último número del "Journal
of Vertebrate Paleontology", descubrieron fósiles de la
nueva especie en El Cerrejón, una de las mayores minas de
carbón a cielo abierto del mundo, donde hace tres años
fueron encontrados restos de la Titanoboa. Su
estudio es el primero que describe un fósil cocodriloforme
en esa zona. Los especímenes estudiados indican que la
especie, bautizada "Cerrejonisuchus improcerus",
sólo alcanzaba un largo entre 1,83 y 2,13 metros, lo que la
convertía en una presa fácil para la enorme serpiente, de
más de 13 metros de largo y 1,25 toneladas de peso. Su
pequeño tamaño fue "toda una sorpresa" en comparación con
los reptiles gigantes que vivían durante la época del
Cretáceo Tardío. Aunque el Cerrejonisuchus no
está directamente relacionado con los cocodrilos modernos,
desempeñó un importante papel en la evolución temprana de
los ecosistemas de la selva tropical suramericana. Los
dirosáuridos medían unos 5 metros y medio y tenían hocicos
en forma de pinza para capturar peces. Pero el hocico del Cerrejonisuchus era mucho más corto, lo que según
los científicos indica que su dieta era mucho más variada e
incluía seguramente ranas, lagartos, serpientes pequeñas y
posiblemente mamíferos. Esto revela un nivel inesperado de
diversidad entre los dirosáuridos, cuya evolución es más
compleja de lo que se creía, según los investigadores.
Colombia.En lo que es hoy la zona
minera de El Cerrejón hace 55 millones de años vivieron
grandes serpientes, cocodrilos y tortugas.
Cerrejonemys wayuunaiki es una nueva especie de
tortuga descubierta en ese sitio de la península de la
Guajira por científicos del Instituto Smithsoniano de
Investigaciones Tropicales en Panamá. Sabemos que la especie
vivió hace 55 millones de años y que es el pariente más
cercano de las actuales tortugas que habitan en los ríos
Orinoco, Magdalena y Amazonas. Un ejemplo de éstas es la
tortuga Charapa. Habría vivido en el llamado Paleoceno
tardío, solo cinco millones de años después de la extinción
de los dinosaurios. Aunque es difícil de establecer, se cree
que los restos hallados pertenecían a un individuo adulto.
Medía un metro de largo por unos 54 centímetros de ancho.
Estados Unidos y Europa. Si se cuenta el número
de ratas y ratones que viven en todas partes, probablemente
el grupo de mamíferos más común sobre la tierra en nuestros
días sea el de los roedores. Sin embargo, los roedores no
son el grupo más antiguo de mamíferos modernos, puesto que
surgieron hace sólo 55 millones de años. Uno de los primeros
roedores fue el Paramys, un animal de tamaño
moderado que probablemente se parecía un poco a las
ardillas. El cuerpo es largo y flexible, y la larga cola
bien pudo tener pelo esponjado en el animal vivo. Las manos
y los pies tienen largas garras que tal vez se usaron para
trepar a los árboles. El Paramys muestra
características primitivas en los dientes. Los roedores
quizá deben su éxito al par de incisivos en forma de cincel;
éstos se usan para roer la madera y otros materiales duros
de las plantas, además de las planchas de madera de las
casas y la madera y las cuerdas de los barcos. El
Paramys tenía esos notables dientes, pero estaban
redondeados en lugar de tener forma de cincel y carecían de
las características que les permiten a los roedores modernos
afilar los dientes.
Wyoming, Colorado (EU); Francia. Si se viajara en
el tiempo hasta hace 60 millones de años, al Paleoceno
Tardío de América del Norte, se verían pequeñas manadas de
un animal parecido al caballo. Ese era el Phenacodus.
Tenía el tamaño aproximado de una oveja, con patas cortas,
un cuerpo largo y bajo y una pequeña cabeza. No obstante,
tenía anchos dientes que sobresalían y muestran que se
alimentaba de plantas, aun cuando era más pequeño y lento
que un caballo moderno. El Phenacodus no era
un caballo, aunque debió estar cerca de los antepasados de
los caballos primitivos, como el Hyracotherium.
El Phenacodus por lo general se ubica en el
grupo llamado "condilartos", estos animales posiblemente se
hallan cerca de los orígenes de la mayor parte de los
grandes mamíferos herbívoros de hoy. El Phenacodus
es primitivo en comparación con los verdaderos caballos,
dado que aún tenía cinco dedos y podía doblar los pies de
lado a lado. Esto sugiere que podía correr esquivando los
árboles, e incluso trepar un poco, mientras que los caballos
verdaderos están adaptados para correr en suelos planos.
Además, el Phenacodus tenía patas más cortas
que las de un caballo y su cola era mucho más larga, ya que
debía usarse para el equilibrio. Finalmente, el
Phenacodus tenía una pequeña cabeza con un minúsculo
cerebro.
Europa (Alemania). Tenia 20 cm de longitud.
Correteando por las ramas y saltando de un árbol a otro,
este animalillo debió de ser muy parecido a la marta común
actual (Martes martes). La forma de sus
extremidades y las articulaciones flexibles de los hombros y
los codos indican que estaba bien adaptada para ganarse un
lugar seguro en los árboles de los bosques pantanosos
tropicales en los que vivía. Además de parecerse
físicamente a la marta común, es probable que Miacis
llevara también una vida muy similar, cazando mamíferos
pequeños y aves sobre la tierra y en lo alto de los árboles.
Es posible que también se haya alimentado de insectos,
huevos de aves y frutos. Un rasgo primitivo de Miacis
era su dentadura completa, formada por 44 piezas. Es la
cantidad básica de dientes que tenían los mamíferos, pero
los carnívoros más avanzados perdieron muchos de ellos al
evolucionar hacia formas más especializadas.
América del Norte,
Europa y el este de Asia. Tenia 2,25 m de
longitud. Coryphodon era un animal enorme, con
"unos colmillos caninos bastante similares a los del
hipopótamo, que estaban bien desarrollados sobre todo en el
macho. También como el hipopótamo, es probable que
Coryphodon viviera en pantanos y marismas, donde es
posible que desenterrara las plantas por medio de los
colmillos. Las dos crestas transversales prominentes que
tenía en los molares sugieren que Coryphodon
ramoneaba la vegetación de la jungla. La parte superior de
la pata era más larga que la inferior, y esto le habrá
proporcionado la fuerza necesaria para soportar su cuerpo
tan inmenso, pero no debió de ser adecuado para correr a
toda velocidad. El cerebro de Coryphodon era
muy reducido y, con sus 90 g sobre un total de 500 kg, es,
probablemente, la menor proporción entre el peso del cerebro
y el peso del cuerpo que existe entre los mamíferos.
A estas empresas, instituciones,
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