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Paleontología en el Continente Antártico.

Fragmento del articulo publicado originalmente: Magnussen Saffer, Mariano. (2009). Paleontología en el Continente Antártico. Paleo, Boletín Paleontológico. Año 7. 37: 28-32.

La Antártida o Antartica, cuarto continente más grande del mundo, situado casi en su totalidad al sur de los 66°30’ latitud S (el círculo polar antártico), que rodea al polo sur. En general, su forma es circular con un largo brazo —la península Antártica—, que se prolonga hacia América del Sur, y dos grandes escotaduras, los mares de Ross y Weddell y sus plataformas de hielo. Su extensión total es de aproximadamente 14,2 millones de km2 en verano. Durante el invierno, la Antártida dobla su tamaño a causa de la gran cantidad de hielo marino que se forma en su periferia. El verdadero límite de la Antártida no es el litoral del continente en sí mismo, sino la Convergencia Antártica, que es una zona claramente definida en el extremo sur de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, entre los 48° y los 60° latitud S. En este punto, las corrientes frías que fluyen hacia el Norte desde la Antártida se mezclan con corrientes más cálidas en dirección Sur. La Convergencia Antártica marca una clara diferencia física en los océanos. Por estas razones el agua que rodea al continente antártico se considera un océano en sí mismo, a menudo llamado océano Glacial Antártico o Meridional.

Más del 95% de la Antártida está cubierto de hielo, que contiene cerca del 90% de toda el agua dulce del mundo. Debido a esta gruesa capa de hielo, es el más alto de todos los continentes, con una elevación media de unos 2.300 m. El punto más elevado del continente es el macizo Vinson (5.140 m); el más bajo parece ser la fosa subglaciar de Bentley (a 2.499 m bajo el nivel del mar), al oeste de la Antártida. Esta fosa está cubierta por más de 3.000 metros de hielo y nieve. Es posible que existan puntos aún más bajos, pero todavía no han sido descubiertos.

Siete países (Argentina, Australia, Chile, Francia, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Noruega) reivindican la soberanía de ciertos territorios de la Antártida, pero desde el Tratado Antártico de 1961 estas demandas han sido abandonadas en favor de la cooperación internacional en las investigaciones científicas.

La Antártida fue la parte central de un antiguo continente, Gondwana. Cuando Gondwana se separó a finales del mesozoico y principios del cenozoico (hace unos 100 millones de años) para formar los continentes del hemisferio sur, la Antártida derivó desde la zona tropical hasta su actual posición polar.

La Antártida consta de dos importantes zonas geológicas. La más grande de las dos, la Antártida oriental, se extiende en su mayoría por el hemisferio este. Es probablemente un escudo precámbrico cubierto por miles de metros de hielo. La era precámbrica transcurrió desde hace 570 millones hasta hace 400 millones de años. La Antártida occidental, casi totalmente dentro del hemisferio oeste, parece ser una continuación de la cordillera de los Andes; glaciólogos y geólogos especulan con la posibilidad de que la Antártida occidental se convirtiera en un archipiélago en caso de que la capa de hielo se retirara.

Las dos zonas de la Antártida están separadas por los montes Trasantárticos, una elevada zona montañosa que se extiende por todo el continente, aunque algunas partes están enterradas bajo la capa de hielo.

En el interior de estas montañas existen depósitos de carbón y restos fósiles relacionados con el originario clima tropical. La Antártida oriental, un escudo precámbrico geológicamente estable, está cubierta de depósitos sedimentarios e ígneos. La estructura geológica de la Antártida occidental se conoce peor, pero al menos existen dos volcanes activos en el área, el más alto de los dos es el monte Erebus (3.794 m). Los suelos antárticos se clasifican como suelos secos de desierto polar, y se encuentran en varios valles en desglaciación (sin hielo) u oasis y en partes del norte de la península Antártica.

Durante los últimos años se han realizado numerosos descubrimientos Paleontológicos en la Isla James Ross pertenecientes al Sector Antártico Argentino, cuyas expediciones fueron apoyadas por la colaboración destacada de los geólogos del Instituto Antártico Argentino, como así también, en otros sectores del continente blanco. En una de las penínsulas de la Isla James Ross y conocida como "El Morro" se realizaron numerosos estudios y se proyectan otros, cuya área de observación se encuentra a 50 kilómetros de la Base Marambio.   

Características Ambientales y Climáticas del pasado del Sector Antártico.

Hasta los años 80, Australia había producido pocos dinosaurios, y no había venido ninguno de Nueva Zelanda o Antártida. Había varias explicaciones para que las rocas portadoras de fósiles fueran difíciles de encontrar. Las llanuras y las erosiones destruyen muchos fósiles mesozoicos en Australia, las rocas volcánicas ocupan gran parte de Nueva Zelanda, y una inmensa placa de hielo cubre la Antártida. Todavía no sabemos cómo los dinosaurios habitaron estas tres partes de Pangea, teniendo en cuenta que el contienente estaba dividido en once partes.

La evidencia fósil que explica el congelamiento de la Antártica.

Científicos de la Universidad James Cook y del Instituto de Ciencia Marina, de Australia, afirman que el cambio climático puede estar causando que los peces de arrecife se pierdan y sean incapaces de regresar a las áreas de desove, lo que tendría graves consecuencias para la supervivencia de esos ecosistemas.

Evidencia fósil de un enfriamiento de los océanos hace 35 millones de años podría haber resuelto el misterio sobre cómo la Antártida se congeló en uno de los mayores cambios climáticos en la historia de la Tierra, dijeron los científicos.

Las señales fósiles de una caída de 2.5 grados Celsius en las temperaturas oceánicas, suficiente para provocar la formación de la capa de hielo de la Antártida, también podrían ayudar a entender si el continente se derretirá por el calentamiento global moderno. Un derretimiento total de la Antártida aumentaría el nivel del mar en aproximadamente 57 metros a lo largo de miles de años. Inclusive uno menor podría amenazar ciudades costeras, desde Nueva York a Shangai, así como a islas de poca altura.

“La nueva evidencia podría ayudar a resolver el misterio de por qué la Antártida se congeló”, precisó la Universidad de Cardiff sobre un estudio de científicos en Gales y Estados Unidos, publicado por la revista Geology, de la Geological Society of America. “Ahora entendemos mejor el sistema. Algunos otros registros sugieren que inclusive hubo un calentamiento en ese momento, lo cual era realmente confuso”, dijo Caroline Lear, investigadora de la universidad y autora del estudio.

El estudio, sobre animales fosilizados del tamaño de una cabeza de alfiler, conocidos como foraminíferas y hallados en lodo en Tanzania, mostró que los océanos se enfriaron hace 35 millones de años, quizás después de cambios en la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

En temperaturas más frías los caparazones de las foraníferas contienen menos magnesio que en aguas más cálidas. Los sedimentos habían sido originalmente parte del océano Índico.

La nueva evidencia podría reforzar los modelos climáticos modernos que han luchado por explicar el antiguo comportamiento de las capas de hielo. “Ahora podemos tener más confianza en lo que los modelos climáticos predicen”, comentó Lear.

Los registros indican que el hielo de la Antártida se formó cuando los niveles de concentración de dióxido de carbono (CO2), producido naturalmente por organismos vivos, y ahora el principal gas de efecto invernadero industrial moderno, eran aproximadamente el doble de los actuales en la atmósfera.

“Pero no se puede simplemente decir que si los niveles de CO2 llegan al doble de donde están hoy, la capa de hielo antártica se derretirá”, dijo. Agregó que el vasto bloque de hielo actúa como un congelador que ralentiza el derretimiento.

El nivel del mar está destinado a bajar dentro de millones de años, lo que hace que el actual ascenso, debido al cambio climático, sea una breve interrupción de una antigua tendencia geológica, explicaron científicos. Los investigadores señalaron que los océanos se hacen cada vez más profundos y que el nivel del mar cayó unos 170 metros desde el periodo cretácico, hace unos 80 millones de años, durante la era de los dinosaurios. Anteriormente, esta poco comprendida caída había sido estimada entre 40 y 250 metros.

“El fondo del océano se volvió más viejo en promedio y se hundió, por lo que el nivel del mar también descendió”, dijo Bernard Steinberger, del Geological Survey, de Noruega, y uno de los cinco autores de un informe publicado en la revista Science.

“La tendencia continuará”, aseguró. Un modelo por computadora basado en los mejorados entendimientos de los cambios de tamaño en las placas tectónicas de los continentes en la corteza terrestre prevé que el fondo del océano se hará más profundo, por lo que el nivel del mar descenderá 120 metros a lo largo de 80 millones de años.

Si los niveles del mar bajaran de esta forma, Rusia estaría conectada con Alaska por tierra en lo que ahora constituye el estrecho de Bering, Gran Bretaña sería parte de Europa continental y Australia y Papua serían parte de la misma masa de tierra.

El nivel del mar no aumentará

El estudio ayuda a comprender el funcionamiento del nivel del mar, mostrando cómo la geología ha jugado un papel importante junto a las eras glaciales, que pueden succionar vastas cantidades de agua desde el océano hasta la tierra.

“Si los seres humanos todavía existimos en 10, 20 o 50 millones de años, sin considerar la forma en que las capas de hielo se derriten y decrecen, en el largo plazo (...) el nivel del mar descenderá, no aumentará”, dijo el director del estudio, Dietmar Muller, perteneciente a la Universidad de Sidney.

Según el estudio, la caída sería de 0.015 centímetros por siglo, algo irrelevante cuando la Organización de las Naciones Unidas estima que el nivel del mar aumentará entre 18 y 59 centímetros para el año 2100, debido al calentamiento global provocado por la utilización de combustibles fósiles.

“Comparado con lo que se espera debido al cambio climático, este descenso será insignificante”, dijo Steinberger.

Fuente: Paleo - Boletín Paleontologico.

Paleofauna del Sector Antártico Argentino.

La Antártida estaba poblada por dinosaurios, pero la mayor parte del continente está cubierta de hielo, lo que dificulta las excavaciones.

El Primer Hallazgo.

Sergio Vizcaíno, Alfredo Carlini y Marcelo Reguero, del Museo de La Plata, fueron los primeros investigadores argentinos que describieron un mamífero fósil continental proveniente de la Antártida. El fósil era un fragmento mandibular de un marsupial emparentado con las comadrejas, hallado en 1987 en sedimentos marinos del Eoceno tardío de la isla Vicecomodoro Marambio. Este animal vivió en este continente con climas mas calidos que los actuales. Su cadáver cayo o fue arrastrado por la marea y sus restos se depositaron en sedimentos marinos - continentales.

Aspecto del pequeño marsupial antártico.

Vegavis iaai.

Los patos, gansos y cisnes que vemos en la actualidad están emparentados con miembros del linaje de las aves que coexistieron con dinosaurios no avianos, según un estudio desarrollado por investigadores argentinos y estadounidenses. El hallazgo se produjo a partir del análisis de un esqueleto parcial de 71 millones de años perteneciente a un ejemplar macho y adulto llamado Vegavis iaai, encontrado en 1992 en la Isla Vega, en la Antártida."Este trabajo constituye la evidencia fósil definitiva de que existían aves pertenecientes a linajes actuales en el Cretácico", explicó la investigadora argentina Claudia Tambussi, una de las autoras del estudio.

Aspecto de pato Cretácico de la Antartida.

 

Hadrosaurio s.p.

Una expedición dirigida por Jim Martin, del Museo Geológico de Dakota del Sur, en Estados Unidos, encontró los restos de un Hadrosaurio de constitución similar a la de un pato en las remotas islas de Vega y Seymour, también cerca de la punta sur de Sudamérica a principios de 1998. Los fósiles de dinosaurios de esta parte de la Antártida siempre serán relativamente raros porque las rocas se depositaron en una zona marítima de poca profundidad. Añadió que el hallazgo del Hadrosaurio  fue la "primera prueba concreta" de que Argentina y la Antártida estaban conectadas durante la época de los dinosaurios.

Aspecto que presentaría el Hadrosaurio hallado en la Antartida. Reconstrucción en escala natural del Museo Paleontológico del Comahue, Neuquén.

Ornitisquio indet.

En febrero de 1998, dos geólogos del Instituto Antártico Argentino (Juan Manuel Lilio y Hector Nuñez) viajaron hasta la Península El  Morro, en la Isla James Ross, a unos 50 kilómetros de la Base Marambio, en el Sector Antártico Argentino. Hace 74 millones de años, cuando este  dinosaurio vivía, la Antártida tenía una temperatura promedio de 10 grados, las gruesas capas de hielo que hoy cubren gran parte de su superficie no existían y las lluvias eran abundantes, lo que permitía la  proliferación de una abundante vegetación.
Las aguas que bañaban las costas de este continente era relativamente cálidas y los vientos apacibles.

En febrero de 1999, los dos geólogos regresaron al lugar del hallazgo junto al técnico en paleontología Marcelo Isasi. De ambas exploraciones (1998 y 1999) resultó gran parte de una extremidad posterior derecha: parte del fémur, tibia, fíbula y tarso. Mientras exploraban la región, con una temperatura de 2 grados bajo cero y vientos de 5 kilómetros por hora, los geólogos dieron con unos peculiares restos  fósiles.
De regreso en Buenos Aires los huesos fueron examinados por el Dr. Fernando Novas, del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia" y se determinó que pertenecían a un dinosaurio ornitisquio.

Reconstrucción del ornitisquio hallado a pocos kilómetros de Base Marambio, en el Sector Antártico Argentino. Vivió durante el Cretácico, hace 70 millones de años.

 

Anquilosaurio s.p.

En 1986 un grupo de científicos Argentinos encontraron en el hemisferio sur el primer dinosaurio acorazado Anquilosáurido, hasta entonces desconocido en toda la región. Los anquilosaurios del Cretácico más comunes fueron los del Cretácico Tardío de Norteamérica, aunque también hay algunos hallazgos excepcionales en el Cretácico Temprano de Europa y Asia.

Todos los ankylosaurios eran vegetarianos y tenían una armadura de espinas, protuberancias y picos en la espalda. La armadura estaba hecha de piezas de hueso que crecían bajo la piel y formaban un duro cascarón sobre la espalda y cuello, lo que probablemente protegía al anquilosaurio de los dientes de los carnívoros. Con el tiempo, esas placas óseas sencillas se hicieron más grandes en algunos dinosaurios, formando grandes espinas o nudos.

Aspecto que presentaría en vida el do Anquilosáurido hallado en la Antártida Argentina.

   
Hipsilofodonte s.p.

En 1989 unos científicos británicos anunciaron un fósil de hipsilofodóntido. Ambos procedían de rocas del Cretácico superior de la Isla James Ross de la península antártica.

Se trata de un herbívoro de tamaño medio y abre la discusión respecto a la separación continental y la migración de la paleofauna Mesozoica.

 

Hipsilofodonte procedente de la Antartida Argentina.

 

Mosasaurio s.p

Fueron unos exitosos animales que se alimentaban de peces y grandes Anmonites. Tenían una diversificación muy importante en los mares del Cretácico tardío, época en que otros reptiles estaban en decadencia, como los Plesiosaurios y los Ictiosaurios. El tamaño de estos ejemplares varían de 9 a 15 metros de largo. Su cuerpo era delgado con una cola ancha y plana que usaba para impulsarse al nadar, ya que sus extremidades se habían transformado en aletas. Sus mandíbulas presentaban dientes cónicos y muy afilados.

 

Reconstrucción en vivo del Mosaurio hallado en el sector Antártico Argentino.

Iguanodontia indet.

Los fósiles de un nuevo dinosaurio nómade adaptado al clima templado fueron desenterrados de una isla de la Antártida cercana al extremo austral de Sudamérica, y aunque todavía no se han podido estudiar con profundidad, los expertos ya lo consideran un raro hallazgo.

Los huesos de la pierna y otro del muslo de un herbívoro bípedo de cuatro metros de longitud se encontraron en febrero en la playa rocosa de la Isla James Ross, 50 kilómetros al sur de la base Argentina de Marambio en la punta sur de la península Antártica.

Todavía expectantes respecto a los hallazgos, dos geólogos del Instituto Antártico Argentino mostraron los huesos fosilizados que tienen 74 millones de años a Fernando Novas, un paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires. "Este era un tipo de dinosaurio todavía desconocido. Ahora se han descubierto cinco especies de dinosaurios en la Antártida".

Este ejemplar pertenece al género Iguanodonte, un tipo de dinosaurio del Jurásico superior que se descubrió por primera vez en Gran Bretaña. Tenía cuatro extremidades, cola larga, cuello corto, se podía erguir, y vivía en un clima templado.

El descubrimiento muestra que los dinosaurios podrían haberse adaptado a diferentes tipos de climas, tales como el clima antártico de aquella época, en que la temperatura del agua oscilaba entre los 10 y los 12 grados.

Reconstrucción en vivo del Iguanodonte descubierto en el Sector Antártico Argentino.

Aspectos históricos de las primeras exploraciones y conquista del Polo Sur.

De 1819 a 1821, una expedición rusa bajo el mando del oficial naval y explorador Fabian von Bellingshausen circunnavegó la Antártida y descubrió algunas islas cercanas a la costa. Probablemente los primeros grupos en avistar el continente fueron el del cazador de focas estadounidense Nathaniel Palmer y el de los oficiales navales británicos William Smith y Edward Branfield; ambos navegaron cerca de la punta de la península Antártica en 1820. El primer desembarco conocido fue realizado el 7 de febrero de 1821 por otro cazador de focas estadounidense, el capitán de navío John Davis. En 1823 el ballenero británico James Weddell descubrió el mar que lleva su nombre y penetró hasta el punto más meridional que ningún barco hubo alcanzado jamás.

Sin embargo, sólo se concedió el rango de continente a la Antártida a partir de 1840. Tres expediciones nacionales separadas —una expedición francesa a cargo de Jules Dumont d’Urville, una expedición británica al mando de James Ross y una estadounidense dirigida por el capitán de navío Charles Wilkes— navegaron un trecho de costa suficiente como para darse cuenta de que la tierra cubierta de hielo que vieron era realmente una masa continental.

Desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX numerosas expediciones visitaron la Antártida. Con el estímulo del Congreso Geográfico Internacional varias naciones enviaron expediciones, como la belga, dirigida por Adrien de Gerlache; la británica, dirigida por Robert Scott y Carsten Borchgrevink y la alemana, dirigida por Erich von Drygalski. Gerlache llevó su expedición, la primera realmente científica, a la parte del océano Pacífico de la península Antártica; quedó atrapado en el hielo y pasó el invierno de 1897-1898 allí. La expedición de Borchgrevink desembarcó en 1899 en cabo Adare y se convirtió en el primer grupo de hombres que pasó un invierno en tierra. La expedición de Scott en 1901-1904 usó la isla Ross en el estrecho de McMurdo como base y exploró la plataforma de hielo de Ross y la Tierra Victoria. Desde 1901 a 1903, Drygalski, que era geofísico, guió una expedición por la costa del océano Índico de la Antártida. Scott y Drygalski llevaron globos cautivos y los utilizaron para la observación aérea de la superficie de la Antártida. En esa época también hubo expediciones bajo patrocinio privado: desde Suecia, dirigida por Otto Nordenskjöld; desde Escocia, dirigida por William Bruce, y desde Francia, dirigida por Jean Charcot.

La búsqueda del polo sur fue el propósito dominante en la siguiente serie de expediciones antárticas. De 1907 a 1909, Ernest Shackleton encabezó una expedición británica que llegó a 156 kilómetros de distancia del polo sur antes de verse obligado a regresar por la falta de provisiones.

Una segunda expedición británica, dirigida por Robert Scott, entró en escena en 1910, al igual que la expedición noruega comandada por Roald Amundsen. Con la ayuda de trineos arrastrados por perros, Amundsen y cuatro miembros de su expedición llegaron al polo sur el 14 de diciembre de 1911. Scott y los cuatro miembros de su equipo llegaron al polo el 18 de enero de 1912, tras arrastrar sus trineos durante la parte más difícil de su ruta. Todos los miembros del grupo de Scott murieron en el viaje de vuelta después de que los noruegos regresaran a su base con éxito. Shackleton volvió a la Antártida en 1914 para intentar cruzar el continente, pero su barco, el Endurance, quedó atrapado en el hielo y fue aplastado. Shackleton y sus hombres volvieron a la isla Elephant, después de cruzar los témpanos de hielo, y finalmente fueron rescatados en agosto de 1916.

Las exploraciones científicas y sistemáticas a largo plazo de la Antártida comenzaron con el Año Geofísico Internacional (AIG) —del 1 de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958. Doce países establecieron más de sesenta estaciones científicas en la Antártida durante el AIG y recorrieron la mayor parte del continente. Cuando el AIG llegó a su fin, las doce naciones decidieron continuar sus investigaciones durante el año de Cooperación Geofísica Internacional. Los representantes de dichos estados se reunieron en Washington, Estados Unidos, en 1959 para redactar y firmar el Tratado de la Antártida, que decidió dedicar el continente austral por entero a la investigación científica con fines pacíficos; el acuerdo entró en vigor en 1961, y por él se suspendieron todas las demandas territoriales. En 1978 se celebró la Convención para la Conservación de las Focas Antárticas. En 1991, 24 países aprobaron en Madrid un protocolo al Tratado que prohibía la explotación petrolífera o de cualquier otro mineral durante al menos 50 años, si bien no se logró pleno consenso para declarar a la Antártida parque natural mundial. Y en 1994, ante el peligro que suponía su caza indiscriminada, se acordó crear un santuario antártico para las ballenas.

En la Antártida se han realizado notables investigaciones científicas entre las que se incluyen estudios de glaciología, meteorología, geomagnetismo, control del clima mundial, sismología y física ionosférica. Los océanos ricos en nutrientes que rodean la Antártida son un importante foco de investigación. Los biólogos han descubierto que los peces de aguas antárticas tienen un componente anticongelante en su sangre que les permite soportar temperaturas bajo cero. Estudios realizados sobre la historia biológica de pingüinos, focas y krill (una potencial fuente de alimento mundial) han proporcionado información nueva sobre la ecología de estas especies. Estudios de carácter internacional han mejorado la comprensión de la reproducción del krill y han permitido a los científicos mejorar sus predicciones sobre los límites seguros para la recolección de este animal.

Los geólogos han reconocido las zonas de rocas más expuestas del continente, incrementando el conocimiento sobre las estructuras geológicas básicas y la historia de la Antártida. Los geólogos glaciares, que estudian los restos del pasado de los glaciares, han descubierto que la Antártida contuvo en alguna época mucho más hielo del que contiene ahora. Los restos fósiles hallados incluyen logros como el descubrimiento de los primeros restos de mamíferos encontrados allí, en 1982, y, el hallazgo del primer dinosaurio fosilizado en 1986. Fósiles de este tipo han proporcionado hasta ahora una secuencia casi completa de la separación del antiguo continente Gondwana. Los vulcanólogos han estudiado extensamente el monte Siple y el volcán en activo del monte Erebus. Los geólogos han recogido miles de meteoritos (incluyendo unos pocos y raros fragmentos lunares), apreciados especialmente por haberse preservado a salvo en el hielo de la acción de los elementos u otros deterioros.

Incluso la capa de hielo ha sido materia de intenso estudio durante mucho tiempo. Los glaciólogos de varios países han empleado modernos métodos de investigación como la radioglaciología para obtener información sobre el paisaje debajo de la capa de hielo y descubrir grandes lagos entre el suelo y el fondo del hielo. Los satélites han sido utilizados para trazar el lento movimiento de la superficie de hielo. Los núcleos de hielo de la Antártida dispuestos en hileras, que incluyen un núcleo completo al fondo de la plataforma de hielo de Ross y uno a través del hielo de la Antártida occidental en la estación Byrd, permitieron a científicos franceses, rusos y estadounidenses trazar los cambios climáticos en el continente a lo largo de un periodo de miles de años. Los científicos franceses han colocado radiotransmisores en los icebergs para seguir su movimiento y representantes de los gobiernos de Arabia Saudí y Australia han considerado la posibilidad de remolcar icebergs a regiones áridas necesitadas de agua.

Los científicos también han realizado estudios sobre el calentamiento global del continente. En 1995 surgió un número extraordinariamente grande de icebergs, alterando radicalmente las dimensiones de la placa de hielo.

Los expertos meteorológicos han realizado continuos registros durante alrededor de veinticinco años que proporcionan datos sobre la función de la Antártida en el clima mundial. Una de esas contribuciones ha sido el descubrimiento, observado por primera vez por científicos británicos en 1985, del llamado ‘agujero en la capa de ozono’, que se desarrolla cada primavera antártica en la estratosfera por encima del continente y que desaparece total o parcialmente al final de la estación. El significado de esta reducción en la capa de ozono en las cercanías del polo sur continúa en estudio. Puede ser un fenómeno natural en parte, pero la evidencia indica que la pérdida de ozono está relacionada con el problema de la liberación de clorofluorocarbonos a la atmósfera.

Se han hecho grandes descubrimientos acerca del comportamiento de los virus en un entorno frío y aislado. A menudo durante el invierno, cuando la Antártica está aislada del mundo exterior, se realizan experimentos psicológicos y estudios sobre el sueño.

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