Fragmento del articulo publicado
originalmente: Magnussen Saffer, Mariano. (2009). Paleontología en
el Continente Antártico. Paleo, Boletín Paleontológico. Año
7. 37: 28-32.
La Antártida o Antartica,
cuarto continente más grande del mundo, situado casi en su totalidad
al sur de los 66°30’ latitud S (el círculo polar antártico), que
rodea al polo sur. En general, su forma es circular con un largo
brazo —la península Antártica—, que se prolonga hacia América del
Sur, y dos grandes escotaduras, los mares de Ross y Weddell y sus
plataformas de hielo. Su extensión total es de aproximadamente 14,2
millones de km2 en verano. Durante el invierno, la Antártida dobla
su tamaño a causa de la gran cantidad de hielo marino que se forma
en su periferia. El verdadero límite de la Antártida no es el
litoral del continente en sí mismo, sino la Convergencia Antártica,
que es una zona claramente definida en el extremo sur de los océanos
Atlántico, Índico y Pacífico, entre los 48° y los 60° latitud S. En
este punto, las corrientes frías que fluyen hacia el Norte desde la
Antártida se mezclan con corrientes más cálidas en dirección Sur. La
Convergencia Antártica marca una clara diferencia física en los
océanos. Por estas razones el agua que rodea al continente antártico
se considera un océano en sí mismo, a menudo llamado océano Glacial
Antártico o Meridional.
Más del 95% de la
Antártida está cubierto de hielo, que contiene cerca del 90% de toda
el agua dulce del mundo. Debido a esta gruesa capa de hielo, es el
más alto de todos los continentes, con una elevación media de unos
2.300 m. El punto más elevado del continente es el macizo Vinson
(5.140 m); el más bajo parece ser la fosa subglaciar de Bentley (a
2.499 m bajo el nivel del mar), al oeste de la Antártida. Esta fosa
está cubierta por más de 3.000 metros de hielo y nieve. Es posible
que existan puntos aún más bajos, pero todavía no han sido
descubiertos.
Siete países (Argentina, Australia, Chile, Francia, Gran Bretaña,
Nueva Zelanda y Noruega) reivindican la soberanía de ciertos
territorios de la Antártida, pero desde el Tratado Antártico de 1961
estas demandas han sido abandonadas en favor de la cooperación
internacional en las investigaciones científicas.
La Antártida fue la parte central de un antiguo continente, Gondwana.
Cuando Gondwana se separó a finales del mesozoico y principios del
cenozoico (hace unos 100 millones de años) para formar los
continentes del hemisferio sur, la Antártida derivó desde la zona
tropical hasta su actual posición polar.
La Antártida consta de
dos importantes zonas geológicas. La más grande de las dos, la
Antártida oriental, se extiende en su mayoría por el hemisferio
este. Es probablemente un escudo precámbrico cubierto por miles de
metros de hielo. La era precámbrica transcurrió desde hace 570
millones hasta hace 400 millones de años. La Antártida occidental,
casi totalmente dentro del hemisferio oeste, parece ser una
continuación de la cordillera de los Andes; glaciólogos y geólogos
especulan con la posibilidad de que la Antártida occidental se
convirtiera en un archipiélago en caso de que la capa de hielo se
retirara.
Las dos zonas de la Antártida están separadas por los montes
Trasantárticos, una elevada zona montañosa que se extiende por todo
el continente, aunque algunas partes están enterradas bajo la capa
de hielo.
En el interior de estas
montañas existen depósitos de carbón y restos fósiles
relacionados con el originario clima tropical. La Antártida oriental, un escudo
precámbrico geológicamente estable, está cubierta de
depósitos sedimentarios e ígneos. La estructura geológica de
la Antártida occidental se conoce peor, pero al menos
existen dos volcanes activos en el área, el más alto de los
dos es el monte Erebus (3.794 m). Los suelos antárticos se
clasifican como suelos secos de desierto polar, y se
encuentran en varios valles en desglaciación (sin hielo) u
oasis y en partes del norte de la península Antártica.
Durante los últimos años
se han realizado numerosos descubrimientos Paleontológicos en la
Isla James Ross pertenecientes al Sector Antártico Argentino, cuyas
expediciones fueron apoyadas por la colaboración destacada de los
geólogos del Instituto Antártico Argentino, como así también, en
otros sectores del continente blanco. En una de las penínsulas de
la Isla James Ross y conocida como "El Morro" se
realizaron numerosos estudios y se proyectan otros, cuya área de
observación se encuentra a 50 kilómetros de la Base Marambio.
Características
Ambientales y Climáticas del pasado del Sector Antártico.
Hasta los años 80,
Australia había producido pocos dinosaurios, y no había venido
ninguno de Nueva Zelanda o Antártida. Había varias explicaciones
para que las rocas portadoras de fósiles fueran difíciles de
encontrar. Las llanuras y las erosiones destruyen muchos fósiles
mesozoicos en Australia, las rocas volcánicas ocupan gran parte de
Nueva Zelanda, y una inmensa placa de hielo cubre la Antártida.
Todavía no sabemos cómo los dinosaurios habitaron estas tres
partes de Pangea, teniendo en cuenta que el contienente estaba
dividido en once partes.
La evidencia
fósil que explica el congelamiento de la Antártica.
Científicos de la Universidad James Cook y del Instituto de
Ciencia Marina, de Australia, afirman que el cambio climático puede
estar causando que los peces de arrecife se pierdan y sean incapaces de
regresar a las áreas de desove, lo que tendría graves consecuencias para
la supervivencia de esos ecosistemas.
Evidencia fósil de un
enfriamiento de los océanos hace 35 millones de años podría haber
resuelto el misterio sobre cómo la Antártida se congeló en uno de los
mayores cambios climáticos en la historia de la Tierra, dijeron los
científicos.
Las señales fósiles de
una caída de 2.5 grados Celsius en las temperaturas oceánicas,
suficiente para provocar la formación de la capa de hielo de la
Antártida, también podrían ayudar a entender si el continente se
derretirá por el calentamiento global moderno. Un derretimiento total de
la Antártida aumentaría el nivel del mar en aproximadamente 57 metros a
lo largo de miles de años. Inclusive uno menor podría amenazar ciudades
costeras, desde Nueva York a Shangai, así como a islas de poca altura.
“La nueva evidencia
podría ayudar a resolver el misterio de por qué la Antártida se
congeló”, precisó la Universidad de Cardiff sobre un estudio de
científicos en Gales y Estados Unidos, publicado por la revista
Geology,de la Geological Society of America. “Ahora
entendemos mejor el sistema. Algunos otros registros sugieren que
inclusive hubo un calentamiento en ese momento, lo cual era realmente
confuso”, dijo Caroline Lear, investigadora de la universidad y autora
del estudio.
El estudio, sobre
animales fosilizados del tamaño de una cabeza de alfiler, conocidos como
foraminíferas y hallados en lodo en Tanzania, mostró que los océanos se
enfriaron hace 35 millones de años, quizás después de cambios en la
órbita de la Tierra alrededor del Sol.
En temperaturas
más frías los caparazones de las foraníferas contienen menos
magnesio que en aguas más cálidas. Los sedimentos habían sido
originalmente parte del océano Índico.
La nueva
evidencia podría reforzar los modelos climáticos modernos que
han luchado por explicar el antiguo comportamiento de las capas
de hielo. “Ahora podemos tener más confianza en lo que los
modelos climáticos predicen”, comentó Lear.
Los registros indican
que el hielo de la Antártida se formó cuando los niveles de
concentración de dióxido de carbono (CO2), producido
naturalmente por organismos vivos, y ahora el principal gas de efecto
invernadero industrial moderno, eran aproximadamente el doble de los
actuales en la atmósfera.
“Pero no se puede
simplemente decir que si los niveles de CO2 llegan al doble
de donde están hoy, la capa de hielo antártica se derretirá”, dijo.
Agregó que el vasto bloque de hielo actúa como un congelador que
ralentiza el derretimiento.
El nivel del mar está
destinado a bajar dentro de millones de años, lo que hace que el actual
ascenso, debido al cambio climático, sea una breve interrupción de una
antigua tendencia geológica, explicaron científicos. Los investigadores
señalaron que los océanos se hacen cada vez más profundos y que el nivel
del mar cayó unos 170 metros desde el periodo cretácico, hace unos 80
millones de años, durante la era de los dinosaurios. Anteriormente, esta
poco comprendida caída había sido estimada entre 40 y 250 metros.
“El fondo del océano se
volvió más viejo en promedio y se hundió, por lo que el nivel del mar
también descendió”, dijo Bernard Steinberger, del Geological Survey, de
Noruega, y uno de los cinco autores de un informe publicado en la
revista Science.
“La tendencia
continuará”, aseguró. Un modelo por computadora basado en los mejorados
entendimientos de los cambios de tamaño en las placas tectónicas de los
continentes en la corteza terrestre prevé que el fondo del océano se
hará más profundo, por lo que el nivel del mar descenderá 120 metros a
lo largo de 80 millones de años.
Si los niveles del mar
bajaran de esta forma, Rusia estaría conectada con Alaska por tierra en
lo que ahora constituye el estrecho de Bering, Gran Bretaña sería parte
de Europa continental y Australia y Papua serían parte de la misma masa
de tierra.
El nivel del mar no
aumentará
El estudio ayuda a
comprender el funcionamiento del nivel del mar, mostrando cómo la
geología ha jugado un papel importante junto a las eras glaciales, que
pueden succionar vastas cantidades de agua desde el océano hasta la
tierra.
“Si los seres humanos
todavía existimos en 10, 20 o 50 millones de años, sin considerar la
forma en que las capas de hielo se derriten y decrecen, en el largo
plazo (...) el nivel del mar descenderá, no aumentará”, dijo el director
del estudio, Dietmar Muller, perteneciente a la Universidad de Sidney.
Según el estudio, la
caída sería de 0.015 centímetros por siglo, algo irrelevante cuando la
Organización de las Naciones Unidas estima que el nivel del mar
aumentará entre 18 y 59 centímetros para el año 2100, debido al
calentamiento global provocado por la utilización de combustibles
fósiles.
“Comparado con lo que
se espera debido al cambio climático, este descenso será
insignificante”, dijo Steinberger.
Fuente: Paleo - Boletín
Paleontologico.
Paleofauna del
Sector Antártico Argentino.
La Antártida
estaba poblada por dinosaurios, pero la mayor parte del continente
está cubierta de hielo, lo que dificulta las excavaciones.
El Primer Hallazgo.
Sergio
Vizcaíno, Alfredo Carlini y Marcelo Reguero, del Museo de La
Plata, fueron los primeros investigadores argentinos que
describieron un mamífero fósil continental proveniente de la
Antártida. El fósil era un fragmento mandibular de un marsupial
emparentado con las comadrejas, hallado en 1987 en sedimentos
marinos del Eoceno tardío de la isla Vicecomodoro Marambio. Este
animal vivió en este continente con climas mas calidos que los
actuales. Su cadáver cayo o fue arrastrado por la marea y sus
restos se depositaron en sedimentos marinos - continentales.
Aspecto del
pequeño marsupial antártico.
Vegavis iaai.
Los patos, gansos y cisnes que vemos en la
actualidad están emparentados con miembros del linaje de las aves
que coexistieron con dinosaurios no avianos, según un estudio
desarrollado por investigadores argentinos y estadounidenses.
El hallazgo se produjo a partir del análisis
de un esqueleto parcial de 71 millones de años perteneciente a un
ejemplar macho y adulto llamado Vegavis iaai, encontrado en 1992 en
la Isla Vega, en la Antártida."Este trabajo constituye la evidencia fósil
definitiva de que existían aves pertenecientes a linajes actuales en
el Cretácico", explicó la investigadora argentina Claudia Tambussi,
una de las autoras del estudio.
Aspecto de pato
Cretácico de la Antartida.
Hadrosaurio
s.p.
Una expedición
dirigida por Jim Martin, del Museo Geológico de Dakota del Sur, en
Estados Unidos, encontró los restos de un Hadrosaurio de constitución
similar a la de un pato en las remotas islas de Vega y Seymour,
también cerca de la punta sur de Sudamérica a principios de 1998.
Los fósiles de dinosaurios de esta
parte de la Antártida siempre serán relativamente raros porque las
rocas se depositaron en una zona marítima de poca profundidad.
Añadió que el hallazgo del
Hadrosaurio fue la "primera prueba concreta" de que
Argentina y la Antártida estaban conectadas durante la época de
los dinosaurios.
Aspecto que
presentaría el Hadrosaurio hallado en la Antartida.
Reconstrucción en escala natural del Museo Paleontológico del
Comahue, Neuquén.
Ornitisquio
indet.
En
febrero de 1998, dos geólogos del Instituto Antártico Argentino
(Juan Manuel Lilio y Hector Nuñez) viajaron hasta la Península El
Morro, en la Isla James Ross, a unos 50 kilómetros de la Base
Marambio, en el Sector Antártico Argentino.
Hace 74 millones de años, cuando este dinosaurio vivía, la
Antártida tenía una temperatura promedio de 10 grados, las gruesas
capas de hielo que hoy cubren gran parte de su superficie no existían
y las lluvias eran abundantes, lo que permitía la proliferación
de una abundante vegetación.
Las aguas que bañaban las costas de este continente era
relativamente cálidas y los vientos apacibles.
En febrero de 1999, los dos geólogos regresaron al lugar del
hallazgo junto al técnico en paleontología Marcelo Isasi. De
ambas exploraciones (1998 y 1999) resultó gran parte de una
extremidad posterior derecha: parte del fémur, tibia, fíbula y
tarso.
Mientras exploraban la región, con una temperatura de 2 grados bajo
cero y vientos de 5 kilómetros por hora, los geólogos dieron con
unos peculiares restos fósiles.
De regreso en Buenos Aires los huesos fueron examinados por el Dr.
Fernando Novas, del Museo Argentino de Ciencias Naturales
"Bernardino Rivadavia" y se determinó que pertenecían a un
dinosaurio ornitisquio.
Reconstrucción del ornitisquio
hallado a pocos kilómetros de Base Marambio, en el Sector
Antártico Argentino. Vivió durante el Cretácico, hace 70
millones de años.
Anquilosaurio
s.p.
En 1986 un grupo
de científicos Argentinos encontraron en el hemisferio sur el
primer dinosaurio acorazado Anquilosáurido, hasta entonces
desconocido en toda la región. Los anquilosaurios del Cretácico más
comunes fueron los del Cretácico Tardío de Norteamérica, aunque
también hay algunos hallazgos excepcionales en el Cretácico Temprano
de Europa y Asia.
Todos los ankylosaurios eran
vegetarianos y tenían una armadura de espinas, protuberancias y
picos en la espalda. La armadura estaba hecha de piezas de hueso que
crecían bajo la piel y formaban un duro cascarón sobre la espalda y
cuello, lo que probablemente protegía al anquilosaurio de los
dientes de los carnívoros. Con el tiempo, esas placas óseas
sencillas se hicieron más grandes en algunos dinosaurios, formando
grandes espinas o nudos.
Aspecto que
presentaría en vida el do Anquilosáurido hallado en la
Antártida Argentina.
Hipsilofodonte
s.p.
En 1989 unos científicos británicos
anunciaron un fósil de hipsilofodóntido. Ambos procedían de rocas
del Cretácico superior de la Isla James Ross de la península antártica.
Se trata de un herbívoro de
tamaño medio y abre la discusión respecto a la separación
continental y la migración de la paleofauna Mesozoica.
Hipsilofodonte
procedente de la Antartida Argentina.
Mosasaurio s.p
Fueron
unos exitosos animales que se alimentaban de peces y grandes
Anmonites. Tenían una diversificación muy importante en los mares
del Cretácico tardío, época en que otros reptiles estaban en
decadencia, como los Plesiosaurios y los Ictiosaurios. El tamaño de
estos ejemplares varían de 9 a 15 metros de largo. Su cuerpo era
delgado con una cola ancha y plana que usaba para impulsarse al
nadar, ya que sus extremidades se habían transformado en aletas.
Sus mandíbulas presentaban dientes cónicos y muy afilados.
Reconstrucción en vivo del
Mosaurio hallado en el sector Antártico Argentino.
Iguanodontia
indet.
Los fósiles de un nuevo
dinosaurio nómade adaptado al clima templado fueron desenterrados
de una isla de la Antártida cercana al extremo austral de Sudamérica,
y aunque todavía no se han podido estudiar con profundidad, los
expertos ya lo consideran un raro hallazgo.
Los huesos de la
pierna y otro del muslo de un herbívoro bípedo de cuatro metros de
longitud se encontraron en febrero en la playa rocosa de la Isla
James Ross, 50 kilómetros al sur de la base Argentina de Marambio
en la punta sur de la península Antártica.
Todavía expectantes
respecto a los hallazgos, dos geólogos del Instituto Antártico
Argentino mostraron los huesos fosilizados que tienen 74 millones de
años a Fernando Novas, un paleontólogo del Museo Argentino de
Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires.
"Este era un
tipo de dinosaurio todavía desconocido. Ahora se han descubierto
cinco especies de dinosaurios en la Antártida".
Este ejemplar
pertenece al género Iguanodonte, un tipo de dinosaurio del Jurásico
superior que se descubrió por primera vez en Gran Bretaña. Tenía
cuatro extremidades, cola larga, cuello corto, se podía erguir, y
vivía en un clima templado.
El descubrimiento
muestra que los dinosaurios podrían haberse adaptado a diferentes
tipos de climas, tales como el clima antártico de aquella época,
en que la temperatura del agua oscilaba entre los 10 y los 12
grados.
Reconstrucción
en vivo del Iguanodonte descubierto en el Sector Antártico
Argentino.
Aspectos históricos de las primeras exploraciones y
conquista del Polo Sur.
De 1819 a 1821, una expedición rusa bajo
el mando del oficial naval y explorador Fabian von Bellingshausen
circunnavegó la Antártida y descubrió algunas islas cercanas a la
costa. Probablemente los primeros grupos en avistar el continente
fueron el del cazador de focas estadounidense Nathaniel Palmer y el
de los oficiales navales británicos William Smith y Edward Branfield;
ambos navegaron cerca de la punta de la península Antártica en 1820.
El primer desembarco conocido fue realizado el 7 de febrero de 1821
por otro cazador de focas estadounidense, el capitán de navío John
Davis. En 1823 el ballenero británico James Weddell descubrió el mar
que lleva su nombre y penetró hasta el punto más meridional que
ningún barco hubo alcanzado jamás.
Sin embargo, sólo se concedió el rango de continente a la Antártida
a partir de 1840. Tres expediciones nacionales separadas —una
expedición francesa a cargo de Jules Dumont d’Urville, una
expedición británica al mando de James Ross y una estadounidense
dirigida por el capitán de navío Charles Wilkes— navegaron un trecho
de costa suficiente como para darse cuenta de que la tierra cubierta
de hielo que vieron era realmente una masa continental.
Desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX numerosas
expediciones visitaron la Antártida. Con el estímulo del Congreso
Geográfico Internacional varias naciones enviaron expediciones, como
la belga, dirigida por Adrien de Gerlache; la británica, dirigida
por Robert Scott y Carsten Borchgrevink y la alemana, dirigida por
Erich von Drygalski. Gerlache llevó su expedición, la primera
realmente científica, a la parte del océano Pacífico de la península
Antártica; quedó atrapado en el hielo y pasó el invierno de
1897-1898 allí. La expedición de Borchgrevink desembarcó en 1899 en
cabo Adare y se convirtió en el primer grupo de hombres que pasó un
invierno en tierra. La expedición de Scott en 1901-1904 usó la isla
Ross en el estrecho de McMurdo como base y exploró la plataforma de
hielo de Ross y la Tierra Victoria. Desde 1901 a 1903, Drygalski,
que era geofísico, guió una expedición por la costa del océano
Índico de la Antártida. Scott y Drygalski llevaron globos cautivos y
los utilizaron para la observación aérea de la superficie de la
Antártida. En esa época también hubo expediciones bajo patrocinio
privado: desde Suecia, dirigida por Otto Nordenskjöld; desde
Escocia, dirigida por William Bruce, y desde Francia, dirigida por
Jean Charcot.
La búsqueda del polo sur fue el
propósito dominante en la siguiente serie de expediciones
antárticas. De 1907 a 1909, Ernest Shackleton encabezó una
expedición británica que llegó a 156 kilómetros de distancia del
polo sur antes de verse obligado a regresar por la falta de
provisiones.
Una segunda expedición británica, dirigida por Robert Scott, entró
en escena en 1910, al igual que la expedición noruega comandada por
Roald Amundsen. Con la ayuda de trineos arrastrados por perros,
Amundsen y cuatro miembros de su expedición llegaron al polo sur el
14 de diciembre de 1911. Scott y los cuatro miembros de su equipo
llegaron al polo el 18 de enero de 1912, tras arrastrar sus trineos
durante la parte más difícil de su ruta. Todos los miembros del
grupo de Scott murieron en el viaje de vuelta después de que los
noruegos regresaran a su base con éxito. Shackleton volvió a la
Antártida en 1914 para intentar cruzar el continente, pero su barco,
el Endurance, quedó atrapado en el hielo y fue aplastado. Shackleton
y sus hombres volvieron a la isla Elephant, después de cruzar los
témpanos de hielo, y finalmente fueron rescatados en agosto de 1916.
Las exploraciones científicas y sistemáticas a largo plazo de la
Antártida comenzaron con el Año Geofísico Internacional (AIG) —del 1
de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958. Doce países
establecieron más de sesenta estaciones científicas en la Antártida
durante el AIG y recorrieron la mayor parte del continente. Cuando
el AIG llegó a su fin, las doce naciones decidieron continuar sus
investigaciones durante el año de Cooperación Geofísica
Internacional. Los representantes de dichos estados se reunieron en
Washington, Estados Unidos, en 1959 para redactar y firmar el
Tratado de la Antártida, que decidió dedicar el continente austral
por entero a la investigación científica con fines pacíficos; el
acuerdo entró en vigor en 1961, y por él se suspendieron todas las
demandas territoriales. En 1978 se celebró la Convención para la
Conservación de las Focas Antárticas. En 1991, 24 países aprobaron
en Madrid un protocolo al Tratado que prohibía la explotación
petrolífera o de cualquier otro mineral durante al menos 50 años, si
bien no se logró pleno consenso para declarar a la Antártida parque
natural mundial. Y en 1994, ante el peligro que suponía su caza
indiscriminada, se acordó crear un santuario antártico para las
ballenas.
En la Antártida se han realizado
notables investigaciones científicas entre las que se incluyen
estudios de glaciología, meteorología, geomagnetismo, control del
clima mundial, sismología y física ionosférica. Los océanos ricos en
nutrientes que rodean la Antártida son un importante foco de
investigación. Los biólogos han descubierto que los peces de aguas
antárticas tienen un componente anticongelante en su sangre que les
permite soportar temperaturas bajo cero. Estudios realizados sobre
la historia biológica de pingüinos, focas y krill (una potencial
fuente de alimento mundial) han proporcionado información nueva
sobre la ecología de estas especies. Estudios de carácter
internacional han mejorado la comprensión de la reproducción del
krill y han permitido a los científicos mejorar sus predicciones
sobre los límites seguros para la recolección de este animal.
Los geólogos han reconocido las zonas de rocas más expuestas del
continente, incrementando el conocimiento sobre las estructuras
geológicas básicas y la historia de la Antártida. Los geólogos
glaciares, que estudian los restos del pasado de los glaciares, han
descubierto que la Antártida contuvo en alguna época mucho más hielo
del que contiene ahora. Los restos fósiles hallados incluyen logros
como el descubrimiento de los primeros restos de mamíferos
encontrados allí, en 1982, y, el hallazgo del primer dinosaurio
fosilizado en 1986. Fósiles de este tipo han proporcionado hasta
ahora una secuencia casi completa de la separación del antiguo
continente Gondwana. Los vulcanólogos han estudiado extensamente el
monte Siple y el volcán en activo del monte Erebus. Los geólogos han
recogido miles de meteoritos (incluyendo unos pocos y raros
fragmentos lunares), apreciados especialmente por haberse preservado
a salvo en el hielo de la acción de los elementos u otros
deterioros.
Incluso la capa de hielo ha sido materia de intenso estudio durante
mucho tiempo. Los glaciólogos de varios países han empleado modernos
métodos de investigación como la radioglaciología para obtener
información sobre el paisaje debajo de la capa de hielo y descubrir
grandes lagos entre el suelo y el fondo del hielo. Los satélites han
sido utilizados para trazar el lento movimiento de la superficie de
hielo. Los núcleos de hielo de la Antártida dispuestos en hileras,
que incluyen un núcleo completo al fondo de la plataforma de hielo
de Ross y uno a través del hielo de la Antártida occidental en la
estación Byrd, permitieron a científicos franceses, rusos y
estadounidenses trazar los cambios climáticos en el continente a lo
largo de un periodo de miles de años. Los científicos franceses han
colocado radiotransmisores en los icebergs para seguir su movimiento
y representantes de los gobiernos de Arabia Saudí y Australia han
considerado la posibilidad de remolcar icebergs a regiones áridas
necesitadas de agua.
Los científicos también han realizado estudios sobre el
calentamiento global del continente. En 1995 surgió un número
extraordinariamente grande de icebergs, alterando radicalmente las
dimensiones de la placa de hielo.
Los expertos meteorológicos han realizado continuos registros
durante alrededor de veinticinco años que proporcionan datos sobre
la función de la Antártida en el clima mundial. Una de esas
contribuciones ha sido el descubrimiento, observado por primera vez
por científicos británicos en 1985, del llamado ‘agujero en la capa
de ozono’, que se desarrolla cada primavera antártica en la
estratosfera por encima del continente y que desaparece total o
parcialmente al final de la estación. El significado de esta
reducción en la capa de ozono en las cercanías del polo sur continúa
en estudio. Puede ser un fenómeno natural en parte, pero la
evidencia indica que la pérdida de ozono está relacionada con el
problema de la liberación de clorofluorocarbonos a la atmósfera.
Se han hecho grandes descubrimientos acerca del comportamiento de
los virus en un entorno frío y aislado. A menudo durante el
invierno, cuando la Antártica está aislada del mundo exterior, se
realizan experimentos psicológicos y estudios sobre el sueño.
Usted es el visitante
numeroque consulta esta sección.
A estas empresas, instituciones,
fundaciones y particulares, les interesa la preservación y la
divulgación de la ciencia y el desarrollo de nuestro país.
Gracias a ellos seguimos en la red.