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Fósiles del Periodo Plioceno de Argentina:

El Periodo Plioceno comprende entre los últimos 5 y 2,5 millones de años de la tierra. En la Republica Argentina se encuentra dividido en tres edades principales.

La edad "Montehermorense" comprende un lapso intermedio entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano. Tiene una antigüedad entre 6 y 4 millones de años. Los depósitos sedimentarios afloran a unos 15 kilómetros al sur de la localidad de Pehuen-co, Provincia de Buenos Aires, Argentina. La edad "Chapadmalalense" es tal vez la mas importante del Periodo Plioceno por la abundancia de restos fósiles y evidencias ambientales. Tiene entre 4 y 3,2 millones de años y corresponden a sedimentos del litoral marítimo pampeano, ubicados entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar, Provincia de Buenos Aires. Durante el Final del Plioceno ocurrieron dos fenómenos naturales  los cuales decidieron la suerte del  80 % de  las especies endémicas  y  autóctonas.  Una de ellas fue el " El Gran Intercambio Biótico Americano"(ver)  fue la migración de los mamíferos al restablecerse la unión entre América del Norte y Sur, provocando la llegada de la fauna invasora. Otro de los fenómenos fue el impacto de un "Asteroide"(ver) el cual ocurrió hace 3,3 millones de años. Recientemente se incluyo la edad "Marplatense", la cual se encuentra dividida en tres sub-edades (sanandresense, vorohuense y barrancalobense) que tienen una antigüedad entre 3,2 y 1,9 millones de años, ubicadas principalmente al sur de la ciudad de Mar del Plata. En el continente se produjo un evidente desplazamiento de distintos grupos de vertebrados hacia condiciones mas favorables existentes al norte de Patagonia.

A partir del Plioceno el registro fósil pertenece exclusivamente a algunas localidades del norte y centro del territorio Argentino, a diferencia de las anteriores que se encontraban principalmente en Patagonia. Existía un gradiente decreciente de humedad en dirección al oeste. En el territorio se desarrollaron las llanuras, con extensas praderas bajo un clima templado - cálido y húmedo. Ingresaron provenientes de Norteamérica numerosas especies de carnívoros placentarios. Posteriormente al elevarse las Sierras Pampeanas se produce una "sombra de lluvias" al este de las mismas, con lo cual se produjo la desertización de las áreas sub-andinas. Este periodo coincide con un deterioro en el clima, con un enfriamiento a nivel global, fenómenos de glaciaciones, un aumento en el gradiente térmico latitudinal, y un descenso en el nivel del mar, lo que provoco la disminución de especies.

Hermosiornis rapax. Kraglievich, 1946.                                               

Cráneo y aspecto de la gigante ave corredora y carnívora, Hermosiornis rapax.

Tibia y tarso de Hermosiornis rapax. Ambas imágenes del Museo de Cs Nat de Mar del Plata.

   

Fémur de Hermosiornis rapax. Museo L. Scaglia.

Cráneo y pico de Hermosiornis rapax.

Ave. Como ya lo habíamos aclarado antes, las aves carnívoras, tanto corredoras como voladoras, durante el terciario alcanzaron dimensiones increíbles y se convirtieron en las principales depredadoras por la ausencia de mamíferos competidores de talla grande. Hermosiornis fue un ave corredora y carnívora, de una altura superior a los 1,8 metros. La punta del pico dirigida hacia abajo como las aves rapaces delatan hábitos carniceros, cuyas principales victimas serian animales de talla media y pequeñas como la de Paedotherium o el Pseudotipotherium, a los cuales corría hasta poder golpearlos con su pico y una detenido, apoyaba sus grandes patas sobre su espalda, clavándole las garras, decidiendo una vez dominado el animal  como lo destrozaría.  Si encontraba algún animal muerto no lo desperdiciaría, sobre todo en épocas de escasees de presas. Sus alas eran muy reducidas, y sus músculos estaban atrofiados, lo que imposibilitaba al ave poder volar. Se extinguieron durante el Plioceno, hace 3 millones de años, sin dejar representantes. Poco después su nicho ecológico fue reemplazado por numerosas especies de mamíferos placentarios que ingresaron al continente por medio del istmo. 


Psiloterus s.p. Moreno y Mercerat, 1891.
     

Cráneo de Psiloterus sp en el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. Reconstrucción Daniel Boh.

 

El cráneo hallado en las proximidades de la ciudad de Miramar pertenece a uno de los últimos representantes de la Subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío, es decir, unos 3,5 millones de años y considerado como Edad Chapadmalalense de la Provincia de Buenos Aires, aunque sus primeros registros proceden del Mioceno temprano - medio (Santacrucense) de Patagonia. El cráneo, cuya longitud actual es de unos 23 centímetros (sin el pico), fue hallado por el actual Director del Museo municipal, el señor Daniel Boh. En su preparación se emplearon técnicas estandarizadas a cargo de su descubridor, consistió en extraer el fósil dentro de un tocón, limpiarlo cuidadosamente con una auja de inseccion y productos quimicos. Esta apreciada pieza se exhibe en el Museo Municipal “Punta Hermengo” de la ciudad de Miramar. Si bien, no se trata de un cráneo muy completo, y fue sepultado en malas condiciones ambientales, posee algo que lo hace único, como la preservación de la esclerotida ocular, esos pequeños y delicados huesesillos ubicados en la orbita ocular. Asimismo se pueden observar las marcas de un par de caninos en su parte superior. El tamaño de esta ave pudo ser de 1,3 metros y se extinguió hace 3 millones de años. Algunos representantes actuales y ciertamente emparentados con esta familia, viven en la Republica Argentina. Los dos y únicos representantes de la Familia Cariamidae: la chuña de patas rojas (Cariama cristata) de unos 95 centímetros de altura y la chuña de patas negras (Chunga burmeisteri) de unos 78 centímetros de altura. La alimentación de esta ave consistía principalmente de pequeños mamíferos como el Paedotherium o Dasipus, un representante de la familia Dasipodidae.


Andalgalornis steulleti.

Ave. Científicos argentinos presentaron los restos fósiles de un fororraco, un ave gigante y carnívora extinguida hace más de tres millones de años, que fueron hallados en la zona sur de Mar del Plata. La presentación fue hecha por el Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, de esta ciudad, que publicará los resultados de la investigación correspondiente en revistas académicas y científicas de todo el mundo. Los fororracos fueron aves corredoras de poca o nula capacidad de vuelo, de tamaño grande a gigante, con hábitos carnívoros predadores, provisto de fuertes garras y un gran pico que utilizaban para despedazar a sus presas. La especie se originó en América del Sur hace más de 50 millones de años y desapareció hace 3,3 millones.  El ejemplar hallado estaba en la zona de la Barranca de los Lobos, cerca del arroyo Lobería, a unos 25 kilómetros al sur de Mar del Plata. Uno de sus descubridores, Alejandro Dondas, jefe de Laboratorio de Paleontología del museo, dijo que el hallado es el fósil de esta especie "más completo que existe en el mundo” y quedó incorporado a la exposición permanente del establecimiento. Dondas señaló que la zona del hallazgo “es un gran yacimiento paleontológico, pero debido a que hay mucha erosión y sedimento se hace difícil trabajar en el lugar, más allá de que es de fácil acceso”. Dondas destacó que gracias a la completud del fósil hallado "de aquí en mas podrán conocerse características y aspectos de los fororracos desconocidas hasta el momento". Explicó que algunas partes anatómicas de esta especie, como por ejemplo, los huesos del paladar o los de la lengua”, nunca se habían visto en el mundo. Hasta ahora, “sólo se habían hallado fragmentos de cráneos, que es la pieza que contiene mayor información, pero nunca encontrados los huesos del paladar y la lengua, como en este caso, y tenemos el 100 por ciento de las piezas, contra un 15 o 20% de partes de esta especie en otros hallazgos”. “En el ejemplar expuesto pueden observarse no sólo todas las partes del esqueleto sino también, excepcionalmente conservados, los anillos escleróticos de los ojos, tendones osificados de las patas o anillos pertenecientes a la tráquea”, completó el investigador.


Presbyornis pervetus. (ejemplar dudoso)

Restos in situ de Presbyornis en el sedimento.

Reconstrucción de Presbyornis, un antiguo pingüino del  Plioceno de Patagonia, Argentina. 

Ave. Se trata de una especie muy representada en sedimentos marinos y costeros de la actual Patagonia, sobre todo en la Provincia de Chubut. Fue un pingüino muy parecido a los ejemplares vivientes. Su alimentación constituida principalmente de peces selectivos, algunos pequeños crustáceos entre otros. Sus alas modificadas producto a la evolución, presentan una estructura propia de aleta, las cuales permitían a este animal nadar a gran velocidad. La mayor parte del tiempo estarían en tierra firme, donde construían sus madrigueras en los pastizales, cuidando y alimentando continuamente a su descendencia en madrigueras, a salvo de los grandes depredadores marinos, los cuales asechaban constantemente a orillas del mar. Un comentario destacado merece el hallazgo del esqueleto articulado de un pingüino fósil, encontrado en el área del Golfo San José, que, por otro lado, constituye uno de los pocos casos conocidos de pingüinos fósiles casi completo, y el único significativo mencionado para el Mioceno medio - tardio y posiblemente Plioceno. Los pingüinos se cuentan entre los vertebrados más frecuentes en los depósitos marinos terciarios del Hemisferio Sur. La mayoría de los ejemplares son restos aislados, siendo los esqueletos asociados muy pocos, contándose sólo uno descripto y dos mencionados. Las conclusiones preliminares indican que el ejemplar corresponde a un nuevo género y especie, observándose numerosas similitudes con las especies vivientes de los géneros Spheniscus y Eudyptes.


Ceratophrys prisca. Boie, 1825.

Cráneo de Ceratophrys y reconstrucción en vivo. Museo Punta Hermengo de Miramar.

Anfibio. Su aspecto era similar a las actuales salamandras. Tenia una cabeza ancha e hidrodinámica como la de un animal nadador y cubierta por ásperas molduras óseas. Sus mandíbulas eran anchas y semi-circular provistas de una hilera de pequeños dientecillos aserrados, portando 8 dientes premaxilares y de 30 a 40 dientes maxilares, mientras que la mandíbula inferior carecía de estos, pero poseía un borde muy afilado. Excavaban cuevas en el suelo utilizando unos tubérculos córneos de bordes afilados que poseen en las patas posteriores Es probable que este raro animal se moviera torpemente en tierra firme, pero en el agua se movía rápidamente y con astucia para capturar pequeñas aves, mamíferos, insectos, peces e incluso miembros juveniles de su misma especie. El registro fósil de estos vertebrados es muy escaso. Recientemente se realizaron interesantes hallazgos al norte de la ciudad de Miramar. Una colección de cráneos muy complejos de ejemplares adultos y juveniles que se encuentra depositada en el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Después de este periodo son muy escasos.


Colubridae. Oppel, 1811. (Genero y especie indeterminada).
 

 
Serie vertebral comparando su tamaño con una moneda.   Reconstrucción del posible aspecto de los pequeños ofidios del Plioceno bonaerense.

Ofideo. El hallazgo de serpientes en el registro fosilífero de los depósitos sedimentarios del Plioceno son muy poco frecuente, y generalmente se tratan de muy pocas piezas aisladas, como vértebras y costillas.  El origen de la fauna de Culubridos sudamericanos han tenido como fundamento común  el supuesto  ingreso pasivo de representantes de esta familia desde América del norte, con anterioridad al establecimiento del puente centroamericano, y probablemente ocurrió durante el Mioceno temprano, o tal vez antes. Algunos de los hallazgos de estos interesantes vertebrados fueron realizados en el Partido de General Pueyrredon y depositados en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y en el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata. Durante el año 2000, el director de Prehistoria Argentina, hallo numerosas vértebras, las cuales se encuentran en estudio y depositadas en el Museo "Lorenzo Scaglia" de Mar del Plata, que provienen de la Formación Chapadmalal, de la localidad fosilífera de Las Brusquitas, a 5 kilómetros al norte de la ciudad de Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Estos raros ofideos son muy importantes para los Paleontólogos, ya que los mismos sirven para realizar interpretaciones ambientales etc.  Al igual que sus parientes vivientes se alimentarían de pequeños vertebrados y principalmente de insectos. 


Trigodon gaudryi. Ameghino, 1887.
   

Cráneo y reconstrucción de Trigodon en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia de Mar del Plata.

Aspecto de la cabeza de Trigodon.

Mamífero Notoungulado. Es otro de los representantes del orden "Notoungulata" los cuales se diversificaron en América del sur colonizando distintos ambientes. Tenia adaptaciones semi-acuatica y se alimentaba de los vegetales que encantaba a orillas de los espejos de agua. La presencia de una gran fosa sobre el cráneo de este gigantesco animal, hacen suponer a los Paleontólogos que poseían un cuerno corneo curvado, el cual era utilizado para defenderse de los carnívoros de su época, como por ejemplo de las grandes aves corredoras y de los marsupiales con caninos muy desarrollados. Su cuerpo era muy grande y macizó, cubierto por una gruesa piel. Sus extremidades eran algo cortas y robustas, las cuales no eran aptas para correr. Su peso esta estimado entre 1,5 a 2 toneladas. Sus principales restos provienen de los acantilados marítimos de la costa bonaerense y de algunos sitios desérticos del interior de la Provincia. Se extinguió a fines del Plioceno, hace 3 millones de años antes del presente, dejando en su reemplazo al Toxodon, que fue muy común durante el Pleistoceno. 


Paedotherium typicum.  Ameghino, 1887.
     

Esqueleto preservado en el Museo "Punta Hermengo" de Miramar.

Cráneo y mandíbula en el Museo Municipal de Miramar.

Reconstrucción en vivo de Daniel Boh.

Mamífero Notoungulado. Del orden "Notoungulata" el Paedotherium fue el representante más pequeño del grupo y muy abundante. Sus dimensiones y aspecto en vida recuerdan a la liebre patagonica (Dolichotis australis). Su cráneo era corto y robusto con una cierta semejanza a los de un roedor e incisivos muy prominentes de crecimiento continuo y cincelados pero cortos, ausencia de caninos, premolares y molares alargados, bilobulados y en numero de seis en cada mitad del maxilar y mandibular. Presenta orbitas grandes señalando posibles hábitos crepusculares o nocturnos, y aparato auditivo muy desarrollado, lo que permite inferir posibles hábitos terrestres y subterráneos. Miembros delanteros digitígrados, mientras los posteriores son mas lagos y plantígrados. Se alimentaban de vegetales duros y es muy probable que vivieran en madrigueras, las cuales excavaban ellos mismos. Fue una especie muy exitosa que vivió desde el Mioceno hasta el Pleistoceno inferior. Su extinción esta asociada a cambios ambientales que afectaron dramáticamente su población. 


Mesotherium cristatum. Serres, 1967.
     
Cráneo exhibido en el Museo de La Plata.  Cráneo semi-completo depositado en el Museo de Miramar.

Aspecto del primitivo Notoungulado Mesotherium cristatum.

Mamífero Notoungulado. Fue un genero de Mediongulados Notoungulados de hábitos completamente terrestres y alimentación herbívora, compuesta principalmente por duros follajes que encontraban en llanuras abiertas. Su tamaño era similar al de una oveja actual, con largas extremidades adaptadas para correr a grandes velocidades cuando era perseguido por los feroces marsupiales o las gigantescas aves de esta época. Su cuerpo era delgado pero robusto. Su cráneo era muy diferente al que acostumbramos a ver en este tipo de animal, ya que presentaba una dentición rodentiforme. Son un genero mas modernos de Tipoterios, exclusivos del continente sudamericano. Sus restos aparecen frecuentemente a partir del Plioceno medio hasta el Pleistoceno medio  en los barrancos del litoral marítimo bonaerense.


Telicomys giganteus. Ameghino, 1904.

Fémur y mandíbula inferior de Telicomys. Ejemplares procesados por el técnico Marcelo Castillo.

Mandíbula inferior de Telicomys. Museo Lorenzo Scaglia.

Posible aspecto en vida de Telicomys.

Mamífero Roedor. Cuando escuchamos la palabra roedor, enseguida la asociamos con las pequeñas lauchas y ratones que frecuentamos ver en las inmediaciones de nuestros domicilios o en los campos circundantes. Durante el Plioceno se desarrollaron roedores de gran tamaño, llegando a tener tallas similares a la de una vaca domestica. Uno de ellos fue Telicomys giganteus. Tenia patas alargadas y tal vez estaba adaptado a la carrera. sus mandíbulas presentan grandes incisivos, cuya cara anterior  tienen un ancho de 3 centímetros, acompañados por cuatro molares por cada maxilar y rama mandibular. Suponemos que su hábitat estaba limitado a lugares secos y con follaje, aunque la evidencia fósil es muy escasa para brindar datos mas completos sobre su biología. Algunos restos significativos fueron descubiertos a mediados del siglo XX en cercanías de la ciudad de Miramar, Provincia de Buenos Aires, y depositados en el Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata, donde se resguarda unas de las colecciones de roedores fósiles y actuales mas importantes del mundo. 


Actenomys latidens. Ameghino, 1888.
     
 
Ilustración del extinto roedor Actenomys por Daniel Boh.   Ejemplar exhibido en el Museo de Miramar.

Mamífero Roedor. Fue un roedor muy común en la región pampeana y es considerado como un fósil guía. Es un genero desaparecido a comienzos del Pleistoceno. Estaba emparentado con el actual genero Ctenomys (tucos tucos) los cuales tienen una gran diversidad en Sudamérica. Es probable que fuera de hábitos subterráneos, ya que sus restos normalmente son hallados en antiguas madrigueras. Su alimentación era herbívora, constituida principalmente por raíces y bulbos. Sus patas delanteras estaban provistas de falanges ungueales muy desarrolladas para la excavación. Cuerpo algo corto pero ancho. Sus vértebras cervicales cortas y poca movilidad, así que el animal debería voltearse completamente para ver hacia atrás. Su tamaño duplica notablemente a sus parientes actuales, y durante el Plioceno fueron la presa predilecta de muchos depredadores. Su extinción esta asociada a la desaparición de otros ejemplares. Su origen es aloctono, pudiendo ingresar probablemente al continente durante el Oligoceno medio. Se han podido colectar centenares de piezas, como esqueletos, cráneos y mandíbulas en la formación Chapadmalal, entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar, como así también en otras partes de la Provincia de Buenos Aires y Misiones.


Protohidrochoerus perlurbidus. Ameghino, 1888.

Fragmento mandibular correspondiente al Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Mandíbula inferior muy completa de Protohidrochoerus perlurbidus en el Museo Municipal de Miramar., Reconstrucción en vivo de Protohidrochoerus perlurbidus, por Daniel Boh.

Se trata de una versión primitiva de los actuales Carpinchos o Capibaras pero de tamaño mayor, con una talla comparable a la de un tapir asiático. Su cráneo refleja un rostro alargado y estrecho. La longitud del cráneo es la doble a la atribuida al carpincho, superando fácilmente los 50 centímetros. Su fémur y humero, guardan la misma relación en su longitud con el genero actual, pero el cubito, radio, tibia, peroné y demás huesos, son mucho mas desarrollados y largos que estos, por lo cual Protohydrochoerus parecía un carpincho de patas largas, lo que morfológicamente concuerda con mamíferos corredores. Su dentición esta conformada como la de otros roedores, con incisivos desarrollados y largos, y una serie molariforme laminada. Su alimentación estaría basada principalmente de vegetales que crecían en las inmediaciones de zonas pantanosas, pero algunos Paleontólogos descartan la posibilidad de que este tuviera hábitos anfibios. Sus principales restos se hallan en afloramientos geológicos del Plioceno, considerando su desaparición hace unos 2,5 millones de años antes del presente.


Eumegamys paranensis. Kraglievich, 1926.

Tamaños comparativos con un humano y un carpincho, el roedor viviente de mayor dimensión.

Carlesia sp (=eumegamys) mandíbuladel Mioceno de Chasico (Prov. de Bs As). Museo La Plata.

Cráneo del gigantesco Eumegamys exhibido en el Museo de La Plata, comparado con el cráneo del roedor viviente mas grande del planeta, un carpincho.

Mamífero Marsupial.  Eran roedores gigantes que vivieron en el Plioceno temprano a tardío, hace entre cuatro a dos millones de años en lo que hoy es la region pampeana Argentina principalmente, pero se han registrado restos aislados en otros sectores de Sudamérica. Poseía incisivos de varios centímetros de largo, aunque sus molares eran más bien pequeños, lo que hace pensar que se alimentaba de vegetales tiernos, frutas o plantas acuáticas. El mayor roedor de nuestros días es el carpincho, un animal que se encuentra en grandes cantidades en Sudamérica y que alcanza los 60 kilos. Eumegamys, tambien es conocido por los siguientes generos: Megamys, Isostylomys, Carlesia, Diaphoromys, Rusconia, Protomegamys, sensu McKenna y Bell, 1997).


Thylacosmilus atrox.  Riggs, 1933
     

Cráneo del ejemplar mas completo que se conoce en el Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata.

Esqueletos de Thylacosmilus montados en el Museo Egidio Feruglio (MEF).

Reconstrucción del Marsupial dientes de sable, de fines del Mioceno y mediados del Plioceno.

Mamífero Marsupial. Fue un importante carnívoro marsupial de la Era Terciaria, muy parecido al "Tigre dientes de sable" invasor, pero sin parentesco alguno, ya que este ultimo es un placentario. Es otro ejemplo de evolución paralela, es decir, dos especies totalmente distintas morfológicamente y que nunca habitaron juntas el mismo continente, se parecen ya que ambas cumplían el mismo rol en el ecosistema. Thylacosmilus llevaba unos largos y afilados colmillos proyectados hacia abajo y adentro de unos 15 centímetros y su tamaño corporal era como la de un puma viviente. A diferencia del "Smilodon", el Thylacosmilus no tenia incisivos ni una baina protectora para los caninos, los cuales crecían permanentemente como los dientes de un roedores. Es muy posible que sus victimas fueran los grandes mamíferos Notoungulados como los nombrados mas anteriormente, los cuales mataban con una simple mordida en el cuello. Sus caninos habrán infligido a sus presas heridas profundas, logrando que el enorme animal muera desangrado segundos después del terrible ataque. En Sudamérica se han hallado muy pocos restos. Se conoce un cráneo muy deformado de la Provincia de Córdoba, mientras tanto, el Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata resguarda el cráneo mas completo del mundo y unas de las mayores colecciones de esta especie, constituida por restos mandibulares de ejemplares muy juveniles hasta adultos y otros marsupiales del Terciario. Su extinción esta asociada a los importantes cambios ambientales que sucedieron al final del Plioceno y a la ausencia de las grandes presas que este asechaba. Genero Relacionado: Thylacosmilus lensis.


Thylatheridium cristatum. Reig, 1952.
     

 

Restos mandibulares. Museo P. Hermengo.

 

Aspecto de Thylatheridium cristatum.

Mamífero Marsupial. El Thylatheridium fue un animal perteneciente a la familia de los marsupiales. Su cráneo es relativamente grácil y pequeño, que da cuenta de una caja cerebral estrecha. El hocico es en punta. Su cola era larga y prensil como otros didelphidos. Este grupo son adaptables a ambientes diversos, aunque preferirían las zonas arboladas, cercanas a alguna fuente de agua. Estas necesitarían disponer de un refugio seguro que les proporcionara reparo durante el día, ya que sus actividades son nocturnas, y abrigo durante el invierno, periodo que le resultaba especialmente critico ya que no toleraría bien los enfriamientos y los fuertes vientos que provenían del Pacifico. Sin embargo, no construía madrigueras. Aprovechaba los refugios naturales -cuevas formadas en las rocas y, sobre todo, los troncos de los árboles-, o bien ocupaba refugios construidos por otros animales y abandonados. Probablemente Thylatheridium era hábitos sumamente solitarios, o por lo menos el registro fosilífero parecería reflejar esta conducta. Thylatheridium era omnívoro y tenia una dieta variadísima. Esta peculiaridad de ser un depredador no especializado le permite adaptarse casi a cualquier tipo de hábitat. Cuando se trata de vegetales le apetecerían especialmente los frutos maduros, y también los brotes y los tallos tiernos. Consumía invertebrados -insectos y lombrices- y muy a menudo aves pequeñas, que, sobre todo en apoca de cría, eran un componente principal de su alimentación. Se han podido rescatar restos muy interesantes y completos del presente genero, en los afloramientos geológicos del litoral marítimo bonaerense, en los parajes de Barranca de Los Lobos y Chapadmalal, como así también, en los sedimentos Terciarios del Quequen salado y Monte Hermoso.


Chapalmalania altaefrontis. Ameghino,1908.
   

Cráneo en las manos de Alejandro Dondas, depositado en el Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata. En este cuadro, reconstrucción de Chapadmalania.

Mamífero Carnívoro. Fue un "Procionido" que llego a América del sur en el gran "Intercambio Biótico Americano" ocurrido en este periodo. Se adaptaron rápidamente a las nuevas condiciones ambientales, diversificándose por todo el continente. Chapalmalania debió parecerse a un mapache gigante de 2 metros de longitud y 1 metro de altura. Era tan grande que la primera vez que se hallo este animal, los paleontólogos creían que era un oso prehistórico como aquellos que vivieron durante el Pleistoceno. Es muy probable que su dieta fuera muy variada, como plantas, huevos, peces, frutos, insectos y carroña. Su cráneo era ancho y parecido a un lobo. La dentición era completa, con incisivos curvados y anchos, caninos robustos y cortos, y sus molares presentan una superficie masticatoria para trituración de alimentos. Su similitud con el panda gigante de oriente es otro ejemplo de convergencia adaptativa o evolución paralela. Este enorme animal desaparece del registro fosilífero hace 3 millones de años atrás y se conocen muy pocas piezas de diagnostico.


Cyonasua argentina. Ameghino, 1885.
     
Cráneo de Cyonasua del libro "Paleontografía Bonaerense". Rama mandibular de Cyonasua argentina, hallada por Mariano Magnussen Saffer. Colección del Museo Punta Hermengo. Reconstrucción en vivo del prociónido Cyonasua del Plioceno bonaerense.

Mamífero Carnívoro. Era un "Procionido" al igual que Chapalmalania, pero de menor tamaño, emparentado con los actual genero Nasua que vive en la selva amazónica y misionera.  Perteneciente a la fauna aloctona cuya estirpe evoluciono en Sudamérica desde el Mioceno, es decir, hace 10 millones de años, siendo unos de los primeros carnívoros placentados que invadieron el continente. Fueron hallados en sedimentos de las Provincias de Catamarca, Mendoza, Córdoba y La Pampa.. A diferencia de otros carnívoros, Cyonasua poseía unos caninos muy desarrollados y robustos, y seguramente se habrá alimentado de mamíferos pequeños como el Paedotherium o de los antecesores de los actuales armadillos, pero también aprovecharía frutos, huevos y larvas.  De este genero se han hallado una cantidad importantes de restos en la formación "chapadmalal" entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina.  


Pyramiodontherium bergi.

Mamífero Xenarthro. Se trata de un Xenarthro emparentado con los Megatheriinae, frecuentes representantes fosilíferos en los afloramientos geológicos del Mioceno tardío – Plioneno temprano de las Provincias de Catamarca y Tucumán. Restos muy completos y de alto valor paleontológico fueron rescatados recientemente en niveles informalmente llamados “Araucarense” en el Bajo de Andalhuala, Catamarca. Su cráneo presenta un rostro mas ancho que largo. Este interesante perezoso extinguido presentaba falanges ungueales muy desarrolladas al igual que otras especies extintas o vivientes. Su alimentación estaría constituida por vegetación que abundaba en la región durante el Terciario, aunque también podrían haberse alimentado de carroña, como se ha demostrado con otros representantes del infraorden Pilosa. Su fémur era corto y robusto (recuerda fácilmente a los gigantes del Pleistoceno). En esta región también vivió otro gigante emparentado con el genero en cuestión, llamado Plesiomegatherium hansmeyeri, de talla algo menor al genero Megatherium fue un típico megamamifero del N.O Argentino.


Paragliptodon chapadmalensis.

El técnico Alejandro Dondas del Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata restaurando una coraza completa de esta especie.

Vista de la coraza de Paraglyptodon en la sala de Paleontologia del Museo de Mar del Plata.

Reconstrucción en vivo de Paraglyptodon chapadmalensis, común en estratos Pliocenos de la región pampeana.

Mamífero Xenarthro. Es un Gliptodonte cuya familia y origen se encuentra mejor desarrollada en el Pleistoceno. Fue una especie muy típica en la antigua pampasia de talla menor que el genero Glyptodon. Se caracteriza por tener una coraza formada por placas óseas y corneas de origen epidérmico. Su cabeza estaba protegida por un escudete cefálico. Su cráneo era pequeño a comparación de su cuerpo tosco, con ramas mandibulares muy desarrolladas y una hilera de dientes muy compleja sin esmalte. La cola estaba formada por 4 anillos óseos y un tuvo caudal cilíndrico en su extremo, el cual, podía ser utilizado para defensa cuando era intimidado por los marsupiales carnívoros de la época, como el Thylacosmilus. Tenia 2,3 metros de largo y su peso fue de 200 kilogramos. Se alimentaba principalmente de vegetales duros. Los restos fósiles de esta especie generalmente son muy fragmentarios y aislados. Se extinguió al final del Plioceno, Hace 3 millones de años atrás, pero quedo reemplazado por algunas especies mas exitosas, logrando una gran diversificación y adaptación a la nueva complejidad del ambiente. Del genero Paraglyptodon fueron hallados unos interesantes restos en 1997 por el Técnico Mariano Magnussen Saffer al norte de la ciudad de Miramar. Se trataba de un cráneo, coraza y cola completa, pero una mala pasada del clima durante su extracción, se perdió gran parte del ejemplar, aunque como consuelo de aquel hallazgo, solo quedaron las fotografías.


Chlamydotherium paranense.  Ameghino, 1883.
 

Placa de Chlamydotherium (der) comparada a una placa de un peludo o quirquincho actual (izq)

Parte posterior del lado derecho de la mandíbula inferior con los últimos cuatro molares, vista por el lado externo de Chlamydotherium paranense.

Reconstrucción en vivo del armadillo de gran tamañodel Plioceno medio - superior  Chlamydotherium paranense.

Mamífero Xenarthro. También conocido como Kraglievichia, fue un enorme dasipodido, pero algo menor que Pampatherium del Pleistoceno (ver). Presenta un caparazón con escudete escapular y pelviano diferenciados, corto el anterior y prolongado el posterior, divididos por unas pocas bandas móviles. Compuesto por placas grandes, con una amplia figura central como en la mayoría de los representantes de la familia. Tenia un cráneo proporcionalmente mas robusto que el Pampatherium, con 36 dientes en sus mandíbulas. Patas largas a comparación con otros dasipodidos, pero igualmente anchas y fuertes. Cola con placas y escamas óseas y corneas. Alimentación muy variada, constituida principalmente desde plantas hasta cadáveres en buen estado de descomposición. Entre las ciudades de Miramar y Mar del Plata se pueden observar una variedad increíble de paleocuevas atribuidas a este genero o alguna especie morfológicamente similar.


Chaetophractus villosus. Desmarest, 1804.

 

. A la izquierda, coraza semi-completa, exhibido en el Museo de La Plata.

 

 Cráneo y coraza cefálica de Chaetophractus en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata.

     

 

Ejemplar del Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar.

 

Reconstrucción de Chaetophractus por C. Wiedner.

Mamífero Cingulata. Se trata de un armadillo fósil emparentado con el mismo genero viviente, emparentado con los osos hormigueros y los perezosos. El origen de la presente estirpe es Sudamericano, cuyos restos fósiles de sus antecesores corresponden al Eoceno, es decir, hace unos 45 millones de años antes del presente, pero al restablecerse la unión de ambas Americas, este genero se desplaza hasta la parte media de Norteamérica. Era un armadillo  acorazado, la armadura de este animal estaba constituida por un mosaico de pequeñas placas óseas que se desarrollan en la capa inferior de la piel o dermis, y están recubiertas de epidermis córnea. Constituye un sistema de protección contra los depredadores; y en este genero estaba protegida incluso la cola. Las placas formaban un escudo de una sola pieza sobre los hombros y otro sobre los cuartos traseros. La parte media del cuerpo del animal estaba recubierta por unas placas que forman bandas transversales articuladas entre sí, es decir, que estaban unidas por una piel blanda. Gracias a esto podían enrollarse hasta formar una bola completamente acorazada y cubrir la única zona del cuerpo que se halla desprotegida: el abdomen. Eran animales de cuerpo robusto, con patas cortas y musculosas que les permitían moverse con cierta rapidez. Las extremidades poseían garras semejantes a uñas y el armadillo las utilizaba para conseguir su alimento o para excavar madrigueras. Sus hábitos eran nocturnos y se alimenta de insectos, gusanos, pequeños vertebrados y, a veces, carroña. Restos fósiles de este y otros géneros morfológicamente similares son hallados con frecuencia en los afloramientos sedimentarios correspondientes al Plioceno y Pleistoceno pampeano.


Plohophorus figuratus. Ameghino.

Craneo de Plohophorus.

Barranca de Los Lobos.

Reconstrucción de vivo de Plohophorus.

Mamífero Cingulata. En un sector de playas de la zona sur de Mar del Plata, incrustado en un acantilado con sedimentos que datan de unos cuatro millones de años, profesionales del Museo Municipal de ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, rescataron restos óseos de una rara especie de gliptodonte descubierta hace cien años por el sabio Florentino Ameghino a partir de restos de la coraza o caparazon, pero de la que no se habían encontrado más piezas hasta la fecha. El cráneo sin la mandíbula y partes de la coraza, mano y hueso sacro corresponden al género Plohophorus. La forma del animal era la de un armadillo o mulita gigante que se alimentaba de hierbas y tenía un tamaño de casi dos metros de largo, uno de alto y peso aproximado de una tonelada. El hallazgo fue realizado en la zona denominada Barranca de los Lobos. El sector del hallazgo es denominado Chapadmalelense, y los estudios indican que tiene una antigüedad de tres a cinco millones de años. Géneros relacionados: Los Plohophorini están representados en la Edad Chapadmalense por Plohophorus figuratus y Plohophorus conterminus, que se distinguen por por la porción distal del tubo caudal (recurvada hacia arriba en el segundo), mientras que en el Montehermorense se distinguen Plohophorus Ameghino y Plohophoroides Castellanos.


Otros Vertebrados del Plioceno Argentino: Sparassocynus, Pseudohalmarhipus, Nuñezia, Dankomys, Cholomys, Proctenomys, Eucoelophorus, Pseudoplataeomys, Pithanotomys, Abrocama, Neoepiblema, Dabbenea, Eumegamys, Isomyopotamus, Neoreomys, Cardiomys, Caviodon, Chapadmaltherium, Protohydrochoerus, Brachytherium, Ocnerotherium, Xotodon, Xyophorus, y Nonotherium. 

Fuente: Sitio Web "Miramar Prehistórica - Paleontología del Cenozoico tardío

Ver otros continentes en el mismo Periodo Geológico

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Bibliografía utilizada para la PaleoGaleria        Listas de especies fósiles en la PaleoGuia

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