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Esta información debe ser considerada dentro del marco de la divulgación científica e informativa para público en general, no especializado, aficionado, técnico o profesional. Este contenido debe ser tomado solo como una guía educativa.

 

PaleoGuia del Periodo Pleistoceno:

 

El Periodo Pleistoceno abarca los desde los 2,5 millones de años hasta los 10 mil años antes del presente. Se halla representado por cuatro edades.

La edad "Marplatense" se encuentra en un lapso intermedio con el Plioceno, abarca de los 3,3 a 1,9 millones de años, cuyos afloramientos se pueden observar en las barrancas costeras entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar. La edad "Ensenadense" corresponde a sedimentos cuyas antigüedad es son de 1,8 millones de años a 700 mil años. La edad "Bonaerense" corresponde a un lapso entre 700 mil a 130 mil años atrás. La ultima edad del Pleistoceno es la "Lujanense", con una antigüedad entre 130 mil a 8 mil años, ya ingresando al Periodo Holoceno, época donde se extingue las grandes mamíferos y sobreviven los actuales. Todas las edades ya numeradas están representadas en las formaciones geológicas entre las localidades de Santa Clara del Mar y Monte Hermoso, Provincia de Buenos Aires, Argentina, cuyo registro fosilífero y estratigráfico son unos de los mas importantes del Cenozoico de todo el Mundo. Durante los últimos 2 millones de años se produjo un descenso del nivel del mar hasta alcanzar su actual nivel, después de varios sucesos significativos. En este periodo vivieron tal vez, las criaturas mas grandes y raras de toda la Era Cenozoica. Pero presenta una paradoja, pues se extinguen el 96 % de la Megafauna Sudamericana y aquellas de origen norteamericano, ocurrido en un lapso de tiempo entre los 12 y 10 mil años. La causa de este fenómeno de extinción no se conoce a ciencia cierta, pero uno de los sospechosos es la llegada

de otra especie invasora y de caminar bípeda, conocida como Homo sapiens, quienes pudieron cazar a estos enormes animales, pero en realidad no hay evidencia de cacerías abruptas y discriminadas para señalar al hombre como la mayor amenaza para estos gigantes. Los cambios climáticos muy marcados pudieron ayudar, ya que hay notable información de un evento agudo ocurrido entre los 8 y 6 mil años. Prácticamente, todos las localidades del pais poseen sedimentos del Pleistoceno, aunque algunas son mas ricas en fosiles que otras.

Toxodon platensis. Owen, 1837.  

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Esqueleto de Toxodon platensis en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF).

Reconstrucción de Toxodon platensis por el Museólogo y dibujante Daniel Boh.

Esqueleto de Toxodon en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, Buenos Aires (MACN).

Cráneo y mandíbula exhibido en el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Mamífero Notoungulado. Su nombre significa "diente de arco". El aislamiento geográfico de América del sur, permitió el desarrollo gradual de mamíferos muy extraños, los cuales se diversificaron ocupando  distintos ambientes. El Toxodon llego a medir unos 3 metros de largo y una masa estimada de una tonelada. El cráneo de este animal tiene un tamaño de 70 centímetros y sus mandíbulas provista de  incisivos de crecimiento continuo, cuyos esmaltes se representan en fajas longitudinales. Se asemejaban a los actuales hipopótamos y rinocerontes, pero sin parentesco alguno, es otro ejemplo de evolución paralela o convergencia adaptativa, es decir, cuando dos especies totalmente aislados comparten nichos ecológicos similares, desarrollando algunos rasgos morfológicos notablemente parecidos. Su hábitat estaba conformado por llanuras abiertas y frondosos pantanos, alimentándose principalmente de vegetales, los cuales, podían ser extraídos con sus mandíbulas en forma de "pala". Otros autores sostienen que se tratan de animales de condiciones semiáridas, ya que se han reportado en sedimentos de origen eólico del Pleistoceno tardío, como por ejemplo: en la localidad de Sayape, Provincia de San Luis y Caleufu en La Pampa. Así mismo, en la localidad de Tres Arroyos en la Provincia de Buenos Aires se ha descubierto la presencia del genero Toxodon asociado a restos culturales en un sitio Arqueológico, cuya antigüedad se remonta a unos 8500 años antes del presente. También, se dio a conocer en el año 1916, el hallazgo de un fémur de Toxodon con una punta de proyectil incrustada en el, descubierta en la ciudad de Miramar y generando hasta nuestros días notables polémicas entre la comunidad científica, hoy en día, considerado un fraude de la época. Este género tiene una amplia distribución estratigráfica ya que se extiende desde el Plioceno tardío hasta el Holoceno temprano. Su distribución geográfica, parece hallarse en Venezuela y llega hasta el sur de la Provincia de Buenos Aires. Además, sus restos han sido hallados en Paraguay, Brasil, Bolivia y Venezuela. Otras especies relacionadas: Toxodon chapalmalensis, Toxodon darwini,  Toxodon ensenadensis, Toxodon platensis, Toxodon gezi y Toxodon gracilis. En este sentido, es de destacar que algunos autores opinan que tanto T. platensis como T. gezi podrían representar, en realidad, una única especie, sin embargo, no se ha llevado a cabo, hasta el momento, una revisión del género Toxodon.


Macrauchenia patachonica. Owen, 1838.

Macrauchenia patachonica Macrauchenia patachonica Macrauchenia patachonica Macrauchenia patachonica Macrauchenia

Esqueleto de Macrauchenia en el MACN. (Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires).

Pata de tres dedos. (*)

Reconstrucción de Macrauchenia por Daniel Boh.

Mamífero Litopterno. Los primeros restos de la Macrauchenia fueron hallados por Charles Darwin en su histórico viaje a bordo del "Beagle" a comienzos de la década de 1830. Proceden de sedimentos del Pleistoceno tardío aflorantes en los alrededores de Punta Arena, en el sur de la región patagónica; fueron dados a conocer por el paleontólogo inglés Richard Owen en 1838. Su aspecto en vida es digno de una película de ciencia-ficción. Su nombre significa "cuello largo" y es otra especie del orden "Notoungulata". Sus dimensiones eran semejantes al de los camellos actuales, pero los orificios nasales y una gran fosa elíptica señala la presencia de una trompa, algo mas larga que la del tapir actual. Poseía largas patas y pies ungulados, provistos de tres dígitos. Es probable que no corriera con mucha velocidad, ya que las proporciones de las patas traseras estaban invertidas, como ocurren con los animales no corredores, por ejemplo, la jirafa. Su alimentación estaba basada en vegetales de zonas pantanosas donde pasaba la mayor parte de su tiempo, y del pastoreo. Algunos autores han formulado la hipótesis de que estos mamíferos estaban adaptados a una vida semiacuática. Sin embargo, sus restos han sido hallados no sólo en depósitos asociados a cuerpos de agua sino también en eólicos correspondientes a ambientes áridos y semiáridos. Los molares superiores son de sección cuadrangular de corona alta. Se extinguió a fines del Pleistoceno y principios del Holoceno. En la actualidad el hallazgo de fósiles de Macrauchenia son muy escasos en todo América latina. Macrauchenia patachonica se halla en sedimentos del Pleistoceno tardío de Brasil, Paraguay, Chile, Bolivia, Uruguay y la Argentina. Los primeros antecesores aparecen en Montehermorense (Plioceno) representado por Promacrauchenia antiqua. Por ultimo debemos agregar que restos recientes de Macrauchenia proceden de la "Cueva del Mylodon" con una antigüedad de 11 mil años, mientras que en el Sitio 2 Arroyo Seco (Prov. Buenos Aires), poseen una antigüedad de 8 mil años. Otras especies relacionadas: Epitherium laternarium, Eoauchenia primitiva, Diplasiotherium robustum, Neolicaphrium, recens, Promacrauchenia antiqua, Promacrauchenia  kraglievichi, Promacrauchenia chapadmalense, Windhausenia delacroixi,  Pseudomacrauchenia yepesi, Macraucheniopsis ensenadensis.


Megatherium americanum. Cuvier, 1796.

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Esqueleto montado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires "Bernardino Rivadavia". Al lado, uno de los dos esqueletos de Megaterio exhibidos en el Museo de La Plata. El tecnico Mariano Magnussen Saffer junto a un cráneo de Megaterio en plena preparación en el Museo Municipal de Miramar, hallado por Pablo Lamego.

Huellas de Megatherium en Pehuen Co. Fuente; Revista Ciencia Hoy.

Huellas de Megatherium en Pehuen Co. Foto de Daniel Boh.

Reconstrucción de Megaterio, por el paleoartista Daniel Boh.

Mamífero Xenarthro. Los "Pilosa" en la actualidad se encuentran representados por mamíferos pequeños y medianos, como osos hormigueros y perezosos de tres dedos, que pasan la mayor parte de su tiempo colgados en los árboles, moviéndose en forma muy lenta, debido a su bajo metabolismo, pero en el Pleistoceno habitaron en nuestro territorio formas gigantescas. Megatherium fue descripto por primera vez por el naturalista francés Georges Cuvier en 1796, quien se baso para tal descripción en un esqueleto completo descubierto en 1789 en las barrancas del Rió Lujan (Prov. Buenos Aires). Su nombre significa "bestia grande" y sin dudas fue el animal terrestre más grande que habito en la región pampeana, donde se han rescatado sus principales restos. El género Megatherium constituye, al igual que Glyptodon, uno de los elementos más conspicuos de la megafauna pleistocena. Su dentición está constituida por molariformes en forma de columna prismática cuadrangular. Tradicionalmente, se lo ha asociado a una dieta herbívora, aunque se propuso una dieta mixta, carroñera o incluso carnívora. El primer registro del género se remonta al Vorohuense hasta llegar al Lujanense temprano (Megatherium americanum) y Lujanense tardío (Megatherium sp.). Desde el punto de vista geográfico, su extensión parece estar limitada a la parte austral de América del Sur, es decir, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Perú y Bolivia; hacia el norte y el este, Megatherium es reemplazado por Eremotherium, un género similar, pero con algunos caracteres más primitivos y adaptado a temperaturas posiblemente más elevadas. Superaba los 4,5 metros de altura cuando se paraba sobre sus patas traseras y con su larga y robusta cola  formando una especie de "trípode" permitiéndole llegar de esta forma a las hojas de los árboles y tener un mejor panorama de todo su alrededor. El peso estimado de esta especie es de 5 toneladas, algo así como dos elefantes. Su cuerpo estaba recubierto por una fuerte pelambre. Sus patas delanteras eran largas y fuertes, acompañadas por cuatro garras, lo que le permitía acceder de mejor manera a los vegetales que formaban parte de su dieta. En la localidad de Pehun-co, Provincia de Buenos Aires, se hallo un yacimiento paleoicnologico con huellas dejadas por este enorme animal hace unos 11 mil años, junto a otras pertenecientes a especies desaparecidas y vivientes Megatherium coexistió con los antiguos habitantes humanos en la Provincia de Buenos Aires hace 8500 años antes del presente. Otras especies relacionadas: Plesiomegatherium, Megalonychops carlesi, Pronothrotherium typicum y Diheterocnus sanmartini.


Mylodon darwinii.

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Esqueleto (*), piel y excrementos exhibidos en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y Museo de La Plata. Por ultimo, una reconstrucción por R. Bruce Horsfall.

Mamífero Xenarthro. Pertenecía al infraorden "Pilosa" de menor tamaño que el Megatherium americanun descrito anteriormente, pero  con cierta semejanza morfológica. Fue descubierto por primera vez por Charles Darwin en los alrededores de Bahía Blanca y posteriormente estudiados por Richard Owen. Se alimentaba de vegetales y tenia en forma bípeda. Se calcula que medía aproximadamente 2,5 m a la cruz, y pesaba unas 3 toneladas. El Museo de la Universidad Nacional de La Plata y el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, exhiben en sus salas, un trozo de cuero momificado de Mylodon. Este singular hallazgo casual  fue realizado a fines del siglo pasado. Proviene de una caverna en el Seno de la Ultima Esperanza, llamada también como "Cueva del Mylodon" donde fueron encontrados excrementos del animal y huesos de gran tamaño diseminados en sedimentos que incluían restos de carbón. Lo asombroso de este descubrimiento, es que la pieza única permitió conocer la estructura del cuero de estos animales, que en su interior alojaba pequeños huesecillos subesfericos ( osteodermos ) que si bien permitían flexibilidad a la piel, convertían al Milodonte en un verdadero acorazado. Los Paleontólogos creen que esta adaptación en la piel la tuvieron sus antecesores del Paleoceno o tal vez antes, dando origen a los acorazados Dasipodidos y Gliptodontidos. En otros sitios de la Patagonia Chilena y Patagonia Argentina se han hallado restos similares a este pero menos espectaculares. Un hallazgo realizado en la localidad de Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires, permitieron comprobar que los Milodontes habrían sido cazados y consumidos junto a otros gigantes por grupos humanos prehistóricos. Esta especie se extinguió entre 10000 y 8000 años antes del presente. No existe consenso entre los investigadores sobre el número de taxones válidos para este género. Se han incluido en él las siguientes especies: Mylodon darwini Owen, 1839. Registrado en la región Pampeana, en la Argentina. Mylodon listai Ameghino. Algo menor en tamaño que el anterior; registrado en la región Patagónica esteparia de la Argentina y sectores similares en Chile. Mylodon insigne Kraglievich. Registrado en la región Pampeana, en la Argentina.


Lestodon arnatus. Gervais, 1855.

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Ilustración del gigantesco Lestodonte por Daniel Boh.   Esqueleto en el Museo de La Plata.
 
Cráneo de Lestodon en el Museo de La Plata.   Esqueleto completo de Lestodonte en el Museo Paleontológico de Salto (Bs As). (*)

Mamífero Xenarthro. Fue otro gran "Xenarthro" del Pleistoceno. Al igual que sus parientes era un herbívoro, el cual recogía su comida a orillas de los pantanos o causes fluviales. Era muy grande, pero menor que el Megatherium americanum. El registro más antiguo del género corresponde al Montehermosense (Plioceno temprano). Median aproximadamente unos 4 metros de longitud. Su cráneo tenia una región rostral muy ensanchada. Los huesos de sus miembros eran grandes y gruesos. Su dentición era simple, pero resaltaban hacia afuera de la boca unos caniformes muy grandes, lo que se convertía en una defensa contra los posibles depredadores. Su masa estimada es de 2,5 toneladas. Después de Scelidotherium, Lestodon es uno de los mamíferos fósiles del Cuaternario más comunes en el territorio pampeano. Las especies de Lestodon, junto a las de Megatherium, son los Tardigrada de mayor tamaño corporal de ese momento. Personal y colaboradores del Museo Paleontológico de San Pedro, dieron a conocer el descubrimiento de una manada de diez individuos del genero Lestodon, tratándose de ejemplares adultos y juveniles. Otros ejemplares interesantes, corresponden a los depósitos de la localidad de Salto y Mercedes, y se hallan exhibidos en el Museo de estas ciudades. Generalmente, se supone que estuvo adaptado a biomas abiertos de pastizales y arbustos. Otras especies relacionadas: Lestodon trigonidens (exclusiva del Bonaerense y Lujanense), y Lestodon armatus, que se extiende estratigráficamente durante el Ensenadense y Lujanense, aunque algunos autores sostienen que se trata de una única clase.


Scelidotherium leptocephalum.

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Esqueleto del Museo de La Plata (izq) y reconstrucción de Scelidotherium saliendo de la cueva por el dibujante Daniel Boh.

     

Cráneos de Sceliditherium adulto y su cría, encontrados juntos. Preservados en el Museo Punta Hermengo de Miramar.

 

Cráneo y mandíbula de Scelidotherium preservado en el Museo Municipal "Punta Hermengo" de la ciudad de Miramar. El ejemplar procede del Pleistoceno de la localidad de Mar del Sud (Partido de General Alvarado)

 

Gigantesca paleocueva atribuida a Scelidotherium,  (der). Reconstrucción 1:1 de Scelidotherium en el Museo de Monte Hermoso.(*)

Mamífero Xenarthro. Los primeros restos fósiles atribuidos a estas especie fueron descubiertos por Charles Darwin en su viaje del Beagle en la localidad de Bahía Blanca. Basados en restos del cráneo, vértebras y costillas, Richard Owen lo bautizo como Scelidotherium en 1840. De tamaño menor y del grupo de los Xenarthros (perezosos) mencionados anteriormente fueron los mamíferos mas comunes del paisaje del Pleistoceno, ya que sus restos fósiles son muy abundantes en los depósitos sedimentarios de este periodo. Tenia 1,7  metros de alto y 3,5 de largo. Su peso estimado es de una tonelada. El cráneo es alargado, bajo y estrecho, con un rostro proyectado hacia adelante. Su alimentación consistía de vegetales que hallaba en áreas secas. Investigadores del Museo de La Plata, habían realizado estudios biomecánicos en los huesos de las patas delanteras de Scelidotherium, concluyendo que estos extintos animales estaban plenamente capacitados para emplear sus fornidos brazos para cavar. La robustez de cada uno de sus huesos, así como las amplias manos en forma de palas, son coherente con este comportamiento de superexcavadores. Se pudo saber por varios hallazgos realizados por el Museo de Ciencias Naturales de Lorenzo Scaglia que estos enormes mamíferos cavaban madrigueras, las cuales realizaban para refugiarse, o bien para invernar, ya que es posible que tuvieran un metabolismo muy bajo. Una de ellas media 40 metros de largo con un diámetro de 1,8 de donde se rescataron numerosos moldes de las garras entre otras evidencias. En el año 2002 se hallo en Miramar una paleocueva similar y de menor espectacularidad, con galerías, dos cámaras y garras marcadas en paredes y techos. Este animal de notables proporciones desaparece del registro fosilífero hace unos 7 mil años atrás. Hace unos años se extrajeron dos esqueletos completos al sur de la localidad de Centinela del Mar en el Partido de General Alvarado, otro de la localidad fosilífera de Camet norte, Partido de Mar Chiquita y una hembra adulta abrazando a su posible cría en la localidad de Mar del Sud, preservado en el Museo Municipal Punta Hermengo. El género Scelidotherium, básicamente diferenciable de Scelidodon por la presencia de ciertos caracteres más derivados a nivel de los miembros y cráneo, cuenta con al menos dos especies pleistocenas: S. floweri y S. leptocephalum. Las especies de este género habitaron en espacios abiertos, parcialmente arbolados, de climas templados. Durante el Pleistoceno más tardío se lo encuentra también en ambientes de altura, compatibles con condiciones ambientales templado-frías, entre 2.000 y más de 3.000 m, específicamente en las localidades de Las Juntas, Catamarca y Lauricocha, Perú, aunque es importante mencionar que en este último sitio existen evidencias que los restos fueron llevados allí por el hombre. Geográficamente, se habría distribuido en los territorios de Argentina, Perú, Uruguay y Paraguay. Géneros relacionados: Proscelidodon patrius, Scelidotherium floweri, Scelidotherium parodi, Scelidodon patrius, Scelidotherium leptocephalum y Scelidodon capellini.


Glossotherium robustum. Owen, 1842.

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Esqueleto adulto y juvenil en el Museo de La Plata. (*)

Reconstrucción de Glosoterio.  (*)

Mamífero Xenarthro. Fue un género extinto de perezosos gigantes de América del Sur de la familia Mylodontidae. Poseían gran tamaño y hábitos terrestres, corpulento, con cabeza grande y una cola larga y pesada. Los pies largos y con garras envueltas hacia adentro al igual que los otros Pilosa ya descriptos, por lo tanto caminaba apoyando sus nudillos. Es probable que pudiera ponerse en dos patas y mantener el equilibrio con la cola, utilizando sus garras para llevarse el alimento a la boca. Tenia 3.5 metros de largo y 1,7 de alto. Se ha comprobado recientemente que podía excavar cuevas e invernar en ellas, a juzgar por los hallazgos realizados en la ciudad de Mar del Plata y posteriormente en Miramar atribuido a la familia Mylodontidae. Su masa estimada fue de una tonelada y su extinción ocurrió durante el Holoceno medio, hace 6 mil años antes del presente. Su cuerpo estaba cubierto por una espesa y densa pelambre y embebidos en la piel se encontraba un gran numero de huesillos (osteodermos), en forma y tamaño variables, generalmente superiores a un centímetro de diámetro. Los restos completos rescatados en la Argentina son muy escasos. Su habito alimenticio era variado, constituido de hojas de graminias, arbustos y árboles. Sus primeros registros corresponden a la Formacion Vorohue. Su extinción ocurrió hace 15.000 años, cuando el clima cambiante, junto con la posible caza humana fueron reduciendo el número de individuos hasta su desaparición. El último registro de un animal con vida es de 8000 años de antigüedad, a unos 160 km de Buenos Aires, Argentina, donde ha sido descubierto el fósil más reciente. Otras especies relacionadas: Glossoterium chapadmalense, Glossotherium robustum, Glossotherium myloides, Lestodon arnatus y Mylodon darwinii.


Glyptodontidos.

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Esqueleto (sin coraza) de Glyptodon, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires.

Neosclerocalyptus ornatus, según el dibujante Daniel Boh.

Neosclerocalytus ornatus, en el Museo Ciencias Naturales en Villa Escolar, Formosa.

Extracción de un Glyptodon clavipes del Pleistoceno por el Museo Municipal Punta Hermengo de  Miramar.

Aspecto en vivo de Glyptodon clavipes por el paleoartista Daniel Boh.

Ejemplar de Glyptodon munizi en el Museo Punta Hermengo de Miramar.

Tres especies distintas de Glyptodontidos en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Reconstrucción en vivo de Glyptodon clavipes y Doedicurus tuberculatus. (*)

Doedicurus tuberculatus. Exhibido en la ciudad Santiago del Estero.

Mamífero Xenarthro. Es tal vez la familia extinguida mas popular de todos los mamíferos fósiles, cuyo nombre significa "diente tallado" (alude a la compleja forma de sus dientes). La característica principal de este grupo es su coraza, la cual no poseía bandas móviles como los armadillos fosiles y actuales propiamente dichos, lo que limitaba sus movimientos, formadas por placas óseas circulares e irregulares que embonaban como un mosaico. Patas cortas y robustas. Su origen se remonta al Eoceno, hace 45 millones de años, pero recién al final del Plioceno y durante todo el Pleistoceno tuvieron una gran diversidad, formas y tamaños. Al parecer no se alimentaban de hormigas como sus parientes modernos, sino de pastos y otras plantas duras. Se conocen alrededor de 65 especies de "glyptodontidos", los cuales presentan tres formas fundamentales, las que explicaremos a continuación con ejemplos. Neosclerocalytus ornatus, fue la mas pequeña de todas las especies. Tenia un caparazón alargado y bajo. Su cabeza estaba protegida por un escudete óseo y su cola recubierta por cuatro anillos óseos y un tuvo largo y cilíndrico. Peso unos 250 kilogramos. Glyptodon clavipes, tenia tres metros de largo y 1,4 de alto. Su cráneo estaba protegido por una coraza cefálica y su cola estaba formada por una serie de anillos móviles de diámetro decreciente. Su masa estimada es de 1,5 toneladas. Doedicurus tuberculatus, fue la especie de mayor tamaño. Tenia 4,3 metros de largo y 2 metros de alto, Su cola estaba formada por cuatro anillos, un tuvo cilíndrico y en su termino una masa ósea con púas corneas, convirtiéndose en una técnica de defensa contra los habituales depredadores. Su masa estimada en vida es de 2 toneladas. Todas las especies se extinguieron sin dejar representantes vivientes hace unos 8 mil años. Otros géneros de Gliptodontes conocidos: Glyptodon reticulatus, Glyptodon clavipes, Glyptodon munizi, Doedicurus kokenianus, Doedicurus giganteu, Doedicurus clavicaudatus, Lomaphorus imperfectus, Lomaphorus compressus, Panochthus ensenadenses, Panochthus intermedius, Panochthus frenzelianus, Neuryurus cf. N. rudis, Neuryurus trabeculatus, Neothoracophorus elevatus, Neosclerocalyptus pseudornatus, entre otras.


Pampatherium typum.  Ameghino, 1937.

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Comparación de un placa de la coraza con una moneda. Cráneo completo y coraza articulada. (*)

Mamífero Cingulata. La familia de los "Dasipodidos" agrupa a animales cuyos cuerpos se hallan protegidos por una coraza ósea y placas dérmicas, la que se divide en dos partes, una la coraza escapular y la otra la coraza pélvica, separadas por varias bandas móviles que varían en su cantidad según la especie. En la actualidad se encuentran representados por mamíferos de pequeño tamaño como los peludos y las mulitas. Durante la era Cuaternaria vivió una mulita gigante llamada Pampatherium, cuyo nombre significa "bestia de la pampa". Es probable que su peso fuese de unos 225 kilogramos y superaba los 2,5 metros de longitud. Poseía un caparazón con bandas móviles, lo que le permitía realizar movimientos rápidos y variados, facilitando la excavación de largas galerías donde pasaría la mayor parte de su tiempo. Los registros mas antiguos de un Pampatheriidae provienen de la región pampeana para el Plio-Pleistoceno es relativamente pobre, aunque son algo mas frecuentes en el Mio-Plioceno de Mesopotamia por el genero Kraglievichia y de la región Sudandina por el genero Vassalia. En los últimos años, los investigadores lo incluyen dentro de la familia Dasypodidae como lo planteo en su momento Ameghino. Suponemos que su alimentación era variada, desde gusanos, huevos, vegetales y no desperdiciaría la carroña, demostrado por sus raros dientes. De hecho, la existencia en sus molariformes de una cresta axial de dentina compacta indicaría que los Pampaterios se alimentarían mayormente de vegetales duros, o altamente abrasivos, como las gramíneas. Pampatherium typum se extiende, en la Argentina, durante todo el Ensenadense y Lujanense. Geográficamente, en la Argentina, se lo ha exhumado en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Corrientes y Formosa. Fuera de la Argentina, sus restos han sido exhumados en la República Oriental del Uruguay y en Bolivia, en las localidades del Tarija y Papua, y en Brasil. En términos generales se lo ha asociado, al igual que los Glyptodontidae, a ambientes abiertos y pastizales. Géneros relacionados: Plaina intermedia, Kraglievichia sp. Chlamydotherium paranense, Pampatherium typum y Vassalia sp. 


Propraopus grandis. Ameghino, 1881

 

Coraza y cola de Propraopus grandis. Este ejemplar es el mas completo que se conoce y fue hallado en el Pleistoceno bonaerense, exhibido en el Museo de La Plata. Al lado, posible aspecto de Propraopus grandis, tomado del paleoartista Jorge Blanco en el libro Bestiario Fósil, como Pampatherium.

Mamífero Cingulata. Se trata de otro genero de Dasipodido, es decir, un mamífero compuesto por una coraza ósea con placas corneas y a diferencia de los Gliptodontes poseían bandas móviles que les permitían realizar importantes movimientos o ponerse en forma de bola. Su origen se remonta al Paleoceno medio, calculados en unos 55 millones de años antes del presente y en poco tiempo colonizaron una gran variedad de ambientes, logrando una diversificación muy exitosa. Su tamaño era muy similar al de los actuales "Tatu carreta" que vive en el norte Argentino, llegaba a medir 1,20 metros de longitud. Su alimentación fue muy variada, compuesta principalmente gusanos, huevos, vegetales y animales en estado de descomposición. Los huesos de sus extremidades eran cortos y robustos, muy característicos de esta familia. Sus falanges ungueales o garras eran muy desarrolladas para realizar extensas madrigueras, donde pasaba gran parte de su tiempo y donde las hembras daban a luz. La presencia de los osteodermos fijos dentro de esta especie se fundamenta por la forma hexagonal y la presencia de dos o tres figuritas periféricas en su borde anterior. En las placas móviles, se observan los dos surcos que divergen hacia la parte posterior de la placa, limitando de este modo una figura subtriangular. Con respecto al registro fosilífero de esta especie, podemos decir que es muy escaso, y cuando los Paleontólogos y los técnicos encuentran alguna pieza, se trata de restos aislados. Este género, típicamente pleistoceno, incluye las especies de P. punctatus y P. sulcatus  para Brasil; P. magnus (Ecuador) y P. grandis (Argentina y Bolivia). Su distribución se extiende hacia el norte hasta Florida, Missouri y Oklahoma, en los Estados Unidos. En Argentina, la única especie reconocida es P. grandis (Ensenadense y Lujanense, para las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Catamarca. Desde el punto de vista paleoambiental, su presencia sugiere espacios abiertos.


Chaetophractus villosus. Desmarest, 1804.

 

Ejemplar mayormente completo de un ejemplar de Chaetophractus insitu. Gentileza Museo de Miramar.

 

 Cráneo y coraza cefálica de Chaetophractus del Pleistoceno, en el Museo de La Plata.

Mamífero Cingulata. Se trata de un armadillo fósil emparentado con el mismo genero viviente (el peludo pampeano) y con los osos hormigueros y los perezosos. El origen de la presente estirpe es Sudamericano, cuyos restos fósiles de sus antecesores corresponden al Eoceno, es decir, hace unos 45 millones de años antes del presente, pero al restablecerse la unión de ambas Americas, este genero se desplaza hasta la parte media de Norteamérica. Era un armadillo  acorazado, la armadura de este animal estaba constituida por un mosaico de pequeñas placas óseas que se desarrollan en la capa inferior de la piel o dermis, y están recubiertas de epidermis córnea. Constituye un sistema de protección contra los depredadores; y en este genero estaba protegida incluso la cola. Las placas formaban un escudo de una sola pieza sobre los hombros y otro sobre los cuartos traseros. La parte media del cuerpo del animal estaba recubierta por unas placas que forman bandas transversales articuladas entre sí, es decir, que estaban unidas por una piel blanda. Gracias a esto podían enrollarse hasta formar una bola completamente acorazada y cubrir la única zona del cuerpo que se halla desprotegida: el abdomen. Eran animales de cuerpo robusto, con patas cortas y musculosas que les permitían moverse con cierta rapidez. Las extremidades poseían garras semejantes a uñas y el armadillo las utilizaba para conseguir su alimento o para excavar madrigueras. Sus hábitos eran nocturnos y se alimenta de insectos, gusanos, pequeños vertebrados y, a veces, carroña. Restos fósiles de este y otros géneros morfológicamente similares son hallados con frecuencia en los afloramientos sedimentarios correspondientes al Plioceno y Pleistoceno pampeano. Géneros y especies relacionados: Chorobates recens, Chorobates  villosissimus, Dasypus laevisculptus,  Macrochorobatus chapadmalensis, Macroeuphractus outesi, Macroeuphractus retusus y Zaedyus sp.


Lestodelphys halli. Thomas, 1921.

 

Mandíbulas y maxilares comparados con una moneda de cinco centavos para indicar su tamaño real. Colección del Museo Punta Hermengo.

 

Aspecto en vida del pequeño carnívoro marsupial Lestodelphys del Pleistoceno Pampeano. (*)

Mamífero Marsupial. Genero muy abundante en el Pleistoceno pampasico. Su tamaño era muy pequeño como el de un ratón y seria fácil en confundirlo si lo pudiéramos ver con vida, pero en realidad era un animal de la familia de las zarigüeyas o falsas comadrejas. Pudieron ser de hábitos arborícolas y terrícolas. Su dieta era omnívora, es decir, comían de todo, desde huevos, insectos hasta pequeños roedores de la época los cuales tenían su tamaño. Su reproducción era muy compleja, ya que las hembras daban a luz a fetos pocos desarrollados, los cuales, terminaban su etapa de crecimiento en un saco externo. Sus restos son muy escasos, y generalmente sus fósiles se encuentran asociados al de otros microvertebrados dentro de las regurgitaciones realizadas por aves rapaces. Thylamys y Lestodelphys son los marmosinos fósiles mas comunes en las exhumaciones Plio-Pleistocenas de la Región Pampeanas. Ambas especies muestran adaptaciones a la vida de ambientes templado - xericos, como la capacidad de almacenar grasa en la cola y la posibilidad de entrar en estados de topor diario o hibernación. El almacenamiento de grasa por parte de los marsupiales podría responder a carencias estaciónales en la disponibilidad de alimentos, fundamentalmente insectos. Debido a los cambios climáticos y geográficos ocurridos desde entonces, la distribución de estos peculiares mamíferos no es la misma, por ejemplo, los representantes actuales del genero Lestodelphys viven en algunos rincones de La Pampa y sur Patagonico. Géneros relacionados: Lestodelphys juga, Lestodelphys halli, Lutreolina crassicaudata, Lutreolina tracheia, Monodelphys dimidiata, Thylamys contrerasi, Thylamys pusillus, Thylatheridium cristatum, Thylatheridium pascuali, Thylophorops perplana y Thylophorops chapadmalensis.


Chelonoidis s.p. Fitzinger, 1835.

 

Imagen de prensa del ejemplar en Corrientes.

 

Aspecto de Chelonoidis. Ilustración de M. Anton.

Reptil. Las tortugas son un grupo muy particular de reptiles, porque poseen la cabeza, patas y cola incluidas en un caparazón dorsal y plastrón ventral. A través de la paleontología, un equipo de investigadores describió la anatomía de las tortugas gigantes terrestres que habitaron en Corrientes en el Pleistoceno. La investigación podría aportar al conocimiento de cómo era el ambiente en ese momento geológico y qué cambios naturales se produjeron que concluyeron en la desaparición de la megafauna. Investigadores de la UNNE lograron determinar la anatomía y sistemática de tortugas gigantes terrestres que habitaron Corrientes en el período del Pleistoceno, a través del estudio de registros fósiles. Las tortugas terrestres tienen caparazones más globosos y con menos falanges en los dedos (generalmente, la reducción varía de tres a dos falanges) para soportar mejor el peso. Los investigadores Marcelo de la Fuente y Gerardo Zacarías, de la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura, determinaron la anatomía y sistemática de las tortugas gigantes que habitaron en este territorio en tiempos prehistóricos. El trabajo comenzó en 2008, cuando se rescataron ejemplares fósiles de una tortuga gigante en Bella en la provincia de Corrientes. Estos fósiles provienen de sedimentitas de la Formación Toropí, con una edad aproximada de entre 50.000 y 35.000 años (Pleistoceno superior). Ya se habían extraído ejemplares de tortugas gigantes. El primer ejemplar fue rescatado por los doctores Beatríz Álvarez y Rafael Herbst pero, lamentablemente, este fósil fragmentario se perdió de las colecciones paleontológicas del FACENA. El segundo ejemplar, un poco más completo pero bastante fragmentario, fue extraído por el grupo de Paleontología del Centro de Ecología Aplicada del Litoral, e investigadores del Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción, Entre Ríos. Este ejemplar fue estudiado por Noriega y colaboradores en el año 2000, quienes llegaron a la conclusión de que, tentativamente, corresponde al género Chelonoidis. Es así que en 2009, Zacarías y De la Fuente confirman la presencia del género Chelonoidis, a partir de un ejemplar más completo exhumado en 2007 por investigadores del FACENA/ CECOAL e investigadores de la Universidad de La Plata. A partir de una inferencia ecomorfológica del húmero grácil de una tortuga gigante terrestre de Bella Vista, estudiada por Noriega y colaboradores en el año 2000, las tortugas gigantes en la Mesopotamia habitaron áreas abiertas de condiciones más frías y áridas que las actuales. Lo que sí se sabe es que estas tortugas terrestres gigantes continentales fósiles se diferencian de las de las islas Galápagos porque éstas últimas adquirieron el gran tamaño debido a la carencia de depredadores en las islas. El caparazón de estas tortugas es más abierto y de menor espesor, el cual contrasta mucho con las continentales fósiles, dado que su caparazón es menos abierto y de notable espesor debido a que tenían que hacer frente a depredadores tales como lobos de gran porte, felinos conocidos como tigre dientes de sable y otros mamíferos carnívoros. En la actualidad, “se sigue trabajando en el tema, con el fin de ampliar el registro fósil y esclarecer la taxonomía del ejemplar de tortuga terrestre gigante hallado en 2007. Este ejemplar podría ser, o no, una nueva especie del género Chelonoidis. Y conocer mejor las condiciones ambientales en el momento en que vivió la tortuga terrestre gigante. Fuente; InfoUniversidades y Bibliografía señalada.


El gran intercambio biótico americano (GIBA) fue el suceso que acaeció durante los últimos 3 millones de años, cuando se  restableciera la unión de Sudamérica con el resto del  continente. Este evento geológico posibilito que la fauna  de América del su desplazara hacia el hemisferio norte, y la de este, hacia hemisferio sur. Así fue que  hacia el norte se movilizaron los grandes Gliptodontes, Megaterios, Toxodontes etc. en tanto que los emigrantes del norte llegaron a nuestras tierras fueron los Cervidos, Mastodontes, Hippidion y carnívoros como osos y tigres dientes de sable. El impacto de este fluido intercambio trajo aparejadas consecuencia dramáticas, como la competencia por los nichos ecológicos, la falta de readaptación, enfermedades etc, logrando la disminución de especies autóctonas, algunas llevadas  a la extinción.

Canis gezi. Kraglievich, 1928.

Cráneo y mandíbula de Canis nehringi. (MACN),

Cráneo y mandíbula del canido Canis gezi (MACN),

  Aspecto de Canis s.p en el Pleistoceno Argentino. (*)

Mamífero Carnívoro. Fue una especie de cánido extinto de gran tamaño, que vivió en Argentina durante el Pleistoceno tardío. Tubo un peso en el orden de los 31 a 40 kg. Estudios paleocológicos de la fauna del Ensenadense relacionan la extinción de varios mamíferos con tamaños mayores a los 100 kg y la desaparición de estos grandes cánidos hipercarnívoros. Perseguían activamente y capturaban mamíferos de mediano a gran porte con una masa de entre 50 y 300 kg. Deben haber predadado principalmente a los numerosos cérvidos, caballos, camélidos, y pecaríes que habitaban en esas regiones de América del Sur durante ese periodo. Tal vez también incluso capturaron a ejemplares jóvenes de especies de mayor tamaño. Sus restos fósiles se limitan al centro-este de América del Sur, con sólo 2 especímenes descubiertos en sedimentos del Ensenadense del Pleistoceno tardío de la Región Pampeana en el centro de la Argentina y un tercero en el sur de Brasil. Otras especies relacionadas; Canis gezi, Canis nehringi, Protocyon, Speothos, Theriodictis y Chrysocyon.


Smilodon populator. Lund, 1842.
Smilodon Smilodon Smilodon Smilodon Smilodon Smilodon Smilod Smilodon Smilodon Smilodon Smilodon

Reconstrucción en vivo de Smilodon. Por el dibujante Daniel Boh.

Cráneo  y Mandíbula de Smilodon populator. (*)

 

Esqueleto de Smilodonte en el Centro Cultural del Bicentenario, Santiago del Estero.

 

 

Cráneo y mandíbula exhibida en el Museo Paleontológico de la ciudad de Mercedes (Bs As).

 

El técnico Mariano Magnussen Saffer, con el calco de un cráneo del Museo Municipal Punta Hermengo de la ciudad de Miramar.

 

El paleontólogo Fernando Novas junto al esqueleto de un Smilodon en el MACN. Foto La Nacion.

Mamífero Carnívoro. El tigre dientes de sable fue uno de los grandes triunfos evolutivos de los mamíferos depredadores. Smilodon significa “dientes de sable”, característica que evidencia su acentuada especialización en la cacería de presas grandes, como el megaterio y el mastodonte, enormes mamíferos hoy desaparecidos. El primer hallazgo de un smilodonte en nuestro país fue realizado por el naturalista Francisco Javier Muñiz en 1844, en la barranca del Río Luján. En 1842 un paleontólogo danés, Peter Lund, halló fósiles en unas cavernas del sur brasileño. El Smilodon superaba el peso y tamaño que el león actual; sin embargo, sus proporciones corporales diferían de las de cualquier félido moderno. Las extremidades posteriores del Smilodon populator eran más cortas y robustas, su cuello proporcionalmente más largo, y el lomo más corto. La extraordinaria peligrosidad de este félido se debía al gran desarrollo de la parte anterior de su cuerpo y al tamaño asombroso de sus caninos superiores, que llegaban a sobresalir más de quince centímetros. A diferencia de la mayoría de los félidos, tenía un rabo corto, como el lince o el gato montés actual. Todo su cuerpo tenía una estructura poderosa y los músculos de los hombros y del cuello estaban dispuestos de tal manera que su enorme cabeza podía lanzarse hacia abajo con gran fuerza. Las mandíbulas se abrían formando un ángulo de más de 120 grados, permitiendo que el par de los inmensos dientes de sable que tenía en el maxilar superior se pudiera clavar en sus víctimas. Los dientes de sable eran ovales en sentido transversal, lo que aseguraba una mínima resistencia cuando se hundían en su presa. También estaban aserrados por el extremo posterior, permitiendo atravesar la carne de la víctima con mayor facilidad. Así vivió desde hace un millón de años, hasta que la llegada del hombre y la desaparición de las grandes presas provocó a su vez la extinción del tigre dientes de sable hace apenas unos 8000 años. Smilodon populator es una especie sobre la que se han descrito dos subespecies: Smilodon populator californicus, propia del Pleistoceno de América del Norte, y Smilodon populator populator presente en el Ensenadense y Lujanense de Argentina, Brasil, Ecuador, Tarija (Bolivia), Chile y Uruguay. Géneros relacionados: Smilodon populator californicus y Smilodon populator populator.


Arctotherium latidens. Bravard in Gervais y Ameghino, 1880.         
     

El Tec. Mariano Magnussen Saffer, junto al cráneo de un Arctotherium en el MMP.

Arctotherium angustidens, de la colección de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata. Imagen de proyectojuco.

Reconstrucción en vivo de Arctotherium, por el dibujante y paleoartista Daniel Boh.

Arctotherium, que constituye el mayor exponente de la familia Ursidae, recuperado en la ciudad de Buenos Aires en el MACN.

Cráneo y mandíbula de Arctotherium, en el Museo Paleontológico de Dolores.

El prestigioso investigador Leopoldo Soibelzon, del Museo de La Plata, compara el humero del oso gigante Arctotherium angustidens con el humero de un elefante actual. Imagen de prensa.

Mamífero Carnívoro. Fue un género extinto de mamíferos de la familia Ursidae, conocidos con el nombre común de osos sudamericano. Una diversa y particular fauna de osos de gran tamaño habitaron América del Sur. La mayor parte de las familias del orden Carnivora arribaron a América del Sur durante el Gran Intercambio Biótico Americano. En América del Sur, donde no existían hasta ese momento carnívoros placentarios (félidos, cánidos, úrsidos, etc.), los inmigrantes holárticos experimentaron una gran radiación adaptativa que resultó en la aparición de nuevos géneros y especies. Dentro del género Arctotherium se reconocen cuatro especies en la Argentina y fundamentalmente en la región pampeana. Estos osos eran formas de gran tamaño, con masas que iban desde aproximadamente 300 a 1.200 kg según las especies y el sexo de los individuos. La especie del Ensenadense (Pleistoceno temprano a medio) es la que presentaba individuos de mayor tamaño, mientras que las especies del Bonaerense (Pleistoceno medio) y Lujanense (Pleistoceno tardío a Holoceno temprano) poseían tamaños relativamente menores. Si bien aún no se ha podido determinar con precisión la dieta de cada especie extinta, el estudio de la morfología dentaria indica que probablemente predaban activamente sobre la diversa fauna de megaherbívoros pleistocénicos (mamíferos de gran tamaño ya extinguidos); por otra parte, las lesiones observadas sobre los dientes indican que también consumían los cadáveres de los animales muertos. Por último, muchos restos fósiles presentan caries relacionadas con el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono como las frutas o la miel. A comienzos de 2011, el prestigioso investigador Leopoldo Soibelzon, del Museo de La Plata, presenta un ejemplar del oso más grande que ha habitado la Tierra, de la especie 'Arctotherium angustidens', que de pie medía tres metros y en la balanza pesaba más de 1,5 toneladas. En la década de los años 30 del siglo pasado fue construido en La Plata el hospital San Juan de Dios de La Plata, ubicado en las calles 25 y 70, y durante el movimiento de tierras aparecieron los restos del mamífero gigante. Estaban a 9,6 metros de profundidad y fueron a parar al almacén del Museo, abarrotado de piezas. Desde aquella época, ambos húmeros descansaron en los anaqueles del Museo de La Plata. En América del Sur, existen registros de osos fósiles del género Arctotherium en Venezuela, Bolivia, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina, con seguridad desde el Ensenadense (Pleistoceno inferior a medio; 1,7 millones de años) hasta el Lujanense superior (Pleistoceno Superior;  11 mil años).


Theriodictis platensis. Mercerat, 1891.

Excelentes ejemplares de Theriodictis platensis en el Museo Paleontológico de San Pedro.

Mamífero Carnívoro. Fue un interesante canido de grandes dimensiones, cuyos ejemplares adultos de Theriodictis platensis en el orden de los 30 a 40 kg. y que llego en el gran intercambio faunistico americano, encontrándoselo en el pleistoceno de América del sur (entre 1,2 millones de años a 11 mil años), especialmente en la región pampeana. Fue descripto por primera vez por Mercerat en 1891, y posteriormente por Kraglievich y Berman. De este ejemplar se reconocen numerosos ejemplares. Las principales piezas de interés proceden de la localidad de Santa Clara del Mar, y el ejemplar mas completo de la especie, fue hallado en sedimentos del ensenadense de San Pedro, pero también se lo registra en otras veintena de localidades, aunque cuenta con un registro en playas de Río Grande del Sur, en el extremo sur del Brasil. Así mismo, recientemente se lo reconoce a Theriodictis, como un representante único del ensenadense. Los análisis paleocológicos, sobre la base del estudio de índices morfométricos y variables cualitativas, indican que fue un taxón de hábitos hipercarnívoros, y que perseguían activamente y capturaban mamíferos de mediano a gran porte con una masa de entre 50 y 300 kg. Deben haber predadado principalmente a los numerosos cérvidos, caballos, camélidos, y pecaríes que habitaban en esas regiones de América del Sur durante ese periodo. Tal vez también incluso capturaron a ejemplares jóvenes de especies de mayor tamaño. Estudios paleocológicos de la fauna del tramo final del Lujanense relacionan la extinción de varios mamíferos con tamaños mayores a los 100 kg y la desaparición de este gran cánido hipercarnívoro. La antigüedad de estos ejemplares es de aproximadamente 780 mil años. Géneros relacionados: Theriodictis tarijensis, Canis gezi, Cerdocyon ensenadensis, Lycalopex proplatensis, anis ameghinoi, Canis nehringi y Lycalopex avus.


Panthera onca.  Linneo, 1758.

Cráneo y mandíbula de Panthera de las barrancas del río Bermejo de la localidad de General Mansilla, recuperado por el Museo de Ciencias Naturales de Formosa.

Panthera onca atacando a un gran Gliptodonte (*).

Mamífero Carnívoro. Es un carnívoro félido de la subfamilia de los Panterinos y género Panthera y la única de las cuatro especies actuales de este género que se encuentra en América, conocidas vulgarmente como jaguar, yaguar o yaguareté. También es el mayor félido de América y el tercero del mundo. Su distribución actual se extiende desde el extremo sur de Estados Unidos continuando por gran parte de América Central y Sudamérica hasta el norte y noreste de Argentina. La familia Felidae estuvo representada durante el Cenozoico tardío en la región pampeana (Argentina) por tres especies de gran tamaño: Smilodon populator Lund, Panthera onca Linnaeus y Puma concolor Linnaeus. De ellas S. populator es la única que se extingue a finales del Pleistoceno, en tanto que, Pu. concolor y Pa. onca se registran con seguridad a partir del Ensenadense (Pleistoceno temprano-medio). Solo que en este caso es un 30 % mas grande que el actual. Un grupo de investigadores del Conicet, Departamento Científico de Arqueología de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata y de Inculpa, presentaron los resultados actuales en la investigación del Sitio Arqueológico “Nutria Mansa 1” en el Partido de General Alvarado, donde se registro el hallazgo de un canino atribuido a Panthera onca, pudiendo efectuar tres dataciones radiocarbonicas AMS sobre el material dentario de Lama guanicoe (guanaco) asociado y permitió vincularlo al holoceno tardío en las inmediaciones de la costa atlántica de la región pampeano, hoy en día, localmente extinto. Si bien prefiere las selvas densas y húmedas, puede acomodarse a una gran variedad de terrenos boscosos o abiertos. Está estrechamente asociado a la presencia de agua y destaca, junto con el tigre, por ser un félido al que le gusta nadar. Seguidamente, al igual que sus representantes actuales, cazaba tendiendo emboscadas, siendo oportunista a la hora de elegir las presas. Es una especie clave para la estabilización de los ecosistemas en los que habita. Los ejemplares adultos tienen una mordedura excepcionalmente potente, incluso en comparación con otros grandes félidos, lo que les permite perforar los caparazones de reptiles acorazados como las tortugas y utilizar un método poco habitual para matar: ataca directamente la cabeza de la presa entre las orejas para proferir un mordisco fatal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.


Stegomastodon platensis.   Ameghino, 1888.
     

Esqueleto en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires.

Stegomastodon en el Museo Rincón de Atacama, termas Rió Hondo.

Cráneo de Stegomastodonte en el Museo de Moreno. (*)

Reconstrucción de Daniel Boh.

Esqueleto recreado de Stegomastodon platensis en el Centro Cultural del Bicentenario, Santiago del Estero.

Cráneo en el Museo de La Plata.

Mamífero Proboscideo. Era un megamamifero que emigro desde el norte en "El gran cambio biótico Americano", encontrando en América del sur un nuevo lugar para expandirse. Fue un Proboscideo (que posee trompa) al igual que el extinto Mamut y el actual elefante. Era herbívoro y llegaron a tener una masa corporal de 3,5 toneladas y unos 4 metros de altura. Habitaron lugares abiertos y pantanosos, donde sus huesos se iban incorporando al sedimento a medida que morían. Los hallazgos de restos fósiles de antiguos elefantes son algo escasos. Se han protagonizado descubrimientos muy notables, como los realizados por Carlos Ameghino en 1913 y luego Kraglievich y compañía en 1928. Hace unos años atrás, se recato un cráneo muy completo en el patio de una vivienda en la localidad de Moreno. Stegomastodon es un género diferenciado en América del Norte, posiblemente desde el Plioceno temprano, que se extiende en ese subcontinente hasta el Pleistoceno temprano-medio. A nivel sudamericano, las revisiones llevadas sostienen la existencia de dos especies en este género: S. platensis y S. waringi. La primera se reconoce por sus 'defensas rectas', que en su porción más anterior se curvan ligeramente y presentan esmalte; mientras que en la segunda se observa la ausencia de esmalte. La distribución de S. platensis es más austral que la de S. waringi, y alcanza al Uruguay, Paraguay, Brasil y gran parte de Argentina, donde tiene un biocrón que se extiende desde el Ensenadense hasta el Lujanense (Pleistoceno temprano-Pleistoceno tardío-Holoceno) . En la Argentina, sus restos han sido exhumados en la Provincia de Buenos Aires (donde se halla su límite más austral, a los 37°S), y en las provincias de Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero y Corrientes. Se ha inferido para este taxón una marcada preferencia por climas de tipo templado cálido y hábitats de zonas abiertas o sabanas arboladas. Estos taxones habrían estado adaptados principalmente a ambientes templado cálidos de altura, alimentándose de especies vegetales arbustivas. Los restos de mastodontes hallados en América del Sur pertenecen a dos tipos diferentes, que los paleontólogos incluyen en los géneros Cuvieronius (dedicado al naturalista francés George Cuvier, el primero en describir un mastodonte) y Stegomastodon (mastodonte con defensas). Hasta ahora, el género Stegomastodon era conocido en la Argentina por una única especie: Stegomastodon platensis. La otra especie, que se había descubierto en Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y, posiblemente, Colombia, es Stegomastodon waringi, en homenaje a un investigador de apellido Waring, que descubrió restos de este mastodonte en Brasil. A esta última especie pertenece la rama mandibular hallada en el lecho oceánico de Argentina. presentada por los paleontólogos Cione y Eduardo Tonni del Museo de La Plata y Alejandro Dondas del Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata, presentaron los restos mas australes atribuidos a Stegomastodon waringi, encontrados en el fondo marino y recuperada por una red de arrastre de un buque pesquero. Otras especies: Stegomastodon waringi, Stegomastodon platensis y Cuvieronius hyodon.


Hippidion principale. Lund, 1945.
     

Cráneo de Onohipidium y mandíbula, en el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Esqueleto de Hippidion en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires.

Reconstrucción de caballo americano extinguido. Por el dibujante y museólogo Daniel Boh.

Mamífero Ungulado. Es otro mamífero aloctono, que llego a Sudamérica a principios del Pleistoceno en el gran intercambio faunistico de fines del Plioceno. De acuerdo a la recientes teorías de algunos Paleontólogos, este genero seria originario de Sudamérica y estaría emparentado con Pliohippus y Dinohippus del Plioceno de América del norte.  Era un primitivo caballo, el cual se extinguió poco antes de la llegada de los primeros colonos sin dejar representantes vivientes, siendo reemplazado por el caballo europeo. Era similar al cebras de Africa, pero algo mas bajo y rechoncho, con extremidades cortas. Su cráneo presenta unos huesos nasales algo alargados y pronunciados que las formas vivientes. Por otro lado, es notable la conformación de las extremidafdes, proporcionalmente cortas y anchas, que le confieren al animal un aspecto masiso. Su peso pudo ser de 400 kilos. El primer registro de un caballo fósil sudamericano fue el molar superior descubierto por Charles Darwin cerca de Bahía Blanca (Prov. Buenos Aires), al que Richard Owen identifico en 1840, lo denomino Equus caballus (la especie actual), y mas tarde lo denomino Equus curvidens. Se han hallado numerosos esqueletos bien preservados en distintas zonas del país. El registro es ampliamente conocido desde el norte de Ecuador hasta el sur Patagonico. Desde el punto de vista estratigráfico, es conocido desde el Plioceno superior (Uquiense) hasta el Pleistoceno superior - Holoceno (Lujanense reciente). Las características adaptativas de la parte distal de las extremidades de Hippidion pueden ser indicadores de distintos tipos de suelo y vegetación. El hábitat de Hippidion debería corresponder a un bosque húmedo y suelo blando. Los Equidos de América del sur se han extinguido totalmente. Algunos ejemplares mas modernos de Hippidion, provienen de sitios arqueológicos de la Provincia de Buenos Aires, como Arroyo Seco, ubicado en el Partido de Tres Arroyos, con una antigüedad de 8500 años. Géneros relacionados: Hippidion esta representado por tres especies: Hippidion devillei, Hippidion principale y Hippidion saldiasi. Los primeros se encuentran representados en el registro fósil de la provincia de Buenos Aires y de Tarija (Bolivia), mientras que Hippidion saldiasi esta representado en Patagonia austral.


Palaeolama weddellii. Gervais y Ameghino, 1880.
     
Esqueleto. (*) Icnita (huella) de Lama. (*) Reconstrucción en vivo. (*)

Mamífero Ungulado. En los tiempos lujanenses, las llamas y los guanacos no estaban restringidos a su presente distribución andino-patagónica, y eran habitantes frecuentes de nuestras praderas. Es un camélido oriundo de América del norte que llego a nuestras praderas hace mas de 1,5 millones de años. El registro mas primitivo de la familia Camelidae, corresponde al Plioceno de Barranca los Lobos, entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar (Provincia de Buenos Aires) de la Formación San Andrés (edad Uquiense), y para el Pleistoceno se hallaban bien diferenciados Paleolama y Lama. Su apariencia era semejante a la de una llama o guanaco contemporáneo, pero su altura superaba la de un camello viviente de Asia y África. Se alimentaba principalmente del pastoreo y sus restos son muy abundantes en la Provincia de Buenos Aires hasta hace unos 8 mil años, quedando reemplazados por los géneros vivientes, los cuales después del siglo XVII desaparecieron completamente de la región pampeana, sobreviviendo en las estepas patagónicas. Su peso estimado es de 1 tonelada. Los restos de Paleolama son muy frecuentes en nuestros sedimentos Pleistocenos. Así los demuestran los numerosos restos rescatados por Lorenzo Parodi en 1913 y posteriormente por Carlos Ameghino y sus colaboradores en 1918. Poseía miembros robustos,  metapodos cortos y mandíbula mesognatas y bajas. Géneros relacionados: Eulamaops, Hemiauchenia, Lama lama, Paleolama weddellii, Lama vicugna, Camelus glama, Lama guanicoe, Lama gracialis y Lama owenii.


Antifer cf. Ensenadensis. Ameghino, 1889.

Fragmento de cornamenta de Antifer. Depositada en el Museo de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar.

Vitrina del Museo de La Plata con restos de cervidos del Pleistoceno. En este caso ilustrativo, el genero Morenelaphus.

Reconstrucción del gigantesco cervido Antifer.

Mamífero Ungulado. La familia Cervidae ingresó a América del Sur durante el gran intercambio biótico (límite Plio-Pleistoceno). Este grupo sufrió una rápida radiación durante el Pleistoceno, aumentando su diversidad hacia fines del Piso Ensenadense (Plioceno tardío-Pleistoceno medio, situación que se manifiesta en la presencia de diversos géneros, tanto actuales como extintos. Procedentes de la región Pampeana de donde provienen la gran mayoría de los registros, hallazgos vinculados en gran parte a las intensas y repetidas exploraciones paleontológicas, cuyas especies, son comparables con las faunas de ciervos pleistocénicos de Río Grande do Sul (Brasil) y de la Formación Sopas (Pleistoceno superior) del Uruguay. La existencia de material correspondiente a Antifer cf. Ensenadensis. Este género era exclusivo del Ensenadense, tanto de la región Pampeana como de la provincia de Santa Fe. Antifer tenia preferencia por ambientes abiertos con predominio de vegetación arbustiva. De esta manera, las condiciones ambientales que prevalecieron en el Bonaerense y Lujanense de la Mesopotamia podrían haber sido semejantes a las del sur de Brasil y parte de Uruguay, esto es, el predominio de climas algo más húmedos que los registrados en la región Pampeana. Esta familia tiene una clara especialización de tipo ramoneador. Evidencias provenientes de distintas disciplinas (sedimentológicas, palinológicas y paleofaunísticas), sugieren que, para parte del Pleistoceno, las condiciones climáticas entre la Mesopotamia argentina, el sur de Brasil y parte de Uruguay debieron poseer una marcada similitud. Esto difiere de lo conocido de la región Pampeana, que tuvo un clima relativamente más árido y frío. Géneros relacionados: Blastocerus dichotomus, Epieuryceros, Morenelaphus, Hippocamelus, Paraceros y Ozotoceros bezoarticus.


Morenelaphus brachiceros. Carette, 1922.

Esqueleto en el Museo Provincial de Ciencias Naturales de Córdoba. Restos de cráneo hallado en Centinela del Mar, depositado en el Museo Punta Hermengo de Miramar.

Aspecto que presentaba en vida Morenelaphus. Recreado por el paleoartista Jorge Blanco en el libro Bestiario Fósil.

Mamífero Ungulado. Es otra de las especies que llegaron a América del sur en el gran intercambio biótico americano a principios del Pleistoceno. Pertenece a la familia de los Cervidos, pero se trata de un genero totalmente desaparecido y algo más grande que los representantes vivientes de la familia. Tenia cuernos muy robustos, cilíndricos y achatados, longitudinalmente arqueados y en forma de "s" terminado en tres puntas muy filosas, ideales para la defensa. Su alimentación y comportamiento no habrá sido muy diferente a los ejemplares actuales. Hallazgos muy interesantes de estos Cervidos fueron realizados en el territorio bonaerense por Carlos Ameghino y jurado en 1913, por Lorenzo Parodi en 1914 y por Lucas Kraglievich en 1928. En la actualidad los descubrimientos de estos mamíferos se realizaron en abundancia en la localidad fosilífera de Centinela del Mar a unos 45 kilómetros de la ciudad de Miramar, donde se halla un enorme médano "fósil" con una antigüedad estimada de 200 mil años antes del presente. Su presencia en el registro estratigráfico se remonta al Bonaerense y se extiende hasta el Lujanense tardío.  En América del Sur, sus restos han sido hallados en Uruguay, Paraguay, sur de Brasil y Argentina. Por otra parte, existe muy poca información relacionada con los requerimientos ecológicos de este género, aunque algunos autores han postulado ambientes abiertos o parcialmente arbolados. Otra especie: Morenelaphus lujanensis, Blastocerus dichotomus, Epieuryceros, Hippocamelus, Paraceros y Ozotoceros bezoarticus.


Eubalaena australis. Demoulins, 1822.

 

Humero atribuido tentativamente a un ejemplar adulto de Eubalaena, hallado en un arroyo cercano a la ciudad de Miramar. Museo Punta Hermengo. Reconstrucción en vivo de Eubalaena australis del Pleistoceno y Holoceno. (*)

Mamífero Cetáceo. Representante fósil de la actual Ballena franca, presentaba un cráneo ancho y deprimido posteriormente. Poseía una larga columna, constituida por 58 o 59 vértebras, de las cuales 7 eran cervicales, 15 dorsales, 10 lumbares y 27 caudales, además de 15 pares de costillas, un humero macizo, con la misma longitud del cubito y radio, y cinco dedos cortos, con acepción del media, el cual es notablemente mas largo. Al igual que sus representantes vivientes, se alimentaría de pequeños crustáceos y microorganismos que filtraría por medio de las barbas que se hallaban en su mandíbula superior. En una zona terrestre de la localidad de Mar del Sud, a unos 17 kilómetros al sur de la ciudad de Miramar (Provincia de Buenos Aires) se hallaron restos fósiles de una ballena del genero Eubalaena, que datarían de cientos de miles de años. Se encontraron básicamente huesos de la parte posterior del cráneo, partes cercanas al oído y la articulación de la mandíbula,  lo permiten un buen diagnóstico y dejan entrever una particularidad: prácticamente no existen los fósiles de ballena del Cuaternario. En este sentido, en algunas regiones del país se observan algunos restos de dicho genero, sobre todo en las proximidades de La Plata. Escasean esta clase de descubrimientos debido a las características del clima y los condiciones maritimas provocan el ineludible deterioro, imposibilitando el hallazgo. Sumado a esta particularidad, ya que es muy raro que aparezca un fósil de origen marino en una zona terrestre. La explicación,  proviene de los diferentes estados naturales que se han suscitado en el transcurso de los milenios. La orilla del mar es "fluctuante", es decir, en la época de los glaciares el borde costero de la región pampeana se encontraba a 200 kilómetros mar adentro, porque el agua se depositaba en aquellos fenómenos naturales (glaciares), lo cual impedía una entrada de mayor altitud. De la misma manera, un interglaciar (el momento opuesto) hay más agua y hubo momentos en que el mar subió hasta seis metros sobre el nivel actual, de modo que lo que hoy es tierra en otro tiempo se hallaba por debajo del nivel de mar. Este animal por el motivo que fuere, muere en la última etapa del período antes descrito (el cual se llama "ingresión) y ha quedado allí, dándose las condiciones como para que se fosilice. Cabe destacar que en la historia hubo dos ingresiones (o entradas de mar) registradas. La primera data de 120.000 años y la segunda es la que dio origen a la laguna de Mar Chiquita hace 6.000 años (Formación Querandi). Al parecer, por la coloración del fósil y una serie de características se presume que dichos restos pertenecerían a la ingresión más antigua llamada "Belgranense - Continental". Por la escasez de este tipo de hallazgos y el modo en que han sido encontrados los restos fósiles, se trataría de uno de los descubrimientos de mayor extrañeza que se han concretado en los últimos tiempos correspondientes a criaturas marinas del Cenozoico tardío. Otras especies: Plesiocetus garopii, Notiocetus romerianus, Megaptera longipinna y Eubalaena australis.


Tenebrionidae. Latreille, 1802.

Fragmentos de sedimento con el molde negativo de un escarabajo Tenebrionidae.

Aspecto de un Tenebrionidae en la actualidad, semejante al que vivió hace miles de años.

Coleoptero. El Museo Municipal Punta Hermengo de dio a conocer el hallazgo de un extraño fósil atribuido a un escarabajo que vivió en la región hace unos 10 mil años antes del presente. El peculiar hallazgo, ocurrió en forma accidental, cuando un equipo dirigido por el museólogo Daniel Boh en noviembre de 2002, se encontraban extrayendo los restos fósiles de un cráneo con su mandíbula, atribuidos a un gran perezoso gigante llamado Scelidotherium. En esa oportunidad, un trozo del sedimento que era separado junto a los restos óseos del megamamífero, se rompió en dos fragmentos, y en ambas partes se divisaron las improntas con detalles muy íntimos de la morfología del escarabajo. “Solo se preservó un molde de la estructura original, ya que los sedimentos portadores de fósiles de la región pampeana no conservan los restos blandos, la posibilidad de encontrar restos de este tipo, son muy escasos debido a su inusual preservación, y aporta información sobre el ambiente. La extraña impronta permaneció guardada durante mucho tiempo, debido a la falta de antecedentes similares para su apropiada identificación. Recién en 2012 se realizaron estudios comparativos y se presentaron en 2014. El material estudiado fue identificado como perteneciente a la familia de escarabajos Tenebrionidae. En la actualidad son una de las grandes familias de coleópteros, con unas 20.000 especies descritas, viviendo especialmente en diversos ambientes esteparios y desérticos. Son básicamente detritívoros, es decir, generalmente se alimentan de sólidos permanentes, que provienen de la descomposición de fuentes orgánicas (vegetales y animales), lo cual indicaría la presencia del escarabajo fósil hallado en la ciudad de Miramar, a centímetros de los restos óseos del perezoso gigante Scelidotherium. Posiblemente, este pequeño escarabajo se estaba alimentando de los restos orgánicos luego de la descomposición del cráneo hallado, como cuero y tendones sobre el hueso, y por motivos que no sabemos, murió junto a su fuente de alimento y se preservó extraordinariamente durante miles de años, guardando detalles muy íntimos de su morfología. Los fósiles de insectos del Cuaternario (últimos dos millones de años) son en su mayoría muy escasos en el mundo, pero los pocos reconocidos son perfectamente adjudicables a especies actuales y prácticamente no se conocen extinciones o especiaciones durante este período, pero sí grandes cambios en la distribución geográfica de muchas especies en consonancia con los cambios climáticos.


(*) Imagen de autor u origen desconocido. Ver sobre nuestras Políticas de uso de imágenes.

 

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