PaleoArgentina Web. El Yacimiento Paleoicnologico de Pehuen Có. La llegada del Hombre Prehistórico y su forma de Vida. El Scelidoterio. El gran topo prehistórico de la Región Pampeana. Recorriendo los grandes bosques petrificados de Argentina.
 
 
   

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El Yacimiento Paleoicnologico de Pehuen Có.

Fragmento del Articulo: Magnussen Saffer, Mariano (2005). El Yacimiento de Icnitas de Pehuen Co. Naturaleza Pampeana, pasado y presente. Publicación digitalizada del Museo Municipal Punta Hermengo. marianomagnussen@yahoo.com.ar

En la costa del suroeste bonaerense posee un abundante registro de pisadas antiguas y en Pehuencó se ha descubierto el yacimiento paleoicnológico [paleo=antiguo; icno= traza o huella; logos=ciencia] más importante de toda América.

Estas huellas representan a una comunidad de animales que vivió hace unos 12 mil años, en este continente. Además toda esa comunidad y las rocas que las contienen nos están contando una historia de un clima diferente, de animales que no viven más y de no hace tanto tiempo. Nos están advirtiendo de extinciones, de cambio de clima que nos pueden ayudan a la proyección de nuestro futuro. Hay grandes cambios climáticos, pero quienes estudiamos a las rocas ya lo sabemos. A veces para proyectar un pueblo cerca del mar, un camino, debemos tener en cuenta esa historia. No es solamente información, es supervivencia conocer nuestro pasado.

El yacimiento de huellas fósiles se prolonga a la largo de la costa por más de tres kilómetros, a la altura de la playa media y alta, entre Pehuen Co y Monte Hermoso. Pero además las capas de rocas, que forman como una escalinata que baja hacia el mar, se extienden hasta debajo del médano. Eso no da esperanzas de que algo se vaya a conservar para el futuro.

Las huellas se descubrieron en 1986 después de una gran marejada. Por momentos, el yacimiento permanece cubierto con arena y entonces la gente que pasa por el lugar no lo ve y provoca involuntariamente daños en las rocas que están debajo de la arena.

Después de un fuerte viento desde el mar se pueden destapar en diferentes sectores y es así como se descubren nuevas icnitas.

En estos momentos, se están haciendo campañas que incluyen investigación, tomas de moldes y de fotografías, y la obtención de la mayor cantidad de datos para que quede un registro para el futuro, sobre todo de lo que se va destruyendo no sólo por la acción humana sino porque se está elevando el nivel del mar. Como consecuencia de ello, en nuestras costas tan planas la erosión marina avanza tierra adentro, descubriendo nuevas capas con huellas y huesos.

Cuando quedan expuestas, las observamos minuciosamente, las fotografiamos y sí se justifica, hacemos moldes porque hay miles de pisadas.

Este sitio ha sido investigado por S. Aramayo y T. Manera de Bianco, quienes han registrado centenares de pisadas de mamíferos y aves del Pleistoceno superior entre 12.000 y 9000 años antes del presente a lo largo de más de 3 km de afloramientos. La fauna representada es notablemente variada y las pisadas son atribuibles, por una parte, a animales que se han extinguido: megaterios, milodontes, gliptodontes, camélidos de gran talla, macrauchenia, osos y mastodontes; por otra lado, a especies actuales como cérvidos, pumas, guanacos, un carnívoro semejante al aguará guazú, zorros, ñandúes, flamencos, perdices y aves acuáticas, semejantes a los que habitan en la actualidad.

Los sedimentos que contienen las pisadas están apoyados sobre depósitos de edad pleistocénica -hace más de 10.000 años- expuestos en la zona intermareal de la playa. La unidad que corresponde al Holoceno se inicia con capas esencialmente arcillosas de color gris claro, laminadas, con delgadas intercalaciones de arenas. Aquí es donde se observa la mayor densidad de pisadas. Por encima se disponen sucesivos bancos de arena, entre los que se intercalan delgadas láminas de arcillas. Es en estos contactos donde se han detectado las pisadas mejor preservadas, que son poco profundas y muchas conservan aún sus rellenos.

Sobre las icnitas se hicieron moldes en una parte ínfima del yacimiento, de las huellas de un perezoso gigante, posiblemente un Lestodon, que es diferente al megaterio. En el verano que pasó se hallaron las marcas del pelaje en las huellas grandes de megaterio. Hace unos años, 36 huellas seguidas de megaterio que tenían unos 90 centímetros cada una, conforman el pisadero mas largo y llamativo del yacimiento.

Hay huellas aisladas o rastrilladas enteras: un caminito dejado por un animal que fue circulando y que a veces desaparece. Aquí era un lugar donde se acumulaba agua dulce y en los bordes había barros. Entonces el animal caminaba desde un sitio seco hasta el agua.

Para que se conserve un registro paleoicnologico tan frágil como el de las pisadas de megamamiferos u otros vertebrados mas pequeños, deben darse una serie de eventos en un orden adecuado. En el caso estudiado, un ambiente de relativa quietud (de baja energía), como las aguas de una laguna costera, favoreció la preservación.

El orden de los eventos fue el siguiente:

1.- Debajo del agua se depositó una capa de grano fino que fue importante para registrar los detalles con mayor fidelidad.

2.- El sedimento de las márgenes, al quedar expuesto al aire, perdió parte del agua de los poros y adquirió cierta plasticidad, deformándose parcialmente con el peso de los caminantes.

3.- Luego de impresas las pisadas, el agua debió cubrirlas rápidamente pero con baja energía. Las huellas que se conservaron no quedaron expuestas por mucho tiempo, pues en caso contrario se hubieran borrado. De este modo, perduraron las más cercanas al borde de la laguna, y es lo que determina que los sitios con pisadas estén, casi siempre, en las márgenes de antiguos cuerpos de agua.

4.- Con posterioridad a su enterramiento, el depósito no sufrió grandes transformaciones hasta que fue erosionado por un agente "sutil" como el agua. En este caso, el mar al penetrar entre la huella y su relleno hizo que se separaran dejando a la vista la impronta. Sin embargo, en la medida en que la erosión marina actúa sobre los sedimentos con pisadas, las destruye. Al principio remueve el relleno y la marca de la pata queda a la vista; luego, como la acción abrasiva continúa, comienza a afectar la huella hasta que la borra totalmente. Este proceso es casi imposible de detener, pero en la medida en que el mar va erosionando algunas pisadas, deja otras tantas al descubierto.

Los moldes son importantes porque se obtiene un negativo en tres dimensiones de lo que está impreso en la roca. Ahora se guardarán en el Museo de Ciencias Naturales `Carlos Darwin` en forma de moldes, pero sirven para hacer réplicas (copiar lo que ahora está en la playa) y analizar un montón de detalles que se utilizan para el estudio.

Rastrillada de Megatherium.

El autor junto al cráneo de un Megaterio.

El material sintético que se emplea se llama caucho siliconado, que es muy caro, pero por suerte ahora las técnicas requieren de poca cantidad que se combina con un respaldo de poliuretano y resina con fibra de vidrio que hace base resistente para después tomar copias.

Todo conlleva a que necesitemos de buen tiempo, que no siempre se da. Se realiza una campaña de 10 días, en la cual se emplean algunos de ellos para tomar moldes. Pero cuando no se realizan, se llevan a cabo mediciones con GPS y teodolito para llevar hace un mapa del yacimiento. Y se toman muestras del sedimento para hacer diferentes estudios. Las huellas quedan fantásticas.

Ahora se encuentra un stock bastante importante de moldes, en el depósito del Museo de Punta Alta, realizando nuevas campañas para ir acrecentando la colección.

Fuentes: XVIII Jornadas Argentinas de Paleontología de Vertebrados. Bahía Blanca 2002. Museo Municipal de Ciencias Naturales Carlos Darwin. Fotografías de Daniel Boh.
 

 


La llegada del Hombre Prehistórico y su forma de Vida.

Magnussen Saffer, Mariano (2002). Publicado en el Suplemento de Ecología y medio Ambiente del Semanario El Sol. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Consideraciones generales.

Los restos culturales y zooarqueologicos nos dicen que la llanura pampeana ha sido el escenario de un proceso cultural cuyos protagonistas fueron, durante muchísimos años, los aborígenes. 

Las investigaciones sobre el hombre antiguo y la arqueología en la región comenzaron hace más de un siglo, pero toma impulso con la obra del sabio paleontólogo Florentino Ameghino, si bien ha sido muy difícil lograr conclusiones inobjetables, sus estudios e investigaciones, y los de quienes le siguieron permiten afirmar que el hombre pampeano llegó a coexistir con los grandes mamíferos del final del pleistoceno cuando estos estaban a punto de desaparecer hace varios miles de años, y a los cuales cazaba para procurarse su alimentación. Algunas de las numerosas pruebas fueron colectadas en distintas localidades fosilíferas de la Provincia de Buenos Aires, como el el Partido de Olavarria, Necochea entre otros. Pero sus orígenes se remontan a muchos años atrás, fundamentadas principalmente por el hallazgo de un fémur de Toxodon platensis (conocido en entonces como Toxodon chapadmalensis) con una punta de proyectil incrustada en el, realizado por el polémico itinerario Lorenzo Parodi en 1914 en la ciudad de Miramar.

Teniendo en cuenta que el Pleistoceno culminó hace unos 10.000 años, con la última glaciación, nos es posible establecer que ya desde entonces hubo seres humanos habitando en esta zona, a partir de hallazgos de coexistencia con mamíferos extintos datados entre 11 y 9 mil años antes del presente. Con la culminación del pleistoceno y el subsiguiente comienzo del holoceno se produjo un cambio general en el clima y del paisaje, los grandes mamíferos (Toxodontes, Gliptodontes y Megaterios) se extinguieron y las pampas se transformaron en el paisaje por el que transitarían la fauna sobreviviente y el hombre. 

Cabe suponer que en tanto hubiera con qué alimentarse no habría razón para moverse de la región, el hombre de aquella época dependía para su sustento del alimento que lograba, básicamente, por medio de la caza, cuando los grandes mamíferos se extinguieron su búsqueda se orientó hacia animales de porte grande, como el guanaco, el ciervo o los lobos marinos sobre la costa atlántica, de los cuales obtenían carne para su dieta y cuero para vestir y construir sus viviendas, procesando de la mejor manera posible su sustento económico.

Los humanos vivirían entonces en aquellos lugares más aptos para obtener su alimento, en particular en los que habitaba el guanaco, en la llanura pampeana estos sitios bien pudieron ser las zonas serranas de Tandilia y Ventania, de hecho, hemos mencionado antes que en los 'picaderos', entre los médanos de la costa atlántica, se encuentran numerosas piezas de cuarcita, este material no es propio de las zonas costeras pero abunda en las sierras, lo que sugiere que quienes habitaban entre los médanos lo traían de aquella región. Toda la parte central y meridional de la provincia de Buenos Aires presenta sitios de interés arqueológico, muchos de ellos localizados a campo abierto.

Desde el punto de vista del atractivo que presenta un sitio para habitar en el, la parte de la costa tiene el ingrediente adicional, especialmente en épocas de calor, de ser una zona con corrientes de aire, lo que permitía a hombres y animales escapar de las plagas de insectos picadores.

Sin embargo no es posible establecer con certeza si los aborígenes residían permanentemente en la costa o en las sierras, o si las zonas costeras eran lugares de paso, o bien, zonas de cacería, la escasez de restos de alfarería sugiere la posibilidad de estas últimas alternativas. Si bien en la zona abundan los restos fósiles y el material arqueológico, la información que han brindado es escasa, en parte porque no existe un acuerdo respecto de los niveles estratigráficos lo que no permite tener certeza acerca de la antigüedad de las muestras. Podemos asumir que, en términos generales y en tanto no ocurriera algún cambio drástico, la vida del aborigen pampeano se mantuvo mas o menos invariable, y durante muchos años continuaría siendo un nómada cazador.

Pero seguramente los paleoaborigenes debieron vivir refugiados en las cuevas que presentan las formaciones de Tandilla y Ventana como lo demuestras numerosos sitios Arqueológicos, que poseen fauna extinguida menos espectaculares que los gigantes del Pleistoceno, y cuyas registros se lo pueden estudiar en forma sistemática desde principios de Holoceno hasta hace pocos centenares de años.

Luego en épocas de calor como primavera, verano y tal vez parte del otoño, se acercaban a las zonas costeras por otros tipos de motivos (además de los ya mencionados) como para colectar calcedonias rodadas para la fabricación de artefactos lítico. Así mismo, capturaban distintos animales de gran porte, especialmente el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens) o el lobo marino de dos pelos (Arctocephalus australis), ricos en grasas y proteínas para épocas de poco temperatura. Es muy probable que mujeres y niños se dedicaran a la recolección de mariscos y otros tipos de invertebrados, encontrados asociados (y en algunos casos quemados) en los sitios arqueológicos.

 

El Scelidoterio. El gran topo prehistórico de la Región Pampeana.

Por el Museólogo y PaleoArtista Daniel Boh. Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar. www.museodemiramar.com.ar; museomiramar@gmail.com.

Algo que saben todos los paleontólogos y aficionados a los fósiles, es que en la zona pampeana es muy probable que, uno de cada dos restos hallados sea del omnipresente Scelidoterio. Este era un gran perezoso, de unos 3 metros de largo y más de una tonelada de peso. A pesar de su tamaño era una de las especies más pequeñas, ya que sus parientes podían competir con los elefantes.

En cambio sus parientes actuales; los perezosos arborícolas de la selva misionera no pasan el metro de largo. Todos ellos son Edentados, un grupo al que pertenecen también los Gliptodontes, los osos hormigueros, las mulitas y peludos. El nombre científico del  Scelidoterio es Scelidotherium leptocephalum, que significa: “Animal de patas iguales” y “cabeza alargada”. Este nombre le fue colocado por el científico inglés Richard Owen en 1840, gracias a unos restos hallados por Charles Darwin durante el famoso viaje alrededor del mundo que dio principio a su Teoría de la Evolución.

Este animal no era especialmente interesante, ya que la abundancia de restos y su  “modesto” tamaño no generaba gran entusiasmo. Era herbívoro, quizás algo carroñero y de posibles hábitos pacíficos. Sus restos se pueden encontrar en estratos de 700.000 años y de hace apenas 8.000 años, es decir, fueron unos animales relativamente exitosos.

UNA NUEVA VISIÓN.

A mediados de los años noventa se dieron a conocer los hallazgos de varias cuevas y galerías subterráneas en la ciudad de Mar del Plata. Normalmente estas son rellenadas por el correr de los siglos y las lluvias pero no en este caso, lo que permitió el estudio de las mismas con gran detalle. Se pudo observar que existían marcas de garras y hasta el roce del cuerpo del animal.

Se creyó que se trataba de obras realizadas por grandes peludos como el actual Tatú Carreta, y que en aquellos tiempos tenían hasta 2 metros de largo. Las discusiones se fueron acallando hasta que, cerca del 2000 se encontraron más pruebas de estos grandes topos pero, esta vez los culpables ya no eran los grandes acorazados, sino los perezosos de tamaño medio como los Scelidoterios o los Glossoterios (otros animales similares pero más grandes).

Estas nuevas cuevas tenían un diámetro de 1,20 mts. y fue posible hasta identificar ensanchamientos a modo de cámaras para crianza, etc.

Por otra parte se realizaron moldes de yeso de las marcas en las paredes y, o sorpresa, coinciden con las garras de nuestro amigo, el Scelidoterio. El hallazgo fue presentado por el técnico Alejandro Dondas del Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mar del Plata  entre otros autores. En el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar se exhibe una de estas marcas junto a una garra y la similitud es evidente, las cuales fueron recuperadas de una enorme galería con cámaras de 1,9 metros de diámetro, halladas por Mariano Magnussen Saffer del Grupo Paleo y colaborador del Museo miramarense.  

SE EXPLICAN ALGUNAS COSAS

Hasta principios de los 90 se creía que ciertas marcas en los acantilados costeros eran indicios de antiguos cauces provocados por grandes lluvias repentinas en medio de climas normalmente secos.

Estas marcas son identificadas por el ojo entrenado pero una vez que se conoce el patrón de su forma no cuesta demasiado darse cuenta que estamos viendo una cueva rellenada cortada transversalmente. Por otra parte es muy común encontrar huesos fosilizados que están desarticulados, rotos y hasta gastados por un posterior arrastre. Esto ocurrió, probablemente, por el trabajo de generaciones de estos perezosos, cavando incansablemente en el subsuelo de la región pampeana.

Es usual ver también grandes caparazones de gliptodontes en posición invertida dentro del yacimiento. Durante mucho tiempo se creyó, que estos gigantes caían en madrigueras de vizcachas. Con esta nueva forma de ver al asunto es más probable que con su gran peso desplomaban el techo de la cueva, con ocupantes o no. Durante la ampliación de la Ruta Nacional 2 a la entrada de Mar del Plata, se encontraron restos de un oso adulto y dos oseznos en lo que se cree fue una cueva. Posiblemente en este caso el dueño original fue expulsado y la nueva familia se instaló en el lugar con la mala suerte  que su refugio los dejara atrapados.

En la localidad de Mar del Sud fueron hallados un esqueleto de un Scelidoterio adulto, junto a un juvenil. Estos  se encontraban perfectamente articulados. Posiblemente sus cuerpos fueron enterrados en forma repentina y esto pudo ocurrir dentro de una cueva cuyo techo colapsó, por un gran peso o por un defecto en el terreno. Estos ejemplares se encuentran en el Museo Punta Hermengo.

ULTIMAS NOTICIAS

Recientemente se han realizado estudios sobre la anatomía de estos animales y se llegó a la conclusión que sus brazos estaban perfectamente adaptados para los movimientos de excavación.

Además las rugosidades en sus huesos indican que poseía unos músculos formidables. Por otra parte la pelvis está diseñada para soportar su peso sobre las patas traseras, dato importante para los movimientos mientras se hace una cueva. El andar bípedo de los grandes perezosos y gliptodontes es una teoría que está siendo cada vez más aceptada entre los paleontólogos.

Cuando pensamos en los antiguos, interminables y planos paisajes de la zona pampeana que vieron los primeros exploradores europeos, debemos recordar que seguramente no siempre fueron así, sino que los mismos estaban matizados con bosquecitos de talas, sauces, algarrobos y quebrachos; en un terreno modificado permanentemente por estos gigantescos topos prehistóricos.

Bibliografía recomendada:

Buenos Aires, un millón de años atrás.  Fernando Novas, editorial Siglo XXI, colección Ciencia que ladra… 2006.

Los mamíferos fósiles de Buenos Aires. Ricardo Pasquiali, Eduardo Tonni, Universitas, 2004.

Hallan una cueva realizada por mamíferos gigantes en el Pleistoceno de Miramar. Magnussen Saffer, Mariano. 2008.Paleo, Boletín Paleontológico. Año 6. Numero 29: 30-34.

 

Algunos integrantes de la paleofauna del Terciario del territorio argentino.

 Mariano Magnussen Saffer. Director Grupo Paleo. Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Municipal Punta Hermengo. marianomagnussen@yahoo.com.ar

Sudamérica quedó separada de Norteamérica al finalizar el Paleoceno. Los único mamíferos placentarios que existían por ese entonces eran Ungulados terrestres arcaicos que evolucionaron y derivaron en lo que mas tarde conformaría la gran megafauna terciaria sudamericana.

Entre aquellas grande especies se hallaban los Toxodontes (el primer fósil de toxodonte fue hallado por Charles Darwin durante la expedición del Beagle), los Macrauquénidos, Megaterios, Milodontes, Dasypodios y Glyptodontes entre las especies de gran tamaño. Los tipoterios , los hegetoterios y los prototeroterios eran de menor tamaño, pero no memos asombrosos que los anteriores.

Los desdentados primitivos dieron lugar a los actuales armadillos como el tatú carreta; los pichi-ciego o las mulitas como también de osos hormigueros y perezosos, aquellos originales fueron mucho más grandes que los descendientes actuales, por ejemplo el Megatherium tuvo un tamaño semejante a un elefante. Otro grupo de desdentados extintos de gran tamaño fueron los Gliptodontes, rama colateral de los armadillos, cuya característica adaptativa en forma de defensa era poseer una gran coraza.

Por aquellos tiempos existían también en Sudamérica una gran diversidad mamíferos marsupiales. Como no existían placentarios carnívoros si los había marsupiales como Borhyaena que ocupaba exitosamente el nicho. Pese a la gran diversidad de los marsupiales durante un largo período geológico las especies se fueron extinguiendo.

Sólo las “zarigüeyas” son sobrevivientes de una época sudamericana con predominio marsupial, si bien la presencia de especies de zarigüeyas en Norteamérica no es grande, por el contrario son muy variadas todavía en Sudamérica donde proliferan unas 65 especies.

 

Durante el Oligoceno, sucedió que un conjunto de islas (mas tarde fue la elevación del istmo de Panamá) permitió que desde el norte de América pudieran pasar hacia Sudamérica grupos de mamíferos pequeños. Aquellos primeros “colonizadores” de territorio sudamericano fueron los roedores histricomorfos del suborden que agrupa a los puercos espines. De estos roedores evolucionaron en Sudamérica las vizcachas, coendúes, el paca, capibara y el coipú.

Otra migración de primates ancestrales produjo la aparición de los actuales monos sudamericanos, quienes evolucionaron paralelamente de aquellos de Europa. Por último, emigraron los mapaches que dieron lugar en Sudamérica a los actuales Coatíes. Al mismo tiempo en el norte de América los placentarios mas avanzados ocupaban cada vez mas nichos y los marsupiales y ungulados arcaicos comenzaban a extinguirse.

Al finalizar el Plioceno comenzó a elevarse el itsmo de Panamá produciéndose un verdadero puente continental entre el norte de América y Sudamérica. Esto dio paso a grandes migraciones de placentarios avanzados. Entre los herbívoros se hallaban los Mastodontes, pecaríes, la llama y el caballo. Mientras que los carnívoros tales como el tigre dientes de sable, el jaguar, los zorros y los lobos representaban a los carnívoros placentarios.

Las presiones ejercidas por los recursos alimenticios (bióticos) que imponían estos grupos en Sudamérica contribuyó sin dudas a la extinción de los ungulados arcaicos quienes al final del pleistoceno desaparecen definitivamente al igual que aquellos carnívoros marsupiales (recuerden a Borhyaena) viéndose estos desplazados de 60 millones de años de ocupación del nicho. Pero no solo desaparecieron carnívoros, también musarañas, conejos, ardillas y los luego prósperos y exitosos roedores cricétidos, corrieron suerte parecida a los carnívoros marsupiales.

Como se ha dicho antes las zarigüeyas, los armadillos y coendúes lograron llegar al norte de América y sobrevivir, pero sin embargo son muy escasos estos éxitos comparándolos a aquellos mamíferos placentarios que migraron a Sudamérica.

La balanza evolutiva dictaminó que, una vez abierto el puente entre las dos América, placentarios y marsupiales se vieran “cara a cara” y disputaran los nichos. Borhyaena y el tigre dientes de sable. Los placentarios del norte eran especies que soportaron grandes presiones y extinciones. Los marsupiales no, vivieron sesenta millones de años sin grandes alteraciones. Una vez abierto el puente y, al medirse en la balanza, los marsupiales pesaron menos y desaparecieron. Esto no quiere decir sin embargo que los placentarios fueron “superiores” a los marsupiales. Fue la evolución el factor que cada América se desarrollo en función a las presiones extrínsecas. La medida hubiera sido de igual modo si los grupos de América del norte, en vez de ser placentarios hubieran sido marsupiales.

Sin embargo a fines del pleistoceno otro agente mundial desconocido de extinción hizo desaparecer no solo a especies sudamericanas sino también a aquellas norteamericanas. El caballo, el mamut, el mastodonte y los tigres dientes de sable se extinguieron, también el Megatherium que había sobrevivido a las incursiones de placentarios del norte. El tapir sobrevivió en Sudamérica pero no en el norte.

Esta es de alguna manera parte de la historia reciente de la historia evolutiva de la fauna sudamericana, muy resumida por cierto.

Bibliografía Sugerida.

Alberdi, M.T., Bonadonna, F.P., Cerdeño, E., Prado, J.L., Sánchez, B. y Tonni, E.P. Recambio faunístico en el Cuaternario de Argentina.- Docum.  Lab.  Géol. Lyon, 125: 17-27; 1993. Lyon, Francia.

Bravard, A. (1858). Monografía de los terrenos marinos terciarios del Paraná. Imprenta del Registro Oficial 107 pp. Paraná. (Reimpresión del Congreso de la Nación 1995)

Kraglievich, J.L. 1953. La llanura bonaerense a través de un perfil geológico. Revista Mundo Atómico, 14: 88-99.

Kraglievich, L. 1934. La antigüedad pliocena de las faunas de Monte Hermoso y Chapadmalal deducidas de su comparación con las que le precedieron y sucedieron. Imprenta El Siglo Ilustrado, p. 17-133. Montevideo.

Magnussen Saffer, Mariano. La Megafauna Extinguida del Partido de General Alvarado. (2005). Boletín de divulgación Cientifica Técnica. Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar, Prov. Buenos Aires, Argentina.

Osvaldo Reig. (1980). Teoría del origen y desarrollo de la fauna de mamíferos de América del Sur. Mar del Plata, Museo Municipal de Ciencias Naturales "Lorenzo Scaglia", 1981, Monografía Naturae, Nº 1.

Pascual, R., Carlini, M., Bond, M. y Goin, F.J. Mamíferos cenozoicos. In: “GEOLOGÍA Y RECURSOS NATURALES DE SANTA CRUZ”, 2002. Relatorio del XV Congreso Geológico Argentino (El Calafate, Santa Cruz, 23-26 abril 2002):533-544.

 

Recorriendo los grandes bosques petrificados de Argentina.

Con más de 120 millones de años, estas extensas áreas protegidas ofrecen al visitante la posibilidad de apreciar troncos, flores y frutos cubiertos por lava durante milenios. Considerados entre los más importantes de toda Sudamérica, se encuentran en las provincias argentinas de Mendoza, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.

Escondidos durante miles de años bajo un grueso manto de lava y cenizas, originado por erupciones volcánicas que tuvieron lugar durante el período Cretácico, los bosques petrificados de la Argentina se posicionan en su mayoría en la extensa y mística Patagonia.

Coincidente este fenómeno natural con el surgimiento de la imponente Cordillera de los Andes, fueron la misma erosión del viento y el agua las que volvieron a sacarlos a la superficie.

Algunos de estos húmedos y frondosos bosques de centenarias araucarias y pehuenes, convertidos en duras rocas por los minerales que los cubrieron, fueron habitados por comunidades aborígenes que los utilizaron como talleres para elaborar objetos en piedra. Otros resultaron afectados, incluso, por el paso de vehículos destinados a la actividad petrolera.

Lo cierto es que los restos fósiles que se exhiben al visitante -al aire libre o en museos- llegan a medir hasta 35 metros de largo por tres de diámetro, considerados entre los más grandes que se conocen en el mundo.     

Una belleza santacruceña

Uno de los más importantes que se puede visitar al sur del país, fue declarado Monumento Natural en el año 1954. Se trata del Bosque Jaramillo, situado al noreste de la provincia de la provincia de Santa Cruz, en el Departamento de Puerto Deseado.

Distante unos 100 kilómetros del poblado más cercano, abarca 13.700 hectáreas protegidas, que la Administración de Parques Nacionales busca extender a 60 mil mediante la adquisición de las estancias linderas.

Un área que supo tener un clima estable de gran humedad, cuyos enormes árboles fueron cubiertos por cenizas que derivaron en este proceso de petrificación. Con un relieve ondulado, circundado por altas mesetas, invita a realizar salidas de trecking hacia el Cerro Madre e Hija, de apenas 400 metros de altitud. En el sector más bajo, también suele verse la laguna Grande, dependiendo de las lluvias caídas en la región.

Considerado único en el mundo, el Bosque Jaramillo resistió a la fuerza de ríos y glaciares, siendo los ejemplares ya antes de la petrificación de alrededor de mil años. Y por las actuales condiciones de aridez, la vegetación es más bien rala y achaparrada. Se pueden observar en el camino algunas cactáceas de grandes flores anaranjadas, y más alejados molles, duraznillos y calafates.

Bajo temperaturas que en verano alcanzan los 40 grados, la fauna se compone de grupos de guanacos, algunos zorros grises que se divisan a la distancia, variedad de aves y coloridas lagartijas. Como asiento de cazadores y recolectores, también evidencia entre sus riquezas antiguos picaderos y canteras de los que se extraía materia prima.

Además de un centro de información, fue erigido allí un pequeño museo. Y si bien posee áreas de acampe, es importante llevar alimentos y bebidas. Recién a 20 kilómetros existe un camping privado sobre el camino de acceso.

Para llegar desde Buenos Aires, la vía de conexión es la Ruta Nacional 3 hasta llegar a unos 150 kilómetros al sur de Caleta Olivia, donde es preciso ingresar en la Ruta Provicncial 49 y transitar poco más de una hora de ripio, hasta llegar a la Seccional de Guardaparques del Monumento. El ingreso es gratuito y permanece abierto durante todo el año, entre las 9 y las 20 horas.

Entre picos y glaciares

A escasos kilómetros de la ciudad de El Calafate, el destino por excelencia para llegar hasta el Parque Nacional Los Glaciares y el magnífico Perito Moreno, también se erige otro de los bosques petrificados argentinos, más conocido como La Leona. Es una excursión de día completo sobre la mística Ruta Nacional 40, donde diferentes agencias ofrecen largas caminatas entre los enormes árboles de piedra desde 129 dólares.

Muy cercano a los cristalinos lagos Argentino y Viedma, los corrientosos ríos Leona y Santa Cruz, y una impactante panorámica de los cerros Fitz Roy y Torre, se incluye una vista al casco histórico de una centenaria estancia donde también es posible encontrar los restos fósiles de distintos tipos de dinosaurios. Un área de casi 800 hectáreas, en la que se evidencia una superficie de particular característica lunar.

Tesoros chubutenses

Más al norte, otro de los bosques petrificados más importantes del país es el José Ormachea, situado a unos 25 kilómetros de la localidad de Sarmiento, en la provincia de Chubut.

Un lugar único, que en la década del '60 sufrió una fuerte depredación por la actividad de varias compañías petroleras que trabajaban en la región. Distante 165 kilómetros al este de Comodoro Rivadavia, el acceso se realiza por la Ruta Provincial 26, donde se encuentra un camino totalmente señalizado y una oficina de Guardafaunas.

En el otro extremo, también es posible visitar el Bosque Petrificado Florentino Ameghino, una muestra ineludible de la vegetación que fue arrasada por el mar hace ya unos 58 millones de años.

Con ejemplares que alcanzan los 22 metros de largo, es una de las excursiones más recomendadas cuando se visita Trelew, situado sobre la Ruta Nacional 25 y el valle inferior del río Chubut.

Cercanos a la Cordillera

Las últimas dos paradas ideales para recorrer este circuito temático que transporta al viajero a miles de años atrás, son el Bosque Petrificado de Valcheta, en la provincia de Río Negro, y el Bosque Petrificado Llano Blanco, en la provincia de Mendoza. Ambos protagonistas de ramas y frutos intactos pertenecientes a estos ancestrales árboles fosilizados.

El primero de ellos, es el más importante del norte de la Patagonia, y se ubica en cercanías del pueblo que lleva ese mismo nombre en la denominada Línea Sur, por la que pasa el legendario Tren Patagónico que sale de Bariloche. Un espacio donde también es posible encontrar un museo con huevos de dinosaurios que se exponen en lo que fue la primera usina de la urbe.

El Bosque Petrificado Llano Blanco se sitúa en cercanías a la Caverna de las Brujas y en las afueras de la localidad de Bardas Blancas, a poco más de una hora de Malargüe. Una extensa región de viejas araucarias que se desarrolla en el interior de una propiedad privada.

 

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