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El Yacimiento Paleoicnologico de
Pehuen Có.
Fragmento del Articulo: Magnussen Saffer,
Mariano (2005). El Yacimiento de Icnitas de Pehuen Co. Naturaleza
Pampeana, pasado y presente. Publicación digitalizada del Museo
Municipal Punta Hermengo.
marianomagnussen@yahoo.com.ar
En la costa del suroeste bonaerense
posee un abundante registro de pisadas antiguas y en Pehuencó se ha
descubierto el yacimiento paleoicnológico [paleo=antiguo; icno= traza o
huella; logos=ciencia] más importante de toda América.
Estas
huellas representan a una comunidad de animales que vivió hace unos 12
mil años, en este continente. Además toda esa comunidad y las rocas que
las contienen nos están contando una historia de un clima diferente, de
animales que no viven más y de no hace tanto tiempo. Nos están
advirtiendo de extinciones, de cambio de clima que nos pueden ayudan a
la proyección de nuestro futuro. Hay grandes cambios climáticos, pero
quienes estudiamos a las rocas ya lo sabemos. A veces para proyectar un
pueblo cerca del mar, un camino, debemos tener en cuenta esa historia.
No es solamente información, es supervivencia conocer nuestro pasado.
El yacimiento de huellas fósiles se prolonga a la
largo de la costa por más de tres kilómetros, a la altura de la playa
media y alta, entre Pehuen Co y Monte Hermoso. Pero además las capas de
rocas, que forman como una escalinata que baja hacia el mar, se
extienden hasta debajo del médano. Eso no da esperanzas de que algo se
vaya a conservar para el futuro.
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Las huellas se descubrieron en 1986 después de una
gran marejada. Por momentos, el yacimiento permanece cubierto con arena
y entonces la gente que pasa por el lugar no lo ve y provoca
involuntariamente daños en las rocas que están debajo de la arena.
Después de un fuerte viento desde el mar se pueden
destapar en diferentes sectores y es así como se descubren nuevas
icnitas. |
En estos momentos, se están haciendo campañas que
incluyen investigación, tomas de moldes y de fotografías, y la obtención
de la mayor cantidad de datos para que quede un registro para el futuro,
sobre todo de lo que se va destruyendo no sólo por la acción humana sino
porque se está elevando el nivel del mar. Como consecuencia de ello, en
nuestras costas tan planas la erosión marina avanza tierra adentro,
descubriendo nuevas capas con huellas y huesos.
Cuando quedan expuestas, las observamos
minuciosamente, las fotografiamos y sí se justifica, hacemos moldes
porque hay miles de pisadas.
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Este sitio ha sido investigado por S. Aramayo y T.
Manera de Bianco, quienes han registrado centenares de pisadas de
mamíferos y aves del Pleistoceno superior entre 12.000 y 9000 años antes
del presente a lo largo de más de 3 km de afloramientos. La fauna
representada es notablemente variada y las pisadas son atribuibles, por
una parte, a animales que se han extinguido: megaterios, milodontes,
gliptodontes, camélidos de gran talla, macrauchenia, osos y mastodontes;
por otra lado, a especies actuales como cérvidos, pumas, guanacos, un
carnívoro semejante al aguará guazú, zorros, ñandúes, flamencos,
perdices y aves acuáticas, semejantes a los que habitan en la
actualidad.
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Los sedimentos que
contienen las pisadas están apoyados sobre depósitos de edad
pleistocénica -hace más de 10.000 años- expuestos en la zona intermareal
de la playa. La unidad que corresponde al Holoceno se inicia con capas
esencialmente arcillosas de color gris claro, laminadas, con delgadas
intercalaciones de arenas. Aquí es donde se observa la mayor densidad de
pisadas. Por encima se disponen sucesivos bancos de arena, entre los que
se intercalan delgadas láminas de arcillas. Es en estos contactos donde
se han detectado las pisadas mejor preservadas, que son poco profundas y
muchas conservan aún sus rellenos.
Sobre las icnitas se hicieron moldes en una parte
ínfima del yacimiento, de las huellas de un perezoso gigante,
posiblemente un Lestodon, que es diferente al megaterio.
En el verano que pasó se hallaron las marcas del pelaje en las huellas
grandes de megaterio. Hace unos años, 36 huellas seguidas de megaterio
que tenían unos 90 centímetros cada una, conforman el pisadero mas largo
y llamativo del yacimiento.
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Hay huellas aisladas o rastrilladas
enteras: un caminito dejado por un animal que fue circulando y que a
veces desaparece. Aquí era un lugar donde se acumulaba agua dulce y
en los bordes había barros. Entonces el animal caminaba desde un
sitio seco hasta el agua.
Para que se conserve un registro
paleoicnologico tan frágil como el de las pisadas de megamamiferos u
otros vertebrados mas pequeños, deben darse una serie de eventos en
un orden adecuado. En el caso estudiado, un ambiente de relativa
quietud (de baja energía), como las aguas de una laguna costera,
favoreció la preservación. |
El orden de los eventos fue el
siguiente:
1.- Debajo del agua se depositó una
capa de grano fino que fue importante para registrar los detalles con
mayor fidelidad.
2.- El sedimento de las márgenes, al
quedar expuesto al aire, perdió parte del agua de los poros y adquirió
cierta plasticidad, deformándose parcialmente con el peso de los
caminantes.
3.- Luego de impresas las pisadas, el
agua debió cubrirlas rápidamente pero con baja energía. Las huellas que
se conservaron no quedaron expuestas por mucho tiempo, pues en caso
contrario se hubieran borrado. De este modo, perduraron las más cercanas
al borde de la laguna, y es lo que determina que los sitios con pisadas
estén, casi siempre, en las márgenes de antiguos cuerpos de agua.
4.- Con posterioridad a su
enterramiento, el depósito no sufrió grandes transformaciones hasta que
fue erosionado por un agente "sutil" como el agua. En este caso, el mar
al penetrar entre la huella y su relleno hizo que se separaran dejando a
la vista la impronta. Sin embargo, en la medida en que la erosión marina
actúa sobre los sedimentos con pisadas, las destruye. Al principio
remueve el relleno y la marca de la pata queda a la vista; luego, como
la acción abrasiva continúa, comienza a afectar la huella hasta que la
borra totalmente. Este proceso es casi imposible de detener, pero en la
medida en que el mar va erosionando algunas pisadas, deja otras tantas
al descubierto.
Los moldes son importantes porque se obtiene un
negativo en tres dimensiones de lo que está impreso en la roca. Ahora se
guardarán en el Museo de Ciencias Naturales `Carlos Darwin` en forma de
moldes, pero sirven para hacer réplicas (copiar lo que ahora está en la
playa) y analizar un montón de detalles que se utilizan para el estudio.
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Rastrillada de
Megatherium. |
El autor junto al
cráneo de un Megaterio. |
El material sintético que se emplea se llama caucho
siliconado, que es muy caro, pero por suerte ahora las técnicas
requieren de poca cantidad que se combina con un respaldo de poliuretano
y resina con fibra de vidrio que hace base resistente para después tomar
copias.
Todo conlleva a que necesitemos de buen tiempo, que
no siempre se da. Se realiza una campaña de 10 días, en la cual se
emplean algunos de ellos para tomar moldes. Pero cuando no se realizan,
se llevan a cabo mediciones con GPS y teodolito para llevar hace un mapa
del yacimiento. Y se toman muestras del sedimento para hacer diferentes
estudios. Las huellas quedan fantásticas.
Ahora se encuentra un
stock
bastante importante de moldes, en el depósito del Museo de Punta Alta,
realizando nuevas campañas para ir acrecentando la colección.
Fuentes: XVIII Jornadas Argentinas de
Paleontología de Vertebrados. Bahía Blanca 2002. Museo Municipal de
Ciencias Naturales Carlos Darwin. Fotografías de Daniel Boh.
La llegada del Hombre
Prehistórico y su forma de Vida.
Magnussen Saffer, Mariano (2002). Publicado
en el Suplemento de Ecología y medio Ambiente del Semanario El Sol.
marianomagnussen@yahoo.com.ar
Consideraciones generales.
Los restos culturales y
zooarqueologicos nos dicen que la llanura pampeana ha sido el escenario
de un proceso cultural cuyos protagonistas fueron, durante muchísimos
años, los aborígenes.
Las investigaciones sobre el
hombre antiguo y la arqueología en la región comenzaron hace más de un
siglo, pero toma impulso con la obra del sabio paleontólogo Florentino
Ameghino, si bien ha sido muy difícil lograr conclusiones inobjetables,
sus estudios e investigaciones, y los de quienes le siguieron permiten
afirmar que el hombre pampeano llegó a coexistir con los grandes
mamíferos del final del pleistoceno cuando estos estaban a punto de
desaparecer hace varios miles de años, y a los cuales cazaba para
procurarse su alimentación. Algunas de las numerosas pruebas fueron
colectadas en distintas localidades fosilíferas de la Provincia de
Buenos Aires, como el el Partido de Olavarria, Necochea entre otros.
Pero sus orígenes se remontan a muchos años atrás, fundamentadas
principalmente por el hallazgo de un fémur de Toxodon platensis
(conocido en entonces como Toxodon chapadmalensis) con una
punta de proyectil incrustada en el, realizado por el polémico
itinerario Lorenzo Parodi en 1914 en la ciudad de Miramar.
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Teniendo en cuenta
que el Pleistoceno culminó hace unos 10.000 años, con la última
glaciación, nos es posible establecer que ya desde entonces hubo
seres humanos habitando en esta zona, a partir de hallazgos de
coexistencia con mamíferos extintos datados entre 11 y 9 mil
años antes del presente. Con la culminación del pleistoceno y el
subsiguiente comienzo del holoceno se produjo un cambio general
en el clima y del paisaje, los grandes mamíferos (Toxodontes,
Gliptodontes y Megaterios) se extinguieron y las pampas se
transformaron en el paisaje por el que transitarían la fauna
sobreviviente y el hombre. |
Cabe suponer que en tanto
hubiera con qué alimentarse no habría razón para moverse de la región,
el hombre de aquella época dependía para su sustento del alimento que
lograba, básicamente, por medio de la caza, cuando los grandes mamíferos
se extinguieron su búsqueda se orientó hacia animales de porte grande,
como el guanaco, el ciervo o los lobos marinos sobre la costa atlántica,
de los cuales obtenían carne para su dieta y cuero para vestir y
construir sus viviendas, procesando de la mejor manera posible su
sustento económico.
Los humanos vivirían entonces
en aquellos lugares más aptos para obtener su alimento, en particular en
los que habitaba el guanaco, en la llanura pampeana estos sitios bien
pudieron ser las zonas serranas de Tandilia y Ventania, de hecho, hemos
mencionado antes que en los 'picaderos', entre los médanos de la costa
atlántica, se encuentran numerosas piezas de cuarcita, este material no
es propio de las zonas costeras pero abunda en las sierras, lo que
sugiere que quienes habitaban entre los médanos lo traían de aquella
región. Toda la parte central y meridional de la provincia de Buenos
Aires presenta sitios de interés arqueológico, muchos de ellos
localizados a campo abierto.
Desde el punto de vista del
atractivo que presenta un sitio para habitar en el, la parte de la costa
tiene el ingrediente adicional, especialmente en épocas de calor, de ser
una zona con corrientes de aire, lo que permitía a hombres y animales
escapar de las plagas de insectos picadores.
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Sin embargo no es
posible establecer con certeza si los aborígenes residían
permanentemente en la costa o en las sierras, o si las zonas
costeras eran lugares de paso, o bien, zonas de cacería, la escasez
de restos de alfarería sugiere la posibilidad de estas últimas
alternativas. Si bien en la zona abundan los restos fósiles y el
material arqueológico, la información que han brindado es escasa, en
parte porque no existe un acuerdo respecto de los niveles
estratigráficos lo que no permite tener certeza acerca de la
antigüedad de las muestras. Podemos asumir que, en términos
generales y en tanto no ocurriera algún cambio drástico, la vida del
aborigen pampeano se mantuvo mas o menos invariable, y durante
muchos años continuaría siendo un nómada cazador. |
Pero seguramente los
paleoaborigenes debieron vivir refugiados en las cuevas que presentan
las formaciones de Tandilla y Ventana como lo demuestras numerosos
sitios Arqueológicos, que poseen fauna extinguida menos espectaculares
que los gigantes del Pleistoceno, y cuyas registros se lo pueden
estudiar en forma sistemática desde principios de Holoceno hasta hace
pocos centenares de años.
Luego en épocas de calor como
primavera, verano y tal vez parte del otoño, se acercaban a las zonas
costeras por otros tipos de motivos (además de los ya mencionados) como
para colectar calcedonias rodadas para la fabricación de artefactos
lítico. Así mismo, capturaban distintos animales de gran porte,
especialmente el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens)
o el lobo marino de dos pelos (Arctocephalus australis),
ricos en grasas y proteínas para épocas de poco temperatura. Es muy
probable que mujeres y niños se dedicaran a la recolección de mariscos y
otros tipos de invertebrados, encontrados asociados (y en algunos casos
quemados) en los sitios arqueológicos.
El Scelidoterio. El gran topo prehistórico de la
Región Pampeana.
Por el Museólogo
y PaleoArtista Daniel Boh. Museo Municipal Punta Hermengo de
Miramar.
www.museodemiramar.com.ar;
museomiramar@gmail.com.
Algo que saben
todos los paleontólogos y aficionados a los fósiles, es que en
la zona pampeana es muy probable que, uno de cada dos restos
hallados sea del omnipresente Scelidoterio. Este era un gran
perezoso, de unos 3 metros de largo y más de una tonelada de
peso. A pesar de su tamaño era una de las especies más pequeñas,
ya que sus parientes podían competir con los elefantes.
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En
cambio sus parientes actuales; los perezosos arborícolas
de la selva misionera no pasan el metro de largo. Todos
ellos son Edentados, un grupo al que pertenecen también
los Gliptodontes, los osos hormigueros, las mulitas y
peludos. El nombre científico del Scelidoterio es
Scelidotherium leptocephalum, que significa:
“Animal de patas iguales” y “cabeza alargada”. Este
nombre le fue colocado por el científico inglés Richard
Owen en 1840, gracias a unos restos hallados por Charles
Darwin durante el famoso viaje alrededor del mundo que
dio principio a su Teoría de la Evolución. |
Este animal no
era especialmente interesante, ya que la abundancia de restos y
su “modesto” tamaño no generaba gran entusiasmo. Era
herbívoro, quizás algo carroñero y de posibles hábitos
pacíficos. Sus restos se pueden encontrar en estratos de 700.000
años y de hace apenas 8.000 años, es decir, fueron unos animales
relativamente exitosos.
UNA NUEVA
VISIÓN.
A mediados de
los años noventa se dieron a conocer los hallazgos de varias
cuevas y galerías subterráneas en la ciudad de Mar del Plata.
Normalmente estas son rellenadas por el correr de los siglos y
las lluvias pero no en este caso, lo que permitió el estudio de
las mismas con gran detalle. Se pudo observar que existían
marcas de garras y hasta el roce del cuerpo del animal.
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Se
creyó que se trataba de obras realizadas por grandes
peludos como el actual Tatú Carreta, y que en aquellos
tiempos tenían hasta 2 metros de largo. Las discusiones
se fueron acallando hasta que, cerca del 2000 se
encontraron más pruebas de estos grandes topos pero,
esta vez los culpables ya no eran los grandes
acorazados, sino los perezosos de tamaño medio como los
Scelidoterios o los Glossoterios (otros animales
similares pero más grandes).
Estas
nuevas cuevas tenían un diámetro de 1,20 mts. y fue
posible hasta identificar ensanchamientos a modo de
cámaras para crianza, etc. |
Por otra parte
se realizaron moldes de yeso de las marcas en las paredes y, o
sorpresa, coinciden con las garras de nuestro amigo, el
Scelidoterio. El hallazgo fue presentado por el técnico
Alejandro Dondas del Museo Municipal de Ciencias Naturales de
Mar del Plata entre otros autores. En el Museo Municipal
Punta Hermengo de Miramar se exhibe una de estas marcas junto a
una garra y la similitud es evidente, las cuales fueron
recuperadas de una enorme galería con cámaras de 1,9 metros de
diámetro, halladas por Mariano Magnussen Saffer del Grupo Paleo
y colaborador del Museo miramarense.
SE EXPLICAN
ALGUNAS COSAS
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Hasta
principios de los 90 se creía que ciertas marcas en los
acantilados costeros eran indicios de antiguos cauces
provocados por grandes lluvias repentinas en medio de
climas normalmente secos.
Estas
marcas son identificadas por el ojo entrenado pero una
vez que se conoce el patrón de su forma no cuesta
demasiado darse cuenta que estamos viendo una cueva
rellenada cortada transversalmente. Por otra parte es
muy común encontrar huesos fosilizados que están
desarticulados, rotos y hasta gastados por un posterior
arrastre. Esto ocurrió, probablemente, por el trabajo de
generaciones de estos perezosos, cavando incansablemente
en el subsuelo de la región pampeana. |
Es usual ver
también grandes caparazones de gliptodontes en posición
invertida dentro del yacimiento. Durante mucho tiempo se creyó,
que estos gigantes caían en madrigueras de vizcachas. Con esta
nueva forma de ver al asunto es más probable que con su gran
peso desplomaban el techo de la cueva, con ocupantes o no.
Durante la ampliación de la Ruta Nacional 2 a la entrada de Mar
del Plata, se encontraron restos de un oso adulto y dos oseznos
en lo que se cree fue una cueva. Posiblemente en este caso el
dueño original fue expulsado y la nueva familia se instaló en el
lugar con la mala suerte que su refugio los dejara
atrapados.
En la localidad
de Mar del Sud fueron hallados un esqueleto de un Scelidoterio
adulto, junto a un juvenil. Estos se encontraban
perfectamente articulados. Posiblemente sus cuerpos fueron
enterrados en forma repentina y esto pudo ocurrir dentro de una
cueva cuyo techo colapsó, por un gran peso o por un defecto en
el terreno. Estos ejemplares se encuentran en el Museo Punta
Hermengo.
ULTIMAS
NOTICIAS
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Recientemente se han realizado estudios sobre la
anatomía de estos animales y se llegó a la conclusión
que sus brazos estaban perfectamente adaptados para los
movimientos de excavación.
Además las rugosidades en sus huesos indican que poseía
unos músculos formidables. Por otra parte la pelvis está
diseñada para soportar su peso sobre las patas traseras,
dato importante para los movimientos mientras se hace
una cueva. El andar bípedo de los grandes perezosos y
gliptodontes es una teoría que está siendo cada vez más
aceptada entre los paleontólogos. |
Cuando pensamos
en los antiguos, interminables y planos paisajes de la zona
pampeana que vieron los primeros exploradores europeos, debemos
recordar que seguramente no siempre fueron así, sino que los
mismos estaban matizados con bosquecitos de talas, sauces,
algarrobos y quebrachos; en un terreno modificado
permanentemente por estos gigantescos topos prehistóricos.
Bibliografía
recomendada:
Buenos Aires,
un millón de años atrás. Fernando Novas, editorial Siglo
XXI, colección Ciencia que ladra… 2006.
Los mamíferos
fósiles de Buenos Aires. Ricardo Pasquiali, Eduardo Tonni,
Universitas, 2004.
Hallan una
cueva realizada por mamíferos gigantes en el Pleistoceno de
Miramar. Magnussen Saffer, Mariano. 2008.Paleo, Boletín
Paleontológico. Año 6. Numero 29: 30-34.
Algunos integrantes de la paleofauna del
Terciario del territorio argentino.
Mariano Magnussen Saffer.
Director Grupo Paleo. Presidente de la Asociación de Amigos del
Museo Municipal Punta Hermengo.
marianomagnussen@yahoo.com.ar
Sudamérica
quedó separada de Norteamérica al finalizar el Paleoceno. Los
único mamíferos placentarios que existían por ese entonces eran
Ungulados terrestres arcaicos que evolucionaron y derivaron en
lo que mas tarde conformaría la gran megafauna terciaria
sudamericana.
Entre aquellas
grande especies se hallaban los Toxodontes (el primer fósil de
toxodonte fue hallado por Charles Darwin durante la expedición
del Beagle), los Macrauquénidos, Megaterios, Milodontes,
Dasypodios y Glyptodontes entre las especies de gran tamaño. Los
tipoterios , los hegetoterios y los prototeroterios eran de
menor tamaño, pero no memos asombrosos que los anteriores.
Los desdentados
primitivos dieron lugar a los actuales armadillos como el tatú
carreta; los pichi-ciego o las mulitas como también de osos
hormigueros y perezosos, aquellos originales fueron mucho más
grandes que los descendientes actuales, por ejemplo el
Megatherium tuvo un tamaño semejante a un elefante. Otro
grupo de desdentados extintos de gran tamaño fueron los
Gliptodontes, rama colateral de los armadillos, cuya
característica adaptativa en forma de defensa era poseer una
gran coraza.
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Por
aquellos tiempos existían también en Sudamérica una gran
diversidad mamíferos marsupiales. Como no existían
placentarios carnívoros si los había marsupiales como
Borhyaena que ocupaba exitosamente el nicho.
Pese a la gran diversidad de los marsupiales durante un
largo período geológico las especies se fueron
extinguiendo.
Sólo
las “zarigüeyas” son sobrevivientes de una época
sudamericana con predominio marsupial, si bien la
presencia de especies de zarigüeyas en Norteamérica no
es grande, por el contrario son muy variadas todavía en
Sudamérica donde proliferan unas 65 especies.
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Durante el
Oligoceno, sucedió que un conjunto de islas (mas tarde fue la
elevación del istmo de Panamá) permitió que desde el norte de
América pudieran pasar hacia Sudamérica grupos de mamíferos
pequeños. Aquellos primeros “colonizadores” de territorio
sudamericano fueron los roedores histricomorfos del suborden que
agrupa a los puercos espines. De estos roedores evolucionaron en
Sudamérica las vizcachas, coendúes, el paca, capibara y el coipú.
Otra migración
de primates ancestrales produjo la aparición de los actuales
monos sudamericanos, quienes evolucionaron paralelamente de
aquellos de Europa. Por último, emigraron los mapaches que
dieron lugar en Sudamérica a los actuales Coatíes. Al mismo
tiempo en el norte de América los placentarios mas avanzados
ocupaban cada vez mas nichos y los marsupiales y ungulados
arcaicos comenzaban a extinguirse.
Al finalizar el
Plioceno comenzó a elevarse el itsmo de Panamá produciéndose un
verdadero puente continental entre el norte de América y
Sudamérica. Esto dio paso a grandes migraciones de placentarios
avanzados. Entre los herbívoros se hallaban los Mastodontes,
pecaríes, la llama y el caballo. Mientras que los carnívoros
tales como el tigre dientes de sable, el jaguar, los zorros y
los lobos representaban a los carnívoros placentarios.
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Las
presiones ejercidas por los recursos alimenticios
(bióticos) que imponían estos grupos en Sudamérica
contribuyó sin dudas a la extinción de los ungulados
arcaicos quienes al final del pleistoceno desaparecen
definitivamente al igual que aquellos carnívoros
marsupiales (recuerden a Borhyaena)
viéndose estos desplazados de 60 millones de años de
ocupación del nicho. Pero no solo desaparecieron
carnívoros, también musarañas, conejos, ardillas y los
luego prósperos y exitosos roedores cricétidos,
corrieron suerte parecida a los carnívoros marsupiales. |
Como se ha
dicho antes las zarigüeyas, los armadillos y coendúes lograron
llegar al norte de América y sobrevivir, pero sin embargo son
muy escasos estos éxitos comparándolos a aquellos mamíferos
placentarios que migraron a Sudamérica.
La balanza
evolutiva dictaminó que, una vez abierto el puente entre las dos
América, placentarios y marsupiales se vieran “cara a cara” y
disputaran los nichos. Borhyaena y el tigre
dientes de sable. Los placentarios del norte eran especies que
soportaron grandes presiones y extinciones. Los marsupiales no,
vivieron sesenta millones de años sin grandes alteraciones. Una
vez abierto el puente y, al medirse en la balanza, los
marsupiales pesaron menos y desaparecieron. Esto no quiere decir
sin embargo que los placentarios fueron “superiores” a los
marsupiales. Fue la evolución el factor que cada América se
desarrollo en función a las presiones extrínsecas. La medida
hubiera sido de igual modo si los grupos de América del norte,
en vez de ser placentarios hubieran sido marsupiales.
Sin embargo a
fines del pleistoceno otro agente mundial desconocido de
extinción hizo desaparecer no solo a especies sudamericanas sino
también a aquellas norteamericanas. El caballo, el mamut, el
mastodonte y los tigres dientes de sable se extinguieron,
también el Megatherium que había sobrevivido a las
incursiones de placentarios del norte. El tapir sobrevivió en
Sudamérica pero no en el norte.
Esta es de
alguna manera parte de la historia reciente de la historia
evolutiva de la fauna sudamericana, muy resumida por cierto.
Bibliografía
Sugerida.
Alberdi, M.T.,
Bonadonna, F.P., Cerdeño, E., Prado, J.L., Sánchez, B. y Tonni,
E.P. Recambio faunístico en el Cuaternario de Argentina.- Docum.
Lab. Géol. Lyon, 125: 17-27; 1993. Lyon, Francia.
Bravard, A. (1858). Monografía de los terrenos marinos
terciarios del Paraná. Imprenta del Registro Oficial 107 pp.
Paraná. (Reimpresión del Congreso de la Nación 1995)
Kraglievich,
J.L. 1953. La llanura bonaerense a través de un perfil
geológico. Revista Mundo Atómico, 14: 88-99.
Kraglievich,
L. 1934. La antigüedad pliocena de las faunas de Monte Hermoso y
Chapadmalal deducidas de su comparación con las que le
precedieron y sucedieron. Imprenta El Siglo Ilustrado, p.
17-133. Montevideo.
Magnussen
Saffer, Mariano. La Megafauna Extinguida del Partido de General
Alvarado. (2005). Boletín de divulgación Cientifica Técnica.
Museo Municipal de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar,
Prov. Buenos Aires, Argentina.
Osvaldo Reig.
(1980). Teoría del origen y desarrollo de la fauna de mamíferos
de América del Sur. Mar del Plata, Museo Municipal de Ciencias
Naturales "Lorenzo Scaglia", 1981, Monografía Naturae, Nº 1.
Pascual, R., Carlini, M., Bond, M. y Goin, F.J. Mamíferos
cenozoicos. In: “GEOLOGÍA Y RECURSOS NATURALES DE SANTA CRUZ”,
2002. Relatorio del XV Congreso Geológico Argentino (El
Calafate, Santa Cruz, 23-26 abril 2002):533-544.
Recorriendo los grandes bosques petrificados
de Argentina.
Con más de
120 millones de años, estas extensas áreas protegidas
ofrecen al visitante la posibilidad de apreciar troncos,
flores y frutos cubiertos por lava durante milenios.
Considerados entre los más importantes de toda Sudamérica,
se encuentran en las provincias argentinas de Mendoza, Río
Negro, Chubut y Santa Cruz.
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Escondidos durante miles de años bajo un grueso
manto de lava y cenizas, originado por erupciones
volcánicas que tuvieron lugar durante el período
Cretácico, los bosques petrificados de la Argentina
se posicionan en su mayoría en la extensa y mística
Patagonia.
Coincidente este fenómeno natural con el surgimiento
de la imponente Cordillera de los Andes, fueron la
misma erosión del viento y el agua las que volvieron
a sacarlos a la superficie. |
Algunos de
estos húmedos y frondosos bosques de centenarias araucarias y
pehuenes, convertidos en duras rocas por los minerales que los
cubrieron, fueron habitados por comunidades aborígenes que los
utilizaron como talleres para elaborar objetos en piedra. Otros
resultaron afectados, incluso, por el paso de vehículos
destinados a la actividad petrolera.
Lo cierto es
que los restos fósiles que se exhiben al visitante -al aire
libre o en museos- llegan a medir hasta 35 metros de largo por
tres de diámetro, considerados entre los más grandes que se
conocen en el mundo.
Una belleza
santacruceña
Uno de los más
importantes que se puede visitar al sur del país, fue declarado
Monumento Natural en el año 1954. Se trata del Bosque Jaramillo,
situado al noreste de la provincia de la provincia de Santa
Cruz, en el Departamento de Puerto Deseado.
Distante unos
100 kilómetros del poblado más cercano, abarca 13.700 hectáreas
protegidas, que la Administración de Parques Nacionales busca
extender a 60 mil mediante la adquisición de las estancias
linderas.
Un área que
supo tener un clima estable de gran humedad, cuyos enormes
árboles fueron cubiertos por cenizas que derivaron en este
proceso de petrificación. Con un relieve ondulado, circundado
por altas mesetas, invita a realizar salidas de trecking hacia
el Cerro Madre e Hija, de apenas 400 metros de altitud. En el
sector más bajo, también suele verse la laguna Grande,
dependiendo de las lluvias caídas en la región.
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Considerado único en el mundo, el Bosque Jaramillo
resistió a la fuerza de ríos y glaciares, siendo los
ejemplares ya antes de la petrificación de alrededor de
mil años. Y por las actuales condiciones de aridez, la
vegetación es más bien rala y achaparrada. Se pueden
observar en el camino algunas cactáceas de grandes
flores anaranjadas, y más alejados molles, duraznillos y
calafates.
Bajo
temperaturas que en verano alcanzan los 40 grados, la
fauna se compone de grupos de guanacos, algunos zorros
grises que se divisan a la distancia, variedad de aves y
coloridas lagartijas. Como asiento de cazadores y
recolectores, también evidencia entre sus riquezas
antiguos picaderos y canteras de los que se extraía
materia prima. |
Además de un
centro de información, fue erigido allí un pequeño museo. Y si
bien posee áreas de acampe, es importante llevar alimentos y
bebidas. Recién a 20 kilómetros existe un camping privado sobre
el camino de acceso.
Para llegar
desde Buenos Aires, la vía de conexión es la Ruta Nacional 3
hasta llegar a unos 150 kilómetros al sur de Caleta Olivia,
donde es preciso ingresar en la Ruta Provicncial 49 y transitar
poco más de una hora de ripio, hasta llegar a la Seccional de
Guardaparques del Monumento. El ingreso es gratuito y permanece
abierto durante todo el año, entre las 9 y las 20 horas.
Entre picos y
glaciares
A escasos
kilómetros de la ciudad de El Calafate, el destino por
excelencia para llegar hasta el Parque Nacional Los Glaciares y
el magnífico Perito Moreno, también se erige otro de los bosques
petrificados argentinos, más conocido como La Leona. Es una
excursión de día completo sobre la mística Ruta Nacional 40,
donde diferentes agencias ofrecen largas caminatas entre los
enormes árboles de piedra desde 129 dólares.
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Muy
cercano a los cristalinos lagos Argentino y Viedma, los
corrientosos ríos Leona y Santa Cruz, y una impactante
panorámica de los cerros Fitz Roy y Torre, se incluye
una vista al casco histórico de una centenaria estancia
donde también es posible encontrar los restos fósiles de
distintos tipos de dinosaurios. Un área de casi 800
hectáreas, en la que se evidencia una superficie de
particular característica lunar. |
Tesoros
chubutenses
Más al norte,
otro de los bosques petrificados más importantes del país es el
José Ormachea, situado a unos 25 kilómetros de la localidad de
Sarmiento, en la provincia de Chubut.
Un lugar único,
que en la década del '60 sufrió una fuerte depredación por la
actividad de varias compañías petroleras que trabajaban en la
región. Distante 165 kilómetros al este de Comodoro Rivadavia,
el acceso se realiza por la Ruta Provincial 26, donde se
encuentra un camino totalmente señalizado y una oficina de
Guardafaunas.
En el otro
extremo, también es posible visitar el Bosque Petrificado
Florentino Ameghino, una muestra ineludible de la vegetación que
fue arrasada por el mar hace ya unos 58 millones de años.
Con ejemplares
que alcanzan los 22 metros de largo, es una de las excursiones
más recomendadas cuando se visita Trelew, situado sobre la Ruta
Nacional 25 y el valle inferior del río Chubut.
Cercanos a la
Cordillera
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Las
últimas dos paradas ideales para recorrer este circuito
temático que transporta al viajero a miles de años
atrás, son el Bosque Petrificado de Valcheta, en la
provincia de Río Negro, y el Bosque Petrificado Llano
Blanco, en la provincia de Mendoza. Ambos protagonistas
de ramas y frutos intactos pertenecientes a estos
ancestrales árboles fosilizados.
El
primero de ellos, es el más importante del norte de la
Patagonia, y se ubica en cercanías del pueblo que lleva
ese mismo nombre en la denominada Línea Sur, por la que
pasa el legendario Tren Patagónico que sale de
Bariloche. Un espacio donde también es posible encontrar
un museo con huevos de dinosaurios que se exponen en lo
que fue la primera usina de la urbe. |
El Bosque
Petrificado Llano Blanco se sitúa en cercanías a la Caverna de
las Brujas y en las afueras de la localidad de Bardas Blancas, a
poco más de una hora de Malargüe. Una extensa región de viejas
araucarias que se desarrolla en el interior de una propiedad
privada.
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