Noticias de Paleontología 2023: Hallan los primeros restos en Argentina de Thalassocnus, un perezoso marino del Mio-Plioceno. Patagorhynchus pascuali, el nuevo ornitorrinco del Cretácico de Santa Cruz. Descubren huellas de “patinadas” de dinosaurios en el Cretácico de Neuquén. Yatenavis ieujensis, un ave que habitó en el Cretácico de Santa Cruz.  Nuevos datos de la habilidad visual del extinto Thylacosmilus o marsupial dientes de sable.  Recuperan fósiles de un Smilodon o tigre dientes de sable en la localidad de Ezeiza.  Nuevo estudio sobre fósiles de Plesiosauros de la Patagonia Argentina.  Investigadores argentinos dan a conocer el primer registro de viviparidad en serpientes documentado en Messelophis variatus, una boa del Eoceno.  El Patagotitan, el dinosaurio argentino más grande del mundo llega al Museo de Historia Natural de Londres. Recuperan fósiles de un Perezoso Gigante en el Pleistoceno de Venado Tuerto, Santa Fe.  Hallan en San Pedro fósiles de Dusicyon avus, un gran zorro extinto.  Reconstrucción en 3D el cráneo de Manidens condorensis, un pequeño dinosaurio jurásico. Chucarosaurus diripienda, una nueva especie de dinosaurio gigante del Cretácico de Río Negro. Pelecanus paranensis, una nueva especie de pelicano del Mioceno de Entre Rios. Un niño de 8 años encontró fósiles de un perezoso gigante de la edad de hielo en Miramar. Importante hallazgo de restos fósiles de Megaterio en Camet Norte. Hallan fósiles de pájaro carpintero más completo de Sudamérica en el Pleistoceno de San Pedro. El hueso medular en pingüinos fósiles, sería la clave de la diferenciación sexual. Huellas de dinosaurios adultos muestran que estos cuidaban a las crías. El hallazgo de Venetoraptor gassenae, un ancestro de los reptiles voladores. Chubutinectes carmeloi, un nuevo reptil marino de cuello largo en el Cretácico de Chubut.  Encuentran restos de aves del Holoceno.  Inawentu oslatus, una nueva especie de dinosaurio sauropodo del Cretácico de Neuquén. Más de 6.400 piezas paleontológicas robadas vuelven a Río Negro. Estudian cómo se alimentaban los delfines Notocetus vanbenedeni y Phoberodon arctirostris, del Mioceno de Patagonia.  Plohophorus avellaneda, una nueva especie de gliptodonte en Olavarría. Nuevos restos de un marsupial dientes de sable. Vultur messii, una nueva especie de cóndor fósil del Plioceno de Catamarca y que honra a Lionel Messi. Hallan fósiles de un Scolecophidia, una culebra ciega del Cuaternario de Entre Ríos. Hallan fósiles de un Scolecophidia, una culebra ciega del Cuaternario de Entre Ríos.
 
   

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Noticias de Paleontología 2023.

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Hallan fósiles de un Scolecophidia, una culebra ciega del Cuaternario

 de Entre Ríos.

El importante hallazgo se realizó en la provincia de Entre Ríos. Un grupo de investigación del CICYTTP, logró el registro de un fósil importante para Argentina, tal como da cuenta el artículo publicado recientemente en una revista de alcance internacional.

El estudio, llevado a cabo por Matías Peralta y Brenda Ferrero, investigadores del Laboratorio de Paleontología de Vertebrados del Centro de Investigación Científica y Transferencia de Tecnología a la Producción (CICYTTP, CONICET-Prov. Entre Ríos-UADER), permitió describir un ejemplar fósil de culebra ciega (Scolecophidia). Se trata del primero para nuestro país y es uno de los pocos conocidos para Sudamérica. Este grupo de serpientes fue previamente reportado en el Cretácico Tardío de Brasil y en el Mioceno de Colombia.

El descubrimiento fue presentado en la revista Historical Biology y consiste en una vértebra completa aislada de 1 mm. de largo, que fue encontrada en la barranca del Arroyo Doll, en cercanías de la localidad entrerriana de Molino Doll, en sedimentos que tienen una edad aproximada de 10 mil años. El nivel de preservación del ejemplar y el trabajo comparativo realizado permitió ajustar la determinación del fósil al nivel de género, algo poco frecuente en trabajos previos donde se han reportado restos fósiles de este grupo de serpientes. El género Epictia (Leptotyphlopidae) presenta algunas especies vivientes que actualmente se encuentran distribuidas en el centro y norte de Argentina.

Además del reporte y descripción del fósil, el análisis comparativo realizado con especies vivientes de Argentina permitió determinar y describir características morfológicas que serían de utilidad para identificar restos fósiles a nivel familiar o incluso genérico. El trabajo de investigación permite afirmar a Peralta que "la vértebra encontrada tiene cerca de 1 mm. de largo, lo que revela el valor del esfuerzo metodológico del trabajo realizado".

El descubrimiento del ejemplar fósil se enmarca en proyectos financiados por el CONICET y por la Agencia I+D+i, todos bajo la dirección científica de Brenda Ferrero, con el objetivo del estudio faunístico y paleoambiental del Cuaternario del sur de la Mesopotamia Argentina, lo cual es parte del trabajo de Matías Peralta, quién señala que "además de los proyectos mencionados, el plan de mi tesis doctoral -junto a otros proyectos de carácter más geológicos-, buscan generar un marco de conocimiento del clima y los ambientes imperantes en el pasado que puedan servir como herramienta para predecir futuros escenarios en el marco del cambio climático global y devenido en una crisis climática". Fuente: Conicet.

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Vultur messii, una nueva especie de cóndor fósil del Plioceno de Catamarca y que honra a Lionel Messi.

Restos fósiles de un cóndor de casi 5 millones de años, cuya especie homenajea al jugador de fútbol Lionel Messi a casi un año de la hazaña de ganar la copa del mundo, fue encontrado en los afloramientos geológicos del NOA.  Los cóndores son buitres del nuevo mundo con alas anchas y colas cortas. Un nuevo registro de Cóndor en el Plioceno de la provincia argentina de Catamarca, homenajea al jugador de Fútbol Lionel Messi. El registro fósil de cóndores (Aves, Cathartiformes) en América del Sur es escaso y particularmente en Argentina la mayoría de los restos asignados a cóndores han sido debatidos. 

Se considera la única especie fósil válida de este género icónico de aves. La presencia de una especie fósil de Vultur , recuperada de depósitos de más de casi 5 millones de años antes del presente, coincide con el ascenso de los cerros pampeanos y de los Andes, y el inicio de la aridificación regional. La existencia de cadenas montañosas incipientes también puede indicar que el centro de origen de este género está vinculado a la montaña de los Andes, lo que a su vez indica una llegada más temprana y una diversificación de los cóndores en América del Sur.

El estudio titulado “A new fossil condor (Aves, Cathartiformes) from the Early Pliocene of Catamarca province, Argentina” fue publicado en por los investigadores Federico J. Degrange, Ricardo A. Bonini, Sergio M. Georgieff y Lucía M. Ibañez.

Actualmente, el genero  Vultur, esta reporesentado por el genero y especie Vultur gryphus. Es el ave voladora más grande del mundo por la medida combinada de peso (15 kg) y envergadura máxima (3,3 m). Generalmente se le considera el ave rapaz más grande del mundo.

Es principalmente un ave carroñera pues prefiere cadáveres grandes, como los de ciervo o ganado. Alcanza la madurez sexual a los cinco o seis años de edad y anida en elevaciones de entre los 3000 y los 5000 metros sobre el nivel del mar, generalmente en formaciones rocosas inaccesibles.

Posee una tasa de reproducción muy baja pues suelen poner uno o dos huevos. Es una de las aves más longevas del mundo, con una esperanza de vida de más de setenta años en algunos casos.

La ubicación taxonómica exacta del cóndor andino y las seis especies restantes de buitres del Nuevo Mundo sigue sin estar clara. Aunque ambos son similares en apariencia y tienen roles ecológicos similares, los buitres del Nuevo Mundo y del Viejo Mundo evolucionaron de diferentes ancestros en diferentes partes del mundo y no están estrechamente relacionados.

Articulo original; Federico J. Degrange, Ricardo A. Bonini, Sergio M. Georgieff & Lucía M. Ibañez (2023) A new fossil condor (Aves, Cathartiformes) from the Early Pliocene of Catamarca province, Argentina, Historical Biology, DOI: 10.1080/08912963.2023.2288612

Fuente; tandfonline.com. Ilustracion de Santiago Druetta

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Nuevos restos de un marsupial dientes de sable.

Casi todos conocemos el famoso tigre dientes de sable. Pero mucho antes de la presencia de este gran depredador en Sudamérica, durante el Plioceno, existió un “marsupial dientes de sable”, producto de la convergencia adaptativa de estos mamíferos que evolucionaron aislados geográficamente como en el tiempo.  Del 22 al 24 de noviembre último, se presentó preliminarmente un estudio en la “Reunión de Comunicaciones de la Asociación Paleontológica Argentina” en General Roca. De la familia de los thylacosmilidae, se conoce muy poco de su esqueleto.

Nuevos restos novedosos de este grupo de extintos depredadores sudamericanos fueron encontrados en mayo de 2014 y recuperados en febrero de 2016 en Miramar (prov Bs As), están en estudio y serán dados a conocer en breve. El material corresponde a la colección paleontológica del Museo de Ciencias Naturales de Miramar. En el estudio Participaron Eric del Campo, Nicolás Chimento, Federico Agnolin, Daniel Boh, Mariano Magnussen y Francisco de Cianni, que representan a distintas instituciones, como la Fundación Azara, Conicet, Laboratorio de Anatomía Compara y Evolución de los Vertebrados, Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Los fósiles en estudio, indicarían ser uno de los últimos Sparassodontes conocidos.

Thylacosmilus llevaba unos largos y afilados colmillos proyectados hacia abajo y adentro de unos 15 centímetros y su tamaño corporal era como la de un puma viviente. A diferencia del "Smilodon", el Thylacosmilus no tenía incisivos y una tenía una vaina protectora para los caninos, los cuales crecían permanentemente como los dientes de un roedor. Es muy posible que sus víctimas fueran los grandes mamíferos notoungulados, los cuales mataban con una simple mordida en el cuello. Sus caninos habrán infligido a sus presas heridas profundas, logrando que el enorme animal muera desangrado segundos después del terrible ataque.

En Sudamérica se han hallado muy pocos restos. Se conocen restos procedentes de Entre Ríos, Córdoba y Catamarca, como así también, el cráneo más completo, procede del Plioceno de la localidad bonaerense de Chapadmalal, y restos de un interesante esqueleto del Plioceno de Miramar.  Su extinción está asociada a los importantes cambios ambientales que sucedieron al final del Plioceno y a la ausencia de las grandes presas que este asechaba. Thylacosmilus atroxtuvo una masa corporal entre 90-140 kilogramos. Genero Relacionado: Thylacosmilus lensis y Achlysictis lelongi.

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Plohophorus avellaneda, una nueva especie de gliptodonte en Olavarría.

Un grupo de especialistas del CONICET describió una nueva especie de gliptodonte en Argentina. Se trata del Plohophorus avellaneda, un armadillo prehistórico que habitó hace unos 2 millones y medio de años en la zona de la provincia de Buenos Aires y que habría pesado más de 470 kilos.

El hallazgo de los restos fósiles ocurrió en una cementera de la localidad de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires. Este descubrimiento permite conocer más acerca de las especies reconocidas para el género Plohophorus en el actual territorio argentino, identificando las relaciones con otras halladas en Uruguay.

Los resultados de la investigación fueron publicados recientemente en la revista científica Journal of Systematic Palaeontology. Del trabajo participaron integrantes del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET – UNNE); del Centro de Investigaciones Geológicas (CIG, CONICET – UNLP) y de la División Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata. “Este hallazgo tiene la particularidad de ser el primer caso documentado de un género neógeno de gliptodonte que persiste hasta el límite Plioceno tardío-Pleistoceno temprano.

Además, comprobamos la posición filogenética de esta nueva especie dentro del género Plohophorus y confirmamos su estrecha vinculación con el género Pseudoplophorus, un grupo identificado en el actual territorio de Uruguay”, explica Sofía Quiñones, becaria postdoctoral del CONICET en el CECOAL y primera autora del trabajo.

Los restos fósiles del gliptodonte fueron hallados en el año 2015 en el predio de la empresa Cementos Avellaneda, ubicada en Olavarría, donde se encuentra la formación El Polvorín. Durante las últimas décadas, en esta unidad sedimentaria se hallaron numerosos ejemplares de vertebrados fósiles correspondientes al Plioceno y Pleistoceno temprano de gran valor científico.

En este caso, analizaron restos que corresponden a la cabeza de un animal, que se encontraban en perfecto estado de conservación, junto a otros restos. El equipo de investigación destaca que se trata de “uno de los cráneos de gliptodonte mejor conservados” para este período.

Las conclusiones alcanzadas después de las revisiones realizadas, explica la paleontóloga, permitieron al grupo de investigación proponer la existencia de un grupo en particular,  los Plohophorini orientales, que compartía varias características con las especies de Argentina.

“Mediante el estudio de estos fósiles estamos logrando conocer con mayor profundidad la historia evolutiva y las relaciones entre los grupos de gliptodontes, uno de los animales más extraños que habitaron América hasta hace unos diez mil años atrás. Además, demostramos que, a diferencia de lo que se creía, al menos un linaje sobrevivió al límite entre el Plioceno y Pleistoceno, alcanzando masas corporales que no esperábamos para este tipo de animales”, explica la Quiñones.

Además, destaca la importancia de la Paleontología para conocer el efecto que tuvieron  distintos eventos climáticos que han sucedido a través de la historia geológica, ya que permiten comprender cómo las especies se adaptaron a este entorno cambiante y evolucionaron. Fuente; Conicet.

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Estudian cómo se alimentaban los delfines Notocetus vanbenedeni y Phoberodon arctirostris, del Mioceno de Patagonia.

Se trata de una novedosa investigación realizada por científicas y científicos del CONICET, a partir del análisis del esmalte en los dientes de estos animales.

Un trabajo de especialistas del CONICET logró describir la ultraestructura del esmalte de dos especies de delfines que vivieron en la región patagónica hace 20 millones de años. Este estudio permitió dilucidar su morfología funcional y estrategia de alimentación, al mismo tiempo que explica parte de la historia evolutiva de los cetáceos.

El estudio tuvo como objetivo describir la ultraestructura del esmalte (o sea, de su morfología interna) de dos odontocetos del Mioceno temprano, Notocetus vanbenedeni y Phoberodon arctirostris, de la Patagonia Argentina y cuantificar la disparidad morfológica en la ultraestructura del esmalte y los dientes en los odontocetos en un marco evolutivo.

El trabajo fue liderado por Mariana Viglino, investigadora del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP, CONICET), en colaboración con Martín Ezcurra, curador de la sección Paleontología de Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET), junto a Ewan Fordyce y Carolina Loch, ambos de la Universidad de Otago de Nueva Zelanda.

“Analizar la ultraestructura del esmalte te da mucha información sobre los métodos de alimentación. Nos puede dar indicios sobre el tipo de presión mecánica que recibía ese diente, si es un diente que el delfín utilizaba para ejercer fuerza o para filtrar el alimento. Esto nos permite sustentar y realizar nuevas inferencias sobre cómo eran los métodos de alimentación y dieta de estos delfines”, explica Viglino.

El estudio, denominado “Para comerte mejor: disparidad morfológica y ultraestructura del esmalte en odontocetos”, fue publicado por la revista científica Scientific Reports.

Tanto Notocetus vanbenedeni como Phoberodon arctirostris son dos especies de delfines que vivían en las costas de la Provincia del Chubut hace 20 millones de años, durante un período donde ocurrieron varias ingresiones y regresiones del mar (comúnmente llamado “Patagoniense”), que inundaron gran parte de la Patagonia, cubriendo en la zona este de la provincia de Chubut hasta la localidad de Gaiman, aproximadamente.

Tanto Notocetus vanbenedeni como Phoberodon arctirostris son dos especies de delfines que vivían en las costas de la Provincia del Chubut hace 20 millones de años, durante un período donde ocurrieron varias ingresiones y regresiones del mar (comúnmente llamado “Patagoniense”), que inundaron gran parte de la Patagonia, cubriendo en la zona este de la provincia de Chubut hasta la localidad de Gaiman, aproximadamente. “Los delfines actuales se alimentan por succión, es decir, atrapan a las presas y las tragan enteras utilizando la succión. Algunos son muy especialistas en este método, como los cachalotes y los zifios, que usan directamente la succión tanto para atrapar a la presa como para tragarla. Y el resto de los delfines atrapan con la boca a su presa y con la succión, la tragan.

En base al estudio del cráneo, creíamos que estas dos especies de delfines fósiles utilizaban un método de alimentación como las especies actuales y el análisis de la ultraestructura del esmalte de los dientes apoya nuestra hipótesis. Aunque Notocetus vanbenedeni y Phoberodon arctirostris tienen distintas morfologías en sus dientes, lo cual posiblemente les permitía capturar una gran variabilidad de peces, efectivamente ambos los capturaban con su boca y luego se los tragaban”.

Una vez obtenida la información de la ultraestructura del esmalte y la morfología de los dientes, los/as investigadores/as realizaron un análisis de disparidad (o diversidad morfológica) para cuantificar qué tan distintos son los dientes de los delfines fósiles respecto a los actuales, algo que hasta el momento no se había realizado en cetáceos. “Este análisis nos mostró que efectivamente las especies fósiles tienen un esmalte con rasgos más ancestrales para el grupo respecto a las especies actuales”, manifiesta la investigadora del IPGP. De esta manera, los análisis de disparidad morfológica mostraron que los odontocetos actuales presentan una mayor variabilidad de morfologías dispares, mientras que los odontocetos extintos eran más similares entre sí y diferentes a sus parientes actuales.

Estos resultados destacan la ultraestructura del esmalte como fuente para estudios paleoecológicos a mayor escala evolutiva en cetáceos.

“Todo esto son líneas de investigación nos permiten seguir reforzando nuestro conocimiento sobre cómo y qué comían esos animales, y cómo eran sus interacciones con el resto de la fauna y en el ambiente en que vivían. Son como distintas piezas que nos reconstruyen ese rompecabezas de cómo eran estos delfines que vivían en Patagonia hace 20 millones de años”, finaliza Viglino. Fuente: Conicet.

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Más de 6.400 piezas paleontológicas robadas vuelven a Río Negro.

Durante un acto en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET) encabezado por el director del MACNBR, Luis Cappozzo, el director General de Aduanas, Guillermo Michel, la subsecretaria de Patrimonio y Cooperación Cultural de Río Negro, Natalia Villegas, la directora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), Leonor Acuña y agentes especializados de la Aduana se hizo entrega oficial a la provincia de Río Negro de los fósiles paleontológicos que fueron sustraidos ilegalmente y enviados a España en septiembre del año 2020.

Un hombre de la provincia de Río Negro había apelado a sofisticados métodos de ocultamiento para sacar la colección paleontológica del país, bajo el pretexto de una supuesta mudanza a España. El disparador del operativo fue una advertencia hecha a las autoridades de Río Negro por vecinos y vecinas, que habían notado movimientos extraños, sin embargo, cuando el aviso llegó a la Aduana, los bienes ya habían salido del país.

Una vez que los bienes culturales retornaron a la Argentina, profesionales del CONICET en el MACNBR y el INAPL certificaron su autenticidad. Así, se constató que en la enorme colección de más de 6.400 piezas había ejemplares de valor histórico, como por ejemplo, el fósil de la flor margarita más antiguo del mundo, de 47 millones de años, el esqueleto completo de un hadrosaurio, huevos de dinosaurio y un amonite de más de 20 cm de diámetro, entre otros. Hay múltiples piezas de ámbar, de millones de años, con insectos preservados en su interior.

Durante el acto, Luis Cappozzo señaló: “Es un material totalmente valioso y que contó con el trabajo colectivo del equipo de científicos y científicas del Museo y del anterior director. El aporte, cuidado e investigación al servicio de la sociedad, en especial de la de la provincia de Río Negro”. Y resaltó que es una labor acorde a la misión del museo “de ser autoridad de aplicación nacional en la Ley de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico”. Además, destacó el trabajo de las diversas instituciones de Estado, al servicio de la sociedad: “Es un ejemplo de la integración de los organismos involucrados, cada uno en cumplimiento de sus respectivas misiones, desde sus conocimientos y procedimientos”.

A su turno el director general de Aduanas, Guillermo Michel afirmó “Estamos ante el mayor secuestro de bienes culturales de la historia argentina y es un orgullo poder devolver nuestro patrimonio a su lugar de origen.

Agradezco enormemente la colaboración del Museo, el INAPL y la aduana española, que han sido determinantes en la recuperación de las piezas”. Durante casi tres años este patrimonio cultural fue resguardado por el MACNBR, tiempo en el que científicos y científicas del CONICET hicieron las investigaciones de la colección perteneciente al Museo de Villa Los Coihues, ubicado frente al Lago Gutiérrez de la provincia de Río Negro, ciudad de Bariloche. Se cree que algunas piezas provienen de otros países y que habrían ingresado a la Argentina de contrabando

En el análisis y clasificación de este material intervinieron la Dirección General de Aduanas, Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET), el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), el Departamento de Protección del Patrimonio Cultural de INTERPOL, la Gendarmería Argentina, la Dirección Nacional de Bienes y Sitios Culturales del Ministerio de Cultura y de la Nación y la Brigada de Control Ambiental del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Fuente: Conicet.

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Inawentu oslatus, una nueva especie de dinosaurio sauropodo del Cretácico de Neuquén.

Un grupo de científicos del CONICET, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis, la Secretaría de Cultura de la provincia de Río Negro, el Museo Provincial de Ciencias Naturales “Prof. Dr. Juan Olsacher”,  la Fundación Azara y la Universidad Maimónides llevaron a cabo la descripción de un nuevo dinosaurio saurópodo titanosaurio casi completo del Cretácico Superior de la Patagonia.

Se trata del Inawentu oslatus, un dinosaurio encontrado en el área conocida como La Invernada, ubicada en Rincón de los Sauces, provincia de Neuquén, y que vivió hace aproximadamente unos 86 millones de años y habría ocupado el nicho ecológico dejado por los rebaquisaurios.

“Es un hallazgo increíble porque no solamente estaba el cráneo, sino que este estaba articulado al cuello completo, a todas las vértebras dorsales y al sacro con los iliones. O sea que lo único que le falta son las extremidades, algunos huesos de la pelvis y la cola, el resto está todo entero, incluso tenía algunas costillas dorsales articuladas”, explica Leonardo Filippi, investigador del CONICET en el Museo Municipal “Argentino Urquiza” y autor principal del trabajo publicado por la revista Cretaceous Research.

El descubrimiento de los fósiles tuvo lugar en el año 2014, prácticamente de manera fortuita, ya que los científicos se encontraban desenterrando restos de un abelisáurido y a pocos metros encontraron un hueso que asomaba desde la tierra. Cuando comenzaron a trabajar, los especialistas se dieron cuenta que estaba el cráneo completo y articulado con el cuello. Pero como la campaña se terminaba a los pocos días, recién al año siguiente pudieron volver para continuar con los trabajos.

 

“Cuando el material estuvo preparado nos dimos cuenta de que este cráneo tenía características particulares, fundamentalmente en su mandíbula. Podemos decir que el maxilar es bastante ancho transversalmente, y el dentario es cuadrangular en su parte anterior, algo que le confería un hocico notablemente ancho. Esa es una característica registrada en otros titanosaurios, aunque en especímenes muy fragmentarios, pero principalmente en un grupo de saurópodos mucho más antiguo, los rebaquisáurios.

Esta característica estaba vinculada con sus hábitos alimenticios, ya que eran animales que comían vegetación que estaba más bien al ras del suelo, en lugar de la parte alta de los árboles”, cuenta Filippi, “En el caso de este animal, el cráneo es totalmente alargado y ha habido muchas modificaciones en los huesos que han permitido ese alargamiento. Se encuentra en un solo plano horizontal, por lo que no presenta el cambio de ángulo que se observa en otros titanosaurios conocidos como Sarmientosaurus o Tapuiasaurus. Y otra cosa, que es lo más distintivo, es su mandíbula cuadrangular, ancha y su hocico ancho y espatulado”, completa Filippi.

Tal como dijo el especialista, en esta nueva especie se observan rasgos anatómicos convergentes con saurópodos rebaquisáuridos, extinguidos durante el Turoniano. De allí su nombre, ya que Inawentu significa imitador en lengua mapuche: “Los rebaquisáuridos tenían la función de alimentarse de la vegetación baja un par de millones de años antes, pero habían desaparecido y no teníamos evidencia de quiénes, en esta zona, eran los que ocupaban ese lugar.

Hoy sabemos que estaba este tipo de titanosaurios, con estas características que ocupaban ese rol ecológico, y que compartían el espacio y el tiempo con otros tipos de saurópodos titanosaurios, que tenían otras características y que, posiblemente, se encargaran de alimentarse de la vegetación de altura”, relata Ariel Méndez, investigador del CONICET en el Instituto Patagónico de Geología y Paleontología de Puerto Madryn.

Por último, también explica que este tipo de descubrimientos “nos permite entender un poco cómo eran aquellos ecosistemas. Empezamos con los saurópodos que comían la vegetación más alta, después encontramos los dinosaurios carnívoros que posiblemente predaran sobre ellos. Encontramos otros tipos de dinosaurios herbívoros, bípedos más pequeños, corredores, que son los ornitópodos, también tortugas y cocodrilos, todo en la misma zona. A eso le sumamos que estamos haciendo análisis palinológicos para tratar de entender también cómo estaba compuesta la vegetación en ese momento, en ese lugar. Los estudios geológicos nos dicen que era una zona de ríos y meandros y eso nos permite ir armando de a poco todo este rompecabezas. En definitiva, lo que queremos saber es cómo estaban formados esos ecosistemas del pasado, quiénes eran los actores y qué rol cumplía cada uno”.

 

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Encuentran restos de aves del Holoceno.

Fueron localizados por el Museo Paleontológico de San Pedro a unos 10 kilómetros de la ciudad; eran aves asociadas a sectores de humedales o cercanos a cuerpos de agua.

Dos pequeños huesillos correspondientes a dos géneros de aves que habitaron la zona hace unos 1.000 años atrás, fueron hallados por el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro. Se trata de un húmero derecho de una gallareta (género Fulica) y el extremo distal de un tarsometatarso de una cuervillo de cañada (género Plegadis) que se extrajeron de una capa sedimentaria de color negro, cuya antigüedad para la zona norte de la provincia de Buenos Aires está estimada entre los 900 y 1200 años, aproximadamente. El hallazgo se produjo en Campo Spósito, un área fosilífera ubicada a unos 10 km de la ciudad bonaerense.

Desde el Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo fundador del Museo Paleontológico de San Pedro, comentan que “Estas aves, que habitan la región en la actualidad, prefieren ambientes acuáticos o sectores cercanos a cuerpos de agua donde nidifican y se desarrollan con normalidad.

La capa donde fueron halladas es muy rica en materia orgánica, con muchos restos de vegetación en descomposición que le da un color oscuro, casi negro. Fueron barros con poca oxigenación donde se preservaron tanto restos de animales y plantas, como rastros de alfarería de antiguos grupos humanos que poblaron la zona.

Debido a que sólo existe un ejemplar fósil de cuervillos de cañada (una de las aves halladas) para el Pleistoceno de Argentina, la pieza recuperada en San Pedro, con sus 1.000 años de antigüedad, se convierte en el primer registro para el Holoceno de nuestro país; completando un vacío existente hasta ahora en la secuencia del género Plegadis. A criterio del Dr. Jorge Noriega especialista del Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción (CICYTTP - CONICET) “Las gallaretas o pollas son aves acuáticas, principalmente palustres, que cuentan con una amplia distribución mundial y con una gran diversidad de especies en Sudamérica.

Pertenecen a la familia Rallidae y al género Fulica; con seis especies que actualmente habitan en la Argentina. Sus hábitats preferidos son los cuerpos de agua con vegetación palustre; juncales o cañaverales. En nuestro país, sus formas fósiles se conocen desde el Pleistoceno tardío de la provincia de Buenos Aires.

Tienen un plumaje predominantemente negro, aunque generalmente presentan escudetes o decoraciones frontales y maxilas muy coloreadas. Sus alas son relativamente cortas y redondeadas y su capacidad de vuelo no las ubica entre las mejores voladoras, a pesar de la destacada longitud del húmero”.

El Dr. Federico Agnolin (LACEV-MACN-CONICET), otro destacado investigador de aves fósiles con quien interactuó el Museo de San Pedro en este hallazgo, comenta que “Los cuervillos forman parte de un grupo de aves que incluyen a los ibis y espátulas. Si bien se los encuentra en cualquier laguna a lo largo de casi todo el mundo, sus restos fósiles son muy escasos. Y para Argentina se desconocen totalmente. 

Es por eso que todo hallazgo de estas aves, es de especial importancia. Los cuervillos se distinguen fácilmente por sus patas largas y delgadas y especialmente por su pico largo y curvo que utiliza para capturar los pequeños invertebrados que forman parte de su dieta. Este hallazgo de restos de cuervillos nos señala la existencia de ambientes posiblemente lagunares, en la zona de San Pedro, hace unos 1000 años de antigüedad”. Fuente: Museo Paleontológico de San Pedro.

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Chubutinectes carmeloi, un nuevo reptil marino de cuello largo en el Cretácico de Chubut.

Un residente local encontró fósiles y dio aviso. Especialistas del CONICET analizaron los restos y confirmaron que se trata de una nueva especie de elasmosaurio, un gigante marino de la prehistoria.

Carmelo Muñoz es un puestero rural de un campo en el centro de la provincia de Chubut que un día de 2009 salió a buscar un chivo perdido y volvió –lo sabría años después– con un reptil prehistórico en sus manos. Esa tarde, su experiencia le aseguró que aquellos restos óseos que vio desde el caballo no pertenecían a su ganado ni a ningún otro animal actual porque no eran huesos sino fósiles. Y fue su sentido de la responsabilidad el que marcó el desenlace de la hazaña: guardó cuidadosamente el material y dio aviso al dueño del único bar de un pueblo cercano llamado Bajada del Diablo quien, a su vez, tiempo después se lo comentó a Pablo Puerta, encargado de la organización de campañas en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, que pasaba por la zona. Comenzaba así a gestarse lo que sería el descubrimiento de un nuevo elasmosaurio, un gigantesco animal marino que vivió durante la última etapa de los dinosaurios, y que acaba de darse a conocer en la revista Cretaceous Research.

Convocados por el MEF, cuatro investigadores e investigadoras del CONICET La Plata en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) viajaron al sitio del hallazgo para hacer, en principio, una inspección ocular. Sin dudas de que se trataba de un tipo de plesiosaurio, grupo de reptiles marinos que habitaron en todas las aguas del planeta entre comienzos del período Jurásico y el final del Cretácico –hace entre 201 y 65 millones de años–, organizaron en 2021 dos campañas para extraer los restos. Chubutinectes carmeloi, así bautizado en homenaje a su descubridor original, es el holotipo, es decir el único ejemplar existente hasta el momento, de una nueva especie dentro de la familia Elasmosauridae y del orden Plesiosauria.

Como todos los de su tipo, C. carmeloi tenía un cuello muy largo y una cabeza relativamente pequeña. Con un tronco de unos 2 metros de largo, la longitud total de su cuerpo se estima en aproximadamente 8 metros, mientras que su peso habría rondado los 2 mil kilos, lo cual lo convierte en un elasmosaurio de tamaño medio. “Además de algunas vértebras cervicales y parte del húmero que encontró Carmelo, nosotros colectamos casi todos los huesos de la columna desde el tronco hasta la cola, costillas dorsales y otras abdominales llamadas gastralia, una estructura común en ciertos reptiles. También hallamos la cintura escapular, la pélvica bastante completa y elementos importantes de los miembros anteriores o posteriores, como fémur, tibia, fíbula y falanges”, relata José Patricio O’Gorman, investigador del CONICET y primer autor de la publicación científica.

También aparecieron gastrolitos, unas piedras estomacales que se cree que estos reptiles ingerían para colaborar con la digestión mecánica de los alimentos. Ya en 2022, luego de colectar todo el material, se procedió al exhaustivo trabajo de preparar y estudiar las muestras en detalle para conocer de qué animal se trataba. “La conclusión es que estamos frente a una nueva especie, la tercera descripta en Argentina, porque tiene características diferentes a las otras dos conocidas”, explica O’Gorman. Gracias a los fósiles invertebrados que aparecieron junto a los restos principales, las y los científicos pudieron determinar que C. carmeloi vivió hace alrededor de 67 millones de años, poco antes de la extinción de los dinosaurios, que se ubica hacia los 65 millones de años atrás. “En el sedimento asociado al elasmosaurio, reconocimos tres grupos de microfósiles y nanofósiles, organismos muy pequeñitos que solo pueden observarse a través de lupa o microscopio”, explica Ana Paula Carignano, investigadora del CONICET y otra de las autoras del trabajo. La relativa abundancia y buen estado de preservación les permitió, además de la datación, interpretar el hábitat del espécimen como un ambiente marino de aguas poco profundas y cálidas.

Más allá del importante hallazgo, las y los especialistas destacan los hechos puntuales que posibilitaron llevar adelante la investigación. “El sitio es muy remoto y aislado, y de no ser por la responsabilidad de Carmelo, hoy no sabríamos de la existencia de esta nueva especie, que sería probablemente un adorno en la ventana de su casa, algo que ha sucedido históricamente con muchos fósiles”, señala O’Gorman sin esconder la admiración hacia la actitud del puestero. Y es que a pesar de la falta de información y de la disponibilidad de medios de comunicación tan populares como un teléfono, el hombre entendió el valor de lo que había encontrado y que aun así no le pertenecía, sino que debía ponerlo a disposición de las autoridades provinciales. “Siempre nos recibió con alegría, gentileza y mucho respeto por nuestra profesión, que le es completamente ajena. Nos queda la satisfacción de que evidentemente el mensaje sobre el cuidado del patrimonio natural se está difundiendo muy bien”, dice para concluir. Fuente: Conicet.

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El hallazgo de Venetoraptor gassenae, un ancestro de los reptiles voladores.  

Los pterosaurios, también conocidos como reptiles voladores, gobernaron los cielos del planeta durante la Era Mesozoica, hace aproximadamente 160 millones de años, hasta su desaparición total hace unos 66 millones de años.

Hasta ahora se conocía bastante acerca de su extinción, pero su origen era un enigma: casi no existían registros fósiles de sus precursores. Los que había eran fragmentarios, incompletos y mal conservados. Sin embargo, un nuevo esqueleto descubierto recientemente en rocas de 230 millones de años en el sur de Brasil acaba de ofrecer pistas claras de la evolución temprana de esta especie y de sus primos más cercanos, los dinosaurios. El hallazgo, del que participaron investigadores del CONICET, se publicó en la revista Nature.

El nuevo reptil, llamado Venetoraptor gassenae, tiene un conjunto de características inesperadas: un pico similar al de una ave rapaz y manos agrandadas con garras afiladas. Sus características permiten inferir que tenía alrededor de un metro de largo y un peso de entre cuatro y ocho kilogramos. El pico de rapaz de Venetoraptor precede al de los dinosaurios en aproximadamente 80 millones de años. En las aves vivientes, los picos curvados se asocian con funciones tan dispares como desgarrar la carne de algún animal hasta despedazar frutos duros.

 Por lo tanto, el pico curvado de Venetoraptor gassenae y las manos prensiles con garras en forma de guadaña, podrían haber sido empleadas por el reptil para lidiar con sus posibles presas o trepar árboles.

Venetoraptor pertenece a un grupo de animales extintos llamados Lagerpetidae, cuyos fósiles fueron originalmente hallados en rocas del Período Triásico cerca de la Puerta de Talampaya, en la provincia de La Rioja. Los lagerpétidos fueron interpretados originalmente como precursores de los dinosaurios. Sin embargo, un estudio publicado también en la revista Nature en 2020 y liderado por los mismos investigadores del CONICET, propuso que en realidad eran precursores de los pterosaurios, aunque no podían volar. Previamente, no se tenía evidencia concreta sobre qué reptiles eran los parientes más cercanos a los pterosaurios. Venetoraptor gassenae es uno de los precursores de pterosaurios más completos jamás descubiertos, lo que permite por primera vez una mirada confiable de estos enigmáticos reptiles.

El fósil fue descubierto en 2022 por Rodrigo Temp Müller, investigador de la Universidad Federal de Santa María, Brasil, y autor principal del trabajo científico. Su nombre se refiere a “Vale Vêneto”, una localidad cercana al sitio de hallazgo, y “raptor”, que significa saqueador en latín y alude a su pico raptorial y manos prensiles. “Venetoraptor es el tipo de descubrimiento que cambia los paradigmas. Mirando su aspecto inesperado, es imposible no pensar en toda la diversidad oculta que espera ser descubierta”, afirma Temp Müller.

Con el análisis de Venetoraptor, los investigadores concluyeron que los antepasados de los pterosaurios y dinosaurios fueron muy variados en lo que respecta a sus adaptaciones anatómicas, comportamientos y formas de vida, algo que se ignoraba antes de este descubrimiento. “Este estudio desafía las ideas tradicionales de que la diversidad de este linaje de reptiles floreció sólo después del origen de los dinosaurios y pterosaurios. Empleamos análisis computacionales con un gran conjunto de datos para poner a prueba esta hipótesis”, asegura el paleontólogo Martín Ezcurra, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN) que formó parte de la investigación.

El hallazgo de Venetoraptor arroja luz sobre los ecosistemas terrestres de hace 230 millones de años, en los cuales dio comienzo la historia de los dinosaurios y los pterosaurios, los cuales dominarían la Tierra durante el resto de la Era Mesozoica. En referencia a esto, Federico Agnolín, investigador del CONICET en el MACN que también formó parte del estudio, indica que “Venetoraptor constituye un precursor de los pterosaurios sorprendentemente nuevo, con una anatomía ósea desconocida para el grupo.

Venetoraptor nos muestra que hay importantes sorpresas esperando ser descubiertas en las rocas triásicas de América del Sur”. Por su parte, Fernando Novas, investigador del CONICET en el MACN y parte del estudio, agrega: “Es un motivo de orgullo que los científicos sudamericanos lideren el estudio de estos atractivos aspectos de la evolución de la vida”.

Todos los autores coinciden en indicar que recién se está comenzando a documentar una gran diversidad de reptiles ancestrales a dinosaurios y pterosaurios, y los hallazgos efectuados en Brasil y Argentina ocupan un lugar de enorme relevancia. Cabe destacar que el hallazgo de Venetoraptor se publicó en la tapa de Nature. Vetenoraptor gassenae. Ilustración: Matheus Fernandes. Fuente: Conicet.

Video: VENETORAPTOR! - Nota a Federico Agnolin en el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

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Huellas de dinosaurios adultos muestran que estos cuidaban a las crías.

Las marcas, de 150 millones de años, fueron descubiertas en 2019, pero el estudio fue publicado recientemente por paleontólogos de Bolivia y Argentina. Creen que habría sido una zona de cría y una ruta migratoria. Los detalles

En 2019, un antiguo secreto de la prehistoria fue revelado en Bolivia: una lluvia de primavera provocó el derrumbe de la quebrada de un río y dejó al descubierto alrededor de 350 huellas de dinosaurios. Esto ocurrió en el departamento de Tarija, en el sur del país. Un equipo de investigadores, incluido el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía, publicó pocos días atrás en Biología Histórica los detalles de este emocionante hallazgo, incluido un “vivero de dinosaurios”.

El yacimiento paleontológico reveló una escena sorprendente: dos saurópodos adultos (como un brontosaurio) liderando a cientos de crías en el Jurásico Superior, hace unos 150 millones de años. Los expertos lo consideraron un vivero de dinosaurios apoyándose en su hipótesis que indica que, al haber gran cantidad de huellas de ejemplares jóvenes, habría sido una zona de cuidado de las crías.

Además, en el mismo sitio, se identificaron huellas de ornitópodos (iguanodontes) y terópodos (algunos parientes del tiranosaurio), lo que sugiere que esta región podría haber sido parte de una ruta migratoria de dinosaurios entre el actual sur de Perú, el centro de Bolivia y el norte de Argentina. Una parte importante de este descubrimiento es la representación completa de tres períodos diferentes de la era de los dinosaurios: Triásico, Jurásico y Cretácico. Hasta este descubrimiento, en Bolivia solo se conocían huellas prehistóricas del inicio y final de la era de los dinosaurios, pero ahora existe un panorama completo, un auténtico túnel del tiempo marcado en la tierra.

Sebastián Apesteguía, especialista argentino del Área de Paleontología, de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara-Universidad Maimónides y del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) destacó la importancia de proteger estas huellas, que actualmente están en riesgo de colapsar por cualquier derrumbe, lluvia y que simplemente están expuestas a factores ambientales.

“Reportamos una nueva aparición —indicó Apesteguía—, la primera del Jurásico al Cretácico temprano en la Formación Castellón (Tarija, Bolivia) con cerca de 350 huellas de dinosaurios. Con la excepción de unas pocas huellas de tridáctilo, todos exhiben características de saurópodos. El conjunto expuesto consta de tres grandes vías cuadrúpedas subparalelas de calibre medio, con una vía orientada en dirección opuesta a las otras dos. Estimamos que medía unos 3,80 metros de altura a la altura de la cadera y caminaba a una velocidad inferior a 5 kilómetros por hora. La distribución proporciona elementos para probar el gregarismo si se acepta un posible sincronismo”. Fuente: Infobae.

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El hueso medular en pingüinos fósiles, sería la clave de la diferenciación sexual.

Un trabajo publicado recientemente en la revista Polar Biology, del becario doctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN), Luis Garat, reporta por primera vez cómo discriminar este aspecto a través del hueso medular de estas aves. “El principal tema de esta investigación fue evaluar, a partir de estudios bajo microscopio, las variaciones del tejido óseo entre un macho y una hembra del pingüino de Adelia, que actualmente residen en la Península Antártica.

Los estudios de tejidos analizados por microscopio son escasos, por lo tanto, a través de este terreno tan poco explorado pudimos crear una nueva línea de investigación. A fin de extender el conocimiento en estas aves se realizaron varias disecciones transversales en diferentes partes del esqueleto, como las alas, las patas y costillas”, explica Garat. El trabajo representa el primer reporte de hueso medular en pingüinos: un tejido esquelético que se forma durante la puesta de huevos y se encuentra en las hembras de varios grupos de aves.

Si se lo identifica correctamente, puede ser empleado como un marcador de la actividad o maduración reproductiva, sirviendo también para diferenciar al sexo femenino. “Este tejido es temporal y ayuda a las aves con las altas demandas de calcio que requiere la formación de las cáscaras de los huevos.

El hueso medular puede recubrir las cavidades medulares y los espacios trabeculares del esqueleto aviar, si bien es común encontrar el hueso medular en las aves, anteriormente a esta investigación, no existían antecedentes donde se reconocieran este tipo de tejido en pingüinos”, indica Garat.

“Además del reconocimiento del hueso medular, se logró identificar un patrón en la cavidad medular que nos ayuda a diferenciar el sexo del espécimen –agrega el científico-. Esto se debe a que la producción de hueso medular viene acompañada de la erosión interna de los tejidos generando un patrón característico, es decir, el macho exhibe una cavidad medular bien delimitada por una capa circunferencial interna, mientras que en la hembra esta capa se encuentra ausente.  Este aspecto del estudio es importante porque podemos discriminar el sexo de estas aves a pesar de que en el registro fósil no se conserve la presencia de hueso medular, disponiendo así de un criterio auxiliar para poder diferenciarlos”.

Las muestras que examinó pertenecen al Museo de La Plata de la colección de Ornitología de la División Zoología Vertebrados y fueron procesadas en el Laboratorio de Secciones Delgadas del IIPG. La idea a futuro, comenta el becario, es contrastar los datos investigados con pingüinos de la época del Eoceno, lo que les permitiría resolver otros problemas de clasificación de especies que existen actualmente en los registros fósiles de estas aves. Fuente; Conicet.

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Hallan fósiles de pájaro carpintero más completo de Sudamérica en el Pleistoceno de San Pedro.

Se trata de un ejemplar de más de 200 mil años de antigüedad, de un tamaño algo más grande que los carpinteros actuales y muy bien conservado. Fue hallado en San Pedro, a unos 170 kilómetros al norte de Buenos Aires. El descubrimiento es clave, por la información que aporta sobre la anatomía de estos animales.

El hallazgo de fósiles de aves, en el campo de la paleontología, suele tener más complejidades que otros animales, por ser sus huesos huecos y tener menos posibilidad de conservarse. Con ese dato de referencia, el descubrimiento de restos fósiles de un pájaro carpintero, en la localidad bonaerense de San Pedro, cobra especial relevancia: se trata del ejemplar más completo de toda Sudamérica.

Quienes llevaron a cabo el hallazgo fueron integrantes del Museo Paleontológico de San Pedro, en una cantera de extracción de tosca ubicada a unos cinco kilómetros de la ciudad. El predio, propiedad de la empresa “Tosquera San Pedro”, de la familia Iglesias, es una excavación de cinco hectáreas de extensión, donde se puede acceder a estratos de hasta un millón de años de antigüedad.

“El estado de conservación del ejemplar es asombroso. Creemos que su antigüedad es superior a los 200.000 años, ya que fue hallado en sedimentos depositados en la base de una edad geológica denominada Bonaerense. Es un hallazgo clave, porque nos puede aportar muchísima información sobre la anatomía de estos animales, sobre los que no se cuentan con tantos datos”, explicó a la Agencia CTyS-UNLaM José Luis Aguilar, director del Museo.

Fue el mismo Aguilar, junto a Silvina Carro, quienes, en una salida de rutina, observaron las pequeñísimas piezas de esta ave en una saliente rocosa de color pardo. Como se trata de una cantera en actividad, recortaron un pequeño “bochón” de sedimentos conteniendo los frágiles huesos fosilizados y lo llevaron al laboratorio del museo: dentro de la roca, había un ave fosilizada muy completa.

Los restos, cuenta Aguilar, incluyen el cráneo y mandíbulas enteros, húmero, carpometacarpo, fémur, cintura pélvica, escápula y tres vértebras cervicales, entre otros huesos. “Los fósiles del ejemplar estaban articulados en posición de vida, distribuidos en un pequeño espacio de tan sólo 16 centímetros de largo por 4 centímetros de ancho. El cráneo y las mandíbulas vueltos hacia atrás, su brazo izquierdo contraído y su pata trasera elongada.

En el cúbito se aprecian las cánulas o papilas remigiales donde iban insertadas las plumas remeras”, detalla el director. El ejemplar de carpintero fósil quedará exhibido, desde los próximos días, en las salas del Museo, como uno de los atractivos de las próximas vacaciones de invierno, junto al cachorro de armadillo gigante más completo de Argentina, presentado el pasado 30 de mayo por el museo sampedrino.

“Interactuar con el equipo del doctor Noriega, uno de los especialistas mas importantes de aves fosiles en Argentina, fue un enorme orgullo. Para el Museo es muy importante sumar la sabiduría y conocimientos de un referente como él”, destaca Aguilar.

Para la tarea de estudio participan, además, M. Cenizo (Fundación Azara) y E. Jordán y M. G. Gottardi, del Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción de Diamante (CONICET-Gob. Entre Ríos-UADER). Fuente; ctys.com.ar

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Un niño de 8 años encontró fósiles de un perezoso gigante de la edad de hielo en Miramar.

Un extraordinario hallazgo paleontológico, fue realizado por un niño de 8 años. La advertencia del hallazgo fue realizada por los padres. Personal del Museo de Ciencias Naturales fue quien procedió al rescate de los fósiles de unos 100 mil años antes del presente.

Miramar, una de las ciudades balnearias predilectas en Argentina, resguarda bajo la superficie, tesoros milenarios de un mundo ya desaparecido, siendo una de las localidades paleontológicas más transcendentales a nivel mundial desde fines del siglo XIX, llamando la atención del sabio Florentino Ameghino.

Días atrás, Bruno González, un niño miramarense de 8 años de edad, que, junto a sus padres, se encontraban paseando en las extensas playas del sur de la localidad bonaerense de Miramar, en las inmediaciones del arroyo La Ballenera, divisa unos huesos incrustados en el barranco. Fue así que, Bárbara Lugones y Álvaro González, padres de Bruno, se ponen en contacto con el personal del Laboratorio de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, dependiente de la Fundación Azara y de la Municipalidad de General Alvarado, para dar a conocer el hallazgo y verificar si se trataban de verdaderos restos fósiles. 

De esta manera, se acercan al sitio junto al personal del museo en la zona del arroyo La Ballenera, lugar bien conocido por otros hallazgos de relevancia, como la mandíbula fósil de un vampiro gigante, el Desmodus draculae, que tuvo transcendencia mundial hace poco tiempo.

En este caso, se trataba de restos pélvicos y la cola articulada de un perezoso gigante extinto, llamado Scelidoterio (Scelidotherium leptocephalum), de unos tres metros de largo y un peso estimado en una tonelada, que vivió en Sudamérica durante el Pleistoceno, es decir, los últimos dos millones de años antes del presente, hasta hace 10 mil, momento que culmina la edad de hielo.

Luego de varias horas de trabajo, se logra la separación del “bochon” de sedimento, protegido con productos químicos, para ser trasladado a condiciones más adecuadas al laboratorio paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar, donde aún, el Técnico Mariano Magnussen lo prepara cuidadosamente, debido a la fragilidad de los mismos y por el tiempo que tuvo expuesto a las condiciones ambientales.

Scelidoterio, es la especie más pequeña de todos los perezosos gigantes que vivieron en la región pampeana durante el Cuaternario. Pero igualmente era un gigante herbívoro, armado de enormes garras, las cuales, no solo utilizaban para defenderse o acceder a su alimento, sino que eran cavadores de enormes cuevas, que las utilizaban como madrigueras para refugiarse o cuidar su descendencia. El material, que conforma la cola de este mamífero ya extinto, sigue en procesamiento técnico para su preservación.

Luego será observado y estudiado por un equipo interdisciplinario conformado por investigadores de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, del Laboratorio de Anatomía Comparada y evolución de los Vertebrados (LACEV) dependiente del Macn- Conicet integrado por el paleontólogo Dr Federico Agnolin quien dirige los estudios científicos de la zona, y el mismo personal del museo miramarense.

En particular, este perezoso gigante vivió hace unos 100 mil años antes del presente, en un ambiente muy distinto al de hoy, acompañado de enormes bestias, como otros perezosos un más grandes (Megatherium), el enorme elefante sudamericano (Notiomastodon), gliptodontes (Doedicurus), tigres dientes de sable (Smilodon) y el oso de cara corta (Arctotherium), entre otros, argumento Daniel Boh, coordinador de Museos de Miramar.

Debemos destacar en esta ocasión, el correcto procedimiento de Bárbara y Álvaro, los padres de Bruno González, en acompañar y comunicarse con el museo, con el propósito de que sean extraídos por personal idóneo, para que se preserven en una institución científica. Los yacimientos paleontológicos y sus fósiles están protegidos por la ordenanza municipal 248/88, y por la Ley 25.743 que regulan estas actividades. Ante cualquier hallazgo en el Partido de General Alvarado, comunicarse con el museo. Más información el sitio web del museo; www.museodemiramar.com.ar y redes sociales.

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Presentaron el esqueleto de un gliptodonte juvenil en el Museo Paleontológico de San Pedro.

El ejemplar fosilizado fue hallado en San Pedro, provincia de Buenos Aires, en Octubre de 2018. Es el más completo de su especie en el país y tiene una antigüedad estimada en unos 700.000 años.

El Museo Paleontológico de San Pedro acaba de presentar un fósil asombrosamente bien conservado que fue recuperado hace cinco años, en una cantera cercana a la ciudad; un predio perteneciente a la firma Tosquera San Pedro, de la familia Iglesias.

Se trata de un ejemplar juvenil de una especie de armadillo gigante llamada Glyptodon munizi, la cual habitó durante la edad Ensenadense; más precisamente en un lapso de tiempo ubicado entre los 500.000 y 700.000 años atrás.

El animal murió en un humedal o pantano prehistórico junto a otros tres adultos que también fueron recuperados por el equipo del museo, aunque conservados parcialmente.

El hecho de haber encontrado el prematuro final de su vida en un barro denso y viscoso hizo que su esqueleto se preservara con un grado de detalle que resulta asombroso para los investigadores, convirtiéndolo en el más completo de Argentina.

Este descubrimiento es de gran importancia ya que son muy escasos los estudios en profundidad realizados sobre esqueletos completos de estos grandes mamíferos y, menos aún, sobre la anatomía de ejemplares en desarrollo, como el de San Pedro. Su análisis permitirá revisar numerosos detalles de su crecimiento.

El fantástico animalito conservó más del 95 % del esqueleto interno, con la particularidad de que el cráneo y mandíbulas, junto a sus patas traseras y delanteras, están con todas sus partes óseas articuladas en posición de vida. Como si este jovencito hubiera muerto hace apenas unos días atrás.

Este ejemplar de características únicas fue extraído de una cantera de la firma Tosquera San Pedro, en octubre de 2018, gracias a la colaboración de Norberto y Gustavo Iglesias, propietarios de la firma y del joven Fausto Capre, por aquel entonces maquinista de la empresa.

Durante estos años, el Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, trabajó silenciosamente, teniendo que sortear la pandemia y las dificultades propias de un hallazgo tan completo ya que, por tratarse de un “pequeño”, sus huesos se fosilizaron de forma diferente; quedando muy frágiles. La ardua tarea de limpieza y preparación fue abordada por Martínez, Simonini, O´Riordon, Momo, Chiodini, Pereiro, Morales, Tettamanti, Ucero, Hernández, Aguilar, Parra, Acosta y Saucedo; todos integrantes del museo.

Durante todo este tiempo el grupo del museo trabajó en su preparación y en la consolidación del material, hasta que a mediados de abril se comenzó con el montaje definitivo, el cual finalizó en estos días.

El estudio en profundidad de este animal está siendo llevado adelante en conjunto con los Dres. Alfredo Zurita, Francisco Cuadrelli y Romina González, de CECOAL-CONICET y Universidad del Nordeste (Corrientes).

En paralelo, se muestrearon los sedimentos que rodeaban las patas del animal, en busca de polen fosilizado que permitiera conocer la vegetación que convivía con el cachorro en aquel ecosistema.  Intervinieron Lionel Pacella, Claudia Lovera y Victoria Jiménez (CECOAL-CONICET) y José Luis Aguilar (Museo de San Pedro).

Los análisis, en un hecho sin precedentes para el Pleistoceno medio, permitieron identificar granos de polen correspondientes a plantas de las familias Amaranthaceae (amarantos) y Poaceae (gramíneas, ejemplo: hierba de las pampas); esporas de hongos Cladosporum y Alternaria y algunos restos de algas. Esta asociación indicaría un ambiente de estepa herbácea relacionada a cuerpos de agua cercanos.

“Desde ahora, y después de 700.000 años, el ´cachorro´ de gliptodonte más completo de Argentina está nuevamente de pie para asombrar a los visitantes que recorran el Museo Paleontológico de San Pedro, como un mensajero que viene desde la prehistoria para que conozcamos un poco más de las maravillas de aquel mundo tan lejano”, comenta José Luis Aguilar, Director del museo. Fuente: Museo Paleontologico de San Pedro.

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Pelecanus paranensis, una nueva especie de pelicano del Mioceno de Entre Rios.

Un grupo de investigadores halló el primer fósil del pelícano marino que habitó el Mar Paranaense hace aproximadamente siete millones de años. El paleontólogo pampeano, Marcos Cenizo, formó parte del trabajo que fue publicado en la prestigiosa "Journal of Vertebrate Paleontology" (Revista de Paleontología de Vertebrados).

Marcos Cenizo es paleontólogo, estudió en La Plata y desde hace más de 20 años se desempeña en la Fundación de Historia Natural Azara, la cual tiene como objetivo conservar el patrimonio natural y arqueológico. En diálogo con LA ARENA, señaló que se dedica a estudiar aves: “Me oriento a una perspectiva histórica, a la evolución de las aves y nos nutrimos de fósiles y genes”.

Explicó que cuando era universitario encontraron un ave fósil y en ese momento se dio cuenta que “hay poca información sobre aves”. Y agregó que “tenemos la suerte de vivir en un país donde la paleontología está desarrollada, no hay nada que envidiarle a ningún país. Acá hay muchos yacimientos, pero las aves no se estudiaron tanto porque es muy difícil ya que no tienen dientes, los cuales se conservan más que cualquier otro resto”.

“El diente aporta mucha información sobre cómo es la especie y eso genera que muchos paleontólogos se aboquen a eso”, desarrolló Cenizo y agregó que “como las aves no tienen dientes, su investigación es muy difícil, además de que sus huesos son más delgados”. Sostuvo que investigar este tipo de animales “es muy interesante y es un desafío. Las aves siempre han maravillado a los seres humanos, cualquier persona tiene empatía con las aves”.

El estudio comenzó a fines de 2021; tras la investigación y el proceso editorial, recién fue publicado el pasado 9 de mayo en la prestigiosa "Journal of Vertebrate Paleontology". El director del trabajo es el paleontólogo Diego Brandoni, quien junto al equipo de profesionales se trasladó a la zona del Cerro La Matanza, en Entre Ríos. Allí algunos de ellos se dedicaron a la investigación de mamíferos, reptiles y aves.

Durante el trabajo de campo, fue el mismo Brandoni quien rápidamente halló los restos. Junto a su colega del Conicet, Jorge Noriega, Cenizo determinó que se trataba del primer fósil de un pelícano en Argentina. Pero el estudio continuó porque el objetivo era conocer a qué especie pertenecía. “Los hallazgos son muy humildes”, aclaró el pampeano y describió que “este bicho es de las mayores aves; el material no es chiquito porque es un sinsacro: las aves tienen los huesos pélvicos fusionado a la columna vertebral y todo ese conjunto es un hueso bastante grande”.

“Hay ocho especies de pelícano en el mundo”, explicó el pampeano y señaló que el material “era semejante a dos especies muy particulares que habitan a América del Sur, uno llega hasta el norte y otro en las costas del sur: se trata del pelícano peruano y el pelícano marrón”. Actualmente, “estos dos pelícanos no llegan a Argentina y en nuestro país ya no hay este tipo de aves, excepto algunos individuos errantes que pueden llegar a la Patagonia, pero no tenemos”.

Es importante destacar que “es la primera vez que se encuentra un pelícano de mar”. Pero, ¿un pelícano en un cerro? El Cerro La Matanza está ubicado al noroeste de la ciudad de Victoria en Entre Ríos. Hace unos siete millones de años, la región pampeana todavía se encontraba cubierta por un vasto mar de aguas cálidas y someras. El Pelecanus paranensis (su nombre científico) sobrevoló el "Mar Paranaense" durante el Mioceno Tardío.

Tras este estudio, los y las investigadoras podrán determinar “cómo, dónde y cuándo podría haberse originado el linaje de los pelícanos estrictamente marinos que habitan hoy los mares cálidos de América”.

-¿Por qué ese tipo de pelícanos ya no se encuentran en nuestro país?

 -No se sabe con exactitud esa respuesta, pero posiblemente por la extracción del mar. Asimismo dejaron descendientes: esos ambientes marinos continentales donde se originó este pelícano fue un laboratorio de especies estrictamente marina. El pelícano marrón se extiende al este y oeste de las costas del norte de América y llega al Amazonas, pero no se extiende más al sur, posiblemente por las corrientes marinas. Los pelícanos marinos comen anchoas y no hay disponibilidad al sur. En tanto, los pelícanos peruanos se extienden hasta Chile donde hay diversidad de vida marina porque las corrientes son muy productivas.

La investigación seguirá en Entre Ríos porque, tal como contó Cenizo, desean “encontrar más rastros de la especie para confirmar las hipótesis que tenemos respecto a este pelícano”. Por otra parte, el equipo se encuentra trabajando en Puerto Madryn porque hallaron una “especie de ganso” que estudiarán. Fuente; La Arena.

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Chucarosaurus diripienda, una nueva especie de dinosaurio gigante del Cretácico de Río Negro.

Investigadores del Conicet encontraron en Río Negro restos fósiles de 90 millones de años de antigüedad de un nuevo dinosaurio herbívoro gigante de cuello largo que será presentado en la ciudad de Cipolletti, y constituye un hallazgo sin precedentes por ser la especie más grande descubierta en esa provincia.

La nueva especie, bautizada Chucarosaurus diripienda, se encuentra entre los dinosaurios más grandes del mundo con sus 30 metros de largo.

"Chucarosaurus es un titanosaurio perteneciente al grupo de los saurópodos colososaurios. Por el tamaño de su fémur, de unos dos metros de largo, estimamos que debía pesar entre 40 a 50 toneladas y tener unos 30 metros de largo. Esto lo convierte en la especie más grande hallada hasta el momento en la provincia de Río Negro", afirmó Matías Motta, paleontólogo y coautor del trabajo, según publicó el Conicet en un comunicado.

El dinosaurio será presentada a las 19 en el Complejo Cultural Cipolletti, en la provincia de Río Negro, mientras que el estudio de sus restos óseos ya fue publicado en la prestigiosa revista científica Cretaceous Research.

Chucarosaurus diripienda significa "lagarto fuerte" y "revuelto", y su fémur será descubierto tras la presentación de los paleontólogos, informó la Secretaría de Estado de Cultura de la provincia.

Los restos hallados, consistentes con las extremidades de dos individuos diferentes, fueron descubiertos a unos 25 kilómetros al sur de la Villa el Chocón a finales de 2019, en el marco de una campaña del equipo paleontológico del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", a cargo del investigador del Conicet Fernando Novas.

En esta localidad ya se han hallado una gran cantidad de dinosaurios, incluyendo enormes carnívoros, pero hasta el momento no se habían descubierto dinosaurios herbívoros.

A diferencia de otros dinosaurios herbívoros de gran tamaño descubiertos en el sur de América, los huesos del Chucarosaurus son "notablemente más gráciles, lo que hace pensar que debía ser bastante más esbelto que otros gigantes", acotó Federico Agnolín, primer autor del trabajo.

Estos hallazgos permiten a los paleontólogos conocer mejor cómo era el ecosistema del norte rionegrino hace unos 90 millones de años, que se encontraba cubierto por bosques de araucarias y una gran diversidad de otros vegetales.

"El estudio de Chucarosaurus amplía el conocimiento anatómico de los huesos apendiculares de los titanosaurios, como humero, fémures, isquiones y tibias, los cuales poseen caracteres diagnósticos a nivel de especie, que demuestran una mayor diversidad morfológica a la previamente conocida. Estas diferencias debieron estar vinculadas a diversas adaptaciones ecológicas en los ambientes continentales fluviales donde habitaban", concluyeron.

Luego de la presentación, la muestra de fósiles de este dinosaurio podrá visitarse el viernes de 9 a 21, y el sábado y domingo de 16 a 21 en el Complejo Cultural Cipolletti, ubicado en Fernández Oro al 57. Fuente; diariojornada.com.ar

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Importante hallazgo de restos fósiles de Megaterio en Camet Norte

El equipo del Museo Municipal de Ciencias Naturales ‘Pachamama’ está trabajando en el rescate de restos fósiles de Megaterio en la zona de Camet Norte, un mamífero extinguido de la Era de Hielo que habría habitado en la región hace aproximadamente 20.000 años. La importancia de este descubrimiento radica en que es muy raro encontrar restos fósiles de Megaterio en buen estado de conservación y puede ayudar a los investigadores a entender mejor cómo era la vida en la región durante la Era de Hielo y cómo evolucionaron las especies animales en la zona.

El Megaterio, también conocido como Megatherium, fue un género de mamíferos prehistóricos que pertenecían al grupo de los perezosos gigantes. Estos animales vivieron en Sudamérica durante el período Pleistoceno, hace entre 2.5 millones y 10,000 años atrás. El Megaterio era un herbívoro de grandes dimensiones, con un cuerpo pesado y fuerte, que podía alcanzar los 6 metros de longitud y pesar hasta 4 toneladas. Poseían patas cortas y fuertes, con garras afiladas que utilizaban para excavar y trepar árboles en busca de alimento. Su cráneo era grande y alargado, con dientes afilados y adaptados a su dieta herbívora.

A pesar de su gran tamaño, el Megaterio se movía con lentitud y se caracterizaba por ser un animal tranquilo y apacible. Actualmente, los restos fósiles del Megaterio son objeto de estudio e interés para paleontólogos y aficionados a la prehistoria.

Una vecina de la zona, Palmira Biscochea, mencionó haber descubierto algunos fósiles en la playa mientras caminaba. «Empecé a recolectar algunos y a tratar de identificar de qué especies eran, pero cuando encontré una gran cantidad, decidí filmarlos y enviar el video a alguien que supiera más del tema», dijo. Palmira también mencionó que estaba con su nieta y grabaron un video juntas. «Siempre venimos a caminar y a buscar cosas nuevas en el paisaje», agregó.

Cuando se le preguntó si es común encontrar fósiles en la zona, Palmira respondió afirmativamente, pero que parece que ahora se están encontrando más debido a las erosiones. Además, mencionó que los vecinos y los turistas se interesaron en el hallazgo y que ella personalmente se interesa en seguir aprendiendo sobre estos hallazgos y preservarlos para la posteridad.

Entre los hallazgos más destacados se encuentran los restos de perezosos gigantes y megaterios, con una posible datación de unos 20.000 años. También se destaca que el yacimiento cuenta con un ambiente único que permite la conservación de los materiales en óptimo estado. «Por esta razón, el objetivo del equipo de trabajo es llevar a cabo una tarea de resignificación de las formas de trabajo en el sitio y, sobre todo, conservar el patrimonio paleontológico, arqueológico y geológico de la zona» refirió. Fuente: noticiasmdq.com

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Reconstrucción en 3D el cráneo de Manidens condorensis, un pequeño dinosaurio jurásico.

Un equipo de investigadores de Argentina, Reino Unido y Alemania estudió en detalle la anatomía del cráneo de la especie Manidens condorensis, un pequeño dinosaurio ornitisquio que vivió hace 170 millones de años en lo que hoy es la provincia del Chubut.

La metódica y detallada investigación, realizada a partir de micro-tomografías computadas y la reconstrucción digital en 3D, permite considerar a esta descripción como una de las más completas que se han realizado en cráneos de dinosaurios argentinos. El trabajo fue publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology.

El Dr. Marcos G. Becerra (investigador de CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra, Universidad Nacional de Córdoba) lidera el trabajo de investigación y estudia en profundidad los fósiles de Manidens: “Tenemos uno de los cráneos más completos que se conocen dentro de los heterodontosáuridos, un linaje de pequeños dinosaurios ornitisquios.

<<<Recreación de Manidens, tomado de Twitter de Lucas Jaimez.

Esta especie forma parte de un grupo de dinosaurios de pequeño tamaño cuya dentición con colmillos grandes y hocicos largos, recuerda más a los cánidos y otros mamíferos, que a los dinosaurios; y al mismo tiempo su parentesco con otros grupos de dinosaurios ornitisquios (relaciones filogenéticas) es actualmente controversial y discutida”, explica.

“La extracción de la roca mediante preparación mecánica, realizada por el técnico Leandro Canessa en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), nos permitió conocer muchos detalles de superficie. Aunque la preservación del fósil es muy buena, muchos de los huesos del cráneo se encuentran desarticulados formando bloques compactos de huesos solapados. Por el pequeño tamaño y la fragilidad de los fósiles, no podíamos aislar mecánicamente muchos de estos huesos, y esto limitaba su estudio”, comenta.

Para el estudio de los huesos del cráneo, los paleontólogos debieron digitalizar los fósiles. “Así como se usa en medicina humana, y en otras ramas de las ciencias, el uso de tomografías computadas sirve para obtener imágenes en forma de secciones (o slices) del objeto en estudio, para generar imágenes por contraste. Las partes más densas del objeto, que absorben más radiación, se ven más claras en las imágenes, lo que permite diferenciar distintos componentes del objeto en estudio sin dañarlo. Este procedimiento también puede usarse para analizar restos fósiles. Realizamos micro-tomografías en Alemania, una técnica que nos permitió obtener cientos de imágenes en forma de cortes, que en conjunto permitió armar completamente al espécimen.

Luego, con un software específico pudimos seleccionar y separar cada uno de los huesos que estaban en articulación o solapados, modelarlos digitalmente y reconstruir el cráneo en tres dimensiones. Allí pudimos darnos cuenta de que teníamos más del 80% del cráneo de esta especie.”

<<<Aspecto recreado del esqueleto de Manidens condorensis, en el Australian Museum. (*).

Se pudieron ver por primera vez todos los huesos separados para su descripción: “Es uno de los primeros estudios en detalle de cada hueso del cráneo preservado para un dinosaurio de Argentina. Esta investigación permitió identificar las zonas de contacto que tienen los huesos
entre sí, identificar lugares de inserción muscular, y finalmente reconstruir la musculatura de la mandíbula”, detalla el Dr. Becerra; y agrega “Gracias a esto, logramos plantear hipótesis sobre la biomecánica craneal, con la esperanza de contribuir con el conocimiento morfológico de la especie, y formular hipótesis acerca de los hábitos alimenticios de Manidens, una especie una dentición muy particular respecto a otros dinosaurios.”

La investigación aporta datos para entender cómo era el cráneo de esta pequeña especie, y además brinda información novedosa para estudios futuros: desde estudios filogenéticos que mejoren el entendimiento de las relaciones de parentesco entre los heterodontosáuridos y otros linajes, hasta abordajes paleoneurológicos, estimaciones de fuerza de mordida y estudios biomecánicos con el uso de modelos tridimensionales.

Trabajo de investigación titulado “Craniomandibular osteology of Manidens condorensis (Ornithischia: Heterodontosauridae) from the upper Lower Jurassic of Argentina”. Fuente: Mef.

https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/02724634.2023.2181087

Autores del trabajo científico: Marcos G. Becerra (CICTERRA-CONICET), Diego Pol (CONICET-MEF), Laura B. Porro (University College London, Reino Unido), Ariana Paulina-Carabajal (UNCo-CONICET) y Oliver W.M. Rauhut (Ludwig-Maximilians-Universität, Alemania).

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Hallan en San Pedro fósiles de Dusicyon avus, un gran zorro extinto.

Los nuevos restos podrían pertenecer a una especie extinta y fueron descubiertos a pocos kilómetros de San Pedro. Los registros publicados de estos animales son muy escasos en la región.

El Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo fundador del Museo Paleontológico de San Pedro, acaba de hallar piezas dentales de un zorro de gran tamaño que podría pertenecer a un género que habitó la llanura pampeana durante el Pleistoceno-Holoceno.

Analizando la morfología de los molares descubiertos, se trata de establecer si correspondieron a un zorro colorado (Lycalopex culpaeus) o a una especie extinguida llamada Dusicyon avus.

Este último, fue un zorro de mayor tamaño que poseía dientes carniceros proporcionalmente más grandes y una masa corporal cercana a los 15 kilogramos.

Dusicyon avus desaparece durante el Holoceno tardío, hace unos 500 años, probablemente por el efecto combinado del impacto de cambios ambientales y la acción directa o indirecta del hombre.

Ciertos aspectos de su dentición muestran una tendencia marcadamente más carnívora que los zorros vivientes, habiéndose alimentado de pequeños animales. El equipo del Museo “Fray Manuel de Torres” halló el m1 y m2; ambos, molares de la rama mandíbular derecha.

El primero en observar las piezas fue el Sr. Julio Simonini, integrante del museo, quien alcanzó a divisar los pequeños molares entre las rocas que los rodeaban. La coloración del esmalte, más blanca que los sedimentos del entorno, hizo posible su visualización y posterior recuperación.

El Dr. Francisco Prevosti, Investigador de CONICET y profesor en la Universidad Nacional de La Rioja, de larga trayectoria en el estudio de cánidos fósiles y permanente colaborador del Museo Paleontológico de San Pedro, explica que “es un hallazgo muy interesante y el descubrimiento de restos más completos, así como un análisis detallado de los mismos, permitirá identificar si se trata de un zorro colorado fósil o si se confirma la presencia de la especie extinguida Dusicyon avus, en la zona de San Pedro, al Norte de la provincia de Buenos Aires”.

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Recuperan fósiles de un Perezoso Gigante en el Pleistoceno de Venado Tuerto, Santa Fe.

 Un equipo del Ministerio de Cultura de la Provincia de Santa Fe, acompañado con personal de la Dirección de Medio Ambiente y de la Secretaría de Territorialidad y Desarrollo Cultural de la Municipalidad de Venado Tuerto, y con la participación de docentes y alumnos del profesorado de Biología del Instituto de Educación Superior Nº7, rescataron restos fósiles que podrían tener más de 8500 años. Entre ellos el de un perezoso, de otro mamifero que podría ser un armadillo y de distintas aves.

Dicho hallazgo fue realizado en una vivienda ubicada en San Martín casi Eduardo Huhn del barrio Malvinas Argentina de Venado Tuerto. Según los investigadores, la sorpresa fue la cantidad de restos óseos encontrados.

Al respecto, el paleontólogo, Luciano Rey (quien dirigió la excavación) destacó que, por ahora, tiene dos hipotesís al respecto: fue un curso de agua que juntos los huesos en el lugar o fue un ave carroñera la que los trasladó hasta allí.

Lo cierto es que que el hallazgo lo comunicó el propietario del terreno, Mario Soldini, que estaba realizando un pozo ciego y se encontró con la sorpresa. Además, fue fundamental el aporte de un vecino del terreno que es, casualmente, el profesor de Biologia Fernando Cuello, un referente es la búsqueda de restos arqueológicos y paleontológicos de la región.

Al respecto, Rey indicó que Soldini y Cuello realizaron rápidamente la denuncia y esto posibilitó que se activará el protocolo de rescate que tiene la Subsecretaría de Gestión Cultural a cargo de Javier Armentano.

De esta manera, en la mañana de hoy arribó a Venado Tuerto el equipo técnico dedicado al tema y junto a empleados municipales y alumnos del Instituto realizaron el trabajo pertinente.

Seguidamente, detalló que el hallazgo más importante son los restos del perezoso, que es un animal prehistórico que habitó la región pampeana hace millones de años y que desapareció, por lo menos, 8500 años atrás. Los mismos son protagonistas de la película animada “La Era de Hielo”.

Por otra parte, agregó que el resto del perezoso y los otros van a ser trasladados el Instituto Nº7 y serán los alumnos quienes realicen las tareas finales de limpieza para poder determinar luego con mayor precisión el material encontrado. Fuente; Venado24.

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El Patagotitan, el dinosaurio argentino más grande del mundo llega al Museo de Historia Natural de Londres.

Un coloso ha aterrizado en Londres directamente desde Argentina. El esqueleto de lo que fue uno de los animales más grandes que jamás haya caminado sobre la Tierra ahora está en exhibición en el Museo de Historia Natural británico.

El patagotitan fue un dinosaurio que vivió hace 100 millones de años en América del Sur. Con una longitud de 37 m desde la nariz hasta la cola, podía llegar a un peso de hasta 60 o 70 toneladas. Además de presentar un esqueleto representativo, el Museo también expone algunos de los huesos fósiles reales descubiertos por primera vez en Argentina en 2014.

El más grande es un fémur de 2,4 m de largo. Se ha colocado en posición vertical para brindarles a los visitantes una extraordinaria oportunidad de tomar selfies. "El patagotitan era lo que llamamos un dinosaurio saurópodo", explicó el paleontólogo Paul Barrett. "Es un pariente del diplodocus, con el que podrías estar un poco más familiarizado. Es uno de estos grandes animales con cuerpo de barril y patas robustas. Casi parece un elefante gigante cruzado con una serpiente anaconda, con un cuello muy largo y una cola larga", dijo a la BBC.

La réplica del esqueleto es un préstamo del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Argentina, cuyo personal desenterró los fósiles originales. El museo londinense tuvo que ponerse a pensar mucho para encontrar la mejor manera de exhibir a la criatura. Apenas cabe en su Galería Waterhouse, su mayor espacio de exposiciones. Incluso entonces, el extremo de la cola ha tenido que ser doblada alrededor de una columna.

El suelo también necesitaba ser reforzado, pero, inteligentemente, los ingenieros han podido ocultar parte de la armadura de soporte para que parezca que el dinosaurio está caminando sobre la alfombra. "Ha sido todo un desafío, solo superado por la ballena azul que fue colgada del techo en el Salón Hintze del museo", dijo el jefe de producción técnica, Jez Burn.

El esqueleto está acompañado por muchos videos y juegos interactivos que explican las historias de vida de los saurópodos gigantes que vivieron en el Período Cretácico de la historia de la Tierra. Es difícil decir quién fue exactamente el más grande de estos titanosaurios, pero animales como el patagotitan y otra criatura llamada argentinosaurus estaban entre los primeros.

"Lo increíble del patagotitan es la cantidad de huesos del dinosaurio que se encontraron", dijo Sinéad Marron, promotora de la exposición.

"Los otros dinosaurios gigantes se conocen a partir de unos pocos fragmentos, mientras que el esqueleto del patagotitan se conoce a partir de un par de cientos de huesos de al menos seis individuos diferentes. Simplemente sabemos más sobre Patagotitan que todos los demás gigantes".

Los científicos no están seguros de por qué los titanosaurios eran tan grandes, pero tienen una buena idea de cómo desarrollaron su inmenso volumen. Esto probablemente tenía algo que ver con los alimentos vegetales de calidad relativamente baja disponibles para ellos, que requerían un gran sistema digestivo para aprovecharlos al máximo.

Esencialmente, eran tanques de fermentación gigantes sobre patas robustas. Los visitantes del Museo tendrán oportunidad de tocar unos tubos que simulan los intestinos de un titanosaurio. Y podrán escuchar los ruidos de la barriga del enorme animal. Una criatura tan grande como el patagotitan habría tenido que comer todo el día y la mayor parte de la noche para mantenerse bien.

Según un cálculo, el animal podría haber consumido más de 130 kg de plantas todos los días. Esto es equivalente a aproximadamente 515 lechugas redondas.

No es de extrañar que los científicos describan a los titanosaurios como "ingenieros de ecosistemas". Mientras se movían por el paisaje, habrían limpiado toda la vegetación frente a ellos.

Y hay que imaginar la producción de estiércol... de todo un rebaño. Es un pensamiento asqueroso, pero con él se generaba un intercambio y procesamiento masivo de nutrientes, junto con la dispersión de innumerables semillas. La influencia sobre el medio ambiente y la vida de todos los animales de la época habría sido profunda.

La exposición, llamada El Titanosaur: Vida del Más Grande Dinosaurio, estará disponible desde el 31 de marzo hasta el 7 de enero de 2024. Fuente; El Tiempo.

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Investigadores argentinos dan a conocer el primer registro de viviparidad en serpientes documentado en Messelophis variatus, una boa del Eoceno.

Recientemente, Mariana Chuliver y Agustín Scanferla, investigadores de CONICET-Fundación Azara junto con Krister Smith, paleontólogo del Senckenberg Research Institute and Natural History Museum de Frankfurt, Alemania, descubrieron la evidencia más antigua de viviparismo en serpientes.

Los investigadores examinaron un fósil de serpiente hallado en la localidad de Messel (Alemania) y describieron huesos correspondientes a restos de embriones en el cuerpo de la madre. El hallazgo fue publicado en la revista "The Science of Nature-Naturwissenschaften" y demuestra que las serpientes vivíparas existían hace al menos 47 millones de años.

La mayoría de los reptiles actuales ponen huevos, este modo de reproducción es el más común y es denominado oviparidad. Sin embargo, existen algunas especies de lagartos y serpientes que se desvían de la norma y “paren” a sus crías vivas. La preservación en el registro fósil de estrategias reproductivas es, en general, muy rara. En total, hasta la fecha se han descubierto solo dos fósiles de reptiles vivíparos. En este trabajo se describe la primera prueba fósil del mundo de una serpiente vivípara.

La serpiente fósil de la especie Messelophis variatus, medía unos 50 centímetros de largo, data del Eoceno y está emparentada con las actuales boas enanas de América Central. Esta especie es una de las serpientes más comunes del yacimiento de Messel. Sin embargo, el hallazgo de este ejemplar de unos 47 millones de años sorprendió a los investigadores: se trata de una hembra grávida con al menos dos embriones. Al examinar el fósil se determinó que los huesos presentes correspondían a huesos del cráneo de pequeñas boas de no más de 20 centímetros de longitud. Estos huesos se encontraban por detrás de la posición estimada del estómago, en el tercio posterior de la zona del cuerpo, por lo cual si constituyeran una presa ya habrían sido digeridos y no serían reconocibles. Este hecho apoya la hipótesis de que se trata de una hembra con embriones.

En las especies vivíparas, las crías permanecen en el cuerpo de la hembra hasta que son viables, lo que elimina la necesidad de una cáscara de huevo protectora. Esto se considera una estrategia evolutiva ventajosa para los reptiles de climas fríos, ya que la temperatura dentro del cuerpo de la hembra es más estable y, por tanto, más segura para sus crías. Por ello, muchos de los lagartos y serpientes vivíparos actuales han evolucionado en climas más bien fríos. Durante el Eoceno, sin embargo, la Tierra estaba dominada por un clima de efecto invernadero persistente, con temperaturas cálidas, un alto contenido de dióxido de carbono en la atmósfera y polos sin hielo.

Distintas líneas de evidencia indican que en Messel, hace 47 millones de años, las temperaturas medias eran elevadas y las temperaturas invernales no bajaban del punto de congelación. Resulta llamativo que especies de reptiles como la serpiente de este hallazgo parieran crías vivas. Quizá la viviparidad ofrezca otras ventajas adaptativas menos evidentes que los beneficios de termorregulación para los embriones. Posiblemente, en el futuro, otros fósiles de este yacimiento único ayuden a resolver este misterio. Fuente; Fundación Azara.

Se puede acceder a la publicación completa en: Chuliver, M., Scanferla, A. & Smith, K.T. Live birth in a 47-million-year-old snake. Science of Nature 109, 56 (2022).

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Nuevo estudio sobre fósiles de Plesiosauros de la Patagonia Argentina.

El nuevo trabajo del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (Lacev) dependiente del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires y Conicet, en colaboración con miembros de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, describe la microestructura y microanatomía de los huesos de un plesiosaurio hallado a orillas del Lago Argentino, en la ciudad de El Calafate.

Los plesiosaurios son un grupo de reptiles acuáticos distribuidos en todo el mundo. Dicha adaptación a la vida acuática es evidenciada por extremidades convertidas en aletas largas y angostas que les permitían moverse con rapidez en el agua. Tenían cuellos muy alargados rematados en una pequeña cabeza armada de dientes afilados adaptados para la captura de peces. Su cuerpo era corto y en forma de barrilete, además de ser poseedores de una cola corta que podrían haberla utilizado como timón.

Ciertos indicios paleohistológicos y microanatómicos dieron a pensar que los plesiosaurios juveniles vivían en zonas costeras, mientras que los adultos en aguas profundas, en mar abierto. Esta hipótesis surgió al describir en los plesiosaurios juveniles una configuración paquiostótica, es decir, huesos de gran densidad que permitieron al organismo hundirse con mayor facilidad, mientras que en los especímenes adultos los huesos eran osteoporóticos, en consecuencia, de muy baja densidad (una contextura símil de esponja, como las grandes ballenas) permitiendo una mayor flotabilidad.

En el presente estudio, fueron encontradas ambas estructuras óseas para un mismo espécimen adulto, sugiriendo causas subyacentes más complejas para la formación de dichas estructuras óseas, reforzando hipótesis de autores previos que postulaban que dicha arquitectura ósea podría corresponder a las cargas mecánicas que experimentaba el esqueleto ante el particular movimiento de las aletas de estos animales, y por ende, que no sólo responderían a cuestiones del hábitat de dichos organismos.

Además, se observó la presencia de un sistema externo fundamental, una estructura muy escasamente citada para los plesiosaurios a nivel mundial, formada en la periferia de la sección transversal de unos huesos llamados gastralias (también conocidas como costillas ventrales), dicho sistema externo fundamental corresponde a un apelotonamiento de marcas de crecimiento (similares a las que se hallan en los troncos de los árboles cortados) muy poco espaciadas entre sí, indicativo de la madurez somática del animal, por lo tanto, el plesiosaurio en cuestión llegó a su máximo tamaño en la adultez.

Es de destacar, y en concordancia con otros plesiosaurios, una gran cantidad de canales vasculares que nutrían con vasos sanguíneos y linfáticos a la corteza ósea, indicativos de un rápido crecimiento y bien sostenido hasta la madurez del animal, lo cual sugiere un elevado metabolismo, similar al de mamíferos y aves. En este caso, los canales vasculares se hallaron rodeados por lamelas convirtiéndolos en osteonas secundarias, las cuales se forman en gran número cuando el animal llega hacia la adultez, por ende, otro indicio más junto con el sistema externo fundamental de la misma.

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Recuperan fósiles de un Smilodon o tigre dientes de sable en la localidad de Ezeiza.

Un vecino de La Unión, en Ezeiza, realizó un increíble descubrimiento cuando se encontraba cavando un pozo ciego en el fondo de su casa en Villa Golf: fósiles de un tigre dientes de sable.

El hombre, Marcelo Sena, ya había avanzado hasta los cinco metros de profundidad cuando su pala chocó contra los huesos y se dio cuenta que podían tratarse de restos orgánicos de hace muchos años, por lo que paró la obra y se contactó con la Municipalidad.

Ante su llamado, desde la Municipalidad le dieron aviso inmediato al equipo de LACEV, el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", quienes al día siguiente se acercaron al patio del domicilio, el cual se convirtió en un sitio de interés paleontológico.

"Con la colaboración del Municipio y el propietario de la vivienda pudimos constatar que efectivamente se trataba de restos fósiles y procedimos a realizar su rápida extracción", confirmó David Piazza, Técnico en Paleontología de LACEV, quien estuvo acompañado por Javier Fernandez, Secretario de Educación, Turismo y Deportes, y Claudia Muscio, directora del Museo de Tristán Suarez.

Posteriormente, utilizando sogas, fue posible retirar el bloque de 100 kilos del pozo. En este sentido, la técnica para sacar fósiles intactos es mediante la realización de un "bochón", que es "una estructura compuesta por un solo bloque de sedimento que contiene los restos".

Por otra parte, cabe mencionar que aún no se confirmó exactamente a qué animal pertenecen los restos fósiles encontrados, ya que su estudio y preparación podría demorar un tiempo. "Están casi totalmente cubiertos de sedimentos lo que dificulta su identificación", reveló Piazza.

"Habrá que esperar a que el técnico especialista los prepare, es decir los 'limpie', y los consolide dado la gran fragilidad de estos fósiles. Una vez que podamos garantizar su manipulación, el especialista podrá observar las características del hueso y determinar a qué animal pertenecen", amplió el Técnico en Paleontología.

De todas formas, en base a una primera observación, fue posible concluir que se trata de un animal de tamaño mediano a chico y que corresponden a "parte del tórax, escápula, costillas y vértebras", siendo la teoría más fuerte que pueden ser de un "smilodon" o tigre dientes de sable.

Cabe mencionar que no son los primeros restos fósiles encontrados en Ezeiza, ya en 2015 y 2019 fueron hallados restos de gliptodontes, aunque también hay registros de otros descubrimientos realizados incluso en 1836. 

"Se descubrieron restos de un gliptodonte y un perezoso gigante que fueron enviados al Museo de Historia Natural de Turín y se perdieron totalmente durante los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial", lamentó Piazza.

A su vez, el experto señaló que los fósiles suelen aparecer en las canteras de tosca y en muchas ocasiones son encontrados por vecinos o trabajadores que, lógicamente, no tienen conocimientos paleontológicos, por lo que hizo hincapié en la importancia de concientizar a la población.

"En general los fósiles de vertebrados son similares a los huesos que cualquiera puede conocer de una vaca o caballo actual, sin embargo son más pesados justamente por el proceso de fosilización en el que algunos componentes del hueso fueron reemplazados por los minerales presentes en las rocas circundantes", explicó.

A su vez, agregó que "muchas veces esos huesos fósiles son de un tamaño mucho mayor que los de animales conocidos, presentan características extrañas o se los encuentra a varios metros de profundidad". De todas formas, también pueden encontrarse fósiles pequeños, los cuales son más propensos a perderse. Fuente; Perfil.com

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Encuentran fósiles de Ophioleucidae, una estrella de mar que habitó en las aguas jurásicas de Neuquén.

Fue descubierta por un equipo de especialistas del CONICET en la Formación Sierra Chacaicó ubicada en la localidad de Arroyo Lapa de esa provincia patagónica. ¿De qué antigüedad data y qué tamaño tenía?

Un equipo de científicos del CONICET encontró en la Formación Sierra Chacaicó, ubicada en la localidad de Arroyo Lapa, provincia de Neuquén, restos fósiles de una estrella frágil que habitó en los mares sudamericanos durante el Jurásico Inferior, hace entre unos 184 a 193.000.000 millones de años.

Las estrellas frágiles u ofiuroideos son una clase de equinodermos, al cual también pertenecen, entre otras especies marinas, los erizos, los dólares de arena, los lirios y los pepinos de mar y las estrellas de mar.

“La estrella frágil descubierta se encontraba en posición de vida y prácticamente completa. No existen registros de organismos articulados de esta familia (Ophioleucidae) para otros períodos geológicos en Argentina ni en Sudamérica”, explicó Evangelina Palópolo, becaria postdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG).

Este descubrimiento nos permite ampliar la investigación sobre las estrellas frágiles para la región, ya que nos encontramos con el primer ejemplar del género Sinosura fuera de Europa. A su vez, es el más antiguo de la cuenca neuquina, por lo tanto, nos permite ampliar el registro de esta clase para la región y sacar conclusiones sobre el ambiente en el que vivía, las causas de su muerte y los motivos por los cuales se preservó tan bien”, agregó la co-autora del hallazgo. El fósil de la estrella frágil mide cerca de dos centímetros de radio, en tanto que su disco central es muy pequeño, y sus brazos miden aproximadamente dos centímetros de largo, por lo que, para poder estudiarlo en profundidad, los profesionales tuvieron que recurrir a la ayuda de una lupa y de un microscopio electrónico.

Las estrellas frágiles del genero Sinosura son originarias de Europa y hasta el presente se creía que solo habían vivido en los mares de ese continente, de ahí la gran relevancia a mundial que cobró este hallazgo en la Patagonia argentina.

“No sabemos a ciencia cierta si este género habitaba en todo el mundo ya que no hay suficientes registros del período estudiado. Este descubrimiento genera una nueva incógnita que solo podremos responder si hay más hallazgos de este tipo en Sudamérica y otros continentes”, señaló la becaria.

 Las estrellas frágiles son, en general, organismos depredadores o carroñeros exclusivamente marinos, -no viven en lagos ni ríos-, ya que no pueden regular las sales dentro de sus cuerpos y, además, son muy sensibles a los cambios de temperatura, de energía y de salinidad del ambiente.

Al ser tan frágiles y tener tantas piezas en su esqueleto, cuando mueren, esas piezas se separan en más o menos 24 horas, con lo que el registro fósil de este grupo se conoce mayormente por osículos aislados o por ejemplares que son enterrados cuando aún se encontraban con vida.

“En nuestro caso, lo encontramos articulado porque no hubo ningún evento que lo desenterrara después de su muerte, por eso quedó tapado y con mucha materia orgánica. Eso evitó que se descompusieran sus partes blandas y se desarticulara”, concluyó Palópolo. Fuente; weekend.perfil.com

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/encuentran-fosiles-de-ophioleucidae-una.html

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Nuevos datos de la habilidad visual del extinto Thylacosmilus o marsupial dientes de sable.

Los largos colmillos del animal prehistórico habrían provocado un desarrollo evolutivo de sus ojos para poder observar en tres dimensiones y con mayor profundidad, lo que habría servido para poder cazar a sus presas.

Un grupo de investigadores ha descubierto que el extinto marsupial dientes de sable (Thylacosmilus atrox) desarrolló una gran habilidad visual a pesar de que poseía largos caninos superiores frontales, por lo que habría sido un gran depredador, según se detalla en un estudio publicado por la revista Communications Biology.

El T. atrox, que no debe confundirse con el conocido felino Smilodon o "Tigre de dientes de sable", está emparentado con canguros y otros marsupiales, habitó en Sudamérica hace unos 3 millones de años y habría pesado aproximadamente unos 100 kilogramos.

Hasta ahora, se suponía que este extinto marsupial usaba sus enormes colmillos para cazar y se estima que tenía una dieta que consistía en al menos un 70% de carne.

Pero la ubicación de sus ojos hacía creer que este animal prehistórico tenía una visión más parecida a la de especies herbívoras como vacas y caballos, que solo pueden observar en dos dimensiones.

Sin embargo, tras realizar unas tomografías computarizadas del cráneo de tres ejemplares, los científicos descubrieron que podía ver en tres dimensiones, con profundidad y hacia adelante, una habilidad esencial en animales carnívoros como perros o gatos.

"Cuando eres un depredador, quieres ser capaz de localizar a tu presa con la mayor precisión posible", explicó al medio Live Science Charlène Gaillard, autora principal del estudio.

Los investigadores sugieren que este marsupial prehistórico tenía un campo visual de unos 70 grados, similar al que posee un gato: "Esto fue suficiente para ayudarlo a convertirse en un depredador exitoso", agregó Gaillard.

Los científicos identificaron que el T. atrox tuvo que cambiar a nivel evolutivo la orientación de las órbitas oculares, ya que sus largos dientes "crecían sin cesar" durante toda su vida, mientras las raíces de los colmillos se adentraban cada vez más en el cráneo.

Este "desplazamiento" de sus órbitas le permitió al animal expandir su habilidad visual en 3D, debido a que los enormes caninos "invadían" la parte frontal de su cráneo, concluyó Gaillard. Fuente DW.

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2023/03/nuevos-datos-de-la-habilidad-visual-del.html

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Hallan los primeros restos en Argentina de Thalassocnus, un perezoso marino del Mio-Plioceno.

Especialistas del CONICET publicaron los resultados de los estudios a los restos de un ejemplar de Thalassocnus descubierto en la provincia de Jujuy

Un equipo de especialistas en paleontología del CONICET publicó recientemente los resultados de un novedoso descubrimiento ocurrido en la provincia de Jujuy. El estudio describe el hallazgo de restos fósiles de un ejemplar de Thalassocnus, un perezoso marino que por primera vez fue encontrado en un ambiente continental.

Según destacan las autoras y los autores del trabajo, que fue publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, se trata del primer registro de este género en Argentina. Aseguran que este descubrimiento, que tiene antecedentes en la costa del océano Pacífico de Perú y Chile, demuestra que la historia evolutiva y paleobiogeográfica de este enigmático animal es más compleja de lo que se había interpretado hasta ahora.

El equipo de paleontólogas y paleontólogos que participó de la campaña en la que se realizó el hallazgo y de los análisis a los fósiles se desempeña en el Laboratorio de Evolución de Vertebrados y Ambientes Cenozoicos, del Centro de Ecología Aplicad del Litoral (CECOAL, CONICET – UNNE), de la provincia de Corrientes, y en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Si bien no hay precisiones respecto a la antigüedad de los fósiles, el equipo estima que corresponderían al periodo entre el Mioceno más tardío y el Plioceno, por lo que tendrían entre 3 y 5 millones de años.

“El hallazgo ocurrió en el año 2019, durante una campaña que realizamos en la zona de la Puna Oriental, en la provincia de Jujuy, en la Formación Tafna. Desde entonces se fueron haciendo diferentes actividades, como la limpieza de los fósiles, la búsqueda de información y la comparación con otros materiales, que un principio fue bastante dificultosa por las restricciones de la pandemia de COVID-19. Una vez que pudimos avanzar, los estudios del ejemplar nos permitieron determinar que correspondían a Thalassocnus, algo que inmediatamente supimos que era novedoso porque rompía con la idea de que ese género estaba únicamente asociado a ambientes acuáticos”, señala Sofía Quiñones, becaria postdoctoral del CONICET en el CECOAL y primera autora del trabajo.

Thalassocnus era un tipo de perezoso gigante que podía alcanzar casi dos metros de largo y pesar más de 120 kilos. Los restos hallados en Jujuy pertenecen a un miembro superior del animal e incluyen radio, ulna y parte de la mano izquierda articulada.

En las conclusiones del artículo, los especialistas destacan la importancia de este registro para Argentina y para todo el continente, ya que aumenta dramáticamente la distribución geográfica de este linaje de perezosos fósiles, que se estima que eran principalmente acuáticos debido a que fueron previamente registrados en sedimentos marinos. “Este ejemplar fue hallado muy lejos de la costa, por lo que esta nueva evidencia nos indica que este espécimen al igual que otros perezoso que se venían estudiando en Perú, estaban menos adaptados a ambientes marinos y que tenían la posibilidad de tener una dieta frugívora y omnívora”, agrega la paleontóloga.

En base a estas observaciones, el equipo de investigación planteó dos hipótesis en el trabajo. La primera estima que la progresiva aridización que se desarrolló desde el Mioceno en la costa del Pacífico pudo haber sido un factor que estimuló la dispersión del Thalassocnus hacia zonas australes, como Chile y posteriormente a zonas continentales, como la Puna oriental, en busca de condiciones más favorables. La segunda hipótesis, en tanto, propone que su distribución original pudo haber sido mucho más amplia, incluyendo Argentina, Perú y Chile, y que posteriormente las especies más derivadas sufrieron una adaptación a ambientes marinos..

Para determinar cuál de estas hipótesis es la más viable, el equipo de paleontólogas y paleontólogos continúa realizando campañas anuales en la región, en busca de nuevos ejemplares que permitan ampliar y dilucidar la historia de este enigmático animal. Fuente Conicet. Imágenes ilustrativas de Reinoanimal y Wikipedia.

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2023/02/hallan-los-primeros-restos-en-argentina.html

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Patagorhynchus pascuali, el nuevo ornitorrinco del Cretácico de Santa Cruz.

Un grupo de investigadores anunció hoy el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio bautizada Patagorhynchus pascuali. El hallazgo se realizó en la Formación Chorrillo, localizada unos 30 kilómetros al sudeste de El Calafate, Santa Cruz.

Un equipo de paleontólogos del CONICET, junto con colegas del National Museum of Nature and Science de Tokyo, hallaron al sur de la Patagonia argentina restos de un pariente del actual ornitorrinco australiano (Ornithorhynchus anatinus). El descubrimiento del pequeño mamífero tuvo lugar en rocas cretácicas de 70 millones de años, correspondientes a la Formación Chorrillo, localizadas unos 30 kilómetros al sudeste de El Calafate, Santa Cruz.

El anuncio se realizó este jueves en las instalaciones del complejo cultural de Río Gallegos. La Opinión Austral estuvo presente en la ceremonia que contó con la presencia de la gobernadora Alicia Kirchner y la participación por videoconferencia de la titular del CONICET, Ana Franchi.

La nueva especie fue bautizada como Patagorhynchus pascuali y presentada en la revista Communications Biology del grupo Nature.

Se trata del primer pariente cercano del ornitorrinco que se conoce de la Era Mesozoica, también conocida como la “era de los dinosaurios”, y el más antiguo del que se tenga registro hasta el momento.

La expedición en la que se hallaron los restos de Patagorhynchus fue codirigida por Fernando Novas, investigador del CONICET y jefe del del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET), y su colega Makoto Manabe, del National Museum of Nature and Science de Tokyo.

El responsable de hallazgo del fósil fue Nicolás Chimento, investigador del CONICET en laboratorio dirigido por Novas, quien encontró sobre la superficie del terreno explorado un pequeño diente de cinco milímetros de diámetro. La forma compleja de la corona y las raíces permitieron determinar con facilidad que el diente pertenece a un pariente de los ornitorrincos actuales.

Los dientes de los ornitorrincos actuales, así como los de un fósil que se encontró en Australia, se distinguen por tener dos estructuras con forma de ‘V’ corta. Así que cuando encontré el diente de Patagorhynchus y vi que tenía esa misma forma, que es única de estos animales, inmediatamente me pude dar cuenta que se trataba de un ornitorrinco”, afirmó Chimento.

Los ornitorrincos son monotremas, un grupo de mamíferos que se caracterizan por poseer rasgos muy primitivos, como el hecho de que sus crías nacen de huevos que son incubados de manera similar a como lo hacen las aves. Esta conducta reproductiva los diferencia de la enorme mayoría de los mamíferos vivientes, que dan a luz a sus crías directamente del útero materno. Por esta razón, el linaje de estos animales primitivos atrajo siempre el interés de los investigadores, dado que representan algo así como “eslabones perdidos” de una etapa muy antigua. 

Patagorhynchus es el primer monotrema del Cretácico Tardío (último período de la Era Mesozoica) que se conoce para América del Sur. De acuerdo con los investigadores que participaron del descubrimiento, el hallazgo de restos de un antepasado del ornitorrinco australiano en el sur argentino pone de relieve la importancia que el territorio austral de América tuvo en la evolución de los mamíferos.

“Siempre se pensó que estos linajes primitivos de mamíferos eran restrictivos de Australia. En la década del ’90 apareció en Patagonia un pariente del ornitorrinco de la Era Cenozoica y se consideró que debía corresponder a una migración posterior y que no cuestionaba el hecho de que todos estos grupos habían evolucionado en el continente australiano. El presente descubrimiento demuestra que los parientes de los ornitorrincos ya habitaban América del Sur mucho antes de lo que se creía y que el grupo tuvo una larga historia evolutiva en nuestro continente, y en la Patagonia en particular, de la que todavía nos queda mucho por descubrir”, señaló Federico Agnolín, investigador del CONICET en el MACNBR y en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y uno de los autores del trabajo. Agnolín se encontraba buscando fósiles junto a Chimento cuando ocurrió el descubrimiento.

De acuerdo con los paleontólogos, el hallazgo del Patagorhynchus apoya la hipótesis de que a fines del Cretácico una misma fauna integrada por mamíferos y dinosaurios se extendía desde el sur de la Patagonia hasta Australia, incluyendo también a la Antártida, que en ese momento se encontraba encastrada entre ambos continentes. Hace 70 millones de años, el sur de la Patagonia y Australia eran territorios con climas que iban de templados a fríos, que daban albergue a bosques frondosos de ambientes húmedos. Fuente; laopinionaustral.com.ar.

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2023/02/patagorhynchus-pascuali-el-nuevo.html

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Descubren huellas de “patinadas” de dinosaurios en el Cretácico de Neuquén.

Fueron descubiertas en el Cerro Rayoso, ubicado al este de la Ruta 40 entre las ciudades de Chos Malal y Las Lajas.

investigadores del Conicet encontraron al noroeste de la provincia de Neuquén veintitrés huellas fosilizadas de 130 millones de años de antigüedad de dinosaurios saurópodos que se distinguen por su extraña forma y son interpretadas como “patinadas” de los animales, un hallazgo sin precedentes que constituye el primer registro de su tipo en el mundo, dijeron a Télam los autores del estudio.

Las huellas, hoy convertidas en marcas en la superficie de roca, fueron descubiertas en el Cerro Rayoso, ubicado al este de la Ruta 40 entre las ciudades de Chos Malal y Las Lajas.

Las inusuales pisadas que datan de unos 130 millones de años atrás corresponden a saurópodos, un grupo muy diverso de dinosaurios herbívoros que llegaron a ser de los vertebrados terrestres más grandes que hayan existido y dominaron los ecosistemas terrestres durante un lapso mayor a 140 millones de años.

“Son huellas de patinadas que están deformadas, son anómalas y eso es precisamente lo que hace importante la publicación del estudio. Es el primer registro de patinadas de dinosaurios a nivel mundial”, indicó a Télam Pablo Pazos, autor del trabajo e investigador del Conicet en el Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (Idean). En total se identificaron veintitrés pisadas que se distinguen por ser “redondeadas y muy alargadas, con una relación ancho-largo que no es la que se espera para una huella de dinosaurio”, indicó Pazos y agregó que las de mayor tamaño tienen unos 42 centímetros de longitud y 18 centímetros de ancho..

Los saurópodos presentaban un característico cuello largo con una cabeza pequeña, cola larga y patas columnares como las de un elefante, mientras que se estima que los representantes más grandes de este grupo podrían haber alcanzado los 40 metros de longitud y un peso de unas 70 toneladas.

Sin embargo, las dimensiones de las huellas descubiertas en Neuquén se corresponden con las de saurópodos de pequeño tamaño.

El hallazgo fue publicado en la prestigiosa revista Geological Society of London Special Publication bajo las firmas de Arturo Heredia (primer autor del trabajo y becario posdoctoral del Conicet), Pablo Pazos y Diana Elizabeth Fernández (coautora e investigadora del Conicet en el Idean).

El equipo de especialistas concluyó que los saurópodos pisotearon una superficie resbaladiza cubierta por una mata microbiana (una lámina de microorganismos) mientras se desplazaban en paralelo al margen de un canal, dejando rebordes de sedimentos similares a los que se forman cuando caminamos sobre el barro.

Es que, si bien hoy el paisaje de la Cuenca Neuquina está conformado por montañas y rocas, hace 130 millones de años era completamente diferente y, a partir del análisis de sedimentos, se puede interpretar que hubo en el lugar una planicie y un canal de marea.

Pazos, quien es doctor en Geología, indicó a Télam que, con la integración de la información del ambiente, se obtiene “una foto que debe ser el equivalente de entre 15 y 30 días en el período Cretácico. Es un pequeño tiempo condensado, o sea que estás teniendo una instantánea de algo de hace 130 millones de años, no es habitual encontrar esto así”.

Además, las huellas se encuentran “muy bien preservadas” gracias a la presencia de las matas microbianas, un conjunto de microorganismos que adquieren un aspecto similar al verdín de carácter resbaladizo que se acumula alrededor de las piletas, ejemplificó el investigador principal del Conicet.

Sobre este punto, explicó que la mata microbiana influyó en la preservación de dos maneras: por un lado, tiene una estabilidad “muy grande” que impidió que los dinosaurios se hundieran cuando caminaron sobre ella y, por el otro, la misma estabilidad evitó que la mata se destruyera rápidamente, permitiendo la conservación de las huellas.

Sobre cómo fue recibido el descubrimiento en la comunidad científica, Pazos señaló que los revisores del estudio destacaron la novedad del descubrimiento y marcaron que da el puntapié para estudiar la relación entre las matas microbianas y la preservación de las huellas de otros animales.

En ese sentido, el investigador agregó que este primer registro de huellas patinadas “abre la posibilidad de que uno encuentre morfologías que no son las que se esperan encontrar”.

A su vez, relató que descubrió las pisadas de manera “absolutamente casual” cuando estaba realizando un trabajo de campo para otra investigación y detectó una superficie tapada con “algo tan raro” que al principio ni siquiera se atrevió a pensar en estudiarlas porque no se correspondían con ningún ejemplo conocido.

“Si las huellas están en estos lugares y en estas condiciones, hace pensar que podés encontrarlas en otros lugares y en otras condiciones donde a priori, si vos seguís lo normal de la literatura, no las buscarías”, aseguró.

Para Pazos, lo interesante del estudio es la integración de información de campo, de microscopía electrónica y otros análisis como fotogrametría que brindan una idea de cómo era la costa de la Cuenca Neuquina en ese lugar y en ese tiempo.

“Las huellas fósiles de saurópodos encontradas, no solo refuerzan el valor de las mismas para reconocer la fauna existente, sino que, además, sirven para preservar un comportamiento inusual como es una patinada, que está condicionada a las modificaciones producidas en el sustrato producto de las matas microbianas, algo absolutamente novedoso en el registro de huellas de dinosaurios”, subrayó. Ilustración Gabriel Lio. Fuente lavoz.com.ar

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2023/01/descubren-huellas-de-patinadas-de.html

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Yatenavis ieujensis, un ave que habitó en el Cretácico de Santa Cruz.

Un grupo de profesionales del Conicet encontraron los fósiles de una nueva especie de ave, bautizada como Yatenavis ieujensis. La misma vivió en la Patagonia.

Un grupo de paleontólogos que integran el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) confirmaron este miércoles el hallazgo de restos de una nueva especie de ave, de alrededor de 70 millones de años de antigüedad que convivió con los últimos dinosaurios, en la provincia de Santa Cruz.

"Se trata de un ave pequeña, del tamaño de un gorrión, perteneciente al extinto grupo de los enantiornites. La nueva especie fue bautizada 'Yatenavis ieujensis'", indicó la información oficial.

El fósil fue encontrado en rocas que tienen 70 millones de años de antigüedad en la Estancia La Anita, ubicada al sur de la ciudad de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz.

"Los enantiornites son un grupo de aves antiguas que, a diferencia de las aves modernas y al igual que los dinosaurios, no logró sobrevivir al meteorito que cayó en la Tierra hace unos 66 millones de años y que produjo lo que conoce como la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno", explicó el Conicet.

Gerardo Álvarez Herrera, becario doctoral del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, uno de los responsables del hallazgo, explicó que "sólo se encontró la mitad distal de un húmero derecho".

"Pero podemos saber que Yatenavis combina una serie de características que lo hacen único dentro de los enantiornites y que nos permiten asignar los restos encontrados no solo a una nueva especie sino también a un nuevo género", resaltó.

De acuerdo con los investigadores, hay marcas de músculos en el húmero que son indicadoras de que Yatenavis tenía una alta capacidad de vuelo y maniobrabilidad, rasgo que lo asemeja a los pájaros modernos que habitan bosques y selvas, y que son excelentes acróbatas a la hora de esquivar árboles y arbustos mientras vuelan a gran velocidad.

"Es importante tener en cuenta que hace 70 millones de años el ambiente patagónico era muy distinto al de la actualidad.

La cordillera de los Andes no existía y donde hoy predominan mesetas y desiertos, había bosques y cuerpos de agua que albergaban peces, ranas, tortugas, serpientes y cocodrilos enormes", afirmó Álvarez Herrera. Fuente; ámbito.com

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2023/01/yatenavis-ieujensis-un-ave-que-habito.html

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