PaleoArgentina Web. Noticias 2026. Paleoteius lakui, un nuevo lagarto que ilumina la Patagonia del fin de los dinosaurios..  /  Alnashetri cerropoliciensis, un nuevo pequeño pero increíble dinosaurio del Cretácico superior de Rio Negro.   /  Yeneen houssayi, un Nuevo titanosaurio en el Cretácico de Neuquén.  /  Rionegrina pozosaladensis, una nueva icnoespecie de ave del terror del Mioceno de la Patagonia.  /  Telkaralura coniceti, una nueva especie de reptil prehistórico del Triásico de La Rioja.  /  Hallaron fósiles en Mastodonte y Toxodonte en Los Quiroga, Santiago del Estero.  /  Miramar: Tierra de Gigantes: un impactante viaje hiperrealista al pasado prehistórico. /  Hallaron fósiles en Mastodonte y Toxodonte en Los Quiroga, Santiago del Estero.  / 
 
   

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Noticias de Paleontología 2026.

 

 


Hallaron fósiles en Mastodonte y Toxodonte en Los Quiroga, Santiago del Estero.

Un equipo técnico de la Dirección de Patrimonio Cultural tomó rápido control de la situación y rescató las piezas. Los restos corresponderían a dos ejemplares: un Notiomastodon platensis, mastodonte; y a un Toxodon.

En 24 horas, especialistas lograron recuperar restos fósiles en riesgo tras un hallazgo que generó alerta a nivel nacional. El trabajo conjunto entre vecinos e instituciones permitió preservar piezas clave para el estudio de la fauna de la era glacial en Santiago del Estero.

El rescate paleontológico de restos de mastodonte y toxodon se hizo en cercanías de Los Quiroga, luego de que el hallazgo de restos fósiles encendiera la alarma en círculos científicos del país a través de redes sociales.

En un operativo que se destacó por su rapidez y eficacia, un equipo técnico de la Dirección de Patrimonio Cultural tomó conocimiento de la situación, se movilizaron hasta el lugar y se trabajó para que en menos de 24 horas se pudiera recuperar los materiales que se encontraban en riesgo.

El procedimiento permitió resguardar valiosas piezas que aportarán al conocimiento de la fauna que habitó el territorio santiagueño durante la era glacial, reforzando la importancia científica de la región.

Posteriormente, el director del área, Alejandro Yocca, junto al comisionado municipal de Los Quiroga, acompañado por la antropóloga Analía Sbatella y Beatriz Bravo, visitaron la zona en el marco de un trabajo articulado con la comunidad.

Sobre el rescate de fósiles en cercanías de Los Quiroga, la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, a cargo del Lic. Alejandro Yocca, destacó que "esta historia es un ejemplo de comunidad e instituciones trabajando por el patrimonio cultural".

Además, hacen mención especial al gesto de vecinos de esta localidad, que, al enterarse de la legislación vigente, que señala que cualquier hallazgo de importancia en el subsuelo del territorio provincial es pertenencia pública y corresponde al Gobierno de la provincia su disposición y aprovechamiento, por lo que dieron aviso de inmediato a las autoridades.

De allí que Patrimonio valorara dicho aviso: "Agradecemos a Irina, quien informada de la legislación vigente, hizo entrega de esos bienes culturales de dominio público a las autoridades de Patrimonio Cultural".

Señala la nota sobre el hecho que "los fósiles fueron hallados en una localidad cercana a los Quiroga y produjeron un alerta en círculos científicos nacionales a través de las redes sociales".

Por ello "en solo 24 horas un equipo técnico de la dirección de Patrimonio Cultural tomó conocimiento de restos fósiles en riesgo, investigó la ubicación de los mismos y realizó un valioso rescate para seguir conociendo la fauna de la era glacial en territorio santiagueño".

Luego se realizó una visita del director Alejandro Yocca al comisionado municipal de los Quiroga, Iván Jiménez, junto a la antropóloga Analía Sbatella y Beatriz Bravo".

Gracias al trabajo del personal de Patrimonio Cultural, logramos contactar con un particular que tenía en su vivienda restos de fauna extinta, desconociendo el valor científico y legal de las piezas como patrimonio de la provincia.

A partir de su publicación en redes para consultar sobre el tipo de animal al que pertenecían los restos, pudimos informarle sobre la importancia de estos hallazgos para nuestra historia natural, y accedió con gran predisposición a la entrega voluntaria de los mismos.

Una de las piezas recuperadas se corresponde con un fragmento de maxilar que preserva dos series de dentales de cada lado y pertenece a un ejemplar de Notiomastodon platensis, conocido como "el mastodonte de América del Sur"

El otro fragmento consiste en una mandíbula derecha que preserva la rama horizontal con serie desde el premolar 3 y 4 hasta los molares 1, 2 y 3 y pertenece al género Toxodon.

Agradecemos a los paleontólogos investigadores del CONICET: Dr. Raúl Vezzosi (con proyectos en Santiago del Estero) y Dr. Guillermo Turazzini (miembro de la Asociación Paleontológica Argentina), por su valiosa intervención, y determinación del material recuperado. Fuente: El Liberal.

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2026/05/hallaron-fosiles-en-mastodonte-y.html

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Miramar: Tierra de Gigantes: un impactante viaje hiperrealista al pasado prehistórico.

El nuevo documental educativo de Sebastián Pelegrinelli revive en 4K a los gigantes de la megafauna. Se estrena el 8 de mayo en YouTube.

El productor, actor y director Sebastián Pelegrinelli anunció el lanzamiento de su más reciente proyecto de investigación audiovisual: “Miramar: Tierra de Gigantes”, un documental que propone una experiencia inmersiva y de alto impacto visual para redescubrir la fauna prehistórica que habitó la región pampeana durante el Pleistoceno.

Con estreno programado para el próximo 8 de mayo en YouTube, la producción se distingue por el uso de tecnología de reconstrucción digital de última generación, logrando un nivel de realismo poco habitual en contenidos de divulgación científica. Entre sus escenas más llamativas se destacan la irrupción de un megaterio atravesando el emblemático cartel de Miramar y una secuencia de gliptodontes cruzando el histórico Arco de San Martín, integrando pasado y presente en una narrativa visual potente.

Ciencia, historia y conciencia

Más allá del impacto visual, el documental se apoya en una base científica sólida. Recupera hitos clave de la paleontología local, como el hallazgo en 2015 de huellas de tigre dientes de sable —Felipeda miramarensis—, uno de los descubrimientos más relevantes de la región.

A su vez, la obra invita a reflexionar sobre el vínculo entre el ser humano y su entorno, abordando el proceso de extinción de la megafauna como una oportunidad para repensar el presente.

“Este proyecto me llevó seis meses de trabajo diario. Quise llevar la historia de Miramar a un nivel internacional, con una estética cercana a grandes producciones como Nat Geo o History Channel, pero con una identidad profundamente local”, señala Pelegrinelli.

Un recorrido por gigantes olvidados

El documental ofrece un recorrido por algunas de las especies más emblemáticas que habitaron la costa atlántica: megaterios, gliptodontes, macrauquenias y el imponente Smilodon populator, recreados en sus ambientes naturales mediante efectos visuales avanzados.

En este sentido, también pone en valor el rol del Museo de Ciencias Naturales Punta Hermengo como institución clave en la preservación y difusión de este patrimonio único.

Hace miles de años, el paisaje de Miramar no era el que conocemos hoy. Era una estepa infinita dominada por titanes. En este documental, en este documental se explora el Gran Intercambio Biótico Americano y cómo el surgimiento del Istmo de Panamá cambió el destino de nuestro continente para siempre.

Guiados por la imponente figura del Megaterio, el perezoso terrestre gigante, recorreremos la vida de los grandes protagonistas del Pleistoceno: Smilodon populator: El legendario Tigre Dientes de Sable. Gliptodonte: El acorazado de la pampa. Macrauchenia: El enigma evolutivo de Darwin. Notiomastodonte: El último mastodonte sudamericano. Arctotherium: El oso más grande que jamás caminó sobre la Tierra. Desmodus draculae: El terrorífico vampiro gigante. Analizamos el encuentro imposible: ¿Se cruzaron el Ave del Terror y el Smilodon?  Además, descubrimos la fauna que sobrevivió: caballos prehistóricos, tapires y el colosal Teratorno.

¿Qué causó la extinción de estos titanes? Desde el cambio climático y las enfermedades traídas por el intercambio biológico, hasta la llegada del primer gran depredador: el ser humano. Una lección de la naturaleza que nos recuerda que nadie es invencible.

Trayectoria del director

Pelegrinelli cuenta con una destacada trayectoria en la producción de contenidos de investigación y divulgación. Entre sus trabajos recientes se encuentran el documental sobre fenómenos OVNI en la costa argentina (“Extraterrestres en Miramar: el secreto más oscuro de la costa argentina”) y la investigación sobre riesgos naturales en la región (“¿Tsunami en Miramar?”).

Además de su labor audiovisual, ha desarrollado una carrera como actor en medios nacionales e internacionales, es CEO de la marca de indumentaria Two Two Two y autor del libro “Código 222”.

El estreno oficial de “Miramar: Tierra de Gigantes” será el 8 de mayo a las 21:05 horas, a través de su canal de YouTube.

 Podes mirar el documental por aquí: https://miramarprehistorica.blogspot.com/2026/01/documental-sobre-miramar-prehistorica.html

  Mas información, fotos y videos en https://noticiasdepaleontologia.blogspot.com/2026/05/miramar-tierra-de-gigantes-un.html

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Patagoniaemys aeschyli, una nueva especie de tortuga gigante para el Cretácico de Río Negro.

Un equipo de paleontólogos argentinos anunció el descubrimiento de una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace unos 70 millones de años en la Patagonia. El hallazgo, realizado en la Estancia Nueva Poupeé, cerca de Arroyo Ventana, contribuye a comprender mejor la diversidad de reptiles hacia el final de la era de los dinosaurios. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.

Se trataba de una tortuga de tamaño considerable: su caparazón podía alcanzar unos 80 centímetros de largo. Su anatomía revela una combinación de rasgos primitivos y derivados, lo que la ubica dentro de una rama originaria del grupo, y además sugiere que era una especie de hábitos posiblemente anfibios, que pasaría su tiempo tanto en tierra firme como en ríos o lagunas.

La nueva especie fue denominada Patagoniaemys aeschyli y pertenece a un grupo de tortugas extintas conocidas como Meiolaniformes, famosas por incluir formas robustas e incluso con cuernos en el cráneo. Estos animales habitaron principalmente en los continentes del hemisferio sur, como Sudamérica y Australia, durante gran parte de la historia geológica.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las tortugas de la Patagonia no fueron severamente afectadas por la extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios. Los datos indican que varias líneas diferentes de reptiles con caparazón, incluyendo los Meiolaniformes, lograron sobrevivir el evento, mostrando una notable continuidad entre las faunas antes y después del evento de extinción.

Los investigadores aún desconocen por qué la gran extensión del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que, al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, puede que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.

El estudio fue encabezado por investigadores del LACEV-Museo Argentino de Ciencias Naturales, Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la provincia de Chubut. La tortuga finalmente será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp” en Valcheta.

Este hallazgo es fruto del trabajo conjunto entre investigadores, instituciones científicas y la Secretaría de Cultura de Río Negro. A través de la Dirección de Patrimonio y Museos, autoridad de aplicación de la Ley Provincial N° 3041, se gestionan las investigaciones que ponen en valor el patrimonio natural y cultural.

Asimismo, este trabajo fortalece el desarrollo científico y su divulgación en la comunidad. Así, el descubrimiento no solo enriquece el conocimiento paleontológico, sino que posiciona a Río Negro como referente internacional, articulando ciencia y gestión pública para proteger el pasado y proyectar el futuro.

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Hallan posibles restos de Notosuchus terrestris, un antiguo cocodrilo que vivió en el Cretácico de Río Negro.

Los fósiles recuperados en Paso Córdoba, General Roca, brindan claves para entender mejor la diversidad y evolución de estos reptiles en la Patagonia.

En el Área Natural Protegida Paso Córdoba, ubicada en la ciudad de General Roca, provincia de Río Negro, un grupo de especialistas del CONICET hallaron fósiles de una especie de cocodrilo que vivió hace aproximadamente 85 millones de años.

"El material fue encontrado por Facundo Riguetti, becario posdoctoral del CONICET, quien reconoció un fragmento de cráneo y me llamó para ir a ver. A partir de ese momento, comenzamos a abrir hacia los laterales para evaluar la extensión del fósil, es decir, determinar cuánto material se había preservado y así poder decidir la mejor forma de extraerlo. En un primer momento, y ante la aparente ausencia de otros restos, se resolvió retirar el cráneo. Sin embargo, al continuar con la excavación, comenzaron a aparecer más huesos correspondientes al postcráneo, como vértebras, partes de la pata y otros elementos", explica Agustina Lecuona, investigadora del CONICET con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

Los fósiles descubiertos presentan rasgos típicos de los cocodrilos de la época a la que pertenecen, correspondientes a la Formación Bajo de la Carpa. Este ambiente, explica Lecuona, se habría originado en un sistema fluvial efímero, es decir, en un entorno de cursos de agua pequeños que se evaporaban rápido, combinado con sectores de carácter eólico, con predominio de la acción del viento, similar a un desierto. Por las características observadas en los materiales recuperados, los investigadores infieren que se trataría de Notosuchus terrestris, una de las especies más abundantes de la Patagonia, y de la cual se conocen numerosos ejemplares, incluso en distintos estadios de desarrollo.

"En general, dependiendo del grupo taxonómico, es posible estimar el tamaño de un individuo adulto, a partir del largo total del cráneo, del largo del fémur, del húmero, u otros indicadores según el grupo. En este caso solo tenemos el fémur casi completo, por lo que usando este parámetro se podría inferir un tamaño aproximado de un metro sin considerar la cola", detalla la investigadora.

Cabe mencionar que los cocodrilos de esta época diferían notablemente de los actuales. Lejos de ser grandes depredadores acuáticos que acechan en ríos, se trataba de animales más pequeños y adaptados a la vida completamente terrestre. Su postura también era distinta, caminaban con las patas erguidas, ubicadas por debajo del cuerpo, lo que les daba un andar más ágil y elevado, similar al de un mamífero actual, en contraste con la marcha más esparrancada y cercana al suelo de los cocodrilos modernos.

La relevancia del hallazgo radica en la preservación de ciertas regiones del esqueleto que hasta ahora eran poco conocidas en Notosuchus. A pesar de tratarse de una especie muy abundante, en otros ejemplares estas partes suelen aparecer incompletas o mal conservadas.

Este nuevo material permitiría conocer con mayor detalle sus características anatómicas y, a partir de ello, desarrollar otros estudios, como análisis biomecánicos de las extremidades.

Esto ayudaría a comprender mejor su forma de desplazarse -por ejemplo, si podía correr y de qué manera lo hacía-, así como avanzar en distintas líneas de investigación orientadas a conocer su paleobiología, es decir, cómo era este animal cuando habitaba la Tierra.

Lecuona destaca que: “Si, por el contrario, no se tratara de la especie mencionada, el hallazgo sería tan o más relevante, ya que se conocen pocas especies de cocodrilos en Paso Córdoba, y en estos casos, suelen estar representadas por un único ejemplar, tales como Comahuesuchus brachybuccalis o Wargosuchus australis”.

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Paleoteius lakui, un nuevo lagarto que ilumina la Patagonia del fin de los dinosaurios.

El hallazgo de un diminuto reptil fósil en la Patagonia argentina está arrojando nueva luz sobre uno de los momentos más decisivos en la historia de la vida en la Tierra. Se trata del lagarto terrestre más completo registrado hasta ahora para el Cretácico tardío en Sudamérica, un período inmediatamente anterior a la gran extinción que puso fin a la era de los dinosaurios. Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre estos animales, sino que también permite comprender mejor su evolución en los continentes del hemisferio sur.

El estudio fue llevado adelante por un equipo internacional liderado por investigadores del CONICET, con base en el Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Los restos fósiles fueron encontrados en la provincia de Río Negro y corresponden a un reptil que vivió hace aproximadamente 70 millones de años.

La nueva especie fue denominada Paleoteius lakui y proviene de sedimentos de la Formación Allen, en el yacimiento Salitral Ojo de Agua. Este sitio ya había cobrado notoriedad recientemente por otros hallazgos relevantes, lo que refuerza su importancia dentro del registro paleontológico de la región.

De acuerdo con los especialistas, se trataba de un animal pequeño, de poco más de 15 centímetros de longitud. Su cráneo presentaba una superficie ornamentada con pequeñas protuberancias, y sus mandíbulas estaban equipadas con numerosos dientes finos y uniformes, probablemente adaptados a una dieta insectívora. A pesar de su tamaño, el ejemplar hallado conserva gran parte del esqueleto, incluyendo secciones clave del cráneo, algo excepcional para este tipo de reptiles.

Los lagartos y lagartijas rara vez se preservan en el registro fósil debido a la fragilidad de sus huesos. Por eso, este hallazgo resulta particularmente valioso: llena un vacío de decenas de millones de años en el conocimiento de estos animales en la Patagonia, donde prácticamente no existían registros comparables.

El análisis del fósil requirió la aplicación de tecnologías de vanguardia. Mediante microtomografía computada, los investigadores lograron reconstruir digitalmente la anatomía interna del ejemplar con altísima precisión, sin necesidad de intervenir físicamente los restos. Este trabajo se realizó en colaboración con la Comisión Nacional de Energía Atómica, lo que permitió generar modelos tridimensionales fundamentales para el estudio anatómico detallado.

A su vez, el abordaje incluyó herramientas de computación de alto rendimiento proporcionadas por la Universidad Nacional de Córdoba, indispensables para llevar adelante los análisis filogenéticos que permiten establecer relaciones evolutivas entre especies.

En este sentido, los resultados fueron reveladores. El registro fósil de lagartos mesozoicos en el hemisferio sur es extremadamente limitado —apenas unas pocas especies— en comparación con las más de 150 conocidas en el hemisferio norte.

En ese contexto, Paleoteius no solo incrementa la diversidad conocida, sino que además representa un linaje hasta ahora desconocido en Sudamérica.

Los estudios indican que este reptil puede ubicarse dentro del grupo de los Scincomorpha, un conjunto muy diverso de lagartos actuales distribuidos globalmente, pero que carecía de registros fósiles en esta región. Asimismo, sus posibles parientes cercanos habrían tenido una distribución amplia en otros continentes, lo que sugiere que estos reptiles ya estaban diversificados en el antiguo supercontinente Gondwana.

El descubrimiento de Paleoteius lakui constituye, en definitiva, una pieza clave para reconstruir la historia evolutiva de los reptiles poco antes del evento de extinción masiva que transformó radicalmente la vida en el planeta. Además, pone de relieve el valor de la investigación interdisciplinaria y la cooperación entre instituciones científicas.

El proyecto, que forma parte de una línea de investigación más amplia sobre el final de la era de los dinosaurios en Patagonia, contó con el respaldo de la National Geographic Society y la participación de múltiples instituciones, incluyendo la Fundación Félix de Azara, el Museo Patagónico de Ciencias Naturales y colaboradores internacionales. Ilustración de Gabriel Lio.

Fuente: Conicey, y  Agnolín, F. L., Aranciaga-Rolando, M., Álvarez-Herrera, G., Ezcurra, M. D., Rodríguez, A. M., Chafrat, P., … & Novas, F. E. (2026). A new late Cretaceous squamate from Patagonia sheds light on Gondwanan diversity. Scientific Reports.

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Alnashetri cerropoliciensis, un nuevo pequeño pero increíble dinosaurio del Cretácico superior de Río Negro.

Un fósil patagónico de 95 millones de años reescribe la historia de los dinosaurios alvarezsaurios. El descubrimiento, protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas de Estados Unidos, se publicó en la prestigiosa revista Nature.

En el árido paisaje de La Buitrera, al norte de Río Negro, un equipo internacional de paleontólogos halló un fósil excepcionalmente completo que está cambiando la manera en que entendemos la evolución de los alvarezsaurios, un grupo enigmático de pequeños dinosaurios carnívoros. El descubrimiento, liderado por investigadores del CONICET junto a colegas de Estados Unidos, fue publicado en la prestigiosa revista Nature. 

El hallazgo corresponde a Alnashetri cerropoliciensis, un dinosaurio de apenas 70 centímetros de largo y un kilogramo de peso, que vivió hace unos 95 millones de años en el Cretácico Superior. Su excelente preservación permitió observar detalles inéditos de la dentición y el cráneo, así como confirmar que estos animales ya eran diminutos antes de especializarse en dietas insectívoras, desafiando la hipótesis de que su tamaño reducido se debía a la mirmecofagia. 

Los alvarezsaurios son un grupo de dinosaurios carnívoros, surgido hace unos 150 millones de años, caracterizado por sus cuerpos livianos, cabezas pequeñas y dientes diminutos y numerosos. La mayor parte de sus representantes conocidos fueron encontrados en Mongolia, China y Argentina, aunque también han aparecido en otros lugares del mundo. Entre las características que los diferencian de otros carnívoros se destacan los brazos pequeños, que en las especies más tardías alcanzaron un grado tal de reducción que solo tenían un único dedo en la mano, con una garra robusta, mientras que los demás dedos eran mucho más pequeños o casi inexistentes.

Estas adaptaciones han llevado a muchos paleontólogos a considerar que excavaban los termiteros y usaban una larga lengua para alimentarse como osos hormigueros. Por este motivo, se ha propuesto que estos dinosaurios se hicieron pequeños debido a su especialización en comer insectos. Sin embargo, el hallazgo de Alnashetri, un diminuto alvarezsaurio basal, viene a demostrar que esto no fue así.

Los análisis filogenéticos revelan que Alnashetri ocupa una posición basal dentro del linaje, lo que indica que los alvarezsaurios se originaron en Pangea y se dispersaron por distintos continentes antes de la fragmentación. Este hallazgo también permitió reclasificar fósiles previamente misteriosos de Norteamérica y Europa como miembros del grupo. 

“Este ejemplar nos muestra que los alvarezsaurios no se hicieron pequeños por su dieta, sino que siempre fueron de escaso tamaño”, explica Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET y responsable directo del hallazgo.  El nuevo espécimen de Alnashetri es el ejemplar más completo y de menor tamaño de un alvarezsaurio descubierto hasta ahora en Sudamérica. De la totalidad del esqueleto solo faltan el techo del cráneo, partes de la cola y porciones del lado derecho.

El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización lo largo de la evolución

El estudio, que contó con el apoyo de la National Geographic Society, fue encabezado por el investigador Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University (Estados Unidos), junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College (Estados Unidos). Por parte del CONICET fue encabezado por Sebastián Apesteguía, Jorge Meso, también participó Federico A. Gianechini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis. (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) con la colaboración de Fundación Azara.

Referencia bibliográfica:

Makovicky, P.J., Mitchell, J.S., Meso, J.G. et al. Argentine fossil rewrites evolutionary history of a baffling dinosaur clade. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10194-3

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Yeneen houssayi, un Nuevo titanosaurio en el Cretácico de Neuquén.

Científicos argentinos encontraron una nueva especie de dinosaurio en la provincia de Neuquén

La Argentina se anota otra coronación de gloria, y es que científicos del CONICET descubrieron una nueva especie de dinosaurio en la provincia de Neuquén. La especie en cuestión data de 83 millones de años de antiguedad y pertenece a la familia de los saurópodos, esos de cuello largo que aparecen en películas como Dinosaurios y Jurassic Park.

Según informaron en la página oficial del CONICET, la nueva especie fue bautizada como Yeneen houssayi en honor a Bernardo Houssay, perteneciente al grupo de los titanosaurios, un clado de dinosaurios cuadrúpedos, de cuello y cola larga. "Yeneen houssayi tenía una cabeza pequeña en relación al resto del cuerpo. Medía entre 10 y 12 metros de largo y unas 8 a 10 toneladas de peso. Las características distintivas que permitieron definir la nueva especie se encuentran principalmente en las vértebras dorsales, que cabe mencionar todas ellas fueron preservadas, el sacro y la primera vértebra caudal", explicó Leonardo Filippi, primer autor del trabajo e investigador del CONICET en el Museo Municipal "Argentino Urquiza" (MAU), de Rincón de los Sauces, Neuquén.

Asimismo, desde el sitio web mencionado iluminan sobre esta especie: "El nombre del género, Yeneen, fue inspirado en la cultura tehuelche, también conocido como Aónikenk, que significa 'espíritu o entidad relacionada al invierno' debido al área de La Invernada, sitio donde se halló el nuevo dinosaurio. El nombre de la especie, houssayi, es en honor al fundador y primer presidente del CONICET y Premio Nobel de Medicina en el año 1947, Bernardo A. Houssay".

Al mismo tiempo, explican: "Este nuevo dinosaurio saurópodo, perteneciente al grupo de los titanosaurios, se suma a los ya conocidos en la zona y a los provenientes de la Formación Bajo de la Carpa: Overosaurus paradasorum e Inawemtu oslatus". Por otro lado, comentan que el ejemplan hallado conserva gran parte de su esqueleto axial, es decir, sus vértebras, lo que "aporta información anatómica valiosa que permite compararla con otros titanosaurios". "Estos datos, junto con la presencia de esta tercera especie en el área, contribuyen a formular nuevas hipótesis, que sugieren que la notable diversidad de este grupo de dinosaurios durante el Cretácico Superior podría deberse a la adquisición de distintas estrategias de alimentación o, alternativamente, reflejar un evento de reemplazo faunístico dentro de la formación", detallan desde la publicación del CONICET.

El descubrimiento del nuevo dinosaurio Yeneen Houssayi tuvo lugar en 2003, cuando un oficial del Escuadrón N° 30 de Gendarmería Nacional, con sede en la localidad neuquina de Chos Malal, denunció el hallazgo de restos fósiles en el área conocida como Cerro Overo - La Invernada, en las cercanías de Rincón de los Sauces. "Las tareas de excavación se desarrollaron en dos campañas paleontológicas realizadas entre 2013 y 2014, con la participación de paleontólogos, técnicos y voluntarios que trabajaron en la extracción de los ejemplares", explica el informe del CONICET, publicado este 2026.

"Al finalizar los trabajos de campo, los materiales recuperados del sitio fueron trasladados al MAU. Allí, en el laboratorio, comenzaron las tareas de preparación y limpieza, que demandaron varios meses de trabajo. Tras una extensa investigación, el equipo logró describir y nombrar una nueva especie de dinosaurio, representada por un ejemplar que conserva seis vértebras cervicales, todas sus vértebras dorsales, diez en total, con varias costillas asociadas, el sacro y la primera vértebra caudal", concluye la publicación. Fuente: eldestape.

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Rionegrina pozosaladensis, una nueva icnoespecie de ave del terror del Mioceno de la Patagonia.

Guardas ambientales descubrieron huellas de un ave fósil gigante, llamada “Rionegrina pozosaladensis”, que existió en la costa atlántica de Río Negro hace aproximadamente 8 millones de años. Única en el mundo, sus huellas son de casi 40 cm de largo y pesaba unos 55 kg aproximadamente.

El hallazgo fue realizado por los guardas durante sus tareas habituales en las Áreas Naturales Protegidas Punta Bermeja, Caleta de los Loros y Pozo Salado.

Dicha zona, de acuerdo a los estudios geológicos realizados por especialistas de la Universidad Nacional de La Pampa y el INCITAP (instituto de CONICET, La Pampa), fue un ambiente desértico con dunas y numerosos lagos extensos que funcionaban como oasis, y donde concurría la fauna de ese momento. En el barro de la costa de uno de esos lagos quedaron registradas huellas de casi 40 cm de largo de un animal bípedo que muestran un apoyo en dos dedos del pie, el dedo medio y el lateral (muy parecido a los actuales avestruces africanos).

Las mismas fueron encontradas por el guarda ambiental Andrés Ulloa y durante las tareas de campo brindaron apoyo los guardas ambientales Juan Siguero, Jonatan Ferrara y el poblador local Sr. Sergio Méndez.

El análisis de las huellas confirmó que su edad es de 8 millones de años, perteneciente al Mioceno Tardío época en el que los dinosaurios estaban extinguidos y se la denominó con el nombre científico de Rionegrina pozosaladensis. Se estima que su productor tenía un peso mínimo de 55 kg, por comparación con huellas de aves actuales.

Este tipo de huellas fósiles no se conocen en ninguna parte del mundo y sólo tienen algún grado de comparación con aquellas de dinosaurios carnívoros del Cretácico Temprano (entre 145 y 100 millones de años de antigüedad), que pertenecen al grupo de los deinonicosaurios y usaban una de las garras del pie para dominar a sus presas.

La investigación estuvo a cargo de un grupo de investigadores encabezado por el Dr. Ricardo Melchor con el acompañamiento de la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático, y la Secretaría de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro.

Este trabajo fue posible también gracias a la recepción de subsidios por parte de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. El productor de “Rionegrina” apoyaba mayormente dos dedos y eso lo separa de las huellas de ñandúes actuales y fósiles (que apoyan tres dedos). Las chuñas actuales apoyan mayormente dos dedos, pero no se conocen como fósiles de un tamaño mayor a las actuales (2-3 kilos de peso), por lo que también se descartan como posibles productores.

Las únicas aves corredoras de gran tamaño son el grupo extinguido de las “aves del terror” o fororracos, cuyo registro es bastante extenso en Argentina. Aunque los huesos de las patas de los fororracos se preservan raramente, una comparación con los restos conocidos sugiere que sería un ave del terror aún no registrada.

Las huellas de “Rionegrina”, muestran un individuo que se alejaba de un lago, donde también había huellas de otras aves pequeñas semejantes a chorlos, perezosos terrestres y antecesores del ñandú patagónico o choique.

El ave se movió lentamente al momento de dejar las huellas estudiadas, probablemente había abrevado en el lago o se encontraría en busca de una presa. Las huellas analizadas muestran un gran dedo central y otro lateral que serían el apoyo principal, a su vez tiene un dedo interno muy reducido y casi no apoyaba el talón.

Estas características del pie indican marcadas adaptaciones para la carrera, es decir era un ave corredora. Esto se complementa con una gran garra en el dedo interno que llevaba elevada y sólo tocaba la tierra la punta de la misma. La garra habría servido para inmovilizar a las presas, entre las que se incluyen otras aves y mamíferos pequeños antecesores de los actuales carpinchos, de acuerdo a lo que se conoce actualmente de la fauna fósil. Fuente: lineasurnoticias.com.ar

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Telkaralura coniceti, una nueva especie de reptil prehistórico del Triásico de La Rioja.

Hay organismos extintos que parecen eludir durante décadas la mirada de la ciencia. Como si, aun después de millones de años, prefirieran seguir ocultos en los márgenes de la prehistoria, resistiéndose a ser definidos. Algo así ocurrió con Telkaralura coniceti, un reptil que vivió hace unos 235 millones de años y cuyos restos, hallados en el noroeste argentino hace varias décadas, recién ahora pudieron ser reconocidos como pertenecientes a una nueva especie gracias a un minucioso reanálisis.

“Este animal es especialmente importante porque se encuentra cercano al origen evolutivo de los cocodrilos actuales. Era un reptil cuadrúpedo, con la espalda acorazada y un tamaño considerable: alcanzaba alrededor de 1,70 metros de longitud”, explica a la Agencia CTyS-UNLaM la doctora Belén von Baczko, investigadora adjunta del CONICET y autora principal del trabajo publicado en la revista Ameghiniana.

Según detallan los investigadores, la especie formaba parte de un grupo de reptiles conocidos como gracilisúquidos y fue identificada en sedimentos de la Formación Chañares, en la provincia de La Rioja. El tamaño del ejemplar resulta llamativo: era aproximadamente tres veces mayor que algunos de sus parientes más cercanos. “Hasta ahora se conocían formas muy pequeñas en Argentina, una de tamaño intermedio en Brasil y dos en China. Este es el ejemplar de mayor porte del grupo”, señala von Baczko, doctora en Ciencias Biológicas.

La denominación elegida para la especie encierra un doble reconocimiento. Telkaralura proviene de la lengua kakana, hablada por pueblos originarios de la región, y puede traducirse como “lagarto de la Madre Tierra”. En tanto, el epíteto específico coniceti rinde homenaje al CONICET. “Es un contexto muy difícil para la ciencia. Esta institución ha sido fundamental para sostener y promover el desarrollo de una ciencia soberana en la Argentina”, remarca la investigadora, que desarrolla sus tareas en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN-CONICET).

El estudio se basó en el reexamen de materiales fósiles previamente recolectados, en particular restos del cráneo. “Presenta un hocico articulado, con estructuras muy delicadas. Es la región del cuerpo mejor conocida, ya que no se conservan restos desde el cuello hacia abajo”, detalla von Baczko.

A partir de estos fósiles y de la comparación con especies emparentadas desde el punto de vista evolutivo, el equipo pudo inferir que se trataba de un reptil cuadrúpedo. Además, la morfología de sus dientes —curvados y afilados— sugiere que tenía hábitos carnívoros y que era un cazador activo.

El análisis del parentesco evolutivo no solo permite establecer relaciones entre especies, sino también reconstruir cómo fueron cambiando sus rasgos a lo largo del tiempo. “Esa secuencia de transformaciones tiene un valor predictivo: nos permite estimar la forma de partes del esqueleto que no se preservaron, a partir de lo que conocemos de sus parientes más cercanos”, explica Martín Ezcurra, investigador del CONICET y coautor del estudio.

Los fósiles fueron descubiertos en 1980 dentro del actual Parque Nacional Talampaya y posteriormente incorporados a la colección de paleovertebrados de la Universidad Nacional de La Rioja. A lo largo de los años, esos restos dieron lugar a distintas interpretaciones. “En un primer momento se los consideró posibles antecesores de los dinosaurios. Más tarde, en 2009, se propuso que podrían pertenecer a un individuo juvenil de un gran reptil depredador de hasta seis metros de largo”, recuerda von Baczko.

En 2015, junto a Ezcurra, la investigadora revisó nuevamente la colección. “Tomamos medidas, fotografías y empezamos a notar que había algo que no encajaba del todo. Ahí surgió la idea de que se trataba de algo distinto”, señala. La científica agrega que no es extraño que muchos fósiles permanezcan largos períodos sin ser estudiados en profundidad dentro de las colecciones, debido a la enorme cantidad de material y a los tiempos de trabajo científico.

De no haber sido revisados, los restos de Telkaralura coniceti podrían haber quedado inadvertidos entre cientos de ejemplares almacenados en museos. De allí la satisfacción del equipo al confirmar que se trataba de una especie hasta entonces desconocida. “El momento en que te das cuenta de que estás frente a un animal nuevo es realmente emocionante. También es un ejercicio de curiosidad: cuestionar lo establecido, aceptar la duda. Si hubiéramos dado todo por sentado, este reptil habría pasado desapercibido”, reflexiona von Baczko.

Ezcurra coincide y señala que los hallazgos en paleontología suelen darse de dos maneras: durante las campañas de campo o, como en este caso, al revisar materiales ya recolectados. “Existen colecciones con más de cien años de antigüedad. Hace poco trabajamos con fósiles descritos originalmente en 1865 y, aun así, pudimos identificar una especie nueva”, ejemplifica.

A esto se suma el aporte de las nuevas tecnologías. “Algunos huesos del Telkaralura eran extremadamente frágiles. Manipularlos implicaba un riesgo. Por eso recurrimos a microtomografías en el Centro Atómico Constituyentes, lo que nos permitió analizarlos en detalle sin dañarlos. Estas herramientas nos dan la posibilidad de observar los fósiles desde perspectivas antes impensadas”, destaca Ezcurra.

El investigador también subraya la importancia de la región: La Rioja y San Juan comparten una cuenca excepcionalmente rica en fósiles del Triásico, un período clave de la historia de la vida. “Es una verdadera ventana al pasado. Nuestro grupo estudia el linaje de cocodrilos y aves, pero estos animales convivieron con muchos otros: mamíferos primitivos, lagartijas, tortugas. Eso permite reconstruir cómo eran los ecosistemas de aquel tiempo”, explica.

En particular, la Formación Chañares —con una antigüedad estimada entre 237 y 233 millones de años— es reconocida a nivel internacional por la abundancia y el excelente estado de preservación de sus fósiles. “El Telkaralura forma parte de ese conjunto excepcional, que aporta información clave sobre el origen de los cocodrilos y otros grandes grupos de reptiles”, concluye el paleontólogo.

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El tiburón de Miramar: una historia real que vuelve a la superficie 70 años después.

Una nueva publicación reconstruye el único ataque documentado de un tiburón blanco en la Argentina y revive uno de los episodios más impactantes de la costa bonaerense.

En el verano de 1954, la tranquilidad de Miramar se quebró en cuestión de segundos. Lo que parecía una jornada más de playa se convirtió en un hecho sin precedentes: un joven fue atacado por un tiburón en aguas argentinas. Setenta años después, ese episodio vuelve a cobrar vida en el libro Crónica de un tiburón en Miramar, de Marcela Junín y Mariano Magnussen.

La obra, publicada en 2026, propone una reconstrucción minuciosa del caso, combinando testimonios, archivos históricos y aportes científicos. El resultado es una narración que no solo recupera el dramatismo del ataque, sino que también contextualiza el fenómeno dentro del conocimiento actual sobre el Carcharodon carcharias. El hecho ocurrió el 22 de enero de 1954, cuando Alfredo Aubone nadaba a pocos metros de la costa. En un ataque tan violento como inesperado, un tiburón lo hirió gravemente. Contra todo pronóstico, sobrevivió gracias a un rescate inmediato y a una intervención médica extraordinaria para la época.

El libro revela detalles poco conocidos: desde el contexto previo marcado por un fenómeno oceánico inusual en la región, hasta el análisis posterior de un fragmento de diente que permitió identificar al animal como un ejemplar juvenil. También aborda el impacto social que generó el episodio, que durante años alimentó el miedo y el imaginario colectivo de la ciudad.

Más allá del suceso en sí, la publicación pone el foco en la relación entre el ser humano y el mar, desmitificando la figura del tiburón y aportando una mirada científica sobre su presencia —ocasional— en el Atlántico Sur. Con registros posteriores de pesca en distintas costas bonaerenses. Así mismo, ofrece interesantes datos que demuestran que el gran blanco, ya visitaba estas costas desde tiempos muy lejanos.

El hallazgo paleontológico de dos dientes de la mandíbula superior e inferior correspondientes al Pleistoceno, hace unos 30 mil años, y el registro arqueológico de dientes utilizados como pendientes por cazadores recolectores nómades hace 3 mil años antes del presente, son una prueba de su antigua presencia, siendo el Partido de General Alvarado, uno de los pocos sitios del mundo con registros paleontológicos, arqueológicos e históricos de este gran animal depredador.

Con un enfoque que cruza la crónica periodística, la divulgación científica y la historia local, Crónica de un tiburón en Miramar se posiciona como una obra clave para entender uno de los hechos más singulares de la historia argentina reciente.

Una historia real, extrema y profundamente humana, que demuestra que incluso en las aguas más familiares pueden esconderse episodios extraordinarios.

El libro contó con el apoyo y financiamiento de la Fundación Azara y el armado de Vazquez Mazzini Editores.
Lo podes descargar gratis desde
https://fundacionazara.org.ar/cronica-de-un-tiburon-en-miramar/
 


 

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