PaleoArgentina Web. Un Milodonte asado por antiguos humanos en Patagonia. Arctotherium angustidens. Científicos del Museo de La Plata. El Futuro Museo Paleontológico Titanes de Ischigualasto. Megapiranha paranesis. Una piraña gigante del Mioceno de la Mesopotamia Argentina. Huevo genero Rhea en la localidad Navarro.
 
 
   

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Arctotherium angustidens. Científicos del Museo de La Plata revelan datos de osos prehistóricos.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 37. Agosto de 2009.

Un trabajo de investigadores argentinos, recién publicado en Alcheringa - revista de la Asociación Australiana de Paleontología- revela características de la vida de una especie de oso, pariente del llamado oso de anteojos, que habitó la Argentina y América del Sur, extinguiéndose hace alrededor de 11.000 años. El estudio fue se basó en el análisis de tres osos fósiles encontrados en el 2001

Mientras unos trabajadores realizaban la explotación de una cantera en Vivoratá, localidad cercana a Mar del Plata, y extraían “tosca”, destinada a la construcción de la autovía 2, con una pala mecánica se percataron que habían extraído tres cráneos, varios huesos largos y cientos de fragmentos de huesos rotos. Cuando sucedió esto avisaron al Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia de Mar del Plata.

“Lamentablemente la pala mecánica destruyó en gran medida los esqueletos pero de otra manera nunca se hubiesen hallado los osos pues se encontraban sepultados varios metros bajo la superficie. Esos restos correspondían a de tres osos fósiles –una hembra adulta y sus dos crías– que murieron hace cerca de un millón de años dentro de una cueva, señala el doctor Leopoldo H. Soibelzon, especialista del Departamento Científico Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata e investigador del Conicet. El hallazgo ocurrido en 2001 tuvo repercusión en la prensa, sobre todo porque se trató del primer descubrimiento en América del Sur de tres osos fósiles juntos y con su esqueleto articulado. Sin embargo, para saber más sobre las características de esos mamíferos y su vida, era necesario que un equipo de investigadores reconstruyera su historia a partir de la evidencia material y estudios geológicos de la zona.

Ahora el último número de Alcheringa, revista de la Asociación Australiana de Paleontología, arroja los primeros resultados de este trabajo realizado por Soibelzon y sus colegas Lucas H. Pomi, Eduardo P. Tonni y Sergio Rodríguez del Museo de La Plata y Alejandro Dondas, del Museo Municipal de Mar del Plata. Soibelzon, que es especialista en carnívoros fósiles, determinó que los restos fósiles de los osos hallados corresponden a la especie Arctotherium angustidens, perteneciente al mismo grupo, el de los tremarctinos, que el oso de anteojos, el único úrsido viviente de América del Sur.

De acuerdo con el paleontólogo, se trataba de osos de gran tamaño. El peso de los machos de esa especie se estima en los 1.000 kilogramos, comparable al de los osos polares más grandes, mientras que el de las hembras estaría comprendido entre los 600 y 700 kilogramos.

Los restos descubiertos son un cráneo completo de una hembra adulta, además de un cráneo –también completo–, otro fragmentario, una mandíbula completa y partes de las otras y gran cantidad del esqueleto de dos machos jóvenes de entre 1,5 y 2 años. Soibelzon explica que la determinación del sexo se realizó, al igual que en todos los osos, por el ancho de los caninos mientras que la edad de cada espécimen se estableció por el grado de fusión de los huesos del cráneo y esqueleto, además del desgaste de los dientes.

“El hecho de encontrarse juntos y con el esqueleto articulado –dice el paleontólogo–, sumado a la presencia de gran número de cuevas en las inmediaciones y a la naturaleza friable del sedimento que los contenía –fácilmente desmenuzable–, permite suponer que los tres individuos se encontraban dentro de una cueva al momento de la muerte”, señala el experto.

“Esta es la primera vez que se registran en América tres osos juntos y con su esqueleto postcraneal articulado”, explica Soibelzon. Y agrega: “También es la primera vez que se los `encuentra´ dentro de una cueva”, agrega. Pero estas cuevas no son del mismo origen que las utilizadas actualmente por osos en América del Norte o Europa, las de la Región Pampeana son madrigueras excavadas por enormes perezosos como Scelidotherium como han sugerido Sergio Vizcaíno y Susana Bargo, paleontólogos del Museo de La Plata.

El especialista comenta que el registro de estos tres individuos, pertenecientes a un mismo grupo familiar y de diferentes edades, permitió revelar cuestiones tales como las relacionadas a la variabilidad de la morfología y dimensiones del cráneo, mandíbula y dientes en el Arctotherium angustidens. Este descubrimiento también aportó información sobre la forma en que fueron variando las proporciones del cráneo con respecto a las del cuerpo durante las distintas etapas del crecimiento de esta especie de osos fósiles.

“Todos los osos presentan un gran dimorfismo sexual en tamaño, los machos suelen ser hasta un 20 por ciento más grandes que las hembras, y además presentan algunas diferencias anatómicas en el cráneo con respecto a las hembras. Por lo tanto el conocimiento de las variaciones anatómicas y de tamaño durante el desarrollo de cada sexo es una herramienta importantísima a la hora de determinar las especies”, asegura el investigador de Conicet.

Uno de las primeros problemas a los que se enfrentó Soibelzon hace 12 años cuando comenzó a estudiar los osos fósiles de América del Sur para su tesis doctoral fue determinar cuáles y cuántas de las 17 especies descriptas desde el año 1855 eran válidas- Luego de 4 años de trabajo demostró que muchas de ellas correspondían a machos y hembras de la misma especie o a individuos excepcionalmente grandes. “Hoy día se reconocen solo 5 especies de esas 17”, destaca.

Finalmente los paleontólogos se preguntaron sobre los efectos y reacciones que pueden haber desencadenado en los mega mamíferos autóctonos (glyptodontes, perezosos gigantes, macrauquenias, toxodontes, entre otros) el arribo de estos enormes osos, y la invasión de sus madrigueras; además de la posible relación con la desaparición de las formas de mayor tamaño registrada al final de esa edad.

Arctotherium angustidens es el oso más antiguo de América del Sur. Antes de que estos osos arribaran (desde América del Norte) junto a los tigres diente de sable (300 kg) aquí los mamíferos carnívoros más grandes no superaban los 30 kg y por lo tanto los herbívoros autóctonos debieron adaptarse a la presencia de estos grandes predadores mediante el desarrollo de nuevas estrategias para evitar ser cazados, señala el experto.

“El registro fósil nos indica que al fin del Ensenadense, estos osos gigantes desaparecen y también las formas de mayor tamaño dentro de los herbívoros. Tenemos en marcha un proyecto de investigación focalizado en el estudio de los ecosistemas de ese momento del tiempo a fin de aproximarnos a esta problemática con mayor cantidad de datos y precisión”, comenta Soibelzon

En breve saldrá publicado un artículo donde Soibelzon y sus colegas dan a conocer los resultados de un estudio -mediante fotografías y programas de computación- la forma y medidas del cráneo y mandíbula además de las características de la dentadura de las especies que habitaron América del Sur. “Nuestros resultados sugieren que esta fue la especie más carnívora de las 5 y, que seguramente fue el mamífero terrestre predador de mayor tamaño que jamás haya vivido en América del Sur. Es interesante comentar que las especies que registramos más tarde (hace unos 400 mil años) fueron muy omnívoras y la que vivió durante la ‘era de hielo’ fue la más herbívora de todas”, concluye Soibelzon.

Agencia CyTA-Instituto Leloir

 

El Futuro Museo Paleontológico Titanes de Ischigualasto.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 37. Agosto de 2009.

El Complejo Ferrourbanístico Eva Perón será tierra de dinosaurios. Allí se creará el Museo Paleontológico Titanes de Ischigualasto, donde se exhibirá de forma permanente la réplica de los dinosaurios de la muestra que actualmente se expone en el Auditorio Juan Victoria. Agregarán otros y habrá diversas actividades para los turistas, como salas de proyección de videos referidos a la actividad paleontológica, juegos para niños en los que desarrollará actividades de paleontólogos y hasta una confitería. Para crearlo, se hará una remodelación general y la creación de nuevas figuras. El secretario de Turismo, Dante Elizondo, calcula que se inaugurará para mediados del año que viene. El museo ocupará todo el edificio, se extenderá hacia afuera y tendrá 2.440m2. Un hall ocupará ocupará el centro del que será un lujoso edificio y para ambas alas, norte y sur, habrá en total 10 salas donde se aprenderá sobre el San Juan de hace 220 millones de años en el período Triásico. Además de las réplicas que hoy se puede ver en el Auditorio Juan Victoria se agregará 5 animales inéditos con sus corporizaciones y esqueletos. Por otra parte, el Lessensaurus, el esqueleto más grande que está en el auditorio, de 23 metros de largo, estará corporizado. Y a esto se suma una figura de piezas óseas fosilizadas reales, que será expuesta parada como lo hacía hace 220 millones de años.
   

Los niños tendrán su lugar para aprender porque el lugar contará con una sala de juegos. Gracias a uno de ellos, los chicos podrán instruirse sobre la masticación de los dinosaurios introduciendo la mano en la boca de uno de ellos. También en un cajón de arena podrán encontrar representaciones de huesos con las que podrán armar la figura de uno de estos gigantes. También planean construir figuras articuladas que muevan parte de su cuerpo. El edificio contará con un sistema de calefacción y aire acondicionado para el mejor disfrute de los visitantes y para mantener en las mejores condiciones las figuras de dinosaurios. Junto a esto se destacará un sistema de iluminación de última generación para que se aprecie con la mayor calidad las figuras. Y se construirá nuevos baños y un ascensor. También edificarán un entrepiso de 100m2 para proyectar más películas educativas.

"Dentro de los próximos meses, el área de Obras Públicas llamará a licitación para realizar la remodelación del edificio", comentó Elizondo, y agregó que "a mediados del año que viene será inaugurada". La remodelación del edificio tendrá un valor de alrededor de 4 millones de pesos, según Dante Elizondo. Y "construir las réplicas y las escenografías costará 1.680.000 pesos", comentó Oscar Alcober, director del Museo de Ciencias Naturales, que diseñará y realizará las figuras. "El recorrido de la muestra será uno solo. Los visitantes no pasarán dos veces por el mismo lugar. Entrarán por un ala del edificio y saldrán por la otra", afirmó el arquitecto Osvaldo Albarracín, quien junto a su esposa Mirta Romero realizó los planos del proyecto. A la muestra se podrá entrar sólo por el centro del ala norte, por el hall. Primero los visitantes verán una película de 6 minutos para informarse de los tipos de dinosaurios que verán en la muestra y cómo se comportaban. Luego verán las réplicas de ese ala, volverán en forma de U hacia el centro del edificio y subirán a un entrepiso donde hay una sala de proyección de películas donde aprenderán más sobre las bestias. Luego bajarán al ala sur donde continuarán observando réplicas y volverán nuevamente hacia el centro de la edificación. Allí terminará el recorrido y los esperará una sala de venta de merchandising, donde podrán adquirir remeras, gorras y hasta muñecos de la muestra.

 

Megapiranha paranesis. Una piraña gigante del Mioceno de la Mesopotamia Argentina.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 37. Agosto de 2009.

En el Museo de La Plata revelan un enigma paleontológico. El ejemplar medía más de un metro. Que hace unos 10 millones de años los ríos de la Mesopotamia estaban habitados por una megapiraña -un pez carnívoro de más de un metro de largo- era algo que se suponía desde hace tiempo. Sin embargo hasta el momento no había pruebas de su existencia. Fue un investigador platense quien las halló; no en un trabajo de campo, sino revisando antiguas cajas con fósiles indiferenciados en los depósitos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. La reciente publicación de su hallazgo despertó gran interés, tanto en el ámbito de la paleontología como en el de la divulgación científica.

Días atrás, revistas como la National Geographic se hicieron eco del descubrimiento del doctor Alberto Cione, paleontólogo del Museo de La Plata e investigador del Conicet. Es que su hallazgo vino a resolver además un misterio paleontológico: el del salto evolutivo que separa a las pirañas actuales con el pacú, un pariente herbívoro mucho más primitivo. Aunque se conoce ahora, la historia del descubrimiento se remonta a fines de los '80, cuando Cione -a cargo de la colección de peces de la división de Paleontología de Vertebrados- revisaba antiguas cajas con material fósil sin identificar.

Esas piezas habían sido desenterradas de las barrancas del Río Paraná, cerca de la localidad de Villa Urquiza, hacia el 1900, y desde entonces permanecían guardadas.

"Encontré un premaxilar que me llamó la atención. Era similar al de un pacú, pero con los dientes más grandes y afilados, como los de una piraña", cuenta el doctor Cione, quien por entonces no pudo establecer a qué especie correspondía ni tampoco su verdadero valor. Fue algunos años más tarde, al leer el estudio de un ictiólogo norteamericano, que Cione comprendió la importancia del hallazgo. Las características del fósil "se correspondían exactamente" con las que su colega proponía en 1950 en una reconstrucción teórica de una especie entre el pacú y la piraña. "

Encontré esa especulación teórica materializada en una pieza, que ahora es la base para establecer la existencia de una nueva especie, la Megapiranha paranesis", explica el paleontólogo, coautor de un notable artículo sobre el tema publicado días atrás en el Journal of Vertebrate Paleontology.

Ancestro directo de las actuales pirañas, aunque de un tamaño cinco veces mayor, las megapirañas habrían habitado los ríos, y quizás también las lagunas, de la mesopotamia hace entre 8 y 15 millones de años. Nadie está seguro, sin embargo, de qué se alimentaban exactamente. "Es posible que su dieta fuera diversa, como la de las pirañas actuales, que si bien son eminentemente carnívoras, también comen plantas y frutos", señala Cione.

Lo que sí se sabe es que coexistían con enormes bagres, delfines de agua dulce, tortugas y cocodrilos de muy diversos tipos, incluso uno labial de rostro alargado; toda una fauna que se extendía por una amplia región geográfica hasta el Amazonas. Pese a que las únicas pruebas de su existencia se hallaron en nuestro territorio, "es muy probable que las megapirañas hayan llegado a habitar también gran parte de los ríos de Sudamérica", comenta Cione.

"Por entonces las temperaturas globales eran mucho mas altas que ahora, y las cuencas del Paraná y el Amazonas no estaban, como hoy, aisladas una de otra", explica. A ese primer hallazgo que permitió establecer la existencia de una nueva especie se le sumaron en los últimos años otros que reafirman la teoría. Se trata, sin embargo, de piezas fósiles de menor valor, en gran parte dientes sueltos descubiertos en la misma región, la de Villa Urquiza, Entre Ríos.

 

Recuperan un huevo sin eclosionar del

genero Rhea en la localidad Navarro.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 37. Agosto de 2009.

Recientemente se hallo un huevo sin eclosionar correspondiente al genero Rhea en el cause del Rió Salado, comunico a Grupo Paleo el Señor Felix Maguire del Museo Municipal de Paleontología y Ciencias Naturales de la localidad bonaerense de Navarro, cuyos afloramientos geológicos corresponden al Periodo Pleistoceno, lo cual se pudo establecer fácilmente, debido que, en el mismo nivel donde apareció el huevo de esta gran ave, se hallaron restos óseos fosilizados de Megatherium, un enorme perezoso de cuatro metros de altura.

Desde el Pleistoceno medio (1,5 millones de años) se vienen registrando restos fósiles de esta enorme ave corredora. Los primeros registros de ñandúes fósiles fueron dados a conocer en 1882 por Florentino Ameghino como Rhea fossilis y posteriormente por Moreno y Mercerat en 1891 como Rhea subpampeana extraídos de de Laguna Vitel y asignados erróneamente al Plioceno. Los Rheidae constituyen una familia endémica.

En Miramar, el Museólogo Daniel Boh recupero en 1992, un tocón con decenas de fragmentos de cáscaras de huevo atribuida al presente genero, con una antigüedad tentativa de 500 mil años antes del presente, en las cercanías de la Baliza de esa ciudad, pero también se han descubierto restos de un antecesor en sedimentos del Plioceno superior. Su cráneo era corto, con un pico mediano, deprimido y ancho. Narinas amplias. Cuello largo y angosto, con vértebras cervicales a aspecto mediadamente alargado. Miembros anteriores muy cortos e imposibilitados para el vuelo, mientras sus extremidades posteriores son largas y fuertes, adaptadas para la carrera, con tres dedos y uñas comprimidas.

Durante el Holoceno pampeano fueron muy frecuentes. Restos de cáscaras de huevo son hallados en toda la región, pudiéndose rastrear su existencia en el S.E bonaerense hasta mediados del siglo XIX posiblemente. En la actualidad se encuentran protegidas en reservas o campos privados, pero extintas salvajemente en esta parte de Argentina. En La Pampa y Patagonia se las puede observar en grandes grupos. Su presencia en sitios arqueológicos se debe en su mayor parte a que los grupos aborígenes se alimentaban de sus enormes huevos, pero hay poca evidencia de restos óseos en estos lugares. Géneros relacionados: Heterorhea dabbenei, Rhea anchorenenses, Rhea americana, Rhea subpampeana, Rhea fossilis y Pterocnemia pennata. Los restos serán preservados en el Museo Municipal de Paleontología y Ciencias Naturales de la localidad bonaerense de Navarro.

 

Un Milodonte asado por antiguos humanos en Patagonia.

Tiene unos 10.000 años y está cerca de la laguna El Trébol, en Bariloche. Entre los restos de una vieja fogata encontraron un perezoso gigante. Los aborígenes milenarios lo habían asado con cuero y todo.

Las luces que perforan el verde bloque de bosques perennes se estacionan en una incandescente bruma que flota sobre la laguna El Trébol. El suelo helado se quiebra al paso del grupo que comienza a encaramarse a la base de un cerro de unos 30 metros, en cuya ladera se erizan arbustos y cipreses obstinados, capaces de agrietar la mismísima roca.

A los pies del cerro, entre los árboles, se adivinan los techos, prolijos y sofisticados del barrio que está frente a la laguna azul que, a las diez de la mañana, parece evaporarse. Es apenas detrás de las líneas de las casas y chalets que el grupo, guiado por el arqueólogo Adam Hajduk, se detiene. Y es justo entre el ramerío de guindos y saucos que aparecen, impactantes, una galería de piedra, la boca de una caverna y una excavación rectangular que se hunde hasta devorarse todas las luces de la espléndida mañana cordillerana.

Hajduk certifica que todo esté en orden, espía por encima de sus anteojos y sonríe amplio. "Acá comían el asado con cuero... hace más de 10.000 años", suelta con su particular y justificado acento. Hajduk es inglés pero hijo de polacos, criado y nacionalizado en nuestro país.

El científico es investigador del Conicet y una de las voces respetadas de la arqueología argentina. Desde hace tiempo, este gringo puntilloso y dedicado se pone ancho cada vez que llega al sitio arqueológico El Trébol. Allí, Hajduk y su equipo han rescatado y descifrado algunos de los muchos secretos que guardan los primeros habitantes de Patagonia, y es en la cueva que están abriendo donde se encapsulan las llaves de los enigmas.

A cuatro metros del piso, los investigadores encontraron los restos óseos de un mylodon, una suerte de perezoso gigante que se extinguió hace diez mil años. Los huesos estaban literalmente aprisionados entre los carbones de una fogata de alrededor de un metro de diámetro, donde los primitivos habitantes de la caverna lo asaron, con cuero y todo. El hallazgo de las piezas de mylodon (huesos que estaban debajo de la cerda y el cuero) implica revelaciones tan obvias como trascendentes. El bicho de poderosas garras y vigorosos huesos fue alimento de los hombres que vivieron allí. Junto a él había huesos de un ciervo de gran tamaño -tal vez un tercio más que un huemul - y una variada colección de pequeñas osamentas de roedores, guanacos hasta la de un zorro, que también desapareció. Todo bicho que camina va a parar al asador... en ésta y en aquella época y el fiero mylodon no escapó a la regla.

Hajduk establece el fechado de la extinción en 10.000 años, cuando es muy probable que sea mayor. Ese mínimo es igual significativo: en la Patagonia, la datación humana más antigua es de 12.600 años, en la cueva 3 de Los Toldos, en el cañadón de las manos pintadas de Santa Cruz.

¿Por qué cree que la datación no tiene esa antigüedad?

-En la Pampa Húmeda hay fechados de grandes mamíferos de 8.500 años, así que establecimos un promedio. Pero yo tengo una corazonada... -responde. La corazonada es que el sitio sea tanto más antiguo que los de Santa Cruz. Para ello habrá que esperar, por ahora no hay dinero para afrontar los gastos que implica un fechado. No es sencillo hacer investigaciones en la Argentina. El sitio donde asaban perezosos tiene registros arqueológicos desde la década del 50 y en la parte superior hay figuras pintadas con óxido de hierro ¿acaso de la misma roca? Fue en el lugar donde están esas marcas que se inició la excavación.

Sobre la parte más antigua del sitio había capas de ceniza volcánica, otros fogones más recientes y una cantidad de pedazos de instrumentos de piedra, cerámica y herramientas de hueso de los indígenas.

El trabajo, que comenzó con la búsqueda del primer barilochense, se ha extendido y recién se ha excavado el 20%. De hecho, el fogón del mylodon está aún parcialmente cubierto. Hajduk y su equipo no lo dicen, pero saben que están tras las huellas de los primeros hombres que pisaron esta parte del planeta.

Con más ganas que medios

La excavación del sitio El Trébol comenzó en 2002 con más ganas que medios y sobre una zona arrasada por los depredadores. Es que desde hace mucho que se sabe del refugio indígena a partir de las fantásticas pinturas rupestres que el paso del tiempo está decidido a borrar de la piedra. Hajduk, el técnico del Conicet Maximiliano Lezcano y la antropóloga Ana Albornoz se pusieron al frente de un compacto equipo que, por entonces, hacía sus primeras armas en excavaciones arqueológicas. En cuatro primeros meses de 2004, junto a ellos estuvieron la guía de turismo Ana Lara, el ambientalista Sergio Hache, y el estudiante Emanuel Vargas, de 18 años y con la idea concreta de estudiar arqueología. Los tres últimos palearon y tamizaron tierra la mayor parte del tiempo, pero también se adentraron en la excavación que, por ahora, está previsto avance hacia abajo del cerro.

Nadie, salvo los científicos que trabajan para el Conicet, cobró un peso pero todos aportaron. Emanuel terminó el secundario el año pasado. "Esto es increíble, vine después de hacer un curso de antropología con Ana Albornoz y me quedé", dice el chico que hace empanadas en una casa de comidas.

Sergio Hache, de 44 años, es docente y su especialidad es la interpretación ambiental. "Todo lo que le pasa al planeta nos está diciendo algo", explica el hombre que desde hace 21 años vive en Bariloche, su lugar en el mundo. "Yo ayudo, digamos que colaboro y  aprendo. Realmente esto ha sido muy enriquecedor", sostiene Hache quien en plena helada asegura que, precisamente en el frío, está el secreto para disimular los años. El alma del grupo que comanda Adam Hajduk es Ana Lara, una apasionada de la investigación que, a la par de su actividad como guía, ha cultivado una sólida formación científica y conoce el dedillo los detalles de pinturas rupestres.

Un refugio estratégico

El sitio arqueológico El Trébol es un abrigo rocoso de unos 22 metros de frente y siete de profundidad máxima, ubicado en la base de un cerro de rocas volcánicas. La superficie cubierta es de unos 110 metros. Su orientación no es casual: la galería de piedra ofrece refugio contra los vientos del oeste, que predominan en el lugar.

Actualmente el sitio se encuentra en una zona semiurbana que a su vez está dentro de un bosque mixto de cipreses y coihues, junto con especies como el radal, maitén, maqui, calafate y parrilla. Durante los últimos 13.000 años el bosque estuvo presente en esta zona, luego de la retirada de los glaciares. Entre los hallazgos se encuentran objetos que evidencian la actividad del hombre, como lascas (deshechos de la fabricación de instrumentos de piedra), un punzón de hueso y restos de los animales que fueron era parte de su dieta: huemul, aves y de un zorro extinto. Todos estos huesos (más algunas espinas de pescados y moluscos del Pacífico) presentan huellas de corte producidas con una herramienta de piedra. El zorro extinto era más grande que el colorado y en ocasiones ha sido confundido con un perro prehispánico. También hay huesos de un ciervo de tamaño mayor que el huemul. Lo más llamativo es la asociación de los restos con huesos dérmicos (algunos quemados), fragmentos de huesos y un diente del mylodon, el perezoso gigante extinguido hace 10.000 años. En el museo de la Patagonia de Bariloche hay dos increíbles muestras del mylodon: un pedazo de cuero con cerda y huesos dérmicos y un bolo de bosta, hallados en el siglo XIX en el sur de Chile (Seno de Ultima Esperanza), y distribuidos a distintos puntos museos sudamericanos. El descubrimiento encendió una pequeña revolución. Por su increíble estado de conservación, se pensó que el bicho aún vivía.

El mylodon superaba los tres metros entre el extremo del rostro y el de la poderosa cola y un metro y medio de altura en la cruz. Su aspecto se asemeja al de un perezoso actual, aunque de contextura mucho más robusta y de hábitos terrestres. Se caracterizaba por la presencia de huesecillos incluidos en su piel (huesos dérmicos u osteodermos), de no más de dos centímetros y semejantes a porotos. Los tenían en número considerable, seguramente fortaleciendo al cuero como protección.

No se sabe con certeza quién mató al Mylodon

Hajduk no se anima a asegurar que el mylodon haya sido cazado por los aborígenes que poblaron el sitio, aún no tiene una prueba de ello. Es más, no descarta que los indios hayan asado ejemplares muertos por las garras de otras bestias.

El mylodon convivió con panteras, tigres dientes de sable, megaterios e hippidion (caballo americano), todos del período cuaternario, extinguidos luego de la última glaciación. Fue precisamente ese fenómeno el que provocó el descenso del nivel de los mares y que las aguas se retiraran del sector que hoy conocemos como Estrecho de Behring, creando un puente terrestre que unió a Asia con América del Norte. Hace unos 30.000 años, los primeros grupos humanos de cazadores-recolectores nómades ingresaban a América del Norte a través de esta vía de comunicación. Avanzaron paulatinamente hacia el sur, en un épico proceso de exploración y ocupación.

El ambiente de la Cordillera Patagónica no siempre fue como el que hoy conocemos. Hace unos 14.000 años, los hielos ocupaban buena parte de la zona de los lagos. En ese momento, hacia el final de la era geológica denominada Pleistoceno, comienza el retroceso de los frentes de glaciar, que culmina hacia el 11.000 y los hielos se restringen a su posición actual. Los 'descendientes' de aquellos humanos alcanzaron el extremo sur de la Patagonia, hace unos 12.000 años. Sus vestigios materiales son mejor conocidos a través de los hallazgos realizados en sitios arqueológicos de la región de Magallanes (Chile). Estos cazadores alcanzaron a conocer a los últimos grandes mamíferos del Pleistoceno, extinguidos en la Patagonia hace unos 10.000 años. Supieron aprovechar como alimento algunos de estos animales, especialmente el caballo, mastodonte y milodonte aunque en esta época y hasta tiempos históricos su principal sustento fue el guanaco y otras especies. Para la obtención de estas presas utilizaban armas arrojadizas con puntas de piedra, denominadas "cola de pescado" por su forma. Adam Hajduk cree que en los rincones a los que todavía no se llegó hay más huesos de los bichos que fueron a asados en el fogón de la cueva.

Fuentes: Rodolfo Chávez, Editorial Rió Negro SA. PaleoArgentina Web.

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