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Fósiles del Plioceno de Argentina:

El Periodo/Epoca Plioceno comprende entre los últimos 5 y 2,5 millones de años de la tierra. En la Republica Argentina se encuentra dividido en tres edades principales.

Sedimentos del Plioceno de Miramar.

La edad mamífero "Montehermorense" comprende un lapso intermedio entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano. Tiene una antigüedad entre 6 y 4 millones de años. Los depósitos sedimentarios afloran a unos 15 kilómetros al sur de la localidad de Pehuen-co, Provincia de Buenos Aires, Argentina. La edad "Chapadmalalense" es tal vez la más importante del Plioceno por la abundancia de restos fósiles y evidencias ambientales. Tiene entre 4 y 3,2 millones de años y corresponden a sedimentos del litoral marítimo pampeano, ubicados entre la ciudad de Mar del Plata y Miramar, Provincia de Buenos Aires. Durante el Final del Plioceno ocurrieron tres fenómenos naturales, los cuales decidieron la suerte del 80 % de las especies endémicas y autóctonas. Una de ellas fue el Gran Intercambio Biótico Americano, que fue la migración de los mamíferos al restablecerse la unión entre América del Norte y Sur, provocando la llegada de la fauna invasora. Otro de los fenómenos fue el impacto de un Asteroide, el cual ocurrió hace 3,3 millones de años. Ha esto se le suma, hacia el final del Plioceno, una estrella del grupo de estrellas O y B de la Asociación estelar de Scorpius-Centaurus a unos 380 a 470 años luz de la Tierra, explotó como supernova, lo suficientemente cerca de la Tierra como para provocar un gran deterioro en la capa de ozono, lo que pudo haber sido la causa de una extinción masiva en los océanos. Para ello se basaron en las anomalías del isótopo de esa época encontradas en los fondos oceánicos. << Principales sitios de Argentina.

Recientemente se incluyó la edad "Marplatense", la cual se encuentra dividida en tres sub-edades (sanandresense, vorohuense y barrancalobense) que tienen una antigüedad entre 3,2 y 1,9 millones de años, ubicadas principalmente al sur de la ciudad de Mar del Plata hasta Miramar. En el continente se produjo un evidente desplazamiento de distintos grupos de vertebrados hacia condiciones más favorables existentes al norte de Patagonia. A partir del Plioceno el registro fósil pertenece exclusivamente a algunas localidades del norte y centro del territorio argentino, a diferencia de las anteriores (del Mioceno al Paleoceno) que se encontraban principalmente en Patagonia. Existía un gradiente decreciente de humedad en dirección al oeste. En el territorio se desarrollaron las llanuras, con extensas praderas bajo un clima templado - cálido y húmedo. Ingresaron provenientes de Norteamérica numerosas especies de carnívoros placentarios. Posteriormente al elevarse las Sierras Pampeanas se produce una "sombra de lluvias" al este de las mismas, con lo cual se produjo la desertización de las áreas sub-andinas. Este periodo coincide con un deterioro en el clima, con un enfriamiento a nivel global, fenómenos de glaciaciones, un aumento en el gradiente térmico latitudinal, y un descenso en el nivel del mar, lo que provoco la disminución de especies.


Mesembriornis milneedwardsi. Moreno, 1889.                                   

Tizziana Magnussen, con el cráneo y pico Mesembriornis milneedwardsi en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Ave Carnívora. Como ya se había aclarado anteriormente, las aves carnívoras, tanto corredoras como voladoras, alcanzaron durante el Terciario dimensiones extraordinarias y se convirtieron en los principales depredadores debido a la ausencia de mamíferos competidores de gran tamaño. Mesembriornis milneedwardsi fue un ave corredora y carnívora que superaba los 1,8 metros de altura. Sus restos fósiles fueron hallados por primera vez en la Farola de Monte Hermoso (Montehermosense–Chapadmalalense) por Moreno y Mercerat en 1891, y depositados en el Museo de La Plata. Posteriormente, en 1908, se colectó un esqueleto casi completo procedente de la misma zona, actualmente preservado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. La punta del pico dirigida hacia abajo, similar a la de las aves rapaces, revela hábitos carnívoros; sus principales presas habrían sido animales de talla media y pequeña, como Paedotherium o Pseudotypotherium, a los que perseguía hasta alcanzarlos para golpearlos con el pico y, una vez detenidos, sujetarlos con sus poderosas patas, clavando las garras hasta someterlos por completo. No desaprovechaba la carroña, especialmente durante períodos de escasez. Sus alas eran muy reducidas y con musculatura atrofiada, lo que le impedía volar. El cráneo superaba los 45 centímetros de longitud. Se extinguió durante el Plioceno, hace unos 3 millones de años, sin dejar representantes actuales; su nicho ecológico fue luego ocupado por numerosos mamíferos placentarios que ingresaron al continente tras la formación del istmo. Algunos restos proceden de sedimentos de Monte Hermoso y Barranca de los Lobos. La especie Hermosiornis rapax podría corresponder a Mesembriornis milneedwardsi según algunos estudios. Géneros y especies relacionados: Psilopterus colzecus, Palaeopsilopterus itaboraiensis, Chunga incerta, Hermosiornis australis y Hermosiornis rapax.


Psiloterus s.p. Moreno y Mercerat, 1891.
     

Cráneo de Psiloterus sp en el Museo de Cs Nat. de Miramar.

 

Ave Carnívora. Es un género extinto de forusrácidos (“aves del terror”) que vivió desde mediados del Oligoceno hasta fines del Mioceno en Argentina. En comparación con otros forusrácidos, sus representantes eran relativamente pequeños y gráciles. Un cráneo hallado en las cercanías de la ciudad de Miramar pertenece a uno de los últimos integrantes de la subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío, hace unos 3 millones de años, correspondiente a la Edad Chapadmalalense de la provincia de Buenos Aires, aunque los registros más antiguos del género provienen del Mioceno temprano–medio (Santacrucense) de Patagonia. El cráneo conserva una longitud aproximada de 23 centímetros sin el pico. A pesar de no encontrarse completo y haber sido sepultado en condiciones ambientales desfavorables, presenta una característica excepcional: la preservación de la esclerótica ocular, formada por delicados huesecillos ubicados en la órbita. Asimismo, se observan marcas atribuibles a un par de caninos en su superficie superior. Esta ave habría alcanzado una altura cercana a 1,6 metros. En la actualidad existen representantes emparentados con esta familia en Argentina: los dos únicos miembros de la familia Cariamidae, la chuña de patas rojas (Cariama cristata), de unos 95 cm de altura, y la chuña de patas negras (Chunga burmeisteri), de aproximadamente 78 cm. Su dieta incluía principalmente pequeños mamíferos como Paedotherium o Dasypus, aunque existía una amplia diversidad de presas disponibles en ese momento. Especies y especies relacionadas: P. bachmani, P. lemoinei, P. affinis y P. colzecus.


Heterorhea dabbenei. Rovereto, 1914.

Pata recreada completa de un Rheiforme, en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Aspecto de Heterorhea. Por MarMag.2025.

Ave. Rheiformes. Se trata de un ave del orden Rheiformes, nombre que reciben dos aves sudamericanas similares al avestruz, emparentadas con el género Rhea del Pleistoceno y con el ñandú actual. Era de mayor tamaño que los representantes actuales de Sudamérica y, al igual que ellos, poseía tres dedos en cada pata. La cabeza y el cuello estaban completamente cubiertos de plumas. La cola no se encontraba desarrollada, pero presentaba largas plumas que colgaban y cubrían la parte posterior del cuerpo. Probablemente incubaban los huevos de manera similar a las formas actuales, en las que varias hembras utilizan un mismo nido y un solo macho puede incubar hasta 50 huevos, aunque este comportamiento no puede confirmarse con el registro fósil. Heterorhea era un corredor veloz gracias a sus largas patas y a la proporción de sus huesos, que le permitían alcanzar altas velocidades. Es posible que se desplazara en grupos familiares, salvo durante la época reproductiva, cuando se congregaría en grandes bandadas, volviéndose más vulnerable frente a depredadores marsupiales. Su dieta habría sido variada, incluyendo pastos, insectos y frutos. Aunque se trata de un género poco frecuente, algunos restos proceden del Terciario bonaerense y tucumano, representados por huesos aislados y cáscaras de huevo atribuidas tentativamente a Heterorhea. El primer registro, en 1914, se basó en un tarsometatarso proveniente de la Formación Monte Hermoso, y posteriormente se describió un nuevo género y especie a partir de un fémur hallado en los mismos niveles de los barrancos de Monte Hermoso (provincia de Buenos Aires). Estos constituyen los únicos registros pliocenos conocidos y corresponden a formas más grandes y robustas que los géneros actuales de Rheiformes. Géneros y especies relacionados: Heterorhea dabbenei, Rhea anchorenensis, Rhea americana, Rhea fossilis y Pterocnemia pennata.


Nothura parvula. Tambussi, 1989.

 

Restos fósiles del humero y sacro de un Nothura s.p, del Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar y reconstrucción por MarMag.2025.

Ave, Ratites. Los tinámidos son aves terrestres cuyo registro fósil se conoce principalmente en el Plioceno y Pleistoceno de Argentina. La familia Tinamidae es endémica de la región Neotropical y, vulgarmente conocidos como inambúes, se caracterizan por su escasa capacidad de vuelo y hábitos terrícolas. Si bien se han hallado restos fósiles en Brasil y Perú, la mayor parte del registro procede de Argentina, donde el resto más antiguo fue descubierto en el Mioceno tardío de la provincia de La Pampa. Los tinamúes pertenecen a los Paleognathae, tradicionalmente divididos en dos linajes: tinamúes y ratites; a diferencia de estas últimas, los tinamúes conservaron la capacidad de volar. Probablemente presenten un aspecto similar al de los ancestros voladores de las ratites. Estas últimas se distribuyen en Nueva Zelanda (kiwis), África (avestruces), América (ñandúes) y Australia y Nueva Guinea (emúes y casuarios), mientras que los tinamúes son exclusivos del Neotrópico. Las relaciones filogenéticas dentro de los paleognatos han sido debatidas durante décadas, existiendo consenso únicamente sobre la monofilia del grupo, la de los tinamúes y la del clado emú-casuario. Respecto a su radiación evolutiva, se proponen dos hipótesis: una sugiere una diversificación gondwánica durante el Cretácico, con la posterior deriva continental explicando la distribución actual; la otra plantea una radiación posterior al evento de extinción Cretácico–Paleógeno, a partir de ancestros voladores, de los cuales sólo los tinamúes conservaron esa capacidad. El género Nothura Wagler, 1827 incluye actualmente cinco especies que habitan ambientes abiertos con parches de vegetación arbórea en Sudamérica. Solo se conocen dos especies fósiles: Nothura parvula Tambussi, 1989 del Plioceno, y Nothura paludosa Mercerat, 1897 del Pleistoceno, ambas halladas en la provincia de Buenos Aires.


Vultur messii. Degrange, F. et al. 2023.

 

Femur de Vultur messii, del Plioceno de Catamarca.

 

Aspecto del cóndor Vultur messii. Por Santiago Druetta.

Ave. El registro fósil de cóndores (Aves, Cathartiformes) en América del Sur es escaso y, particularmente en Argentina, la mayoría de los restos asignados a este grupo han sido objeto de debate. La presencia de una especie fósil del género Vultur, recuperada de depósitos de casi 5 millones de años de antigüedad, coincide con el levantamiento de los cerros pampeanos y de los Andes, así como con el inicio de la aridificación regional. La existencia de cadenas montañosas incipientes sugiere que el centro de origen de este género estaría vinculado a la cordillera de los Andes, lo que implica una llegada temprana y una posterior diversificación de los cóndores en Sudamérica. En la actualidad, el género Vultur está representado únicamente por Vultur gryphus, el cóndor andino, considerado el ave voladora más grande del mundo por la combinación de un peso cercano a los 15 kg y una envergadura de hasta 3,3 metros. Es principalmente carroñero y prefiere cadáveres de gran tamaño, como los de ciervos o ganado. Alcanza la madurez sexual entre los cinco y seis años y nidifica en formaciones rocosas inaccesibles, a altitudes de entre 3000 y 5000 metros sobre el nivel del mar. La posición taxonómica exacta del cóndor andino y de las restantes especies de buitres del Nuevo Mundo continúa siendo debatida, ya que, aunque similares en apariencia y función ecológica a los buitres del Viejo Mundo, evolucionaron de ancestros distintos. Una nueva especie fósil fue hallada en afloramientos geológicos del noroeste argentino y homenajea al futbolista Lionel Messi, a casi un año de la histórica obtención de la Copa del Mundo.


Ceratophrys ameghinorum. Fernicola, 2001.

Esqueleto de un Ceratophrys ornata viviente en el MACN. Cráneo de Ceratophrys ameghinorum y reconstrucción en vivo. Museo de Ciencias Naturales Punta Hermengo de Miramar.

Anfibio. Anura. Los escuerzos del género Ceratophrys conforman un peculiar grupo de anuros neotropicales caracterizados por su notable robustez corporal y una cabeza desproporcionadamente grande. Actualmente se reconocen seis especies vivientes asignadas a este género, de las cuales solo dos se distribuyen en la República Argentina. En las regiones chaqueña y central del país se encuentra Ceratophrys cranwelli Barrio, 1980, mientras que Ceratophrys ornata Bell, 1841 restringe su distribución a la región pampeana. Estos animales poseían una cabeza ancha, hidrodinámica y cubierta por ásperas molduras óseas; las mandíbulas eran amplias y semicirculares, provistas de una hilera de pequeños dientes aserrados, con ocho dientes premaxilares y entre 30 y 40 maxilares, mientras que la mandíbula inferior carecía de dentición pero presentaba un borde extremadamente afilado. Excavaban cuevas utilizando tubérculos córneos de bordes agudos presentes en las patas posteriores. Probablemente se desplazaban con torpeza en tierra firme, pero en el agua eran rápidos y eficientes depredadores, capaces de capturar pequeñas aves, mamíferos, insectos, peces e incluso individuos juveniles de su propia especie. El registro fósil de este grupo es muy escaso; sin embargo, recientemente se realizaron hallazgos significativos al norte de la ciudad de Miramar, incluso dentro de una crotovina junto a otros vertebrados del Plioceno superior. El resto más antiguo de la subfamilia Ceratophryinae corresponde a W. gerholdi del Mioceno medio de Ingeniero Jacobacci, noroeste de Río Negro, considerado afín al género Ceratophrys. Recién en el Plioceno tardío reaparecen registros fósiles de esta subfamilia en el sur de la provincia de Buenos Aires (Monte Hermoso, Formación Montehermosense). Los primeros hallazgos fueron realizados por Ameghino en 1899, quien los asignó a Ceratophrys prisca. Durante el Plioceno se registra Ceratophrys sp. tanto en el noroeste argentino (Catamarca) como en el sur bonaerense. La fauna de la región subandina de este período presentaba un marcado carácter subtropical, lo que sugiere condiciones ambientales similares a las actuales del oeste del distrito chaqueño, que aparentemente también se extendían hacia el sudoeste bonaerense. El levantamiento final de las Sierras Pampeanas durante el Plioceno tardío habría bloqueado los vientos húmedos del nordeste, provocando la desertificación de las áreas occidentales. En el Piso Chapadmalalense se registran ejemplares diploides en Miramar, Punta Lobería y Punta Vorohué, y tetraploides en Quequén Salado y Chapadmalal. En el Piso Barrancalobense, hacia el final del Plioceno, se documenta un fósil diploide. Durante el Pleistoceno, a lo largo de la costa atlántica, se hallaron nuevos restos asignados a Ceratophrys (Piso Ensenadense). También se conocen materiales del Pleistoceno superior de Bolivia, en Ñuapua y Tarija, así como restos coetáneos de Brasil, en Lagoa Santa, Minas Gerais.


Salvator (Tupinambis) teguixin. Daudin, 1802.

 

Fragmento de cráneo y maxilar de Tupinambis exhibido en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

  Reconstrucción en vivo del genero Tupinambis teguixin del Plioceno pampeano. Por MarMag.2025.

Reptil Squamata. Es el lagarto de mayor tamaño de la familia Teiidae, registrado desde el Mioceno temprano de Patagonia y con presencia continua en Argentina durante todo el Mioceno, extendiéndose hasta el Holoceno. Los reptiles escamosos (Squamata) constituyen el segundo grupo más numeroso de vertebrados terrestres, con más de 8200 especies, superados únicamente por las aves; sin embargo, pese a su actual diversidad y abundancia, han sido tradicionalmente relegados en la literatura paleontológica. En la actualidad, el género Tupinambis, hoy reconocido como Salvator sp., está representado por al menos seis especies: T. duseni, T. longilineus, T. merianae, T. quadrilineatus, T. rufescens y T. teguixin, todas restringidas al territorio sudamericano al este de los Andes. Recientemente fue descripta una forma extinta, T. uruguaianensis, procedente del Pleistoceno de Brasil, de mayor tamaño que cualquiera de las especies actuales. En 1914, Rovereto describió cuatro especies fósiles de Tupinambis (T. preteguixin, T. prerufescens, T. brevirostris y T. multidentatus) provenientes de Monte Hermoso, a unos 60 km al este de Bahía Blanca, sobre la costa atlántica del sur bonaerense. Su registro paleontológico en sedimentos pampeanos se extiende desde el Mioceno tardío hasta el Holoceno temprano, aunque su mayor abundancia corresponde al final del Plioceno. Se caracterizaba por una marcada diferenciación dentaria, con incisivos, dientes caniniformes y otros aplanados similares a molares. Podía superar el metro de longitud total, aunque la cola representaba más de la mitad del cuerpo. Los machos presentaban la cabeza más ancha debido al desarrollo de los músculos mandibulares. Su dieta incluía anfibios, gusanos, reptiles y pequeños mamíferos, como cricétidos y algunos marsupiales. Sus restos aparecen ocasionalmente articulados dentro de paleocuevas excavadas por el propio animal o reutilizadas tras haber sido realizadas por otros vertebrados. Importantes hallazgos para la paleofauna pampeana proceden del “Uquiense” del arroyo Las Brusquitas y Barranca de los Lobos, así como de sedimentos modernos y sitios arqueológicos. En la región pampeana se lo registra en las formaciones Monte Hermoso, Chapadmalal y Vorohué.


Amphisbaena sp. Linnaeus, 1758.

Cráneo de un Amphisbaena (*). Vértebra del Plioceno encontrada cerca de Miramar. (autores). Aspecto de un Amphisbaena (*).

Reptil Squamata. Es un género de reptiles anfisbénidos de la familia Amphisbaenidae, comúnmente conocidos como culebras de dos cabezas, morronas o lagartijas gusano. Estas especies presentan un cuerpo cilíndrico, sin extremidades, con una cola corta y redondeada poco diferenciada del resto del cuerpo; la cabeza también es redondeada y apenas distinguible, con ojos pequeños semiocultos bajo la piel y sin aberturas auditivas externas. La piel está conformada por anillos subdivididos en pequeñas escamas cuadrangulares. Las especies del género Amphisbaena pasan la mayor parte de su vida bajo tierra, excavando galerías en busca de alimento, compuesto principalmente por insectos y otros invertebrados del suelo. Restos fósiles de Amphisbaena sp. fueron identificados en sedimentos chapadmalalenses (Plioceno temprano–medio) en las cercanías de la ciudad de Miramar, constituyendo hasta el momento el registro más antiguo del grupo en América del Sur. En la región costera de Miramar se encuentra actualmente A. angustifrons, mientras que A. heterozonata habita áreas próximas, por lo que la presencia del género en el Plioceno resulta coherente con su distribución actual.


Phrynops sp.  Schweigger, 1812.

Placas del caparazón de Phrynops, del Plioceno de la prov. de Entre Ríos. Museo de La Plata.

Cráneo de un ejemplar actual de Tortuga de laguna del genero Phrynops. (*)

Aspecto del Quelonio Phrynops geoffroanus. Por MarMag.2026

Reptil Testudines. El género Phrynops está registrado desde el Mio-Plioceno de Argentina y el Mioceno superior de Uruguay. Los antecedentes fósiles atribuidos a este género se restringen, por el momento, a sedimentos del noroeste argentino (Catamarca y Tucumán), a la región mesopotámica argentina y al departamento de San José, en Uruguay. También se mencionan restos asignables a Phrynops en sedimentos pleistocenos del Carcarañá, provincia de Santa Fe. Desde mediados del siglo XIX, la existencia de placas fósiles y material fragmentario fue señalada por Bravard, Burmeister y Ambrosetti, quienes realizaron determinaciones específicas pese a la fragmentación del material. Wieland, en 1923, citó para la región del Paraná a Parahydraspis paranaensis como un nuevo taxón de pleurodiro, aunque posteriormente Mlynarski lo consideró sinónimo de Phrynops geoffroanus. En el Mesopotamiense se han registrado numerosas tortugas, principalmente de la familia Chelidae y del género Phrynops. Los quélidos, considerados excelentes indicadores paleoambientales, sugieren condiciones subtropicales y húmedas, con ambientes bajos, inundables y con abundante vegetación, lo que explica la elevada diversidad de tortugas acuáticas y otros reptiles en estas regiones.


Colubridae. Oppel, 1811.

Vértebras y costillas de un Colubridae recreados in situ. Museo de Miramar.

Vértebra del Pleistoceno. Museo de San Pedro. Prensa. Aspecto del pequeño  Colubridae. (*).

Reptil, Serpentes. Los colúbridos o culebras (familia Colubridae) constituyen un amplio grupo de serpientes caracterizadas por presentar la cabeza recubierta por grandes escamas dispuestas de forma típica. Las escamas dorsales y laterales del cuerpo son aproximadamente romboidales, mientras que en la región ventral poseen una única fila de escamas ensanchadas. Generalmente son diurnas, con ojos bien desarrollados y pupila usualmente circular. Los registros fósiles de serpientes en depósitos pliocenos son extremadamente escasos y suelen consistir en elementos aislados, como vértebras o costillas, razón por la cual resulta más apropiado referirse a la familia Colubridae en lugar de asignaciones genéricas o específicas. El origen de la fauna colubrídica sudamericana se ha interpretado tradicionalmente como resultado de un ingreso pasivo desde América del Norte, previo al establecimiento definitivo del puente centroamericano, probablemente durante el Mioceno temprano o incluso antes. Algunos hallazgos relevantes proceden de la Formación Chapadmalal, en la localidad fosilífera de Las Brusquitas, a unos 5 km al norte de la ciudad de Miramar. Estos ofidios resultan de gran importancia para la paleontología, ya que permiten realizar inferencias paleoambientales. Al igual que sus parientes actuales, se habrían alimentado de pequeños vertebrados y principalmente de insectos.


Bothrops alternatus.  Duméril, Bibron & Duméril, 1854.

 

Vértebras fósiles de Bothrops encontradas en el Plioceno de Monte Hermoso, comparadas con las vértebras de una Yarará viviente.   Aspecto de Bothrops, del Plioceno bonaerense, indistinguible de Bothrops alternatus. Por MarMag.2025.

Reptil, Serpentes. Dentro de Colubroidea, el grupo monofilético de serpientes más avanzadas, en Sudamérica están representadas actualmente las familias Elapidae, Colubridae y Viperidae. En relación con esta última, en años recientes se han intensificado los estudios sobre la sistemática y evolución biogeográfica de géneros como Crotalus, Lachesis, Bothriopsis, Bothriechis y Bothrops. Este último incluye serpientes de mediano a gran tamaño, de cuerpo robusto, que pueden alcanzar alrededor de 1,5 metros de longitud y habitaron el Plioceno bonaerense en ambientes abiertos, cerrados y de pastizal. Al igual que sus representantes actuales, eran altamente venenosas y se alimentaban de pequeños mamíferos. Un equipo conjunto del LACEV, la Fundación Azara y el Museo Municipal “Carlos Ameghino” de Mercedes dio a conocer restos fósiles correspondientes a una serie de once vértebras del tronco de una especie indistinguible de Bothrops alternatus (yarará grande o víbora de la cruz). Este hallazgo, procedente de la Farola de Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires, constituye el registro más antiguo conocido de yararás en el continente. Hace unos 3 millones de años, la región estaba habitada por manadas de megamamíferos como gliptodontes y perezosos gigantes, junto con fauna típica de ambientes chaqueños, como chuñas, escuerzos, boas de las vizcacheras y pecaríes. Hacia los 2,5 millones de años, el clima se volvió más frío y seco, marcando el inicio del Pleistoceno y provocando el desplazamiento progresivo de esta fauna hacia latitudes más septentrionales. Estudios de ADN mitocondrial sugieren que el primer vipérido habría ingresado a Sudamérica durante el Mioceno, entre 23 y 10 millones de años atrás, utilizando un puente terrestre entre América Central y del Sur; este ancestro, denominado Protobothrops, habría dado origen a todas las especies actuales de Bothrops, en concordancia con el ingreso documentado de diversos linajes de mamíferos durante ese mismo intervalo temporal.


Trigodon gaudryi. Ameghino, 1887.
     

 

Cráneo y Mandíbula de Trigodon, exhibido en el Museo de La Plata. Hallado en Monte Hermoso, Prov. Buenos Aires.

Cráneo de un genero afín, Paratrigodon s.p. Prov. Buenos Aires. Museo de La Plata.

Aspecto de la cabeza de Trigodon. Por MarMag.2025.

Mamífero Notoungulado. Es el último género gigante de los Haplodontheriinae, al menos en la región pampeana. Fue uno de los representantes del orden Notoungulata, un grupo que se diversificó en América del Sur colonizando una amplia variedad de ambientes. Existió desde hace aproximadamente 11,6 millones de años hasta hace 3 millones de años, durante el Mioceno superior y el Plioceno. Se trataba de animales de patas y cuello cortos, que aún no habían desarrollado una cruz en forma de joroba como los toxodontos posteriores. Presentaban adaptaciones semiacuáticas y se alimentaban de vegetación abundante en las orillas de cuerpos de agua. La presencia de una gran fosa en el cráneo de este gigantesco animal llevó a los paleontólogos a suponer que poseía un cuerno córneo curvado, utilizado para defenderse de los carnívoros de su época, como las grandes aves corredoras y los marsupiales de caninos muy desarrollados. Su cuerpo era voluminoso y macizo, cubierto por una piel gruesa. Las extremidades, cortas y robustas, no estaban adaptadas para la carrera. Su peso se estima entre 1,5 y 2 toneladas. Los principales restos provienen de los acantilados marítimos de la costa bonaerense y de algunos sitios del interior de la provincia de Buenos Aires. Se extinguió a fines del Plioceno, siendo reemplazado ecológicamente por Toxodon, muy abundante durante el Pleistoceno, y es considerado un fósil característico de la Edad Montehermosense. Su distribución incluyó la ladera oriental de los Andes en Bolivia y Perú, las llanuras de Uruguay, la Formación Solimões en el alto río Acre (Brasil) y la provincia de Buenos Aires (Argentina). Géneros y especies relacionados: Toxodon chapalmalensis, Toxodon darwini, Toxodon ensenadensis, Toxodon platensis, Toxodon gezi, Toxodon gracilis, Xotodon prominens, Xotodon ambrosetti, Trigodon minus, Alitoxodon vetustum, Mixotoxodon larensis y Nonotherium hennigi.


Paedotherium typicum.  Ameghino, 1887.
     

Esqueleto preservado en el Museo "Punta Hermengo" de Miramar.

Cráneo y mandíbula en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Reconstrucción en vivo. Por MarMag.2025.

Mamífero Notoungulado. Paedotherium fue el representante más pequeño de un grupo particularmente abundante. Sus dimensiones y aspecto en vida recuerdan a la liebre patagónica o mara (Dolichotis australis). Presentaba un cráneo corto y robusto, con cierta semejanza al de los roedores, incisivos muy prominentes de crecimiento continuo, cortos y cincelados, ausencia de caninos, y premolares y molares alargados, bilobulados, seis por cada mitad del maxilar y la mandíbula. Poseía órbitas grandes, lo que sugiere hábitos crepusculares o nocturnos, así como un aparato auditivo muy desarrollado, indicativo de posibles costumbres terrestres y subterráneas. Los miembros anteriores eran digitígrados, mientras que los posteriores, más largos, eran plantígrados. Se alimentaba de vegetación abrasiva, dura y rugosa, y probablemente vivía en madrigueras excavadas por el propio animal. Fue una especie muy exitosa, con una distribución temporal que abarca desde el Mioceno hasta el Pleistoceno inferior. Su extinción se asocia a cambios ambientales que afectaron drásticamente a sus poblaciones. Es uno de los notoungulados mejor conocidos de la región pampeana debido a la abundancia de sus restos fósiles, particularmente en las edades Montehermosense y Chapadmalalense. Algunos investigadores sostienen que Paedotherium typicum y Paedotherium insigne serían descendientes del representante mioceno Paedotherium minor. Géneros y especies relacionados: Paedotherium typicum, Paedotherium bonaerense, Paedotherium insigne y Tremacyllus impressus.


Xotodon catamarcensis. Ameghino, 1887.

 

Cráneo de Xotodon del Plioceno de Catamarca. Ejemplar depositado en Museum für Naturkunde, Berlin. .   Posible aspecto del toxodontido Xotodon. (*).

Mamífero Notoungulado. Fue un género perteneciente a la familia extinta del suborden Toxodonta, dentro del también extinto orden de ungulados sudamericanos Notoungulata. El ejemplar descubierto en el Plioceno de Catamarca correspondía a un gran herbívoro, de tamaño comparable al del actual rinoceronte negro, con tres dedos en cada pata. La radiación adaptativa de los ungulados paleocenos de América del Sur fue temprana y rápida, lo que dificulta la elaboración de modelos filogenéticos completamente explicativos. Derivados de pequeños herbívoros primitivos sin competidores, evolucionaron de manera independiente y aislada del resto de los ungulados durante gran parte del Cenozoico. Los mamíferos originarios de Sudamérica evolucionaron en un contexto de continente-isla. Hacia 1900, Florentino Ameghino inició un extenso catálogo que incluye clasificaciones, estudios comparativos y descripciones de más de 9000 animales extintos, muchos descubiertos por él mismo. Los notoungulados comprenden más de 100 géneros agrupados en cuatro subórdenes. Los ungulados sudamericanos representan un caso de aislamiento geográfico tan notable como el de los marsupiales australianos. Los meridiungulados, comúnmente denominados ungulados sudamericanos, incluyen a los toxodóntidos, animales con dientes de coronas excepcionalmente altas y curvadas, con raíces abiertas de crecimiento continuo que compensaban el desgaste producido por el consumo de hierbas duras de la pampa. Otros géneros y especies relacionados son Pericotoxodon, Trigodon, Toxodon, Nesodon, Adinotherium, Haplodontherium y Dinotoxodon.


Seudotypotherium hystatum. Cabrera, 1904.

 

Cráneo de Pseudotypotherium s.p del Plioceno de la Prov. de Buenos Aires. Museo de La Plata.

 

Posible aspecto de Pseudotypotherium. (*).

Mamífero Notoungulado. Se trata de un mamífero notoungulado perteneciente a una antigua estirpe que evolucionó a partir del Paleoceno sudamericano. Era un animal de tamaño mediano, ligeramente mayor que una oveja actual, con una cola algo más larga, patas relativamente desarrolladas y una cabeza cuya fórmula dentaria recuerda a la de los roedores. Presentaba un cuello corto, un cuerpo robusto y, en el extremo de sus patas, garras muy conspicuas. Su dieta era herbívora, basada principalmente en pasturas y hojas, abundantes en la llanura pampeana. Sus hábitos podrían compararse con los del carpincho o capibara, siendo cursorial y semiacuático. Es característico de la Edad Montehermosense, y en áreas comprendidas entre el sur de Mar del Plata y el norte de Miramar se han recolectado numerosos restos fósiles asignables a este género. Géneros y especies relacionados: Protypotherium antiquum, Typotheriopsis chasicoensis, Protypotherium australe, Pseudotypotherium histatum y Mesotherium cristatum.


Promacrauchenia chapadmalense. Kraglievich, 1930.

Craneo y parte del esqueleto de Promacrauchenia, Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Icnitas atribuidas a Macrauchenichnus rector. Icnogenero de Promacrauchenia. Conicet de Mendoza.

Aspecto de un Macraucheniidae (*).

Mamífero Litopterno. Es un género extinto de mamíferos perteneciente a la familia Macraucheniidae, dentro del orden Litopterna de los meridiungulados, y de menor tamaño que Macrauchenia del Pleistoceno. Su cuerpo recordaba al de un camélido, con una trompa corta, alcanzando aproximadamente 1,6 metros de altura, 2,5 metros de longitud y un peso cercano a una tonelada. Esta trompa habría funcionado como un labio prensil, permitiéndole alimentarse, acondicionar el aire inhalado y posiblemente permanecer parcialmente sumergido, complementada por una lengua larga y prensil. Aunque compartía numerosas adaptaciones morfológicas con los jiráfidos, no existía parentesco entre ambos grupos. Los fósiles de Promacrauchenia proceden de estratos miocenos y del Plioceno temprano de Argentina. Los macrauquénidos evolucionaron en total aislamiento en el continente sudamericano a partir de herbívoros primitivos. Los promacrauquenios no estaban altamente especializados, poseían una cola de tamaño medio, patas relativamente largas —aunque no tanto como las de sus descendientes—, tres dedos por pata y un cerebro bien desarrollado. Habitaban ambientes de matorral, alimentándose de hojas, brotes, tallos, frutas, helechos y hongos, siendo capaces incluso de consumir vegetación espinosa y coriácea. Tras su extinción, su nicho ecológico fue ocupado por litopternos de mayor tamaño y, en la actualidad, en parte por el guanaco. En la costa norte del golfo San Matías, en Punta Bermeja (Río Negro), se hallaron icnitas correspondientes al Plioceno temprano, con huellas de hasta 4 cm de profundidad que se extienden a lo largo de 1,30 metros, atribuidas a macrauquénidos del género Promacrauchenia. Otras especies relacionadas incluyen Epitherium laternarium, Eoauchenia primitiva, Diplasiotherium robustum, Neolicaphrium recens, Promacrauchenia antiqua, Promacrauchenia kraglievichi, Promacrauchenia chapadmalense, Windhausenia delacroixi, Pseudomacrauchenia yepesi y Macraucheniopsis ensenadensis.


Eoauchenia primitiva. Ameghino, 1889.

Algunos de los restos de un proteroterio hallados en Termas de Río Hondo. Museo Rincón de Atacama.

Un grupo de Eoauchenias perseguidos por un ave del terror.Por MarMag.2026

Mamífero Litopterno. Se trata de un mamífero de pequeño tamaño, superficialmente similar a los caballos actuales, aunque sin parentesco alguno, perteneciente a la familia Proterotheriidae, una estirpe primitiva originaria de América del Sur. Durante aproximadamente 50 millones de años de aislamiento casi total, los mamíferos de Sudamérica y la Antártida evolucionaron en un contexto de continente-isla, extinguiéndose en la Antártida antes que en Sudamérica debido al enfriamiento climático y la glaciación iniciados hace unos 37 millones de años. Los proteroterios constituyen uno de los ejemplos más claros de convergencia adaptativa o evolución paralela, al desarrollar rasgos similares a los caballos de otros continentes pese a su aislamiento biogeográfico. Estos pequeños “falsos caballos” eran animales gráciles, de lomo relativamente corto, extremidades alargadas con pezuñas y un rostro no particularmente largo, con ojos grandes. En conjunto, recuerdan más a gacelas u otros herbívoros pequeños o medianos que a caballos modernos. Las proporciones de sus miembros sugieren que habitaban ambientes más boscosos, lo que permite realizar inferencias paleoambientales y paleoclimáticas. Un rasgo compartido con los caballos es la presencia de un mecanismo de trabado en la rodilla, que les habría permitido permanecer de pie con menor gasto energético, característica propuesta para varios mamíferos sudamericanos extintos. En 2015 se dieron a conocer los primeros restos de esta familia en el Mio-Plioceno de la provincia de Santiago del Estero, procedentes de la Formación Las Cañas, en una de las márgenes del río Dulce, cerca de la localidad de Río Hondo, y depositados en el Museo Municipal Rincón de Atacama. Otra localidad clásica para el hallazgo de Eoauchenia primitiva es Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires. Otros géneros y especies conocidas son Diplasiotherium robustum y Epitherium laternarium.


Actenomys latidens. Ameghino, 1888.
     
 
Ejemplar en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.   Ilustración del extinto roedor Actenomys. Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Fue un roedor caviomorfo muy común en la región pampeana y considerado un fósil guía. Se trata de un género extinguido a comienzos del Pleistoceno, emparentado con el actual género Ctenomys (tucos-tucos), ampliamente diversificado en Sudamérica. Probablemente presentaba hábitos subterráneos, ya que sus restos suelen hallarse en antiguas madrigueras. Su alimentación era herbívora, basada principalmente en raíces y bulbos. Las extremidades anteriores poseían falanges ungueales muy desarrolladas, adaptadas a la excavación. El cuerpo era relativamente corto pero ancho, con vértebras cervicales cortas y escasa movilidad, por lo que Actenomys debía girar completamente el cuerpo para mirar hacia atrás. Su tamaño duplicaba ampliamente al de sus parientes actuales y, durante el Plioceno, fue una presa frecuente de numerosos depredadores. En algunos casos, sus dientes aparecen junto a huesos triturados dentro de excrementos atribuidos a marsupiales y prociónidos. Su extinción estaría asociada a la desaparición de otros taxones contemporáneos. Su origen fue alóctono, con antecesores que habrían ingresado al continente durante el Oligoceno medio. Se han recuperado centenares de restos, incluidos esqueletos, cráneos y mandíbulas, en las formaciones Chapadmalal y Vorohué, entre Mar del Plata y Miramar, así como en otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Géneros relacionados: Abolosia castellanosi, Ctenomys (Paractenomys) chapadmalensis, Eucelophorus cabrerai, Phtoramys homogenidens, Pseudoplateomys formosus, Actenomys latidens, Ctenomys talarum y Xenodontomys ellipticus.


Phugatherium novum. Ameghino, 1908.

Ramas mandibulares de Phugatherium novun del Plioceno, en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar., Reconstrucción en vivo de Phugatherium novun.  Por MarMag.2025.:

Mamífero Roedor. Se trata de una forma primitiva de los actuales carpinchos o capibaras, aunque de mayor tamaño, con una contextura comparable a la de un tapir asiático. Sus primeros registros corresponden al Mioceno, hace aproximadamente 9 millones de años, y se extiende hasta el Plioceno, hace unos 3 millones de años. El cráneo presenta un rostro alargado y estrecho, con una longitud que duplica la del carpincho actual, superando los 50 centímetros. El fémur y el húmero mantienen proporciones similares a las del género moderno, pero el cúbito, radio, tibia, peroné y otros huesos de las extremidades eran considerablemente más largos y desarrollados, lo que le confería un aspecto de carpincho de patas largas. Esta morfología sugiere afinidades con mamíferos corredores y un peso que superaba los 200 kilogramos. La dentición era típica de los roedores, con incisivos largos y desarrollados y una serie molariforme laminada, mostrando marcadas diferencias entre individuos juveniles y adultos, lo que durante décadas llevó a confusiones taxonómicas y a la creación de géneros y especies hoy considerados sinónimos. Su dieta se basaba principalmente en vegetales de zonas pantanosas, aunque algunos paleontólogos descartan hábitos anfibios estrictos. Los restos más importantes provienen de afloramientos pliocenos de la provincia de Buenos Aires, como Miramar y Monte Hermoso. El carpincho actual (Hydrochoerus hydrochaeris) no posee registros fósiles en esta región y su presencia es muy reciente y con poblaciones reducidas. Géneros y especies relacionadas: Anchimysops villalobosi, Anchimysops ultra, Phugatherium cataclisticum, Protohydrochoerus perlurbidus, Chapalmatherium novum y Neochoerus sp.


Eumegamys paranensis. Kraglievich, 1926.

Cráneo del gigantesco Eumegamysops exhibido en el Museo de La Plata, procedente de la localidad de Paraná, comparado con el cráneo del roedor viviente mas grande del planeta, el carpincho.

Carlesia sp (=eumegamys) mandíbula del Mioceno de Chasico (Prov. de Bs As). Museo La Plata.

 Tamaños comparativos con un humano y un carpincho, el roedor viviente de mayor dimensión.  Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Eran roedores gigantes que habitaron la región pampeana principalmente durante el Plioceno temprano a tardío, entre hace 4 y 2 millones de años, aunque también se han registrado restos aislados en otros sectores de Sudamérica. Poseían incisivos de varios centímetros de longitud, mientras que los molares eran relativamente pequeños, lo que sugiere una dieta basada en vegetales tiernos, frutos o plantas acuáticas. En la actualidad, el mayor roedor viviente es el carpincho, que alcanza unos 60 kilogramos, mientras que Eumegamys superaba los 150 kilogramos. Existió durante el Plioceno temprano a tardío, con hallazgos importantes en la Mesopotamia argentina (Entre Ríos, Buenos Aires) y otros lugares de Sudamérica. Este género también ha sido conocido bajo otras denominaciones taxonómicas, tales como Megamys, Isostylomys, Carlesia, Diaphoromys, Rusconia y Protomegamys.


Telicomys giganteus. Ameghino, 1904.

 

Mandíbulas de Telicomys en la exhibición de roedores fósiles del Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Copias.  

Posible aspecto del gigantesco roedor Plioceno Telicomys. (*).

Mamífero Roedor. Es un género extinto de roedores sudamericanos que alcanzó un tamaño extraordinario durante el Plioceno, con especies que llegaron a dimensiones comparables a las de una vaca doméstica. Uno de los representantes más conocidos fue Telicomys giganteus, que poseía extremidades alargadas y probablemente estaba adaptado a la carrera. Las mandíbulas presentaban grandes incisivos, con una cara anterior de hasta 3 centímetros de ancho, acompañados por cuatro molares en cada maxilar y rama mandibular. Se presume que habitaba ambientes secos con vegetación abundante, aunque la evidencia fósil disponible es limitada y no permite reconstrucciones biológicas detalladas. Algunos restos significativos fueron descubiertos a mediados de la década de 1940 en las cercanías de la ciudad de Miramar, en la provincia de Buenos Aires. Algunos autores sugieren que pudo haber superado los 2 metros de longitud corporal. Su pariente viviente más cercano es la pacarana (Dinomys branickii). Géneros y especies relacionados: Telicomys gigantissimus y Telicomys amazonensis (especie considerada dudosa).


Paleocavia impar. Ameghino, 1889.

 

Cráneos de cavidae del Plioceno. Museo de Miramar.

 

Aspecto de Paleocavia. (*).

Mamífero Roedor. Fue un género muy abundante desde el Mioceno hasta el final del Plioceno, aunque esta familia aún requiere estudios más profundos. Como roedores cávideos, pueden considerarse indicadores de ambientes templado-cálidos. Presentaban una cabeza grande y de forma rectangular, con una cola muy reducida o ausente. Poseían cuatro dedos en las extremidades anteriores y tres en las posteriores, un cuerpo alargado y extremidades delgadas y cortas, que sin embargo les permitían desplazarse con notable rapidez. Habitaban zonas con vegetación abundante y condiciones relativamente húmedas. Alcanzaban unos 25 centímetros de longitud y estaban emparentados con los actuales conejillos de Indias, cuises y el carpincho, el mayor roedor viviente. Otros géneros relacionados incluyen Microcavia, Pascualia, Dolicavia, Caviodon, Palaeocavia, Allocavia y Galea.


Eumysops gracili. Ameghino, 1906.

 

Cráneo de Eumysops. Hallado por Francisco De Cianni. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto que presentaría Eumysops. Por MarMag.2025.

Mamífero Roedor. Los equimíidos son una familia de roedores histricomorfos distribuida en Centro y Sudamérica, con un rico registro fósil desde el Mioceno tardío en Patagonia, Mendoza y Catamarca, y especialmente abundante en el Plioceno de Buenos Aires y Entre Ríos. El género Eumysops incluyó una gran diversidad de especies de octodontoideos. La mayoría de los equimíidos se encontraba restringida a ambientes con abundante disponibilidad de agua, mostrando escasa adaptación a regiones áridas. Eran casi exclusivamente herbívoros; algunas especies eran terrestres o cavadoras, mientras que otras presentaban hábitos arbóreos. Poseían un pelaje fuerte y espinoso que actuaba como mecanismo de defensa. Muchos equimíidos podían desprenderse de la cola al ser atacados, lo que distraía al depredador el tiempo suficiente para escapar, aunque dicha estructura no se regeneraba. Otras especies conocidas son Eumysops laeviplicatus, Eumysops formosus y Eumysops chapalmalensis.


Thylacosmilus atrox. Riggs, 1933.
   

Thylacosmilus recreado in situ en el Museo de Miramar, por el Técnico Mariano Magnussen Saffer. Presentado en las JAPV. 2014 Aspecto de Thylacosmilus. Nótese el detalle del cachorro asomando del marsupio (*).

Mamífero Marsupial. Fue un importante carnívoro marsupial perteneciente a los Sparassodonta de la Era Terciaria, muy parecido al "Tigre dientes de sable" invasor, pero sin parentesco alguno, ya que este último es un placentario. Es otro ejemplo de evolución paralela, es decir, dos especies totalmente distintas morfológicamente y que nunca habitaron juntas el mismo continente, se parecen, ya que ambas cumplían el mismo rol en el ecosistema. Thylacosmilus llevaba unos largos y afilados colmillos proyectados hacia abajo y adentro de unos 15 centímetros y su tamaño corporal era algo menor al de un puma viviente. Los primeros restos fósiles de este impresionante animal carnívoro fueron encontrados en la década de 1920 en los alrededores de las localidades de Entre Ríos, en el valle de Santa María y Puerta de Corral Quema[1]do, en el departamento de Belén, Catamarca. A diferencia del "Smilodon", el Thylacosmilus no tenía incisivos ni una baina protectora para los caninos, los cuales crecían permanentemente como los dientes de un roedor. Es muy posible que sus víctimas fueran los grandes mamíferos Notoungulados como los nombrados más anteriormente, los cuales mataban con una simple mordida en el cuello. Sus caninos habrán infligido a sus presas heridas profundas, logrando que el enorme animal muera desangrado segundos después del terrible ataque. En Sudamérica se han hallado muy pocos restos. Se conocen restos procedentes de Entre Ríos, Córdoba y Catamarca, como así también, el cráneo más completo, procede del Plioceno de la localidad bonaerense de Chapadmalal, y restos de un interesante esqueleto del Plioceno de Miramar.  Su extinción está asociada a los importantes cambios ambientales que sucedieron al final del Plioceno y a la ausencia de las grandes presas que este asechaba. Thylacosmilus atrox, tuvo una masa corporal entre 90-140 kilogramos. Genero Relacionado: Thylacosmilus lensis y Achlysictis lelongi.


Thylatheridium cristatum. Reig, 1952.
     

 

Mandíbula de Thylatheridium. Museo de Ciencias Naturales   de Miramar "Punta Hermengo".

 

Aspecto de Thylatheridium cristatum. Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. El Thylatheridium fue un animal perteneciente a la familia de los marsupiales. Su cráneo es relativamente grácil y pequeño, que da cuenta de una caja cerebral estrecha. El hocico es en punta. Su cola era larga y prensil como otros didelphidos. Este grupo son adaptables a ambientes diversos, aunque preferirían las zonas arboladas, cercanas a alguna fuente de agua. Estas necesitarían disponer de un refugio seguro que les proporcionara reparo durante el día, ya que sus actividades seguramente eran nocturnas, y abrigo durante el invierno, periodo que le resultaba especialmente crítico ya que no toleraría bien los. Sin embargo, no construía madrigueras. Aprovechaba los refugios naturales -cuevas formadas en las rocas y, sobre todo, los troncos de los árboles-, o bien ocupaba refugios construidos por otros animales y abandonados. Probablemente Thylatheridium era hábitos sumamente solitarios, o por lo menos el registro fosilífero parecería reflejar esta conducta. Thylatheridium era omnívoro y tenía una dieta variadísima. Esta peculiaridad de ser un depredador no especializado le permite adaptarse casi a cualquier tipo de hábitat. Cuando se trata de vegetales le apetecerían especialmente los frutos maduros, y también los brotes y los tallos tiernos. Consumía invertebrados, como insectos y lombrices, y a menudo, aves pequeñas, que, sobre todo en apoca de cría, eran un componente principal de su alimentación. Se han podido rescatar restos muy interesantes y completos del presente género, en los afloramientos geológicos del litoral marítimo bonaerense, en los parajes de Barranca de Los Lobos, Chapadmalal y Miramar, como así también, en los sedimentos Terciarios del Quequen salado y Monte Hermoso. Géneros relacionados: Didelphis albiventris, Didelphis crucialis, Didelphis reigi, Hyperdidelphys inexpectata, Lestodelphys halli, Lestodelphys juga, Lutreolina crassicaudata, Lutreolina tracheia, Monodelphis dimidiata,  Thylamys pusillus, Thylamys contrerasi, Thylatheridium pascuali, Thylophorops perplata y Thylophorops chapadmalensis.


Argyrolagus palmeri. Ameghino, 1904.   

Cráneo de Argyrolagus de la Col. del Museo de La Plata.

Esqueleto de Argyrolagus recreado a partir de los fósiles conocidos. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Aspecto de Argyrolagus. Ambas recreaciones de Mariano Magnussen. Por MarMag.2026

Mamífero Marsupial. Fue un mamífero marsupial de tamaño pequeño, como un ratón, de aproximadamente 40 centímetros de largo, emparentado con los actuales canguros de Australia y las zarigüeyas de América del sur. Su apariencia es muy semejante a las actuales ratas canguros de Egipto. Tenía largas patas traseras y brazos cortos. Sus mandíbulas eran con apariencia rodariforme. Tal vez, tuvo orejas largas, pero estas no se han preservado como fósiles. Se alimentaba de vegetales e insectos y probablemente tuvo hábitos crepusculares o nocturnos. Sin embargo, Argyrolagus fue parte de una evolución notable e independiente que tuvo lugar en Sudamérica durante los últimos 60 millones de años, cuando esta quedara aislada del resto de las masas continentales y se desarrollara una fauna única y que no se repitió en otras partes del mundo. Estos marsupiales, mamíferos con bolsa, habían ocupado nichos ecológicos que en otras partes del mundo estaban ocupados por mamíferos placentarios. El primer hallazgo se realizó en el yacimiento de Monte Hermoso, al sur de la provincia de Buenos Aires. Es curioso que el nicho ocupado por Argyrolagus, no fuera ocupado por otra especie. Géneros relacionados: Argyrolagus palmeri (Edad Montehermorense), Argyrolagus scagliari (Edad Chapadmalense) y Microtragulus reigi (Formaciones Chapadmalal, Vorohue, Barranca de los Lobos y San Andrés). También se han recupero restos en sedimentos del Plioceno de Miramar, Quequen Grande y Pehuen Co.


Thylophorops chapadmalensis. Ameghino, 1908.

Coprolitos y otros desechos escatológicos atribuido a Thylophorops. Plioceno de Miramar.

Rama mandibular de Thylophorops. Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Posible aspecto de Thylophorops. Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. Es un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia Didelphidae, estrechamente emparentado con los géneros de zarigüeyas modernas Philander y Didelphis. Sus fósiles proceden de la provincia de Buenos Aires en Argentina. Una de sus especies, Thylophorops lorenzinii, es el mayor representante conocido de los didélfidos, con un peso estimado entre 4,7 a 7,5 kilogramos, superior al actual Didelphis virginiana. Un hallazgo recientemente publicado, señala que tal vez, un representante de Thylophorops chapadmalensis fue depredado por un Cyonasua lutaria, ya que ambos fueron encontrados asociados a otras especies dentro de una cueva (crotovina) atribuida a un gran armadillo. También se le atribuye a este género de marsupial, los restos de varios coprolitos (excremento fosilizado), encontrado en el interior de esta estructura.


Hyperdidelphys inexpectata.  Ameghino, 1889.

 

Mandíbula inferior de Hyperdidelphys del Plioceno de Miramar.

 

Aspecto de Hyperdidelphys junto a sus crías.  Por MarMag.2025.

Mamífero Marsupial. Es un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia Didelphidae. Sus fósiles, datados entre el Mioceno Superior y el Plioceno Superior, proceden del centro y noreste de Argentina. Las adaptaciones carnívoras de las especies de Hyperdidelphys se corresponden con un proceso general de declinación de los marsupiales Sparassodonta hacia el Mioceno tardío y Plioceno de América del Sur, un proceso que precedió a la llegada de los carnívoros placentarios inmigrantes de origen holártico a partir del establecimiento del puente panameño entre ambas Américas. Seguramente atacaba y acechaba dentro de las madrigueras, depredando a pequeños roedores, armadillos, notoungulados, anfibios entre otros.


Lutreolina tracheia. Rovereto 1914.

 

 

Restos recreados in situ del genero Lutreolina sp. de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto general del genero Lutreolina sp del Mioceno - Holoceno.  Por Carlos C. Wiedner.

Mamífero Marsupial. Es una especie e mamífero marsupial, cuyo género es conocido en América del Sur desde el Terciario. Los registros más antiguos de representantes de este género han sido referidos al Mioceno tardío (Edad Huayqueriense) del Noroeste y el centro argentinos (Provincias de Catamarca y La Pampa), pero Lutreolina tracheia se conoce de niveles Pliocenos (edades Montehermosense y Chapadmalalense) de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Catamarca. Seguramente, como sus parientes actuales habitaba en pastizales junto a humedales de tierras bajas. Presentan una cabeza pequeña y las patas son cortas. Tienen un cuerpo alargado. Seguramente se alimentaban de pequeños mamíferos, aves y sus nidos, anfibios, reptiles, peces, moluscos, e insectos; en menor medida lo hacía de alimentos de origen vegetal. El género también es conocido durante el Pleistoceno y Holoceno. En la actualidad se conocen dos especies vivientes; Lutreolina crassicaudata y Lutreolina massoia.


Chapalmalania altaefrontis. Ameghino,1908.
   

Cráneo de Chapadmalania superponiendo las marcas dentales en hueso de Eosclerocalyptus. Tomado de Paleo Electrónica.

 Reconstrucción de Chapadmalania. Por MarMag.2025.

Mamífero Carnívoro. Fue un Procionido que llego a América del sur durante el “Gran Intercambio Biótico Americano" ocurrido en el Plioceno, aunque su registro comienza desde fines del Mioceno a principios del Pleistoceno, es decir, entre 6,8 a 1,8 millones de años. Se adaptaron rápidamente a las nuevas condiciones ambientales, diversificándose por todo el continente. Chapalmalania altaefrontis debió parecerse a un mapache gigante de 2 metros de longitud y 1,5 metro de altura, y un peso de 160 kilogramos. Era tan grande que la primera vez que se halló este animal, los paleontólogos creían que se trataba de un oso prehistórico como aquellos que vivieron durante el Pleistoceno. Es muy probable que su dieta fuera variada, como plantas, huevos, peces, frutos, insectos y carroña. Su cráneo era ancho y parecido a un lobo. La dentición era completa, con incisivos curvados y anchos, caninos robustos y cortos, y sus molares presentan una superficie masticatoria para trituración de alimentos. Su similitud con el panda gigante de oriente es otro ejemplo de convergencia adaptativa o evolución paralela. Este enorme animal desaparece del registro fosilífero hace 3 millones de años atrás y se conocen muy pocas piezas de diagnóstico. En el año 2014, se presentó el hallazgo de restos fósiles en la ciudad de Olavarria, donde un ejemplar de Eosclerocalyptus lineatus (Gliptodonte) fuera depredado por Chapalmalania.


Cyonasua lutaria.  Cabrera, 1936.

Esqueleto parcialmente completo de Cyonasua lutaria. Colección del Museo de Ciencias Naturales de Miramar.. Cráneo de Cyonasua, en las colecciones del Muso de La Plata. Reconstrucción en vivo del prociónido Cyonasua del Plioceno bonaerense.  Por MarMag.2025.

Mamífero Carnívoro. Es una especie extinta de carnívoro en Sudamérica. En griego, su nombre significa "coatí-perro”. Era un Procionido al igual que Chapalmalania, pero de menor tamaño, emparentado con los actual genero Nasua que vive en la selva amazónica y misionera. Perteneciente a la fauna aloctona cuya estirpe evoluciono en Sudamérica desde el Mioceno, es decir, hace 10 millones de años, siendo unos de los primeros carnívoros placentarios que invadieron el continente. Fueron hallados en sedimentos de las Provincias de Catamarca, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa. A diferencia de otros carnívoros, Cyonasua lutaria poseía unos caninos muy desarrollados y robustos, y seguramente se habrá alimentado de mamíferos pequeños como el Paedotherium o de los antecesores de los actuales armadillos, pero también aprovecharía frutos, huevos y larvas. Sus primeros fósiles fueron clasificados en Argentina en 1885, sin embargo, Cyonasua sp. vivió entre los 3,6 y 2,5 millones de años, con grandes mamíferos que habitaban América del Sur. Debió ser parte importante del Gran Intercambio Biótico de las Américas, en el que la fauna emigró de América del Norte a través de Centroamérica hacia América del Sur y viceversa, como resultado del surgimiento del Istmo de Panamá, o bien, como “saltador de islas” o en “islotes flotantes”. De este género se ha rescatado parte de un esqueleto en la ciudad bonaerense de Miramar y preservado en el Museo de Ciencias Naturales de esta localidad.


Conepatus altiramus. Reig, 1952.

 

Recreación in situ del genero Conepatus. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Posible aspecto del genero Conepatus del Plio- Pleistoceno de la región pampeana (*).

Mamífero Carnívoro. Los zorrinos conocidos de América del Sur, tanto fósiles como vivientes, son asignables al género Conepatus. Esta familia de los mefitinos está formada por carnívoros pequeños a medianos, delgados y alargados, de patas muy cortas y cola bien desarrollada. Muchas especies tienen a los lados de la abertura anal unas glándulas que emiten secreciones pestilentes. En sedimentos probablemente referibles al Plio-Pleistoceno temprano y medio de las barrancas de la costa atlántica, cerca de Miramar se registra el zorrino Conepatus altiramus. Este zorrino posiblemente es ancestral a las especies posteriores del género Conepatus, al que pertenecen todos los zorrinos vivientes de Sudamérica. Anteriormente a los zorrinos fósiles y actuales se los consideraba dentro de la subfamilia de Mustelidae, pero recientes estudios filogénicos han mostrado que Mephitinae es el grupo hermano de Mustelidae y Procyonidae, por lo que ha sido elevada al nivel de familia. Los registros más antiguos de méfitidos provienen del Ensenadense (Pleistoceno temprano-medio). Restos fósiles de Conepatus se han registrado en Venezuela, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina.


Pyramiodontherium bergi. Moreno & Mercerat, 1891.

Femur de Pyramiodontherium sp. Museo Paleontologico de San Pedro.

Huellas de Pyramiodontherium sp, atribuidas al icnofosil Megatherichnum oportoi, Mioceno de Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires).

Posible aspecto del perezoso gigante del Mio-Plioceno Pyramiodontherium sp. (*):

Mamífero Xenarthro. Se trata de un Xenarthro emparentado con los Megatheriinae, frecuentes representantes fosilíferos en los afloramientos geológicos del Mioceno tardío – Plioceno temprano de las Provincias de Catamarca y Tucumán. Restos muy completos y de alto valor paleontológico fueron rescatados recientemente en niveles informalmente llamados “Araucarense” en el Bajo de Andalhuala, Catamarca. Su cráneo presenta un rostro más ancho que largo. Este interesante perezoso extinguido presentaba falanges ungueales muy desarrolladas al igual que otras especies extintas o vivientes. Su alimentación estaría constituida por vegetación que abundaba en la región durante el Terciario, aunque también podrían haberse alimentado de carroña, como se ha demostrado con otros representantes del infraorden Pilosa. Su fémur era corto y robusto (recuerda fácilmente a los gigantes del Pleistoceno). En esta región también vivió otro gigante emparentado con el género en cuestión, llamado Plesiomegatherium hansmeyeri,Megatherium sp. fue un típico megamamifero del N.O argentino. En el Mioceno tardío, en el norte de la Patagonia, cerca de Carmen de Patagones (Provincia de Buenos Aires), se ha registrado numerosas huellas de Megatherichnum oportoi Casamiquela, 1974, atribuidas al género Pyramiodontherium sp.


Proscelidodon patrius.  Ameghino, 1888.

 

Cráneo de Proscelidodon patrius del Plioceno argentino, Col. Museo Municipal de Miramar.

 

Reconstrucción de Proscelidodon, por el paleoartista Jorge Blanco. 

Mamífero Xenarthro. Es tal vez, el Xernarthro más típico en sedimentos del Terciario superior de la región pampeana, ligeramente emparentado con Scelidotherium Scelidodon del Pleistoceno. Se trata de un enorme Pilosa, que vivió en estas llanuras durante el Plioceno tardío. Se caracterizaba por un cráneo macizo y alargado. Cuerpo rechoncho y grotesco. Extremidades robustas y cortas. Probablemente estaría cubierto por un larga pelambre, como en otros perezosos mejores conocidos. Su alimentación estaría compuesta por los largos y comunes pastizales, vegetales de pantanos y posiblemente de carroña. Es probable que pudiera pararse sobre sus patas traseras, como así también construir largas galerías para refugiarse. Sus restos son hallados con frecuencia en las inmediaciones de las localidades fosilíferas de Chapadmalal y Monte Hermoso en la Provincia de Buenos Aires. Géneros relacionados: Proscelidodon patrius, Scelidotherium floweri, Scelidotherium parodi, Scelidodon patrius, Scelidotherium leptocephalum y Scelidodon capellini.


Megatherium sp. Cuvier, 1796.

 

Cráneo de Juvenil de Megatherium sp del Plioceno. Museo de Cs Naturales de Miramar. Es el mas antiguo de Argentina.

 

Reconstrucción de Megatherium sp del Plioceno. (*).

Mamífero Xenarthro. Se trata de otro enorme Pilosa, de unos 4 metros y medio de largo con un peso de unos 500 kilogramos. Su hábitat sería de bosques de algarrobos y quebrachales con un clima más cálido y húmedo que el actual, no tendría enemigos naturales ya que en esos tiempos los principales carnívoros eran marsupiales del tamaño de un perro grande. Posiblemente serian mamíferos poco sociables con hábitos vegetarianos. Eran animales terrestres, sin duda, por su tamaño se veían imposibilitados de ser arborícolas como sus parientes actuales. Se alimentaban en posición bípeda. Este Megaherium, tenía un rostro más ancho que largo y los molares superiores poseen sección cuadrangular. Los perezosos terrestres, como los demás xenartros, evolucionaron en aislamiento en Sudamérica, que era una isla-continente durante el Paleógeno. Durante el Plioceno, se formó el istmo panameño, causando el Gran Intercambio Biótico Americano, y una extinción masiva de mucha de la megafauna originaria. Los perezosos terrestres, sin embargo, se vieron poco afectados y continuaron prosperando a pesar de la competencia de los inmigrantes del norte. De hecho, los perezosos terrestres estuvieron entre los animales sudamericanos que migraron hacia Norteamérica, donde florecieron hasta el final del Pleistoceno. El reciente hallazgo de Megatheriun sp del Plioceno, dado a conocer por investigadores del Conicet, Fundación Azara, Lacev y el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, corresponden a los restos fósiles más antiguos conocidos para este género, junto otros restos de Bolivia y Perú. El cráneo corresponde a un ejemplar juvenil, por lo cual, no se pudo determinar si corresponde a una nueva especie.  Las especies de Megaterios se volvieron mayores con el tiempo, siendo la especie del Pleistoceno tardío, el Megatherium americanum, la de mayor tamaño, alcanzando las dimensiones de un elefante africano. Sus fuertes mandíbulas constaban de 16 molares (8 en cada maxilar) carentes de esmalte. Posiblemente, Megatherium del Plioceno, también recurría a la carroña, como otros perezosos gigantes extintos.


Myrmecophaga carolaameghinoi. Kraglievich, 1934.

 

Esqueleto de Myrmecophaga tridáctila, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Ilustrativo.

 

Aspecto de Myrmecophaga. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Se trata de un integrante extinto de la familia Myrmecophagidae, correspondiente al Plio-Pleistoceno bonaerense. Se lo conoce por el fósil de un metacarpiano (hueso de la mano) procedente de la localidad de Monte Hermoso, pero de talla algo menor a los ejemplares vivientes. Si nos guiamos por su representante viviente, el Myrmecophaga tridáctilaMyrmecophaga carolaameghinoi tenía un hocico alargado y convexo, adaptado especialmente para su alimentación. Poseía una cola prensil peluda en la base y pelada en la punta y 4 garras poderosas y largas en las patas delanteras y 5 pequeñas en las traseras. Un ejemplar adulto puedo alcanzar 1,5 metros de longitud desde la punta del hocico hasta la punta de la cola; con una lengua de hasta 50 centímetros de longitud, su vista debió ser débil, aunque habrá tenido bastante desarrollados los otros sentidos, aunque todo es hipotético por la carencia de restos. Era un desdentado (carece de dientes), se alimentaba de hormigas y termitas. Entre sus parientes filogenéticos, los más próximos son los armadillos y los perezosos arborícolas. La presencia de un oso hormiguero en la parte sur de la provincia de Buenos Aires indica un clima muy distinto al actual, pudiendo ser para esta época, un clima templado a cálido, con áreas abiertas semejantes a la zona del chaco-paraguayo. Esta especie fue descrita originalmente en el año 1934 por el paleontólogo argentino Lucas Kraglievich, especialista en mamíferos fósiles, bajo la combinación científica: Nunezia caroloameghinoi, integrándola así en un género nuevo y exclusivo. En el año 1976, Sue E. Hirschfeld lo transfirió al género Myrmecophaga, señalando que su talla era menor a la de la especie viviente.


Ringueletia simpsoni. Bordas, 1933.

 

Conjunto de restos fósiles de Ringueletia simpsoni, del Plioceno de Miramar. Museo Punta Hermengo.

 

Posible aspecto de Ringueletia simpsoni. asechado por Thylacosmilus en el Plioceno bonaerense.

Mamífero Xenarthro. Fue un armadillo de gran tamaño. Los restos recientemente recuperados, y asociados a otros vertebrados contemporáneos en el Plioceno de la ciudad de Miramar, constituyen hasta el momento la primera evidencia directa que vincula a estos grandes armadillos extintos con paleocuevas o crotovinas halladas en esta edad geológica. La masa corporal ha sido estimada en 40 kilogramos. Si bien no se ha profundizado sobre la paleobiología de esta especie, el gran desarrollo de las crestas de inserción muscular observadas en su húmero, junto a la presencia de falanges ungueales carpales comprimidas y acuminadas, podría correlacionarse con un activo hábito cavador. En este sentido, creemos que el conjunto de información precedente representa un argumento sustancial para postular a Ringueletia simpsoni como el constructor de grandes galerías subterráneas, las cuales utilizaría para protegerse y cuidar su descendencia, aunque en algunos casos como el estudiado, podría haberse convertido en una trampa mortal. De alimentación variada. Otras especies relacionadas; Holmesina paulacoutoi, Kraglievichia paranensis, Scirrotherium, Vassallia Plaina.


Paraeuphractus sabateri. Esteban, G. 2006.  

Ejemplares de Paraeuphractus sabateri en el Museo Municipal Rincón de Atacama, Termas de Rió Hondo, provincia de Santiago del Estero, e ilustración de su posible aspecto. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Es un mamífero cingulato, representado por los quirquinchos o armadillos que actualmente viven en gran parte de Sudamérica y constituyen un grupo muy particular de la fauna neotropical. Se caracterizan por poseer un caparazón dorsal formado por las placas yuxtapuestas, ordenadas por lo general en filas transversales, con cola bastante larga y extremidades cortas. El nuevo taxón extiende la distribución geográfica del género fuera de los valles de altura de las provincias de Catamarca y Tucumán, y considerado como una especie Montehermosense (Plioceno temprano). Paraeuphractus sabateri procede de la Formación Las Cañas, en un área próxima a la ciudad de Las Termas de Río Hondo, Provincia de Santiago del Estero. Se rescataron tres ejemplares, dos de los cuales presentan el caparazón dorsal casi completo. Se colectaron, además, dos cráneos, una hemimandíbula y diversos restos de postcráneo. La especie sabateri, hace referencia a su descubridor, el señor Sebastián Sabater, director del Museo de Termas de Rió Hondo, Provincia de Santiago del Estero. Su alimentación, seria variable, como en otros armadillos. Otras especies relacionadas; Paraeuphractus prominens, Doellotatus chapalmalensis, Macrochorobates chapalmalensis, Chorobates recens, Tolypeutes sp., Chaetophractus villosus y Zaedyus pichiy.


Macroeuphractus retusus.  Ameghino 1887.

Cráneo de  Macroeuphractus s.p (*).

Fragmento de coraza de Macroeuphractus s.p del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo. Aspecto del armadillo depredador Macroeuphractus.

Mamífero Xenarthro. Es un género de armadillos extintos desde el Mioceno tardío hasta el Plioceno tardío de Sudamérica. El género se caracteriza por su gran tamaño, ya que Macroeuphractus outesi es el armadillo no pampaterio o gliptodonte más grande descubierto.  Entre sus especializaciones, podemos contar sobre su dieta carnívora, único entre todos los armadillos contemporáneos. Hay tres especies actualmente reconocidas de Macroeuphractus: M. outesi, M. retusus y M. moreni. La primera, la especie tipo, se conoce a partir de un espécimen del Plioceno tardío de la Provincia de Buenos Aires. Este espécimen se compone de un cráneo bastante bien conservado, así como numerosos elementos del esqueleto. Representaba una especie considerablemente grande en alrededor de 100 kilogramos. Se conoce a Macroeuphractus retusus por una sola mandíbula inferior de la Formación Cerro Azul, en el centro de Argentina. Macroeuphractus moreni es conocida por varios sitios del Mioceno Tardío y Plioceno en las Formaciones Río Quinto, Ituzaingó, Epecuén y Saldungaray. También se han recuperado restos en el chapadmalense de Miramar en la Provincia de Buenos Aires, y las Formaciones Umala y La Paz, Bolivia. Como la mayoría de los armadillos, Macroeuphractus era fosorial, y probablemente podría desenterrar mamíferos pequeños y medianos, como roedores caviomorfos, pequeños notoungulados y argyrolagoidianos. Especies como Macroeuphractus outesi eran bastante grandes y probablemente tenían un estado de depredador en sus comunidades faunísticas como lo señalaron los investigadores Sergio F. Vizcaíno y Gerardo De Iuliis.


Chorobates recens.  Ameghino 1887.

Cráneo y coraza cefalica de Chorobates recens del Plioceno bonaerense. Museo de La Plata.

Fragmento de coraza de Chorobates s.p del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo. Santiago del Estero.

Aspecto de Chorobates recens. Por MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. En 1887 Ameghino reconoció una nueva especie de Dasypodidae, a la que denominó Proeuphractus recens, sobre la base de placas de la coraza dorsal procedentes de sedimentos pliocénicos de Monte Hermoso, Provincia de Buenos Aires. Construía amplias madrigueras, que, a su vez, eran utilizadas por otros mamíferos y reptiles, y en algunos casos, encontramos fósiles de sus habitantes en el interior. Su alimentación, seria variable, como en otros armadillos, siendo seguramente insectívoros y omnívoros necrófagos propios de la zona tropical Centroamérica y Sudamérica.


Chlamydotherium paranense. Ameghino, 1883.
 

Fragmento de cráneo de Pampatheriidae Houston Museum of Natural History. Ilustrativo.

Pata delantera de Pampatheriidae. Houston Museum of Natural History.  Ilustrativo.

Aspecto de Chlamydotherium paranense, MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Fue un enorme dasipodido Pampatheriidae, pero algo menor que Pampatherium del Pleistoceno. Presenta un caparazón con escudete escapular y pelviano diferenciados, corto el anterior y prolongado el posterior, divididos por unas pocas bandas móviles. Compuesto por placas grandes, con una amplia figura central como en la mayoría de los representantes de la familia. Tenía un cráneo proporcionalmente más robusto que el Pampatherium, con 36 dientes en sus mandíbulas. Patas largas a comparación con otros dasipodidos, pero igualmente anchas y fuertes. Cola con placas y escamas óseas y corneas. Alimentación muy variada, constituida principalmente desde plantas hasta cadáveres en buen estado de descomposición. Entre las ciudades de Miramar y Mar del Plata se pueden observar una variedad increíble de paleocuevas atribuidas a este género o alguna especie morfológicamente similar. Desde el siglo pasado hasta nuestros días, los investigadores han discutido y planteado distintas teorías sobre si estos pampateridos están más relacionados con los gliptodontes que con los dasipodidos. Otras especies relacionadas; Holmesina paulacoutoi, Kraglievichia paranensis, Scirrotherium, Vassallia Plaina


Vassallia máxima. Castellanos, 1946.

Placa u osteodermo de Vassallia maxima del Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Cráneo de Vassallia maxima (*).

Posible aspecto del enorme armadillo  Vassallia maxima  tomado de Prehistoric Fauna.

 
Mamífero Xenarthro. Los Pampatheriidae forman parte de los Xenarthra (Cingulata) nativos de América del Sur. Tradicionalmente, son una familia de mamíferos emparentados con los actuales armadillos, pero l precer, estaban relacionados con los gliptodóntidos (mucho más grandes y acorazados). Evolucionaron en Sudamérica durante su largo aislamiento en el Cenozoico. Holmesina Pampatherium colonizaron Norteamérica, tras la formación del istmo de Panamá. Finalmente, los pampatéridos desaparecieron de ambos subcontinentes en el Pleistoceno. Vassallia maxima, fue un representante del Plioceno, encontrados en las formaciones Chiquimil (Miembro El Jarillal) y Andalhuala, en las localidades de Puerta de Corral Quemado y Villavil, en la provincia de Catamarca. Fue un importante herbívoro, y probablemente carroñero como otros miembros del orden Cingulata, cuyo cuerpo estaba cubierto por un caparazón, al igual que su cola y cráneo. Poseía enormes garras que le servían para excavar madrigueras, cuyas paleocuevas son posibles de hallar. Otros pampaterios del Mio-Plioceno fueron Scirrotherium, Chlamydotherium paranense, Kraglievichia paranensis, Plaina y Vassallia, esta última con dos especies, Vasallia minuta y Vasallia maxima registradas durante el Mioceno tardío de Catamarca y Tucumán. Para Plaina se conocen tres especies, Plaina intermedia, Plaina subintermedia, y Plaina brocherense registradas en el Plioceno de las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba. Como hemos mencionado anteriormente, en el Pleistoceno se conoce a Pampatherium typum, el mayor exponente de la familia.

Paraglyptodon chapadmalensis.  Ameghino y Rovereto, 1914.

 

Fragmento de rama mandibular atribuido tentativamente a  Paraglyptodon. Museo de Miramar.

 

Reconstrucción en vivo de Paraglyptodon chapadmalensis, común en estratos Pliocenos de la región pampeana. MarMag.2025.

Mamífero Xenarthro. Es un Gliptodonte cuya familia se encuentra mejor   el Pleistoceno. Fue una especie muy típica en la antigua pampasia. De talla mucho menor que el género Glyptodon. Se caracteriza por tener una coraza formada por placas óseas y corneas de origen epidérmico. Su cabeza estaba protegida por un escudete cefálico. Su cráneo era pequeño a comparación de su cuerpo tosco, con ramas mandibulares muy desarrolladas y una hilera de dientes muy compleja sin esmalte. La cola estaba formada por anillos óseos, el cual, podía ser utilizado para defensa cuando era intimidado por los marsupiales de hábitos carnívoros de la época, como el Thylacosmilus. Tenía unos dos metros de largo y su peso fue de 350 kilogramos. Se alimentaba principalmente de vegetales duros. Los restos fósiles de esta especie generalmente son muy fragmentarios y aislados. Se extinguió al final del Plioceno, hace unos 3 millones de años atrás, pero quedo reemplazado por algunas especies más exitosas, logrando una gran diversificación y adaptación a la nueva complejidad del ambiente durante el Pleistoceno.


Plohophorus figuratus.  Ameghino, 1887.

Tubo caudal de  Plohophorus figuratus procedente de la localidad de Monte hermoso. Museo de La Plata.

Fragmento de coraza de Hoplophorus euphractus, con detalles de las placas dorsales. Genero similar.  

Imagen ilustrativa. Publicada por Derf.

Mamífero Cingulata. El Plohophorus fue un animal de unos dos metros de largo, un metro de altura, y pesaba cerca de 300 kilogramos. Como los demás gliptodontes su dieta era herbívora, de hábitos pastoreadores, desplazándose en ambientes abiertos con predominio de vegetación herbácea. Entre sus características principales, se destacó un caparazón macizo y rígido, un escudo del mismo material que le protegía la cabeza y una cola. Durante el Cuaternario migraron hacia el norte, llegando hasta la mitad del actual territorio de los Estados Unidos. Estos gliptodontes se extinguieron hace menos 2 millones años, junto con la mayor parte de los megamíferos. Géneros relacionados: Los Plohophorini están representados en la Edad Chapadmalense por Plohophorus figuratus Plohophorus conterminus, que se distinguen por la porción distal del tubo caudal (recurvada hacia arriba en el segundo), mientras que en el Montehermorense se distinguen Plohophorus Ameghino y Plohophoroides Castellanos. Otra especie relacionada; Plohophorus paranaensis.


Eosclerocalyptus lineatus. Ameghino, 1888.

Coraza de Eosclerocalyptus lineatus, del Plioceno de Olavarria. Tomado de Paleontología Electrónica. Coraza y restos varios de un posible Eosclerocalyptus sp, del Plioceno Temprano. Museo Rincón de Atacama. El Neosclerocalyptus del Pleistoceno, era relativamente semejante a su representante Plioceno. Ilustración de Carlos Montefusco.

Mamífero Cingulata. Son uno de los mamíferos herbívoros Cenozoico más reconocidos en América del Sur (aunque para el Plioceno eran algo escasos), llegaron a América del Norte durante la Gran Intercambio Biótico Americano. En el año 2013, un grupo de prestigiosos paleontólogos e investigadores argentinos, dieron a conocer el hallazgo de una coraza, junto a distintas partes del esqueleto de Eosclerocalyptus lineatus, cerca de la ciudad de Olavarría, en la Provincia de Buenos Aires, en una edad sedimentaria denominada "Cantera Avellaneda", aún es poco conocida. Lo impresionante de este hallazgo, más allá del paquete óseo de este organismo, fue que varios restos fósiles de Eosclerocalyptus, presentaban marcas de la mordedura, coincidente claramente con la dentición del procionido Chapalmalania, también del Plioceno. Durante la mayor parte del Cenozoico, carnívoros placentarios estaban ausentes de América del Sur. El nicho ecológico de los carnívoros y / o carroñeros fue ocupado durante la mayor parte de la era Terciaria por varios grupos, principalmente mamíferos marsupiales y aves corredoras. Este peculiar hallazgo también permitió brindar mucha información de la muerte de este gliptodonte y su medio ambiente. La evidencia de la depredación de estos grandes mamíferos acorazados, es muy escasa y limitada a un cráneo Plioceno (Glyptotherium) en América del Norte y algunas últimas muestras del  Pleistoceno-Holoceno de América del Sur, con señales de consumo humano de una antigüedad de 12.700 años.


Eleutherocercus sp. Koken 1888.

Mazo del tubo caudal de Eleutherocercus setifer, en el Museum für Naturkunde, Berlin.

Posible cráneo de Eleutherocercus sp, in situ. recuperado por el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Aspecto de un Doedicurino como Eleutherocercus por Peter Schouten.

Mamífero Cingulata. Este animal, que está relacionado con los armadillos actuales, estaba cubierto por un caparazón y tenía un gran mazo al final de la cola para defenderse de los depredadores, como el Thylacosmilys o Chapadmalania. Se cree que los mazos con espinas los tenían los machos para la competencia por el territorio o el apareamiento. Tal mazo también se encontraba en el anquilosaurio, un dinosaurio tireóforo del Cretácico. Medía unos 1,5 metros de altura y su longitud era de 3 metros. Era herbívoro y habitaba en bosques y praderas. También se cree que tenían una visión muy pobre. Los Gliptodontes constituyen un dado de Cingulata caracterizado por la presencia de una coraza dorsal rígida, constituida por osteodermos. Este y todos los gliptodontes ahora pertenecen a la familia Chlamyaphoridae, (antes de 2016, familia Glyptodontidae), a partir de nuevos estudios genéticos. Eleutherocercus fue descripto a partir de un tubo caudal del Plioceno de Uruguay y, posteriormente, se asignaron caparazones parciales y osteodermos aislados. Los osteodermos o placas óseas del caparazón presentan una superficie externa lisa, con grandes perforaciones semejante a Doedicurus, pero de menor tamaño. Una cavidad esferica en el caparazón dorsal en el sector alto de la pelvis, probablemente alojara el cuerpo glandular principal. A pesar de que existen glándulas pélvicas en Dasypodidae Euphractinae, esta estructura es prácticamente única entre los Chlamyaphoridae. Vivió entre el Plioceno tardío y Pleistoceno temprano de Uruguay y Argentina principalmente.


Platygonus chapadmalensis. Castellanos, 1927.

 

Cráneo y mandíbulas de un representante de los  tayasúidos en el Museo de Cs Naturales de Miramar.

 

Aspecto agresivo de un Platygonys. Por MarMag.2025.

Mamífero Artiodactyla. Es un género extinto de pecaríes herbívoros de la familia de los tayasúidos, que fue un endémico de Norteamérica del periodo Mioceno al Pleistoceno, ingresando durante el Plioceno medio a Sudamérica, conquistando ambientes abiertos y de pastizales. Algunas especies del Plioceno, superaban los 65 kilogramos de peso. Platygonus era un animal gregario y, como los modernos pecaríes, posiblemente se movía en grupos. Se extendió desde el sur de Canadá a México y de California a Pensilvania, y llegando a las pampas de Argentina. Platygonus era mayor que los actuales pecaríes, con cerca de 1 metro de longitud corporal, y poseía largas patas, permitiéndole correr rápidamente. También tenía un hocico similar al de un cerdo y largos colmillos que probablemente usaba para defenderse de los depredadores. La familia Tayassuidae está representada en América del Sur por tres géneros: Platygonus, Catagonus y Tayassu. La mayor cantidad de restos fósiles provienen de Argentina, Uruguay y Brasil. Los tayasuidos (Catagonus Tayassu) aparecen por primera vez en Uruguay, en sedimentos posiblemente correspondientes al Pleistoceno medio al Holoceno temprano. Platygonus se registra en el Plioceno medio al Pleistoceno medio de Argentina, Bolivia y Colombia.


Succinea aff. meridionalis. d’Orbigny, 1837.

 

Ejemplar de Succenea sp. Colección Museo de Miramar.

 

Aspecto de un ejemplar viviente del genero Succenea sp.

Invertebrado, Gasterópodo. Es un género de pequeños caracoles de la tierra gasterópodo molusco de la familia Succineidae. Por lo general viven en hábitats húmedos como pantanos. El sedimento portador de estos organismos refleja una asociación existencia de un cuerpo de agua dulce, de escasa dimensión y de poca profundidad, con variación hídrica, desarrollado en un clima cálido-húmedo y dentro de la Región Neotropical, indicando condiciones ambientales locales temporarias durante el lapso estimado, hace 3 millones de años antes del presente. Si bien sus restos fueron hallados en distintas regiones del país, se destacan en sedimentos de la Edad Chapadmalense, entre las ciudades de Mar del Plata y Miramar, como así también en Formación Andalhuala (Plioceno temprano) del Valle de Yocavil, Provincia de Catamarca.


Paraalbizioxylon caccavariae. Martínez, L., 2014.

 

Algunas de los numerosas maderas fósiles halladas en la localidad de Termas de Rió Hondo, atribuidas al Plioceno temprano. Colección del Museo Municipal de Paleoantropología "Rincón de Atacama".

Paleobotánica. La familia Leguminosae o Fabaceae, se distribuye actualmente en todos los continentes a excepción de la Antártida. Comprende aproximadamente 720 géneros y con unas 18000 especies, siendo así, la tercera familia de angiospermas en cuanto a su número de representantes. Es el primer registro que se encuentra en la provincia de Santiago del Estero, a través de estos materiales se pudo obtener información sobre el contexto ambiental de la época, en leños fosilizados que fueron hallados en la formación Choya (Mio-Plioceno) y es el primer registro fósil de maderas de leguminosas. Estos hallazgos fueron localizados a orillas del río Dulce en cercanías de la ciudad de Termas de Rio Hondo, recuperados por Sebastián Sabater y pertenecen a la colección del Museo Municipal Rincón de Atacama. En estas tareas de investigación trabajaron, el Dr. en Geología Rafael Herbert, la Dra. Alexandra Crisafulli y la profesora Mercedes Martínez, grupo que pertenece a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura de la Universidad Nacional del Nordeste y Centro de Ecología Aplicada del Litoral, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Corrientes. Estas plantas fósiles que se encuentran en distintos lugares en el interior del departamento Río Hondo, son especies que tienen los troncos bien preservados y los tejidos vegetales, lo que permitió, que se los pueda examinar, con un tratamiento adecuado. Esto permite saber qué tipo de troncos y de árboles eran, en qué ambiente vivían, como eran los bosques, desiertos o montes, el clima y qué otras plantas existían en esos años.


Rizolitos. Klappa, 1980.

Rizolitos (molde vegetales) del Plioceno de Miramar. Colección Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Rama mandibular de un camélido gigante (Pleistoceno) con rizolitos sobre las mismas. Colección Museo de Miramar.

Paleobotánica. El termino rizolito describe aquella roca cuyos razgos estructurales, texturales y origen son el resultado total o mayoritariamente de la actividad de una antigua planta. Estas trazas de raíces son de variable morfología y concentraciónes. Los rizolitos son estructuras de bioturbación diagnósticas de diagénesis meteórica y exposición subaérea, características de ambientes continentales. Es menos habitual el hallazgo de restos fósiles de vegetales, ya que las plantas están conformadas principalmente por celulosa, sustancia que se descompone fácilmente en condiciones normales. Los moldes se forman durante la vida de la planta cuando las bacterias y otros organismos del suelo acumulan minerales sobre las paredes de la raíz, como producto de su actividad metabólica. Al morir el vegetal y desintegrarse sus partes orgánicas, estas paredes revestidas de minerales se rellenan de sedimento preservando la forma que tuvo la raíz de la planta originalmente. Los rizolitos también pueden estar asociados a otras formaciones radiculares intrasedimentarias, como rizotubulos y rizoconcreciones lo que evidencian una intensa pedogenesis. En varios yacimientos fosilíferos de Miramar y de Centinela del Mar, se han realizado centenares de registros de estas evidencias de origen botánico, tanto del Plioceno como del Pleistoceno.


Procornitermes. Emerson, 1949.

 

Detalles en restos de un Toxodontidae con marcas realizadas por termitas. Museo Paleontológico de San Pedro.

 

Nido de Termitas fósiles del Plioceno de la ciudad de Miramar. Foto del Museo Municipal Punta Hermengo.

Insecto, Isoptero. Es un género de termitas perteneciente a la familia Termitidae. Son un grupo de insectos sociales que construyen nidos (termiteros). Las termitas se alimentan de la celulosa contenida en la madera y sus derivados, la que degradan gracias a la acción de los protozoos de su sistema digestivo, con los que viven en simbiosis. La mayor parte de las termitas son de climas tropicales o subtropicales, pero unas pocas viven en climas templados. Actualmente, la familia Termitidae, de la que forman parte estos voraces insectos, se ha retirado de la provincia de Buenos Aires, ocupando zonas por encima del paralelo 32, donde predominan condiciones de clima subtropical. Sólo existe una pequeña población en las sierras de Tandil y otra en península Valdez, Chubut, que podrían ser grupos relictuales de épocas pasadas. La desaparición de las termitas en la provincia de Buenos Aires se produjo en algún momento durante la Edad Lujanense (8.500 a 128.000 años). A fines del Plioceno en la edad chapadmalalense de la costa atlántica argentina, más precisamente en Miramar, se han hallado nidos fósiles de termitas y de hormigas. Los géneros representados son Procornitermes y Acromyrmex (Acromyrmex), los cuales en la actualidad se registran en zonas abiertas, con humedad y áreas no inundables y clima templado. Para el Uquiense se registra el género Termes. En el año 2016, el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres” de San Pedro dio a conocer restos fósiles de un toxodontidae (del Pleistoceno) con marcas de forma “estrelladas” atribuidas la actividad alimenticia de termitas.


Coprinisphaera. Sauer, 1955

 

Nido de escarabajo con molde de la larva. Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

 

Aspecto de un escarabajo pelotero. Por MarMag.2025.

Insecto. Las ichnoespecies conocidas de Coprinisphaera se han relacionado generalmente con escarabajos peloteros de hábitos necrófagos que viven en ambientes dominados por pastizales habitados por grandes herbívoros, que proporcionan el estiércol para construir bolas de cría. En el Plioceno y Pleistoceno bonaerense se han recuperados evidencia de la existencia de estos, por el hallazgo de nidos fósiles en los sedimentos fosilíferos. Muy rara vez, son divisados por los especialistas, por su característica forma “circular”. En el año 2014, el personal del Museo Punta Hermengo de la ciudad de Miramar, recupero en sedimentos del Plioceno tardío, un nido, el cual, contenía el molde de la larva de un escarabajo. Los coleópteros presentan una enorme diversidad morfológica y ocupan virtualmente cualquier hábitat, incluidos los de agua dulce, aunque su presencia en ambientes marinos es mínima. Los coleópteros son insectos holometábolos o endopterigotos, ya que sufren una metamorfosis completa con estados de larva, pupa e imago (adulto) bien diferenciados. La larva normalmente sufre muchas mudas. Otros icnofosiles semejantes fueron registrados en la zona de Las Grutas, Pleistoceno superior de la ciudad de Necochea. Estudios muy interesantes se vienen llevando a cabo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, sobre estos icnofosiles, cuyas evidencias más antiguas corresponden al Cretácico. Otros icnoespecies conocidas; Coprinisphaera akatanka, Coprinisphaera kraglievichi y Coprinisphaera tonni.


 

Otros Vertebrados del Plioceno Argentino: Sparassocynus, Pseudohalmarhipus, Nuñezia, Dankomys, Cholomys, Proctenomys, Eucoelophorus, Pseudoplataeomys, Pithanotomys, Abrocama, Neoepiblema, Dabbenea, Isomyopotamus, Neoreomys, Cardiomys, Caviodon, Ocnerotherium, Xotodon, Xyophorus, y Nonotherium. 

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