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Fósiles del Plioceno
de Argentina:
El
Periodo/Epoca Plioceno comprende entre los últimos 5 y 2,5 millones
de años de la tierra. En la Republica Argentina se encuentra
dividido en tres edades principales.

Sedimentos del Plioceno de Miramar.
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La
edad mamífero "Montehermorense" comprende un lapso
intermedio entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano.
Tiene una antigüedad entre 6 y 4 millones de años. Los
depósitos sedimentarios afloran a unos 15 kilómetros al sur
de la localidad de Pehuen-co, Provincia de Buenos Aires,
Argentina. La edad "Chapadmalalense" es tal vez la más
importante del Plioceno por la abundancia de restos fósiles
y evidencias ambientales. Tiene entre 4 y 3,2 millones de
años y corresponden a sedimentos del litoral marítimo
pampeano, ubicados entre la ciudad de Mar del Plata y
Miramar, Provincia de Buenos Aires. Durante el Final del
Plioceno ocurrieron tres fenómenos naturales, los cuales
decidieron la suerte del 80 % de las especies
endémicas y autóctonas. Una de ellas fue el Gran Intercambio
Biótico Americano, que fue la migración de los mamíferos al
restablecerse la unión entre América del Norte y Sur,
provocando la llegada de la fauna invasora. Otro de los
fenómenos fue el impacto de un Asteroide, el cual ocurrió
hace 3,3 millones de años. Ha esto se le suma, hacia el
final del Plioceno, una estrella del grupo de estrellas O y
B de la Asociación estelar de Scorpius-Centaurus a unos 380
a 470 años luz de la Tierra, explotó como supernova, lo
suficientemente cerca de la Tierra como para provocar un
gran deterioro en la capa de ozono, lo que pudo haber sido
la causa de una extinción masiva en los océanos. Para ello
se basaron en las anomalías del isótopo de esa época
encontradas en los fondos oceánicos. <<
Principales sitios
de Argentina. |
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Recientemente se incluyó la edad
"Marplatense", la cual se encuentra dividida en tres sub-edades
(sanandresense, vorohuense y barrancalobense) que tienen una
antigüedad entre 3,2 y 1,9 millones de años, ubicadas
principalmente al sur de la ciudad de Mar del Plata hasta
Miramar. En el continente se produjo un evidente
desplazamiento de distintos grupos de vertebrados hacia
condiciones más favorables existentes al norte de Patagonia.
A partir del Plioceno el registro fósil pertenece
exclusivamente a algunas localidades del norte y centro del
territorio argentino, a diferencia de las anteriores (del
Mioceno al Paleoceno) que se encontraban principalmente en
Patagonia. Existía un gradiente decreciente de humedad en
dirección al oeste. En el territorio se desarrollaron las
llanuras, con extensas praderas bajo un clima templado -
cálido y húmedo. Ingresaron provenientes de Norteamérica
numerosas especies de carnívoros placentarios.
Posteriormente al elevarse las Sierras Pampeanas se produce
una "sombra de lluvias" al este de las mismas, con lo cual
se produjo la desertización de las áreas sub-andinas. Este
periodo coincide con un deterioro en el clima, con un
enfriamiento a nivel global, fenómenos de glaciaciones, un
aumento en el gradiente térmico latitudinal, y un descenso
en el nivel del mar, lo que provoco la disminución de
especies. |
Mesembriornis
milneedwardsi.
Moreno, 1889.
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Tizziana
Magnussen, con el cráneo y pico
Mesembriornis milneedwardsi
en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
Ave
Carnívora.
Como ya se había aclarado
anteriormente, las aves carnívoras, tanto corredoras como voladoras,
alcanzaron durante el Terciario dimensiones extraordinarias y se
convirtieron en los principales depredadores debido a la ausencia de
mamíferos competidores de gran tamaño. Mesembriornis
milneedwardsi fue un ave corredora y carnívora que superaba los 1,8
metros de altura. Sus restos fósiles fueron hallados por primera vez
en la Farola de Monte Hermoso (Montehermosense–Chapadmalalense) por
Moreno y Mercerat en 1891, y depositados en el Museo de La Plata.
Posteriormente, en 1908, se colectó un esqueleto casi completo
procedente de la misma zona, actualmente preservado en el Museo
Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires. La punta del pico
dirigida hacia abajo, similar a la de las aves rapaces, revela
hábitos carnívoros; sus principales presas habrían sido animales de
talla media y pequeña, como Paedotherium o
Pseudotypotherium, a los que perseguía hasta alcanzarlos
para golpearlos con el pico y, una vez detenidos, sujetarlos con sus
poderosas patas, clavando las garras hasta someterlos por completo.
No desaprovechaba la carroña, especialmente durante períodos de
escasez. Sus alas eran muy reducidas y con musculatura atrofiada, lo
que le impedía volar. El cráneo superaba los 45 centímetros de
longitud. Se extinguió durante el Plioceno, hace unos 3 millones de
años, sin dejar representantes actuales; su nicho ecológico fue
luego ocupado por numerosos mamíferos placentarios que ingresaron al
continente tras la formación del istmo. Algunos restos proceden de
sedimentos de Monte Hermoso y Barranca de los Lobos. La especie
Hermosiornis rapax podría corresponder a Mesembriornis milneedwardsi
según algunos estudios. Géneros y especies
relacionados: Psilopterus
colzecus, Palaeopsilopterus itaboraiensis, Chunga incerta,
Hermosiornis australis y
Hermosiornis rapax.
Psiloterus s.p.
Moreno y Mercerat, 1891.
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Cráneo de Psiloterus sp
en el Museo de Cs Nat. de Miramar.
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Ave Carnívora.
Es un género
extinto de forusrácidos (“aves del terror”) que vivió desde mediados
del Oligoceno hasta fines del Mioceno en Argentina. En comparación
con otros forusrácidos, sus representantes eran relativamente
pequeños y gráciles. Un cráneo hallado en las cercanías de la ciudad
de Miramar pertenece a uno de los últimos integrantes de la
subfamilia Psilopterinae y procede del Plioceno tardío, hace unos 3
millones de años, correspondiente a la Edad Chapadmalalense de la
provincia de Buenos Aires, aunque los registros más antiguos del
género provienen del Mioceno temprano–medio (Santacrucense) de
Patagonia. El cráneo conserva una longitud aproximada de 23
centímetros sin el pico. A pesar de no encontrarse completo y haber
sido sepultado en condiciones ambientales desfavorables, presenta
una característica excepcional: la preservación de la esclerótica
ocular, formada por delicados huesecillos ubicados en la órbita.
Asimismo, se observan marcas atribuibles a un par de caninos en su
superficie superior. Esta ave habría alcanzado una altura cercana a
1,6 metros. En la actualidad existen representantes emparentados con
esta familia en Argentina: los dos únicos miembros de la familia
Cariamidae, la chuña de patas rojas (Cariama cristata),
de unos 95 cm de altura, y la chuña de patas negras (Chunga
burmeisteri), de aproximadamente 78 cm. Su dieta incluía
principalmente pequeños mamíferos como Paedotherium o
Dasypus, aunque existía una amplia diversidad de
presas disponibles en ese momento. Especies y especies
relacionadas: P. bachmani, P.
lemoinei, P. affinis y P. colzecus.
Heterorhea dabbenei.
Rovereto, 1914.
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Pata recreada completa de un Rheiforme,
en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
Aspecto
de Heterorhea. Por MarMag.2025. |
Ave.
Rheiformes.
Se trata de un ave del orden Rheiformes, nombre que
reciben dos aves sudamericanas similares al avestruz, emparentadas con
el género Rhea del Pleistoceno y con el ñandú actual. Era
de mayor tamaño que los representantes actuales de Sudamérica y, al
igual que ellos, poseía tres dedos en cada pata. La cabeza y el cuello
estaban completamente cubiertos de plumas. La cola no se encontraba
desarrollada, pero presentaba largas plumas que colgaban y cubrían la
parte posterior del cuerpo. Probablemente incubaban los huevos de manera
similar a las formas actuales, en las que varias hembras utilizan un
mismo nido y un solo macho puede incubar hasta 50 huevos, aunque este
comportamiento no puede confirmarse con el registro fósil.
Heterorhea era un corredor veloz gracias a sus largas patas y a
la proporción de sus huesos, que le permitían alcanzar altas
velocidades. Es posible que se desplazara en grupos familiares, salvo
durante la época reproductiva, cuando se congregaría en grandes
bandadas, volviéndose más vulnerable frente a depredadores marsupiales.
Su dieta habría sido variada, incluyendo pastos, insectos y frutos.
Aunque se trata de un género poco frecuente, algunos restos proceden del
Terciario bonaerense y tucumano, representados por huesos aislados y
cáscaras de huevo atribuidas tentativamente a Heterorhea.
El primer registro, en 1914, se basó en un tarsometatarso proveniente de
la Formación Monte Hermoso, y posteriormente se describió un nuevo
género y especie a partir de un fémur hallado en los mismos niveles de
los barrancos de Monte Hermoso (provincia de Buenos Aires). Estos
constituyen los únicos registros pliocenos conocidos y corresponden a
formas más grandes y robustas que los géneros actuales de Rheiformes.
Géneros y especies relacionados: Heterorhea
dabbenei, Rhea anchorenensis, Rhea americana, Rhea fossilis y
Pterocnemia pennata.
Nothura parvula.
Tambussi, 1989.
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Restos fósiles del humero y
sacro de un Nothura s.p, del Plioceno de Miramar.
Museo de Ciencias Naturales de Miramar y reconstrucción por
MarMag.2025. |
Ave,
Ratites.
Los tinámidos son aves terrestres cuyo
registro fósil se conoce principalmente en el Plioceno y Pleistoceno
de Argentina. La familia Tinamidae es endémica de la región
Neotropical y, vulgarmente conocidos como inambúes, se caracterizan
por su escasa capacidad de vuelo y hábitos terrícolas. Si bien se
han hallado restos fósiles en Brasil y Perú, la mayor parte del
registro procede de Argentina, donde el resto más antiguo fue
descubierto en el Mioceno tardío de la provincia de La Pampa. Los
tinamúes pertenecen a los Paleognathae, tradicionalmente divididos
en dos linajes: tinamúes y ratites; a diferencia de estas últimas,
los tinamúes conservaron la capacidad de volar. Probablemente
presenten un aspecto similar al de los ancestros voladores de las
ratites. Estas últimas se distribuyen en Nueva Zelanda (kiwis),
África (avestruces), América (ñandúes) y Australia y Nueva Guinea (emúes
y casuarios), mientras que los tinamúes son exclusivos del
Neotrópico. Las relaciones filogenéticas dentro de los paleognatos
han sido debatidas durante décadas, existiendo consenso únicamente
sobre la monofilia del grupo, la de los tinamúes y la del clado emú-casuario.
Respecto a su radiación evolutiva, se proponen dos hipótesis: una
sugiere una diversificación gondwánica durante el Cretácico, con la
posterior deriva continental explicando la distribución actual; la
otra plantea una radiación posterior al evento de extinción
Cretácico–Paleógeno, a partir de ancestros voladores, de los cuales
sólo los tinamúes conservaron esa capacidad. El género Nothura
Wagler, 1827 incluye actualmente cinco especies que habitan
ambientes abiertos con parches de vegetación arbórea en Sudamérica.
Solo se conocen dos especies fósiles: Nothura parvula
Tambussi, 1989 del Plioceno, y Nothura paludosa
Mercerat, 1897 del Pleistoceno, ambas halladas en la provincia de
Buenos Aires.
Vultur messii.
Degrange, F. et al. 2023.
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Femur de Vultur messii,
del Plioceno de Catamarca. |
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Aspecto del cóndor
Vultur messii. Por Santiago Druetta. |
Ave. El registro fósil de cóndores (Aves,
Cathartiformes) en América del Sur es escaso y, particularmente en
Argentina, la mayoría de los restos asignados a este grupo han sido
objeto de debate. La presencia de una especie fósil del género
Vultur, recuperada de depósitos de casi 5 millones de años de
antigüedad, coincide con el levantamiento de los cerros pampeanos y
de los Andes, así como con el inicio de la aridificación regional.
La existencia de cadenas montañosas incipientes sugiere que el
centro de origen de este género estaría vinculado a la cordillera de
los Andes, lo que implica una llegada temprana y una posterior
diversificación de los cóndores en Sudamérica. En la actualidad, el
género Vultur está representado únicamente por
Vultur gryphus, el cóndor andino, considerado el ave
voladora más grande del mundo por la combinación de un peso cercano
a los 15 kg y una envergadura de hasta 3,3 metros. Es principalmente
carroñero y prefiere cadáveres de gran tamaño, como los de ciervos o
ganado. Alcanza la madurez sexual entre los cinco y seis años y
nidifica en formaciones rocosas inaccesibles, a altitudes de entre
3000 y 5000 metros sobre el nivel del mar. La posición taxonómica
exacta del cóndor andino y de las restantes especies de buitres del
Nuevo Mundo continúa siendo debatida, ya que, aunque similares en
apariencia y función ecológica a los buitres del Viejo Mundo,
evolucionaron de ancestros distintos. Una nueva especie fósil fue
hallada en afloramientos geológicos del noroeste argentino y
homenajea al futbolista Lionel Messi, a casi un año de la histórica
obtención de la Copa del Mundo.
Ceratophrys ameghinorum.
Fernicola, 2001.
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Esqueleto de
un Ceratophrys ornata viviente en el MACN.
Cráneo de
Ceratophrys ameghinorum y reconstrucción en vivo.
Museo de Ciencias Naturales Punta Hermengo de
Miramar. |
Anfibio. Anura.
Los escuerzos del género
Ceratophrys conforman un peculiar grupo de anuros
neotropicales caracterizados por su notable robustez corporal y una
cabeza desproporcionadamente grande. Actualmente se reconocen seis
especies vivientes asignadas a este género, de las cuales solo dos
se distribuyen en la República Argentina. En las regiones chaqueña y
central del país se encuentra Ceratophrys cranwelli
Barrio, 1980, mientras que Ceratophrys ornata Bell,
1841 restringe su distribución a la región pampeana. Estos animales
poseían una cabeza ancha, hidrodinámica y cubierta por ásperas
molduras óseas; las mandíbulas eran amplias y semicirculares,
provistas de una hilera de pequeños dientes aserrados, con ocho
dientes premaxilares y entre 30 y 40 maxilares, mientras que la
mandíbula inferior carecía de dentición pero presentaba un borde
extremadamente afilado. Excavaban cuevas utilizando tubérculos
córneos de bordes agudos presentes en las patas posteriores.
Probablemente se desplazaban con torpeza en tierra firme, pero en el
agua eran rápidos y eficientes depredadores, capaces de capturar
pequeñas aves, mamíferos, insectos, peces e incluso individuos
juveniles de su propia especie. El registro fósil de este grupo es
muy escaso; sin embargo, recientemente se realizaron hallazgos
significativos al norte de la ciudad de Miramar, incluso dentro de
una crotovina junto a otros vertebrados del Plioceno superior. El
resto más antiguo de la subfamilia Ceratophryinae corresponde a
W. gerholdi del Mioceno medio de Ingeniero Jacobacci,
noroeste de Río Negro, considerado afín al género Ceratophrys.
Recién en el Plioceno tardío reaparecen registros fósiles de esta
subfamilia en el sur de la provincia de Buenos Aires (Monte Hermoso,
Formación Montehermosense). Los primeros hallazgos fueron realizados
por Ameghino en 1899, quien los asignó a Ceratophrys prisca.
Durante el Plioceno se registra Ceratophrys sp. tanto
en el noroeste argentino (Catamarca) como en el sur bonaerense. La
fauna de la región subandina de este período presentaba un marcado
carácter subtropical, lo que sugiere condiciones ambientales
similares a las actuales del oeste del distrito chaqueño, que
aparentemente también se extendían hacia el sudoeste bonaerense. El
levantamiento final de las Sierras Pampeanas durante el Plioceno
tardío habría bloqueado los vientos húmedos del nordeste, provocando
la desertificación de las áreas occidentales. En el Piso
Chapadmalalense se registran ejemplares diploides en Miramar, Punta
Lobería y Punta Vorohué, y tetraploides en Quequén Salado y
Chapadmalal. En el Piso Barrancalobense, hacia el final del
Plioceno, se documenta un fósil diploide. Durante el Pleistoceno, a
lo largo de la costa atlántica, se hallaron nuevos restos asignados
a Ceratophrys (Piso Ensenadense). También se conocen materiales del
Pleistoceno superior de Bolivia, en Ñuapua y Tarija, así como restos
coetáneos de Brasil, en Lagoa Santa, Minas Gerais.
Salvator (Tupinambis) teguixin.
Daudin, 1802.
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Fragmento de
cráneo y maxilar de Tupinambis exhibido en el Museo de
Ciencias Naturales
de Miramar. |
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Reconstrucción en vivo del genero Tupinambis teguixin
del Plioceno pampeano.
Por MarMag.2025. |
Reptil
Squamata.
Es el lagarto de mayor
tamaño de la familia Teiidae, registrado desde el Mioceno temprano de
Patagonia y con presencia continua en Argentina durante todo el Mioceno,
extendiéndose hasta el Holoceno. Los reptiles escamosos (Squamata)
constituyen el segundo grupo más numeroso de vertebrados terrestres, con
más de 8200 especies, superados únicamente por las aves; sin embargo,
pese a su actual diversidad y abundancia, han sido tradicionalmente
relegados en la literatura paleontológica. En la actualidad, el género
Tupinambis, hoy reconocido como Salvator sp.,
está representado por al menos seis especies: T. duseni, T.
longilineus, T. merianae, T. quadrilineatus, T. rufescens y T. teguixin,
todas restringidas al territorio sudamericano al este de los Andes.
Recientemente fue descripta una forma extinta, T. uruguaianensis,
procedente del Pleistoceno de Brasil, de mayor tamaño que cualquiera de
las especies actuales. En 1914, Rovereto describió cuatro especies
fósiles de Tupinambis (T. preteguixin, T. prerufescens, T.
brevirostris y T. multidentatus) provenientes de Monte Hermoso,
a unos 60 km al este de Bahía Blanca, sobre la costa atlántica del sur
bonaerense. Su registro paleontológico en sedimentos pampeanos se
extiende desde el Mioceno tardío hasta el Holoceno temprano, aunque su
mayor abundancia corresponde al final del Plioceno. Se caracterizaba por
una marcada diferenciación dentaria, con incisivos, dientes caniniformes
y otros aplanados similares a molares. Podía superar el metro de
longitud total, aunque la cola representaba más de la mitad del cuerpo.
Los machos presentaban la cabeza más ancha debido al desarrollo de los
músculos mandibulares. Su dieta incluía anfibios, gusanos, reptiles y
pequeños mamíferos, como cricétidos y algunos marsupiales. Sus restos
aparecen ocasionalmente articulados dentro de paleocuevas excavadas por
el propio animal o reutilizadas tras haber sido realizadas por otros
vertebrados. Importantes hallazgos para la paleofauna pampeana proceden
del “Uquiense” del arroyo Las Brusquitas y Barranca de los Lobos, así
como de sedimentos modernos y sitios arqueológicos. En la región
pampeana se lo registra en las formaciones Monte Hermoso, Chapadmalal y
Vorohué.
Amphisbaena sp.
Linnaeus, 1758.
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| Cráneo de un
Amphisbaena (*). |
Vértebra del Plioceno
encontrada cerca de Miramar. (autores). |
Aspecto de un
Amphisbaena (*). |
Reptil
Squamata.
Es un género de
reptiles anfisbénidos de la familia Amphisbaenidae, comúnmente conocidos
como culebras de dos cabezas, morronas o lagartijas gusano. Estas
especies presentan un cuerpo cilíndrico, sin extremidades, con una cola
corta y redondeada poco diferenciada del resto del cuerpo; la cabeza
también es redondeada y apenas distinguible, con ojos pequeños
semiocultos bajo la piel y sin aberturas auditivas externas. La piel
está conformada por anillos subdivididos en pequeñas escamas
cuadrangulares. Las especies del género Amphisbaena pasan
la mayor parte de su vida bajo tierra, excavando galerías en busca de
alimento, compuesto principalmente por insectos y otros invertebrados
del suelo. Restos fósiles de Amphisbaena sp. fueron
identificados en sedimentos chapadmalalenses (Plioceno temprano–medio)
en las cercanías de la ciudad de Miramar, constituyendo hasta el momento
el registro más antiguo del grupo en América del Sur. En la región
costera de Miramar se encuentra actualmente A. angustifrons,
mientras que A. heterozonata habita áreas próximas, por lo que la
presencia del género en el Plioceno resulta coherente con su
distribución actual.
Phrynops sp.
Schweigger, 1812.
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Placas del caparazón de Phrynops,
del Plioceno de la prov. de Entre Ríos. Museo de La Plata. |
Cráneo de un ejemplar
actual de Tortuga de laguna del genero Phrynops. (*) |
Aspecto del Quelonio Phrynops geoffroanus.
Por MarMag.2026 |
Reptil Testudines.
El género Phrynops está
registrado desde el Mio-Plioceno de Argentina y el Mioceno superior
de Uruguay. Los antecedentes fósiles atribuidos a este género se
restringen, por el momento, a sedimentos del noroeste argentino
(Catamarca y Tucumán), a la región mesopotámica argentina y al
departamento de San José, en Uruguay. También se mencionan restos
asignables a Phrynops en sedimentos pleistocenos del
Carcarañá, provincia de Santa Fe. Desde mediados del siglo XIX, la
existencia de placas fósiles y material fragmentario fue señalada
por Bravard, Burmeister y Ambrosetti, quienes realizaron
determinaciones específicas pese a la fragmentación del material.
Wieland, en 1923, citó para la región del Paraná a
Parahydraspis paranaensis como un nuevo taxón de pleurodiro,
aunque posteriormente Mlynarski lo consideró sinónimo de
Phrynops geoffroanus. En el Mesopotamiense se han registrado
numerosas tortugas, principalmente de la familia Chelidae y del
género Phrynops. Los quélidos, considerados excelentes
indicadores paleoambientales, sugieren condiciones subtropicales y
húmedas, con ambientes bajos, inundables y con abundante vegetación,
lo que explica la elevada diversidad de tortugas acuáticas y otros
reptiles en estas regiones.
Colubridae.
Oppel, 1811.
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Vértebras y costillas de un
Colubridae recreados in situ. Museo de Miramar. |
Vértebra del
Pleistoceno. Museo de San Pedro. Prensa. |
Aspecto del
pequeño Colubridae. (*). |
Reptil, Serpentes.
Los
colúbridos o culebras (familia Colubridae) constituyen un amplio
grupo de serpientes caracterizadas por presentar la cabeza
recubierta por grandes escamas dispuestas de forma típica. Las
escamas dorsales y laterales del cuerpo son aproximadamente
romboidales, mientras que en la región ventral poseen una única fila
de escamas ensanchadas. Generalmente son diurnas, con ojos bien
desarrollados y pupila usualmente circular. Los registros fósiles de
serpientes en depósitos pliocenos son extremadamente escasos y
suelen consistir en elementos aislados, como vértebras o costillas,
razón por la cual resulta más apropiado referirse a la familia
Colubridae en lugar de asignaciones genéricas o específicas. El
origen de la fauna colubrídica sudamericana se ha interpretado
tradicionalmente como resultado de un ingreso pasivo desde América
del Norte, previo al establecimiento definitivo del puente
centroamericano, probablemente durante el Mioceno temprano o incluso
antes. Algunos hallazgos relevantes proceden de la Formación
Chapadmalal, en la localidad fosilífera de Las Brusquitas, a unos 5
km al norte de la ciudad de Miramar. Estos ofidios resultan de gran
importancia para la paleontología, ya que permiten realizar
inferencias paleoambientales. Al igual que sus parientes actuales,
se habrían alimentado de pequeños vertebrados y principalmente de
insectos.
Bothrops
alternatus. Duméril, Bibron & Duméril,
1854.
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Vértebras fósiles de Bothrops encontradas en el
Plioceno de Monte Hermoso, comparadas con las vértebras de
una Yarará viviente. |
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Aspecto de Bothrops,
del Plioceno bonaerense, indistinguible de
Bothrops alternatus. Por MarMag.2025. |
Reptil, Serpentes.
Dentro de Colubroidea, el grupo
monofilético de serpientes más avanzadas, en Sudamérica están
representadas actualmente las familias Elapidae, Colubridae y
Viperidae. En relación con esta última, en años recientes se han
intensificado los estudios sobre la sistemática y evolución
biogeográfica de géneros como Crotalus, Lachesis, Bothriopsis,
Bothriechis y Bothrops. Este último incluye
serpientes de mediano a gran tamaño, de cuerpo robusto, que pueden
alcanzar alrededor de 1,5 metros de longitud y habitaron el Plioceno
bonaerense en ambientes abiertos, cerrados y de pastizal. Al igual
que sus representantes actuales, eran altamente venenosas y se
alimentaban de pequeños mamíferos. Un equipo conjunto del LACEV, la
Fundación Azara y el Museo Municipal “Carlos Ameghino” de Mercedes
dio a conocer restos fósiles correspondientes a una serie de once
vértebras del tronco de una especie indistinguible de Bothrops
alternatus (yarará grande o víbora de la cruz). Este
hallazgo, procedente de la Farola de Monte Hermoso, en la provincia
de Buenos Aires, constituye el registro más antiguo conocido de
yararás en el continente. Hace unos 3 millones de años, la región
estaba habitada por manadas de megamamíferos como gliptodontes y
perezosos gigantes, junto con fauna típica de ambientes chaqueños,
como chuñas, escuerzos, boas de las vizcacheras y pecaríes. Hacia
los 2,5 millones de años, el clima se volvió más frío y seco,
marcando el inicio del Pleistoceno y provocando el desplazamiento
progresivo de esta fauna hacia latitudes más septentrionales.
Estudios de ADN mitocondrial sugieren que el primer vipérido habría
ingresado a Sudamérica durante el Mioceno, entre 23 y 10 millones de
años atrás, utilizando un puente terrestre entre América Central y
del Sur; este ancestro, denominado Protobothrops,
habría dado origen a todas las especies actuales de Bothrops,
en concordancia con el ingreso documentado de diversos linajes de
mamíferos durante ese mismo intervalo temporal.
Trigodon gaudryi.
Ameghino, 1887.
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Cráneo y Mandíbula de Trigodon,
exhibido en el Museo de La Plata. Hallado en Monte Hermoso,
Prov. Buenos Aires. |
Cráneo de un genero afín,
Paratrigodon s.p. Prov. Buenos Aires. Museo de La Plata. |
Aspecto de la cabeza de
Trigodon. Por
MarMag.2025. |
Mamífero
Notoungulado.
Es el último género
gigante de los Haplodontheriinae, al menos en la región pampeana.
Fue uno de los representantes del orden Notoungulata, un grupo que
se diversificó en América del Sur colonizando una amplia variedad de
ambientes. Existió desde hace aproximadamente 11,6 millones de años
hasta hace 3 millones de años, durante el Mioceno superior y el
Plioceno. Se trataba de animales de patas y cuello cortos, que aún
no habían desarrollado una cruz en forma de joroba como los
toxodontos posteriores. Presentaban adaptaciones semiacuáticas y se
alimentaban de vegetación abundante en las orillas de cuerpos de
agua. La presencia de una gran fosa en el cráneo de este gigantesco
animal llevó a los paleontólogos a suponer que poseía un cuerno
córneo curvado, utilizado para defenderse de los carnívoros de su
época, como las grandes aves corredoras y los marsupiales de caninos
muy desarrollados. Su cuerpo era voluminoso y macizo, cubierto por
una piel gruesa. Las extremidades, cortas y robustas, no estaban
adaptadas para la carrera. Su peso se estima entre 1,5 y 2
toneladas. Los principales restos provienen de los acantilados
marítimos de la costa bonaerense y de algunos sitios del interior de
la provincia de Buenos Aires. Se extinguió a fines del Plioceno,
siendo reemplazado ecológicamente por Toxodon, muy abundante durante
el Pleistoceno, y es considerado un fósil característico de la Edad
Montehermosense. Su distribución incluyó la ladera oriental de los
Andes en Bolivia y Perú, las llanuras de Uruguay, la Formación
Solimões en el alto río Acre (Brasil) y la provincia de Buenos Aires
(Argentina). Géneros y especies
relacionados: Toxodon chapalmalensis, Toxodon
darwini, Toxodon ensenadensis, Toxodon platensis, Toxodon gezi,
Toxodon gracilis, Xotodon prominens, Xotodon ambrosetti, Trigodon
minus, Alitoxodon vetustum, Mixotoxodon larensis y
Nonotherium hennigi.
Paedotherium typicum.
Ameghino, 1887.
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Esqueleto
preservado en el Museo "Punta Hermengo" de Miramar. |
Cráneo y
mandíbula en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
Reconstrucción en vivo.
Por MarMag.2025. |
Mamífero
Notoungulado.
Paedotherium
fue el representante más pequeño de un
grupo particularmente abundante. Sus dimensiones y aspecto en vida
recuerdan a la liebre patagónica o mara (Dolichotis australis).
Presentaba un cráneo corto y robusto, con cierta semejanza al de los
roedores, incisivos muy prominentes de crecimiento continuo, cortos
y cincelados, ausencia de caninos, y premolares y molares alargados,
bilobulados, seis por cada mitad del maxilar y la mandíbula. Poseía
órbitas grandes, lo que sugiere hábitos crepusculares o nocturnos,
así como un aparato auditivo muy desarrollado, indicativo de
posibles costumbres terrestres y subterráneas. Los miembros
anteriores eran digitígrados, mientras que los posteriores, más
largos, eran plantígrados. Se alimentaba de vegetación abrasiva,
dura y rugosa, y probablemente vivía en madrigueras excavadas por el
propio animal. Fue una especie muy exitosa, con una distribución
temporal que abarca desde el Mioceno hasta el Pleistoceno inferior.
Su extinción se asocia a cambios ambientales que afectaron
drásticamente a sus poblaciones. Es uno de los notoungulados mejor
conocidos de la región pampeana debido a la abundancia de sus restos
fósiles, particularmente en las edades Montehermosense y
Chapadmalalense. Algunos investigadores sostienen que
Paedotherium typicum y Paedotherium insigne
serían descendientes del representante mioceno Paedotherium
minor. Géneros y especies
relacionados: Paedotherium typicum,
Paedotherium bonaerense, Paedotherium insigne y
Tremacyllus impressus.
Xotodon catamarcensis.
Ameghino, 1887.
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| Cráneo de
Xotodon del Plioceno de Catamarca. Ejemplar depositado en
Museum für Naturkunde, Berlin. . |
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Posible
aspecto del toxodontido Xotodon. (*). |
Mamífero
Notoungulado. Fue
un género perteneciente a la familia extinta del suborden Toxodonta,
dentro del también extinto orden de ungulados sudamericanos
Notoungulata. El ejemplar descubierto en el Plioceno de Catamarca
correspondía a un gran herbívoro, de tamaño comparable al del actual
rinoceronte negro, con tres dedos en cada pata. La radiación
adaptativa de los ungulados paleocenos de América del Sur fue
temprana y rápida, lo que dificulta la elaboración de modelos
filogenéticos completamente explicativos. Derivados de pequeños
herbívoros primitivos sin competidores, evolucionaron de manera
independiente y aislada del resto de los ungulados durante gran
parte del Cenozoico. Los mamíferos originarios de Sudamérica
evolucionaron en un contexto de continente-isla. Hacia 1900,
Florentino Ameghino inició un extenso catálogo que incluye
clasificaciones, estudios comparativos y descripciones de más de
9000 animales extintos, muchos descubiertos por él mismo. Los
notoungulados comprenden más de 100 géneros agrupados en cuatro
subórdenes. Los ungulados sudamericanos representan un caso de
aislamiento geográfico tan notable como el de los marsupiales
australianos. Los meridiungulados, comúnmente denominados ungulados
sudamericanos, incluyen a los toxodóntidos, animales con dientes de
coronas excepcionalmente altas y curvadas, con raíces abiertas de
crecimiento continuo que compensaban el desgaste producido por el
consumo de hierbas duras de la pampa. Otros géneros y
especies relacionados son
Pericotoxodon, Trigodon, Toxodon, Nesodon, Adinotherium,
Haplodontherium y Dinotoxodon.
Seudotypotherium hystatum.
Cabrera, 1904.
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Cráneo de Pseudotypotherium
s.p del Plioceno de la Prov. de Buenos Aires. Museo de La
Plata. |
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Posible aspecto de Pseudotypotherium. (*). |
Mamífero
Notoungulado.
Se trata de un mamífero notoungulado perteneciente a
una antigua estirpe que evolucionó a partir del Paleoceno
sudamericano. Era un animal de tamaño mediano, ligeramente mayor que
una oveja actual, con una cola algo más larga, patas relativamente
desarrolladas y una cabeza cuya fórmula dentaria recuerda a la de
los roedores. Presentaba un cuello corto, un cuerpo robusto y, en el
extremo de sus patas, garras muy conspicuas. Su dieta era herbívora,
basada principalmente en pasturas y hojas, abundantes en la llanura
pampeana. Sus hábitos podrían compararse con los del carpincho o
capibara, siendo cursorial y semiacuático. Es característico de la
Edad Montehermosense, y en áreas comprendidas entre el sur de Mar
del Plata y el norte de Miramar se han recolectado numerosos restos
fósiles asignables a este género. Géneros y especies
relacionados: Protypotherium antiquum, Typotheriopsis
chasicoensis, Protypotherium australe, Pseudotypotherium histatum
y Mesotherium cristatum.
Promacrauchenia
chapadmalense.
Kraglievich,
1930.
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Craneo y parte del
esqueleto de Promacrauchenia, Colección Museo de
Ciencias Naturales de Miramar. |
Icnitas atribuidas a Macrauchenichnus
rector. Icnogenero de Promacrauchenia. Conicet de
Mendoza. |
Aspecto de un
Macraucheniidae (*). |
Mamífero
Litopterno. Es
un género extinto de mamíferos perteneciente a la familia
Macraucheniidae, dentro del orden Litopterna de los meridiungulados,
y de menor tamaño que Macrauchenia del Pleistoceno. Su
cuerpo recordaba al de un camélido, con una trompa corta, alcanzando
aproximadamente 1,6 metros de altura, 2,5 metros de longitud y un
peso cercano a una tonelada. Esta trompa habría funcionado como un
labio prensil, permitiéndole alimentarse, acondicionar el aire
inhalado y posiblemente permanecer parcialmente sumergido,
complementada por una lengua larga y prensil. Aunque compartía
numerosas adaptaciones morfológicas con los jiráfidos, no existía
parentesco entre ambos grupos. Los fósiles de Promacrauchenia
proceden de estratos miocenos y del Plioceno temprano de
Argentina. Los macrauquénidos evolucionaron en total aislamiento en
el continente sudamericano a partir de herbívoros primitivos. Los
promacrauquenios no estaban altamente especializados, poseían una
cola de tamaño medio, patas relativamente largas —aunque no tanto
como las de sus descendientes—, tres dedos por pata y un cerebro
bien desarrollado. Habitaban ambientes de matorral, alimentándose de
hojas, brotes, tallos, frutas, helechos y hongos, siendo capaces
incluso de consumir vegetación espinosa y coriácea. Tras su
extinción, su nicho ecológico fue ocupado por litopternos de mayor
tamaño y, en la actualidad, en parte por el guanaco. En la costa
norte del golfo San Matías, en Punta Bermeja (Río Negro), se
hallaron icnitas correspondientes al Plioceno temprano, con huellas
de hasta 4 cm de profundidad que se extienden a lo largo de 1,30
metros, atribuidas a macrauquénidos del género Promacrauchenia.
Otras especies relacionadas incluyen Epitherium laternarium,
Eoauchenia primitiva, Diplasiotherium robustum, Neolicaphrium recens,
Promacrauchenia antiqua, Promacrauchenia kraglievichi,
Promacrauchenia chapadmalense, Windhausenia delacroixi,
Pseudomacrauchenia yepesi y
Macraucheniopsis ensenadensis.
Eoauchenia primitiva.
Ameghino,
1889.
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Algunos de los restos de un
proteroterio hallados en Termas de Río
Hondo. Museo Rincón de Atacama. |
Un grupo de
Eoauchenias
perseguidos por un ave del
terror.Por MarMag.2026 |
Mamífero
Litopterno. Se
trata de un mamífero de pequeño tamaño, superficialmente similar a
los caballos actuales, aunque sin parentesco alguno, perteneciente a
la familia Proterotheriidae, una estirpe primitiva originaria de
América del Sur. Durante aproximadamente 50 millones de años de
aislamiento casi total, los mamíferos de Sudamérica y la Antártida
evolucionaron en un contexto de continente-isla, extinguiéndose en
la Antártida antes que en Sudamérica debido al enfriamiento
climático y la glaciación iniciados hace unos 37 millones de años.
Los proteroterios constituyen uno de los ejemplos más claros de
convergencia adaptativa o evolución paralela, al desarrollar rasgos
similares a los caballos de otros continentes pese a su aislamiento
biogeográfico. Estos pequeños “falsos caballos” eran animales
gráciles, de lomo relativamente corto, extremidades alargadas con
pezuñas y un rostro no particularmente largo, con ojos grandes. En
conjunto, recuerdan más a gacelas u otros herbívoros pequeños o
medianos que a caballos modernos. Las proporciones de sus miembros
sugieren que habitaban ambientes más boscosos, lo que permite
realizar inferencias paleoambientales y paleoclimáticas. Un rasgo
compartido con los caballos es la presencia de un mecanismo de
trabado en la rodilla, que les habría permitido permanecer de pie
con menor gasto energético, característica propuesta para varios
mamíferos sudamericanos extintos. En 2015 se dieron a conocer los
primeros restos de esta familia en el Mio-Plioceno de la provincia
de Santiago del Estero, procedentes de la Formación Las Cañas, en
una de las márgenes del río Dulce, cerca de la localidad de Río
Hondo, y depositados en el Museo Municipal Rincón de Atacama. Otra
localidad clásica para el hallazgo de Eoauchenia primitiva es
Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires. Otros géneros y
especies conocidas son Diplasiotherium robustum y
Epitherium laternarium.
Actenomys latidens.
Ameghino, 1888.
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Ejemplar en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
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Ilustración del extinto roedor Actenomys. Por MarMag.2025. |
Mamífero
Roedor. Fue un
roedor caviomorfo muy común en la región pampeana y considerado un
fósil guía. Se trata de un género extinguido a comienzos del
Pleistoceno, emparentado con el actual género Ctenomys
(tucos-tucos), ampliamente diversificado en Sudamérica.
Probablemente presentaba hábitos subterráneos, ya que sus restos
suelen hallarse en antiguas madrigueras. Su alimentación era
herbívora, basada principalmente en raíces y bulbos. Las
extremidades anteriores poseían falanges ungueales muy
desarrolladas, adaptadas a la excavación. El cuerpo era
relativamente corto pero ancho, con vértebras cervicales cortas y
escasa movilidad, por lo que Actenomys debía girar
completamente el cuerpo para mirar hacia atrás. Su tamaño duplicaba
ampliamente al de sus parientes actuales y, durante el Plioceno, fue
una presa frecuente de numerosos depredadores. En algunos casos, sus
dientes aparecen junto a huesos triturados dentro de excrementos
atribuidos a marsupiales y prociónidos. Su extinción estaría
asociada a la desaparición de otros taxones contemporáneos. Su
origen fue alóctono, con antecesores que habrían ingresado al
continente durante el Oligoceno medio. Se han recuperado centenares
de restos, incluidos esqueletos, cráneos y mandíbulas, en las
formaciones Chapadmalal y Vorohué, entre Mar del Plata y Miramar,
así como en otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Géneros
relacionados: Abolosia castellanosi, Ctenomys (Paractenomys)
chapadmalensis, Eucelophorus cabrerai, Phtoramys homogenidens,
Pseudoplateomys formosus, Actenomys latidens, Ctenomys talarum
y Xenodontomys ellipticus.
Phugatherium novum.
Ameghino, 1908.
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Ramas mandibulares de Phugatherium novun
del Plioceno, en el Museo de Ciencias Naturales de Miramar.,
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Reconstrucción en vivo de Phugatherium novun. Por
MarMag.2025.: |
Mamífero
Roedor. Se
trata de una forma primitiva de los actuales carpinchos o capibaras,
aunque de mayor tamaño, con una contextura comparable a la de un
tapir asiático. Sus primeros registros corresponden al Mioceno, hace
aproximadamente 9 millones de años, y se extiende hasta el Plioceno,
hace unos 3 millones de años. El cráneo presenta un rostro alargado
y estrecho, con una longitud que duplica la del carpincho actual,
superando los 50 centímetros. El fémur y el húmero mantienen
proporciones similares a las del género moderno, pero el cúbito,
radio, tibia, peroné y otros huesos de las extremidades eran
considerablemente más largos y desarrollados, lo que le confería un
aspecto de carpincho de patas largas. Esta morfología sugiere
afinidades con mamíferos corredores y un peso que superaba los 200
kilogramos. La dentición era típica de los roedores, con incisivos
largos y desarrollados y una serie molariforme laminada, mostrando
marcadas diferencias entre individuos juveniles y adultos, lo que
durante décadas llevó a confusiones taxonómicas y a la creación de
géneros y especies hoy considerados sinónimos. Su dieta se basaba
principalmente en vegetales de zonas pantanosas, aunque algunos
paleontólogos descartan hábitos anfibios estrictos. Los restos más
importantes provienen de afloramientos pliocenos de la provincia de
Buenos Aires, como Miramar y Monte Hermoso. El carpincho actual (Hydrochoerus
hydrochaeris) no posee registros fósiles en esta región y su
presencia es muy reciente y con poblaciones reducidas. Géneros y
especies relacionadas: Anchimysops villalobosi, Anchimysops
ultra, Phugatherium cataclisticum, Protohydrochoerus perlurbidus,
Chapalmatherium novum y
Neochoerus sp.
Eumegamys paranensis. Kraglievich, 1926.
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calco%20mandibula%20mioceno%20chasico%20bs%20as.JPG) |
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Cráneo del gigantesco
Eumegamysops exhibido en el Museo de La Plata, procedente de la
localidad de Paraná, comparado con el cráneo del roedor
viviente mas grande del planeta, el carpincho. |
Carlesia sp (=eumegamys)
mandíbula del Mioceno de Chasico (Prov. de Bs As). Museo La
Plata. |
Tamaños comparativos con un
humano y un carpincho, el roedor viviente de mayor
dimensión. Por
MarMag.2025. |
Mamífero
Roedor. Eran
roedores gigantes que habitaron la región pampeana principalmente
durante el Plioceno temprano a tardío, entre hace 4 y 2 millones de
años, aunque también se han registrado restos aislados en otros
sectores de Sudamérica. Poseían incisivos de varios centímetros de
longitud, mientras que los molares eran relativamente pequeños, lo
que sugiere una dieta basada en vegetales tiernos, frutos o plantas
acuáticas. En la actualidad, el mayor roedor viviente es el
carpincho, que alcanza unos 60 kilogramos, mientras que
Eumegamys superaba los 150 kilogramos. Existió durante el
Plioceno temprano a tardío, con hallazgos importantes en la
Mesopotamia argentina (Entre Ríos, Buenos Aires) y otros lugares de
Sudamérica. Este género también ha sido conocido bajo otras
denominaciones taxonómicas, tales como Megamys, Isostylomys,
Carlesia, Diaphoromys, Rusconia y
Protomegamys.
Telicomys giganteus.
Ameghino, 1904.
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Mandíbulas de Telicomys en la exhibición de roedores
fósiles del Museo de Ciencias Naturales de Miramar. Copias. |
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Posible
aspecto del gigantesco roedor Plioceno Telicomys. (*). |
Mamífero Roedor.
Es un género extinto de roedores
sudamericanos que alcanzó un tamaño extraordinario durante el
Plioceno, con especies que llegaron a dimensiones comparables a las
de una vaca doméstica. Uno de los representantes más conocidos fue
Telicomys giganteus, que poseía extremidades alargadas
y probablemente estaba adaptado a la carrera. Las mandíbulas
presentaban grandes incisivos, con una cara anterior de hasta 3
centímetros de ancho, acompañados por cuatro molares en cada maxilar
y rama mandibular. Se presume que habitaba ambientes secos con
vegetación abundante, aunque la evidencia fósil disponible es
limitada y no permite reconstrucciones biológicas detalladas.
Algunos restos significativos fueron descubiertos a mediados de la
década de 1940 en las cercanías de la ciudad de Miramar, en la
provincia de Buenos Aires. Algunos autores sugieren que pudo haber
superado los 2 metros de longitud corporal. Su pariente viviente más
cercano es la pacarana (Dinomys branickii). Géneros y
especies relacionados: Telicomys gigantissimus y
Telicomys amazonensis (especie considerada dudosa).
Paleocavia impar. Ameghino, 1889.
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Cráneos de
cavidae del Plioceno. Museo de Miramar. |
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Aspecto de
Paleocavia. (*). |
Mamífero Roedor.
Fue un género muy abundante
desde el Mioceno hasta el final del Plioceno, aunque esta familia
aún requiere estudios más profundos. Como roedores cávideos, pueden
considerarse indicadores de ambientes templado-cálidos. Presentaban
una cabeza grande y de forma rectangular, con una cola muy reducida
o ausente. Poseían cuatro dedos en las extremidades anteriores y
tres en las posteriores, un cuerpo alargado y extremidades delgadas
y cortas, que sin embargo les permitían desplazarse con notable
rapidez. Habitaban zonas con vegetación abundante y condiciones
relativamente húmedas. Alcanzaban unos 25 centímetros de longitud y
estaban emparentados con los actuales conejillos de Indias, cuises y
el carpincho, el mayor roedor viviente. Otros géneros relacionados
incluyen Microcavia, Pascualia, Dolicavia, Caviodon,
Palaeocavia, Allocavia y Galea.
Eumysops gracili.
Ameghino, 1906.
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Cráneo de
Eumysops. Hallado por Francisco De Cianni. Museo de Ciencias
Naturales de Miramar. |
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Aspecto que
presentaría Eumysops. Por MarMag.2025. |
Mamífero Roedor.
Los equimíidos son una familia
de roedores histricomorfos distribuida en Centro y Sudamérica, con
un rico registro fósil desde el Mioceno tardío en Patagonia, Mendoza
y Catamarca, y especialmente abundante en el Plioceno de Buenos
Aires y Entre Ríos. El género Eumysops incluyó una
gran diversidad de especies de octodontoideos. La mayoría de los
equimíidos se encontraba restringida a ambientes con abundante
disponibilidad de agua, mostrando escasa adaptación a regiones
áridas. Eran casi exclusivamente herbívoros; algunas especies eran
terrestres o cavadoras, mientras que otras presentaban hábitos
arbóreos. Poseían un pelaje fuerte y espinoso que actuaba como
mecanismo de defensa. Muchos equimíidos podían desprenderse de la
cola al ser atacados, lo que distraía al depredador el tiempo
suficiente para escapar, aunque dicha estructura no se regeneraba.
Otras especies conocidas son Eumysops laeviplicatus, Eumysops
formosus y Eumysops chapalmalensis.
Thylacosmilus atrox. Riggs,
1933.
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Thylacosmilus
recreado in situ en el Museo de Miramar, por
el Técnico Mariano Magnussen Saffer. Presentado en las JAPV.
2014 |
Aspecto de Thylacosmilus.
Nótese el detalle del cachorro asomando del marsupio (*). |
Mamífero
Marsupial.
Fue un importante carnívoro marsupial
perteneciente a los Sparassodonta de la Era Terciaria, muy parecido
al "Tigre dientes de sable" invasor, pero sin parentesco alguno, ya
que este último es un placentario. Es otro ejemplo de evolución
paralela, es decir, dos especies totalmente distintas
morfológicamente y que nunca habitaron juntas el mismo continente,
se parecen, ya que ambas cumplían el mismo rol en el ecosistema.
Thylacosmilus llevaba unos largos y afilados colmillos
proyectados hacia abajo y adentro de unos 15 centímetros y su tamaño
corporal era algo menor al de un puma viviente. Los primeros
restos fósiles de este impresionante animal carnívoro fueron
encontrados en la década de 1920 en los alrededores de las
localidades de Entre Ríos, en el valle de Santa María y Puerta de
Corral Quema[1]do,
en el departamento de Belén, Catamarca. A diferencia del "Smilodon",
el Thylacosmilus no tenía incisivos ni una baina
protectora para los caninos, los cuales crecían permanentemente como
los dientes de un roedor. Es muy posible que sus víctimas fueran los
grandes mamíferos Notoungulados como los nombrados más
anteriormente, los cuales mataban con una simple mordida en el
cuello. Sus caninos habrán infligido a sus presas heridas profundas,
logrando que el enorme animal muera desangrado segundos después del
terrible ataque. En Sudamérica se han hallado muy pocos restos. Se
conocen restos procedentes de Entre Ríos, Córdoba y Catamarca, como
así también, el cráneo más completo, procede del Plioceno de la
localidad bonaerense de Chapadmalal, y restos de un interesante
esqueleto del Plioceno de Miramar. Su extinción está asociada a los
importantes cambios ambientales que sucedieron al final del Plioceno
y a la ausencia de las grandes presas que este asechaba. Thylacosmilus
atrox, tuvo una masa corporal entre 90-140 kilogramos.
Genero Relacionado: Thylacosmilus lensis y
Achlysictis lelongi.
Thylatheridium cristatum.
Reig, 1952.
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Mandíbula de Thylatheridium. Museo de Ciencias Naturales
de Miramar "Punta Hermengo". |
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Aspecto de
Thylatheridium cristatum.
Por MarMag.2025. |
Mamífero Marsupial.
El Thylatheridium fue un animal
perteneciente a la familia de los marsupiales. Su cráneo es
relativamente grácil y pequeño, que da cuenta de una caja cerebral
estrecha. El hocico es en punta. Su cola era larga y prensil como
otros didelphidos. Este grupo son adaptables a ambientes diversos,
aunque preferirían las zonas arboladas, cercanas a alguna fuente de
agua. Estas necesitarían disponer de un refugio seguro que les
proporcionara reparo durante el día, ya que sus actividades
seguramente eran nocturnas, y abrigo durante el invierno, periodo
que le resultaba especialmente crítico ya que no toleraría bien los.
Sin embargo, no construía madrigueras. Aprovechaba los refugios
naturales -cuevas formadas en las rocas y, sobre todo, los troncos
de los árboles-, o bien ocupaba refugios construidos por otros
animales y abandonados. Probablemente Thylatheridium
era hábitos sumamente solitarios, o por lo menos el registro
fosilífero parecería reflejar esta conducta. Thylatheridium
era omnívoro y tenía una dieta variadísima. Esta peculiaridad de ser
un depredador no especializado le permite adaptarse casi a cualquier
tipo de hábitat. Cuando se trata de vegetales le apetecerían
especialmente los frutos maduros, y también los brotes y los tallos
tiernos. Consumía invertebrados, como insectos y lombrices, y a
menudo, aves pequeñas, que, sobre todo en apoca de cría, eran un
componente principal de su alimentación. Se han podido rescatar
restos muy interesantes y completos del presente género, en los
afloramientos geológicos del litoral marítimo bonaerense, en los
parajes de Barranca de Los Lobos, Chapadmalal y Miramar, como así
también, en los sedimentos Terciarios del Quequen salado y Monte
Hermoso. Géneros relacionados: Didelphis albiventris,
Didelphis crucialis, Didelphis reigi, Hyperdidelphys inexpectata,
Lestodelphys halli, Lestodelphys juga, Lutreolina crassicaudata,
Lutreolina tracheia, Monodelphis dimidiata, Thylamys pusillus,
Thylamys contrerasi, Thylatheridium pascuali, Thylophorops perplata
y Thylophorops chapadmalensis.
Argyrolagus palmeri.
Ameghino, 1904.
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Cráneo de
Argyrolagus de la
Col. del Museo de La Plata. |
Esqueleto
de Argyrolagus recreado a partir de los fósiles
conocidos. Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
Aspecto de
Argyrolagus.
Ambas recreaciones de Mariano Magnussen.
Por MarMag.2026 |
Mamífero Marsupial. Fue
un mamífero marsupial de tamaño pequeño, como un ratón, de
aproximadamente 40 centímetros de largo, emparentado con los actuales
canguros de Australia y las zarigüeyas de América del sur. Su apariencia
es muy semejante a las actuales ratas canguros de Egipto. Tenía largas
patas traseras y brazos cortos. Sus mandíbulas eran con apariencia
rodariforme. Tal vez, tuvo orejas largas, pero estas no se han
preservado como fósiles. Se alimentaba de vegetales e insectos y
probablemente tuvo hábitos crepusculares o nocturnos. Sin embargo,
Argyrolagus fue parte de una evolución notable e
independiente que tuvo lugar en Sudamérica durante los últimos 60
millones de años, cuando esta quedara aislada del resto de las masas
continentales y se desarrollara una fauna única y que no se repitió en
otras partes del mundo. Estos marsupiales, mamíferos con bolsa, habían
ocupado nichos ecológicos que en otras partes del mundo estaban ocupados
por mamíferos placentarios. El primer hallazgo se realizó en el
yacimiento de Monte Hermoso, al sur de la provincia de Buenos Aires. Es
curioso que el nicho ocupado por Argyrolagus, no fuera
ocupado por otra especie. Géneros relacionados: Argyrolagus
palmeri (Edad Montehermorense), Argyrolagus scagliari
(Edad Chapadmalense) y Microtragulus reigi (Formaciones
Chapadmalal, Vorohue, Barranca de los Lobos y San Andrés). También se
han recupero restos en sedimentos del Plioceno de Miramar, Quequen
Grande y Pehuen Co.
Thylophorops chapadmalensis.
Ameghino, 1908.
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Coprolitos y otros desechos
escatológicos atribuido a
Thylophorops. Plioceno de Miramar. |
Rama mandibular de
Thylophorops. Colección Museo de Ciencias Naturales de
Miramar. |
Posible aspecto de
Thylophorops. Por MarMag.2025. |
Mamífero Marsupial. Es
un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia
Didelphidae, estrechamente emparentado con los géneros de zarigüeyas
modernas Philander y Didelphis. Sus fósiles proceden de la provincia
de Buenos Aires en Argentina. Una de sus especies,
Thylophorops lorenzinii, es el mayor representante conocido
de los didélfidos, con un peso estimado entre 4,7 a 7,5 kilogramos,
superior al actual Didelphis virginiana. Un hallazgo
recientemente publicado, señala que tal vez, un representante de
Thylophorops chapadmalensis fue depredado por un
Cyonasua lutaria, ya que ambos fueron encontrados asociados
a otras especies dentro de una cueva (crotovina) atribuida a un gran
armadillo. También se le atribuye a este género de marsupial, los
restos de varios coprolitos (excremento fosilizado), encontrado en
el interior de esta estructura.
Hyperdidelphys inexpectata.
Ameghino, 1889.
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Mandíbula
inferior de Hyperdidelphys del Plioceno de Miramar. |
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Aspecto de
Hyperdidelphys junto a sus crías. Por MarMag.2025. |
Mamífero Marsupial. Es
un género extinto de marsupiales didelfimorfos de la familia
Didelphidae. Sus fósiles, datados entre el Mioceno Superior y el
Plioceno Superior, proceden del centro y noreste de Argentina. Las
adaptaciones carnívoras de las especies de Hyperdidelphys
se corresponden con un proceso general de declinación de los
marsupiales Sparassodonta hacia el Mioceno tardío y Plioceno de
América del Sur, un proceso que precedió a la llegada de los
carnívoros placentarios inmigrantes de origen holártico a partir del
establecimiento del puente panameño entre ambas Américas.
Seguramente atacaba y acechaba dentro de las madrigueras, depredando
a pequeños roedores, armadillos, notoungulados, anfibios entre
otros.
Lutreolina tracheia.
Rovereto 1914.
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Restos recreados in situ
del genero Lutreolina sp. de Ciencias Naturales de Miramar. |
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Aspecto general del genero
Lutreolina sp del Mioceno - Holoceno.
Por Carlos C. Wiedner.
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Mamífero Marsupial. Es una especie
e mamífero marsupial, cuyo género es conocido en América del Sur
desde el Terciario. Los registros más antiguos de representantes de
este género han sido referidos al Mioceno tardío (Edad Huayqueriense)
del Noroeste y el centro argentinos (Provincias de Catamarca y La
Pampa), pero Lutreolina tracheia se conoce de niveles
Pliocenos (edades Montehermosense y Chapadmalalense) de las
provincias de Buenos Aires, Córdoba y Catamarca. Seguramente, como
sus parientes actuales habitaba en pastizales junto a humedales de
tierras bajas. Presentan una cabeza pequeña y las patas son cortas.
Tienen un cuerpo alargado. Seguramente se alimentaban de pequeños
mamíferos, aves y sus nidos, anfibios, reptiles, peces, moluscos, e
insectos; en menor medida lo hacía de alimentos de origen vegetal.
El género también es conocido durante el Pleistoceno y Holoceno. En
la actualidad se conocen dos especies vivientes; Lutreolina
crassicaudata y Lutreolina massoia.
Chapalmalania altaefrontis.
Ameghino,1908.
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Cráneo de
Chapadmalania superponiendo las marcas dentales en
hueso de
Eosclerocalyptus. Tomado de Paleo Electrónica. |
Reconstrucción
de Chapadmalania. Por MarMag.2025. |
Mamífero
Carnívoro.
Fue un Procionido que
llego a América del sur durante el “Gran Intercambio Biótico
Americano" ocurrido en el Plioceno, aunque su registro comienza
desde fines del Mioceno a principios del Pleistoceno, es decir,
entre 6,8 a 1,8 millones de años. Se adaptaron rápidamente a las
nuevas condiciones ambientales, diversificándose por todo el
continente. Chapalmalania altaefrontis debió parecerse
a un mapache gigante de 2 metros de longitud y 1,5 metro de altura,
y un peso de 160 kilogramos.
Era tan grande que la primera vez que se halló este animal, los
paleontólogos creían que se trataba de un oso prehistórico como
aquellos que vivieron durante el Pleistoceno. Es muy probable que su
dieta fuera variada, como plantas, huevos, peces, frutos, insectos y
carroña. Su cráneo era ancho y parecido a un lobo. La dentición era
completa, con incisivos curvados y anchos, caninos robustos y
cortos, y sus molares presentan una superficie masticatoria para
trituración de alimentos. Su similitud con el panda gigante de
oriente es otro ejemplo de convergencia adaptativa o evolución
paralela. Este enorme animal desaparece del registro fosilífero hace
3 millones de años atrás y se conocen muy pocas piezas de
diagnóstico. En el año 2014, se presentó el hallazgo de restos
fósiles en la ciudad de Olavarria, donde un ejemplar de Eosclerocalyptus
lineatus (Gliptodonte) fuera depredado por Chapalmalania.
Cyonasua lutaria.
Cabrera,
1936.
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Esqueleto parcialmente completo de Cyonasua
lutaria. Colección del Museo de Ciencias
Naturales de Miramar.. |
Cráneo de
Cyonasua, en las colecciones del Muso de La
Plata. |
Reconstrucción en vivo del
prociónido
Cyonasua del Plioceno bonaerense. Por
MarMag.2025. |
Mamífero Carnívoro.
Es una especie extinta de
carnívoro en Sudamérica. En griego, su nombre significa
"coatí-perro”. Era un Procionido al igual que Chapalmalania,
pero de menor tamaño, emparentado con los actual genero Nasua que
vive en la selva amazónica y misionera. Perteneciente a
la fauna aloctona cuya estirpe evoluciono en Sudamérica
desde el Mioceno, es decir, hace 10 millones de años,
siendo unos de los primeros carnívoros placentarios que
invadieron el continente. Fueron hallados en sedimentos
de las Provincias de Catamarca, Mendoza, Córdoba, Buenos
Aires y La Pampa. A diferencia de otros carnívoros, Cyonasua lutaria poseía
unos caninos muy desarrollados y robustos, y seguramente
se habrá alimentado de mamíferos pequeños como el Paedotherium o
de los antecesores de los actuales armadillos, pero
también aprovecharía frutos, huevos y larvas. Sus
primeros fósiles fueron clasificados en Argentina en
1885, sin embargo, Cyonasua sp. vivió
entre los 3,6 y 2,5 millones de años, con grandes
mamíferos que habitaban América del Sur. Debió ser parte
importante del Gran Intercambio Biótico de las Américas,
en el que la fauna emigró de América del Norte a través
de Centroamérica hacia América del Sur y viceversa, como
resultado del surgimiento del Istmo de Panamá, o bien,
como “saltador de islas” o en “islotes flotantes”. De
este género se ha rescatado parte de un esqueleto en la
ciudad bonaerense de Miramar y preservado en el Museo de
Ciencias Naturales de esta localidad.
Conepatus altiramus.
Reig, 1952.
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Recreación in
situ del genero Conepatus. Museo de Ciencias
Naturales de
Miramar. |
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Posible
aspecto del genero Conepatus del Plio- Pleistoceno de la
región pampeana (*). |
Mamífero
Carnívoro. Los
zorrinos conocidos de América del Sur, tanto fósiles como vivientes,
son asignables al género Conepatus. Esta familia de
los mefitinos está formada por carnívoros pequeños a medianos,
delgados y alargados, de patas muy cortas y cola bien desarrollada.
Muchas especies tienen a los lados de la abertura anal unas
glándulas que emiten secreciones pestilentes. En sedimentos
probablemente referibles al Plio-Pleistoceno temprano y medio de las
barrancas de la costa atlántica, cerca de Miramar se registra el
zorrino Conepatus altiramus. Este zorrino posiblemente
es ancestral a las especies posteriores del género Conepatus, al que
pertenecen todos los zorrinos vivientes de Sudamérica. Anteriormente
a los zorrinos fósiles y actuales se los consideraba dentro de la
subfamilia de Mustelidae, pero recientes estudios filogénicos han
mostrado que Mephitinae es el grupo hermano de Mustelidae y
Procyonidae, por lo que ha sido elevada al nivel de familia. Los
registros más antiguos de méfitidos provienen del Ensenadense
(Pleistoceno temprano-medio). Restos fósiles de Conepatus se
han registrado en Venezuela, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina.
Pyramiodontherium bergi.
Moreno & Mercerat, 1891.
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Femur de
Pyramiodontherium
sp. Museo Paleontologico de San Pedro. |
Huellas de Pyramiodontherium sp,
atribuidas al icnofosil
Megatherichnum oportoi, Mioceno de Carmen de
Patagones (provincia de Buenos Aires). |
Posible aspecto del perezoso
gigante del Mio-Plioceno
Pyramiodontherium
sp. (*): |
Mamífero Xenarthro.
Se trata de un Xenarthro emparentado con los
Megatheriinae, frecuentes representantes fosilíferos en los
afloramientos geológicos del Mioceno tardío – Plioceno temprano de
las Provincias de Catamarca y Tucumán. Restos muy completos y de
alto valor paleontológico fueron rescatados recientemente en niveles
informalmente llamados “Araucarense” en el Bajo de Andalhuala,
Catamarca. Su cráneo presenta un rostro más ancho que largo. Este
interesante perezoso extinguido presentaba falanges ungueales muy
desarrolladas al igual que otras especies extintas o vivientes. Su
alimentación estaría constituida por vegetación que abundaba en la
región durante el Terciario, aunque también podrían haberse
alimentado de carroña, como se ha demostrado con otros
representantes del infraorden Pilosa. Su fémur era corto y robusto
(recuerda fácilmente a los gigantes del Pleistoceno). En esta región
también vivió otro gigante emparentado con el género en cuestión,
llamado Plesiomegatherium hansmeyeri, y Megatherium sp.
fue un típico megamamifero del N.O argentino. En el Mioceno tardío,
en el norte de la Patagonia, cerca de Carmen de Patagones (Provincia
de Buenos Aires), se ha registrado numerosas huellas de Megatherichnum
oportoi Casamiquela, 1974, atribuidas al género Pyramiodontherium
sp.
Proscelidodon patrius.
Ameghino, 1888.
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Cráneo de
Proscelidodon patrius del Plioceno argentino, Col. Museo
Municipal de Miramar. |
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Reconstrucción de Proscelidodon, por el paleoartista
Jorge Blanco. |
Mamífero Xenarthro.
Es tal vez, el Xernarthro más típico en sedimentos del
Terciario superior de la región pampeana, ligeramente emparentado con Scelidotherium y Scelidodon del
Pleistoceno. Se trata de un enorme Pilosa, que vivió en estas llanuras
durante el Plioceno tardío. Se caracterizaba por un cráneo macizo y
alargado. Cuerpo rechoncho y grotesco. Extremidades robustas y cortas.
Probablemente estaría cubierto por un larga pelambre, como en otros
perezosos mejores conocidos. Su alimentación estaría compuesta por los
largos y comunes pastizales, vegetales de pantanos y posiblemente de
carroña. Es probable que pudiera pararse sobre sus patas traseras, como
así también construir largas galerías para refugiarse. Sus restos son
hallados con frecuencia en las inmediaciones de las localidades
fosilíferas de Chapadmalal y Monte Hermoso en la Provincia de Buenos
Aires. Géneros relacionados: Proscelidodon patrius, Scelidotherium
floweri, Scelidotherium parodi, Scelidodon patrius, Scelidotherium
leptocephalum y Scelidodon capellini.
Megatherium sp.
Cuvier, 1796.
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Cráneo de Juvenil de
Megatherium sp del Plioceno.
Museo de Cs Naturales
de Miramar. Es el mas antiguo de Argentina. |
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Reconstrucción de Megatherium sp del Plioceno.
(*). |
Mamífero Xenarthro.
Se trata de otro enorme Pilosa, de unos 4 metros y medio
de largo con un peso de unos 500 kilogramos. Su hábitat sería de bosques
de algarrobos y quebrachales con un clima más cálido y húmedo que el
actual, no tendría enemigos naturales ya que en esos tiempos los
principales carnívoros eran marsupiales del tamaño de un perro
grande. Posiblemente serian mamíferos poco sociables con hábitos
vegetarianos. Eran animales terrestres, sin duda, por su tamaño se veían
imposibilitados de ser arborícolas como sus parientes actuales. Se
alimentaban en posición bípeda. Este Megaherium, tenía un
rostro más ancho que largo y los molares superiores poseen sección
cuadrangular. Los perezosos terrestres, como los demás xenartros,
evolucionaron en aislamiento en Sudamérica, que era una isla-continente
durante el Paleógeno. Durante el Plioceno, se formó el istmo panameño,
causando el Gran Intercambio Biótico Americano, y una extinción masiva
de mucha de la megafauna originaria. Los perezosos terrestres, sin
embargo, se vieron poco afectados y continuaron prosperando a pesar de
la competencia de los inmigrantes del norte. De hecho, los perezosos
terrestres estuvieron entre los animales sudamericanos que migraron
hacia Norteamérica, donde florecieron hasta el final del Pleistoceno. El
reciente hallazgo de Megatheriun sp del Plioceno, dado a
conocer por investigadores del Conicet, Fundación Azara, Lacev y el
Museo de Ciencias Naturales de Miramar, corresponden a los restos
fósiles más antiguos conocidos para este género, junto otros restos de
Bolivia y Perú. El cráneo corresponde a un ejemplar juvenil, por lo
cual, no se pudo determinar si corresponde a una nueva especie. Las
especies de Megaterios se volvieron mayores con el tiempo, siendo la
especie del Pleistoceno tardío, el Megatherium americanum, la
de mayor tamaño, alcanzando las dimensiones de un elefante africano. Sus
fuertes mandíbulas constaban de 16 molares (8 en cada maxilar) carentes
de esmalte. Posiblemente, Megatherium del Plioceno,
también recurría a la carroña, como otros perezosos gigantes extintos.
Myrmecophaga carolaameghinoi. Kraglievich, 1934.
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Esqueleto de
Myrmecophaga tridáctila, en el
Museo Argentino de Ciencias Naturales. Ilustrativo. |
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Aspecto de
Myrmecophaga. Por MarMag.2025. |
Mamífero Xenarthro.
Se trata de un integrante extinto de la familia
Myrmecophagidae, correspondiente al Plio-Pleistoceno bonaerense. Se
lo conoce por el fósil de un metacarpiano (hueso de la mano)
procedente de la localidad de Monte Hermoso, pero de talla algo
menor a los ejemplares vivientes. Si nos guiamos por su
representante viviente, el Myrmecophaga tridáctila, Myrmecophaga
carolaameghinoi tenía un hocico alargado y convexo, adaptado
especialmente para su alimentación. Poseía una cola prensil peluda
en la base y pelada en la punta y 4 garras poderosas y largas en las
patas delanteras y 5 pequeñas en las traseras. Un ejemplar adulto
puedo alcanzar 1,5 metros de longitud desde la punta del hocico
hasta la punta de la cola; con una lengua de hasta 50 centímetros de
longitud, su vista debió ser débil, aunque habrá tenido bastante
desarrollados los otros sentidos, aunque todo es hipotético por la
carencia de restos. Era un desdentado (carece de dientes), se
alimentaba de hormigas y termitas. Entre sus parientes
filogenéticos, los más próximos son los armadillos y los perezosos
arborícolas. La presencia de un oso hormiguero en la parte sur de la
provincia de Buenos Aires indica un clima muy distinto al actual,
pudiendo ser para esta época, un clima templado a cálido, con áreas
abiertas semejantes a la zona del chaco-paraguayo. Esta especie fue
descrita originalmente en el año 1934 por el paleontólogo argentino
Lucas Kraglievich, especialista en mamíferos fósiles, bajo la
combinación científica: Nunezia caroloameghinoi,
integrándola así en un género nuevo y exclusivo. En el año 1976, Sue
E. Hirschfeld lo transfirió al género Myrmecophaga,
señalando que su talla era menor a la de la especie viviente.
Ringueletia simpsoni.
Bordas, 1933.
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Conjunto de restos fósiles
de Ringueletia simpsoni, del Plioceno de Miramar.
Museo Punta Hermengo. |
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Posible aspecto de
Ringueletia simpsoni. asechado por
Thylacosmilus en el Plioceno bonaerense. |
Mamífero Xenarthro.
Fue un armadillo de gran
tamaño. Los restos recientemente recuperados, y asociados a otros
vertebrados contemporáneos en el Plioceno de la ciudad de Miramar,
constituyen hasta el momento la primera evidencia directa que
vincula a estos grandes armadillos extintos con paleocuevas o
crotovinas halladas en esta edad geológica. La masa corporal ha sido
estimada en 40 kilogramos. Si bien no se ha profundizado sobre la
paleobiología de esta especie, el gran desarrollo de las crestas de
inserción muscular observadas en su húmero, junto a la presencia de
falanges ungueales carpales comprimidas y acuminadas, podría
correlacionarse con un activo hábito cavador. En este sentido,
creemos que el conjunto de información precedente representa un
argumento sustancial para postular a Ringueletia simpsoni como
el constructor de grandes galerías subterráneas, las cuales
utilizaría para protegerse y cuidar su descendencia, aunque en
algunos casos como el estudiado, podría haberse convertido en una
trampa mortal. De alimentación variada. Otras especies
relacionadas; Holmesina paulacoutoi, Kraglievichia paranensis,
Scirrotherium, Vassallia y Plaina.
Paraeuphractus
sabateri.
Esteban, G.
2006.
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Ejemplares de
Paraeuphractus sabateri
en el Museo Municipal Rincón de Atacama, Termas de Rió
Hondo, provincia de Santiago del Estero, e ilustración de su
posible aspecto.
Por MarMag.2025. |
Mamífero Xenarthro.
Es un mamífero
cingulato, representado por los quirquinchos o armadillos que
actualmente viven en gran parte de Sudamérica y constituyen un grupo
muy particular de la fauna neotropical. Se caracterizan por poseer
un caparazón dorsal formado por las placas yuxtapuestas, ordenadas
por lo general en filas transversales, con cola bastante larga y
extremidades cortas. El nuevo taxón extiende la distribución
geográfica del género fuera de los valles de altura de las
provincias de Catamarca y Tucumán, y considerado como una especie
Montehermosense (Plioceno temprano). Paraeuphractus sabateri procede
de la Formación Las Cañas, en un área próxima a la ciudad de Las
Termas de Río Hondo, Provincia de Santiago del Estero. Se rescataron
tres ejemplares, dos de los cuales presentan el caparazón dorsal
casi completo. Se colectaron, además, dos cráneos, una hemimandíbula
y diversos restos de postcráneo. La especie sabateri, hace
referencia a su descubridor, el señor Sebastián Sabater, director
del Museo de Termas de Rió Hondo, Provincia de Santiago del Estero.
Su alimentación, seria variable, como en otros armadillos. Otras
especies relacionadas; Paraeuphractus prominens, Doellotatus
chapalmalensis, Macrochorobates chapalmalensis, Chorobates recens, Tolypeutes sp., Chaetophractus
villosus y Zaedyus pichiy.
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Cráneo de
Macroeuphractus
s.p (*). |
Fragmento de
coraza de
Macroeuphractus s.p
del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo.
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Aspecto del armadillo depredador
Macroeuphractus.
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Mamífero Xenarthro.
Es un género de armadillos extintos desde el Mioceno
tardío hasta el Plioceno tardío de Sudamérica. El género se
caracteriza por su gran tamaño, ya que Macroeuphractus outesi es
el armadillo no pampaterio o gliptodonte más grande descubierto.
Entre sus especializaciones, podemos contar sobre su dieta
carnívora, único entre todos los armadillos contemporáneos. Hay tres
especies actualmente reconocidas de Macroeuphractus: M. outesi,
M. retusus y M. moreni. La primera, la especie
tipo, se conoce a partir de un espécimen del Plioceno tardío de la
Provincia de Buenos Aires. Este espécimen se compone de un cráneo
bastante bien conservado, así como numerosos elementos del
esqueleto. Representaba una especie considerablemente grande en
alrededor de 100 kilogramos. Se conoce a Macroeuphractus
retusus por una sola mandíbula inferior de la Formación
Cerro Azul, en el centro de Argentina. Macroeuphractus moreni es
conocida por varios sitios del Mioceno Tardío y Plioceno en las
Formaciones Río Quinto, Ituzaingó, Epecuén y Saldungaray. También se
han recuperado restos en el chapadmalense de Miramar en la Provincia
de Buenos Aires, y las Formaciones Umala y La Paz, Bolivia. Como la
mayoría de los armadillos, Macroeuphractus era
fosorial, y probablemente podría desenterrar mamíferos pequeños y
medianos, como roedores caviomorfos, pequeños notoungulados y
argyrolagoidianos. Especies como Macroeuphractus outesi eran
bastante grandes y probablemente tenían un estado de depredador en
sus comunidades faunísticas como lo señalaron los
investigadores Sergio F. Vizcaíno y Gerardo De Iuliis.
Chorobates recens.
Ameghino
1887.
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Cráneo y coraza cefalica de Chorobates recens
del Plioceno bonaerense. Museo de La Plata. |
Fragmento de
coraza de
Chorobates
s.p
del Mio-Plioceno de Termas de Rió Hondo.
Santiago del Estero. |
Aspecto de
Chorobates recens.
Por MarMag.2025. |
Mamífero Xenarthro.
En 1887
Ameghino reconoció una nueva especie de Dasypodidae, a la que
denominó Proeuphractus recens, sobre la base de placas
de la coraza dorsal procedentes de sedimentos pliocénicos de Monte
Hermoso, Provincia de Buenos Aires. Construía amplias madrigueras,
que, a su vez, eran utilizadas por otros mamíferos y reptiles, y en
algunos casos, encontramos fósiles de sus habitantes en el
interior. Su alimentación, seria variable, como en otros armadillos,
siendo seguramente insectívoros y omnívoros necrófagos propios de la
zona tropical Centroamérica y Sudamérica.
Chlamydotherium paranense.
Ameghino, 1883.
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Fragmento de cráneo de
Pampatheriidae
Houston Museum of Natural History. Ilustrativo.
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Pata delantera de
Pampatheriidae.
Houston Museum of Natural History. Ilustrativo. |
Aspecto de
Chlamydotherium paranense,
MarMag.2025. |
Mamífero Xenarthro.
Fue un enorme dasipodido
Pampatheriidae, pero algo menor que Pampatherium del
Pleistoceno. Presenta un caparazón con escudete escapular y pelviano
diferenciados, corto el anterior y prolongado el posterior,
divididos por unas pocas bandas móviles. Compuesto por placas
grandes, con una amplia figura central como en la mayoría de los
representantes de la familia. Tenía un cráneo proporcionalmente más
robusto que el Pampatherium, con 36 dientes en sus
mandíbulas. Patas largas a comparación con otros dasipodidos, pero
igualmente anchas y fuertes. Cola con placas y escamas óseas y
corneas. Alimentación muy variada, constituida principalmente desde
plantas hasta cadáveres en buen estado de descomposición. Entre las
ciudades de Miramar y Mar del Plata se pueden observar una variedad
increíble de paleocuevas atribuidas a este género o alguna especie
morfológicamente similar. Desde el siglo pasado hasta nuestros días,
los investigadores han discutido y planteado distintas teorías sobre
si estos pampateridos están más relacionados con los gliptodontes
que con los dasipodidos. Otras especies relacionadas; Holmesina
paulacoutoi, Kraglievichia paranensis, Scirrotherium, Vassallia y Plaina.
Vassallia máxima.
Castellanos, 1946.
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| Placa u
osteodermo de Vassallia maxima del Plioceno de
Miramar. Museo de Ciencias Naturales de Miramar. |
Cráneo de
Vassallia maxima (*). |
Posible
aspecto del enorme armadillo Vassallia maxima
tomado de Prehistoric Fauna. |
Mamífero Xenarthro.
Los Pampatheriidae
forman parte de los Xenarthra (Cingulata) nativos de América del
Sur. Tradicionalmente, son una familia de mamíferos emparentados con
los actuales armadillos, pero l precer, estaban relacionados con
los gliptodóntidos (mucho más grandes y acorazados). Evolucionaron
en Sudamérica durante su largo aislamiento en el Cenozoico. Holmesina y Pampatherium colonizaron Norteamérica,
tras la formación del istmo de Panamá. Finalmente, los pampatéridos
desaparecieron de ambos subcontinentes en el Pleistoceno. Vassallia
maxima, fue un representante del Plioceno, encontrados en
las formaciones Chiquimil (Miembro El Jarillal) y Andalhuala, en las
localidades de Puerta de Corral Quemado y Villavil, en la provincia
de Catamarca. Fue un importante herbívoro, y probablemente carroñero
como otros miembros del orden Cingulata, cuyo cuerpo estaba cubierto
por un caparazón, al igual que su cola y cráneo. Poseía enormes
garras que le servían para excavar madrigueras, cuyas paleocuevas
son posibles de hallar. Otros pampaterios del Mio-Plioceno fueron Scirrotherium, Chlamydotherium
paranense, Kraglievichia paranensis, Plaina y Vassallia,
esta última con dos especies, Vasallia minuta y Vasallia
maxima registradas durante el Mioceno tardío de Catamarca y
Tucumán. Para Plaina se conocen tres especies, Plaina
intermedia, Plaina subintermedia, y Plaina brocherense registradas
en el Plioceno de las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba.
Como hemos mencionado anteriormente, en el Pleistoceno se conoce a Pampatherium
typum, el mayor exponente de la familia.
Paraglyptodon chapadmalensis.
Ameghino y Rovereto,
1914.
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Fragmento de
rama mandibular atribuido tentativamente a
Paraglyptodon. Museo de Miramar. |
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Reconstrucción
en vivo de Paraglyptodon chapadmalensis, común en
estratos Pliocenos de la región pampeana. MarMag.2025. |
Mamífero Xenarthro.
Es un Gliptodonte cuya familia
se encuentra mejor el Pleistoceno. Fue una especie muy típica en
la antigua pampasia. De talla mucho menor que el género Glyptodon. Se
caracteriza por tener una coraza formada por placas óseas y corneas
de origen epidérmico. Su cabeza estaba protegida por un escudete
cefálico. Su cráneo era pequeño a comparación de su cuerpo tosco,
con ramas mandibulares muy desarrolladas y una hilera de dientes muy
compleja sin esmalte. La cola estaba formada por anillos óseos, el
cual, podía ser utilizado para defensa cuando era intimidado por los
marsupiales de hábitos carnívoros de la época, como el Thylacosmilus.
Tenía unos dos metros de largo y su peso fue de 350 kilogramos. Se
alimentaba principalmente de vegetales duros. Los restos fósiles de
esta especie generalmente son muy fragmentarios y aislados. Se
extinguió al final del Plioceno, hace unos 3 millones de años atrás,
pero quedo reemplazado por algunas especies más exitosas, logrando
una gran diversificación y adaptación a la nueva complejidad del
ambiente durante el Pleistoceno.
Plohophorus figuratus.
Ameghino, 1887.
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Tubo caudal de
Plohophorus
figuratus procedente de la localidad de Monte hermoso. Museo
de La Plata. |
Fragmento de coraza de Hoplophorus euphractus, con
detalles de las placas dorsales. Genero similar. |
Imagen
ilustrativa. Publicada por Derf. |
Mamífero Cingulata. El Plohophorus fue
un animal de unos dos metros de largo, un metro de altura, y pesaba
cerca de 300 kilogramos. Como los demás gliptodontes su dieta era
herbívora, de hábitos pastoreadores, desplazándose en ambientes
abiertos con predominio de vegetación herbácea. Entre sus
características principales, se destacó un caparazón macizo y
rígido, un escudo del mismo material que le protegía la cabeza y una
cola. Durante el Cuaternario migraron hacia el norte, llegando hasta
la mitad del actual territorio de los Estados Unidos. Estos
gliptodontes se extinguieron hace menos 2 millones años, junto con
la mayor parte de los megamíferos. Géneros relacionados: Los
Plohophorini están representados en la Edad Chapadmalense por Plohophorus
figuratus y Plohophorus conterminus, que se
distinguen por la porción distal del tubo caudal (recurvada hacia
arriba en el segundo), mientras que en el Montehermorense se
distinguen Plohophorus Ameghino y Plohophoroides Castellanos. Otra
especie relacionada; Plohophorus paranaensis.
Eosclerocalyptus lineatus.
Ameghino, 1888.
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Coraza de
Eosclerocalyptus lineatus, del
Plioceno de Olavarria. Tomado de Paleontología Electrónica. |
Coraza y
restos varios de un posible
Eosclerocalyptus sp, del Plioceno
Temprano. Museo Rincón de Atacama. |
El Neosclerocalyptus del Pleistoceno, era
relativamente semejante a su representante Plioceno.
Ilustración de
Carlos Montefusco. |
Mamífero Cingulata. Son
uno de los mamíferos herbívoros Cenozoico más reconocidos en América
del Sur (aunque para el Plioceno eran algo escasos), llegaron a
América del Norte durante la Gran Intercambio Biótico Americano. En
el año 2013, un grupo de prestigiosos paleontólogos e investigadores
argentinos, dieron a conocer el hallazgo de una coraza, junto a
distintas partes del esqueleto de Eosclerocalyptus lineatus, cerca
de la ciudad de Olavarría, en la Provincia de Buenos Aires, en
una edad sedimentaria denominada "Cantera Avellaneda", aún es
poco conocida. Lo impresionante de este hallazgo, más allá del
paquete óseo de este organismo, fue que varios restos fósiles de Eosclerocalyptus,
presentaban marcas de la mordedura, coincidente claramente con la
dentición del procionido Chapalmalania, también del
Plioceno. Durante la mayor parte del Cenozoico, carnívoros
placentarios estaban ausentes de América del Sur. El nicho ecológico
de los carnívoros y / o carroñeros fue ocupado durante la mayor
parte de la era Terciaria por varios grupos, principalmente
mamíferos marsupiales y aves corredoras. Este peculiar hallazgo
también permitió brindar mucha información de la muerte de este
gliptodonte y su medio ambiente. La evidencia de la depredación de
estos grandes mamíferos acorazados, es muy escasa y limitada a un
cráneo Plioceno (Glyptotherium) en América del Norte y
algunas últimas muestras del Pleistoceno-Holoceno de América del
Sur, con señales de consumo humano de una antigüedad de 12.700 años.
Eleutherocercus sp.
Koken 1888.
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Mazo del tubo caudal de
Eleutherocercus setifer,
en el Museum für Naturkunde, Berlin. |
Posible cráneo de
Eleutherocercus sp, in situ. recuperado por el Museo de
Ciencias Naturales de
Miramar. |
Aspecto de un
Doedicurino como
Eleutherocercus
por
Peter Schouten. |
Mamífero Cingulata. Este
animal, que está relacionado con los armadillos actuales, estaba
cubierto por un caparazón y tenía un gran mazo al final de la cola
para defenderse de los depredadores, como el Thylacosmilys
o Chapadmalania. Se cree que los mazos con espinas los
tenían los machos para la competencia por el territorio o el
apareamiento. Tal mazo también se encontraba en el anquilosaurio, un
dinosaurio tireóforo del Cretácico. Medía unos 1,5 metros de altura
y su longitud era de 3 metros. Era herbívoro y habitaba en bosques y
praderas. También se cree que tenían una visión muy pobre. Los
Gliptodontes constituyen un dado de Cingulata caracterizado por la
presencia de una coraza dorsal rígida, constituida por osteodermos.
Este y todos los gliptodontes ahora pertenecen a la familia
Chlamyaphoridae, (antes de 2016, familia Glyptodontidae), a partir
de nuevos estudios genéticos. Eleutherocercus fue
descripto a partir de un tubo caudal del Plioceno de Uruguay y,
posteriormente, se asignaron caparazones parciales y osteodermos
aislados. Los osteodermos o placas óseas del caparazón presentan una
superficie externa lisa, con grandes perforaciones semejante a Doedicurus, pero
de menor tamaño. Una cavidad esferica en el caparazón dorsal en el
sector alto de la pelvis, probablemente alojara el cuerpo glandular
principal. A pesar de que existen glándulas pélvicas en Dasypodidae
Euphractinae, esta estructura es prácticamente única entre los
Chlamyaphoridae. Vivió entre el Plioceno tardío y Pleistoceno
temprano de Uruguay y Argentina principalmente.
Platygonus
chapadmalensis.
Castellanos,
1927.
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Cráneo y
mandíbulas de un representante de los
tayasúidos
en el Museo de Cs Naturales de Miramar. |
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Aspecto
agresivo de un Platygonys. Por MarMag.2025. |
Mamífero Artiodactyla. Es
un género extinto de pecaríes herbívoros de la familia de los
tayasúidos, que fue un endémico de Norteamérica del periodo Mioceno
al Pleistoceno, ingresando durante el Plioceno medio a Sudamérica,
conquistando ambientes abiertos y de pastizales. Algunas especies
del Plioceno, superaban los 65 kilogramos de peso. Platygonus era
un animal gregario y, como los modernos pecaríes, posiblemente se
movía en grupos. Se extendió desde el sur de Canadá a México y de
California a Pensilvania, y llegando a las pampas de Argentina. Platygonus era
mayor que los actuales pecaríes, con cerca de 1 metro de longitud
corporal, y poseía largas patas, permitiéndole correr rápidamente.
También tenía un hocico similar al de un cerdo y largos colmillos
que probablemente usaba para defenderse de los depredadores. La
familia Tayassuidae está representada en América del Sur por tres
géneros: Platygonus, Catagonus y Tayassu.
La mayor cantidad de restos fósiles provienen de Argentina, Uruguay
y Brasil. Los tayasuidos (Catagonus y Tayassu)
aparecen por primera vez en Uruguay, en sedimentos posiblemente
correspondientes al Pleistoceno medio al Holoceno temprano. Platygonus se
registra en el Plioceno medio al Pleistoceno medio de Argentina,
Bolivia y Colombia.
Succinea
aff.
meridionalis.
d’Orbigny, 1837.
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Ejemplar de Succenea sp.
Colección Museo de Miramar. |
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Aspecto de un ejemplar
viviente del genero Succenea sp. |
Invertebrado, Gasterópodo.
Es un género de pequeños caracoles de la
tierra gasterópodo molusco de la familia Succineidae. Por lo
general viven en hábitats húmedos como pantanos. El sedimento
portador de estos organismos refleja una asociación existencia
de un cuerpo de agua dulce, de escasa dimensión y de poca
profundidad, con variación hídrica, desarrollado en un clima
cálido-húmedo y dentro de la Región Neotropical, indicando
condiciones ambientales locales temporarias durante el lapso
estimado, hace 3 millones de años antes del presente. Si bien
sus restos fueron hallados en distintas regiones del país, se
destacan en sedimentos de la Edad Chapadmalense, entre las
ciudades de Mar del Plata y Miramar, como así también en
Formación Andalhuala (Plioceno temprano) del Valle de Yocavil,
Provincia de Catamarca.
Paraalbizioxylon caccavariae.
Martínez, L., 2014.
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Algunas de los numerosas
maderas fósiles halladas en la localidad de Termas de Rió
Hondo, atribuidas al Plioceno temprano. Colección del Museo
Municipal de Paleoantropología "Rincón de Atacama". |
Paleobotánica.
La familia Leguminosae o
Fabaceae, se distribuye actualmente en todos los continentes a
excepción de la Antártida. Comprende aproximadamente 720 géneros y
con unas 18000 especies, siendo así, la tercera familia de
angiospermas en cuanto a su número de representantes. Es el primer
registro que se encuentra en la provincia de Santiago del Estero, a
través de estos materiales se pudo obtener información sobre el
contexto ambiental de la época, en leños fosilizados que fueron
hallados en la formación Choya (Mio-Plioceno) y es el primer
registro fósil de maderas de leguminosas. Estos hallazgos fueron
localizados a orillas del río Dulce en cercanías de la ciudad de
Termas de Rio Hondo, recuperados por Sebastián Sabater y pertenecen
a la colección del Museo Municipal Rincón de Atacama. En estas
tareas de investigación trabajaron, el Dr. en Geología Rafael
Herbert, la Dra. Alexandra Crisafulli y la profesora Mercedes
Martínez, grupo que pertenece a la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales y Agrimensura de la Universidad Nacional del Nordeste y
Centro de Ecología Aplicada del Litoral, Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas de Corrientes. Estas plantas
fósiles que se encuentran en distintos lugares en el interior del
departamento Río Hondo, son especies que tienen los troncos bien
preservados y los tejidos vegetales, lo que permitió, que se los
pueda examinar, con un tratamiento adecuado. Esto permite saber qué
tipo de troncos y de árboles eran, en qué ambiente vivían, como eran
los bosques, desiertos o montes, el clima y qué otras plantas
existían en esos años.
Rizolitos.
Klappa, 1980.
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Rizolitos (molde vegetales)
del Plioceno de Miramar. Colección Museo de Ciencias
Naturales de Miramar. |
Rama mandibular de un
camélido gigante (Pleistoceno) con rizolitos sobre las
mismas. Colección Museo de Miramar. |
Paleobotánica.
El termino rizolito describe
aquella roca cuyos razgos estructurales, texturales y origen son el
resultado total o mayoritariamente de la actividad de una antigua
planta. Estas trazas de raíces son de variable morfología y
concentraciónes. Los rizolitos son estructuras de bioturbación
diagnósticas de diagénesis meteórica y exposición subaérea,
características de ambientes continentales. Es menos habitual el
hallazgo de restos fósiles de vegetales, ya que las plantas están
conformadas principalmente por celulosa, sustancia que se descompone
fácilmente en condiciones normales. Los moldes se forman durante la
vida de la planta cuando las bacterias y otros organismos del suelo
acumulan minerales sobre las paredes de la raíz, como producto de su
actividad metabólica. Al morir el vegetal y desintegrarse sus partes
orgánicas, estas paredes revestidas de minerales se rellenan de
sedimento preservando la forma que tuvo la raíz de la planta
originalmente. Los rizolitos también pueden estar asociados a otras
formaciones radiculares intrasedimentarias, como rizotubulos y
rizoconcreciones lo que evidencian una intensa pedogenesis. En
varios yacimientos fosilíferos de Miramar y de Centinela del Mar, se
han realizado centenares de registros de estas evidencias de origen
botánico, tanto del Plioceno como del Pleistoceno.
Procornitermes.
Emerson, 1949.
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Detalles en
restos de un Toxodontidae con marcas realizadas por
termitas. Museo Paleontológico de San Pedro. |
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Nido de
Termitas fósiles del Plioceno de la ciudad de Miramar. Foto
del Museo Municipal Punta Hermengo. |
Insecto, Isoptero.
Es un género de
termitas perteneciente a la familia Termitidae. Son un grupo de
insectos sociales que construyen nidos (termiteros). Las termitas se
alimentan de la celulosa contenida en la madera y sus derivados, la
que degradan gracias a la acción de los protozoos de su sistema
digestivo, con los que viven en simbiosis. La mayor parte de las
termitas son de climas tropicales o subtropicales, pero unas pocas
viven en climas templados. Actualmente, la familia Termitidae, de la
que forman parte estos voraces insectos, se ha retirado de la
provincia de Buenos Aires, ocupando zonas por encima del paralelo
32, donde predominan condiciones de clima subtropical. Sólo existe
una pequeña población en las sierras de Tandil y otra en península
Valdez, Chubut, que podrían ser grupos relictuales de épocas
pasadas. La desaparición de las termitas en la provincia de Buenos
Aires se produjo en algún momento durante la Edad Lujanense (8.500 a
128.000 años). A fines del Plioceno en la edad chapadmalalense de la
costa atlántica argentina, más precisamente en Miramar, se han
hallado nidos fósiles de termitas y de hormigas. Los géneros
representados son Procornitermes y Acromyrmex (Acromyrmex), los
cuales en la actualidad se registran en zonas abiertas, con
humedad y áreas no inundables y clima templado. Para el Uquiense se
registra el género Termes. En el año 2016, el Museo
Paleontológico “Fray Manuel de Torres” de San Pedro dio a conocer
restos fósiles de un toxodontidae (del Pleistoceno) con marcas de
forma “estrelladas” atribuidas la actividad alimenticia de termitas.
Coprinisphaera. Sauer, 1955
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Nido de escarabajo con
molde de la larva. Plioceno de Miramar. Museo de Ciencias
Naturales de Miramar. |
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Aspecto de un escarabajo
pelotero. Por MarMag.2025. |
Insecto.
Las ichnoespecies conocidas de Coprinisphaera se
han relacionado generalmente con escarabajos peloteros de hábitos
necrófagos que viven en ambientes dominados por pastizales habitados
por grandes herbívoros, que proporcionan el estiércol para construir
bolas de cría. En el Plioceno y Pleistoceno bonaerense se han
recuperados evidencia de la existencia de estos, por el hallazgo de
nidos fósiles en los sedimentos fosilíferos. Muy rara vez, son
divisados por los especialistas, por su característica forma
“circular”. En el año 2014, el personal del Museo Punta Hermengo de
la ciudad de Miramar, recupero en sedimentos del Plioceno tardío, un
nido, el cual, contenía el molde de la larva de un escarabajo. Los
coleópteros presentan una enorme diversidad morfológica y ocupan
virtualmente cualquier hábitat, incluidos los de agua dulce, aunque
su presencia en ambientes marinos es mínima. Los coleópteros son
insectos holometábolos o endopterigotos, ya que sufren una
metamorfosis completa con estados de larva, pupa e imago (adulto)
bien diferenciados. La larva normalmente sufre muchas mudas. Otros
icnofosiles semejantes fueron registrados en la zona de Las Grutas,
Pleistoceno superior de la ciudad de Necochea. Estudios muy
interesantes se vienen llevando a cabo en el Museo Argentino de
Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, sobre estos
icnofosiles, cuyas evidencias más antiguas corresponden al
Cretácico. Otros icnoespecies conocidas; Coprinisphaera
akatanka, Coprinisphaera kraglievichi y Coprinisphaera tonni.
Otros Vertebrados del Plioceno Argentino:
Sparassocynus, Pseudohalmarhipus, Nuñezia, Dankomys, Cholomys,
Proctenomys, Eucoelophorus, Pseudoplataeomys, Pithanotomys, Abrocama,
Neoepiblema, Dabbenea, Isomyopotamus, Neoreomys,
Cardiomys, Caviodon, Ocnerotherium,
Xotodon,
Xyophorus, y
Nonotherium.
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